jueves, 30 de abril de 2009

Who Can? Who Want?

Ayer, sentado en una terraza mientras comíamos, Nicolás Cubelli (artista, compañero de trabajo y amigo) me hizo la siguiente reflexión: « ¿No te parece Fernando que todo está muy tranquilo?: como si fuese uno de esos días previos al inicio de la Semana Santa o vacaciones. Había menos gente en el metro y la que había estaba más callada, en la oficina han sonado menos los teléfonos… un poco raro ¿no?»

Tenía razón, a medida que pasan los días se percibe, a poco que se sea un poco observador, una mayor tristeza y desánimo en las calles, en los trabajos; se ven rostros preocupados, y mucho, mucho cansancio. Ni la llegada de la primavera con ese buen tiempo que decora en verde la ciudad ha conseguido insuflar la energía que necesitamos para afrontar con un espíritu positivo el reto de salir una crisis que está agotando mentalmente a la población, y que puede acabar en una gran depresión colectiva que lo único que conseguirá es empeorar la situación (aparte claro está del miedo que nos meten cada día con noticias que no contribuyen precisamente a tener esperanza en un futuro mejor).

Parece ser que el estancamiento del consumo en los hogares y de la inversión empresarial, es decir esa calma y prudencia alentada todos los días por ese miedo del que hablaba ha provocado un descenso del PIB que todavía empeora más la situación. Y el resultado de esto, creo, es lo que Nicolás percibía.

Menos consumo, más paro; más paro más incertidumbre; más incertidumbre menos consumo, menos consumo, más paro y así hasta que acaben ganando los de siempre.

Los bancos tienen la llave para solventar la situación. No se trata de que sigan concediendo créditos sin ton ni son, sin realizar estudios de solvencia, pero tampoco de que hayan «cortado el grifo» de forma tan radical a la hora de facilitar financiación a particulares y empresas, máxime cuando el personal esta intentando ahorrar como nunca y «papa estado» acude a salvarles cuando les falta liquidez por su mala o irresponsable gestión. Entre conceder alegremente financiación y cortarla de raíz, existe un término medio; y es ahí, donde esa «solidez de la banca española» tan loada por los expertos económicos, los analistas financieros y los políticos, debe demostrar que ellos «They Can» y nos ayuden a recuperar una confianza y esperanza que por momentos se está agotando; pero también tenemos que ser objetivos y no toda la culpa de lo que pasa la tienen ellos; también la han tenido (y esta vez no me incluyo) aquellos ciudadanos y empresarios ambiciosos y amigos del dinero fácil a los que la ostentación y la soberbia le llevó a solicitar créditos sin saber si los podían pagar o si los querían pagar, faltando a sus compromisos no solo con el banco si no también con la sociedad. Ellos también necesitan confianza.

Nos guste o no, estamos en una sociedad consumista y si no hay consumo ni dinero para consumir esto se va a poner muy feo, salvo que transformemos nuestra forma de pensar, proceso largo porque a pesar de vivir en la era de la ultra velocidad, los cambios en el pensamiento social primero se deben sembrar, abonar y regar antes de que florezcan. Y todavía no se ha inventado una tecnología que lo acelere. Por eso, sería bueno que unos y otros empezasen a confiar en la otra parte sabiendo que juntos si «We Can.»

Eso si, siempre y cuando todos hayamos aprendido (que me temo que no) la lección y las reglas del mercado pasen por un consumo responsable, sostenible, solidario y de alguna manera regulado de una forma justa y no como ahora que quien lo regula o controla siempre gana.

Así que la reflexión que lanzo hoy a la que me suscribo en la parte que me toca y en la medida de mis posibilidades la siguiente. Who Can? Who Want?

I Can I Want



miércoles, 29 de abril de 2009

El arte de envejecer o cuando la publicidad nos quiere decir algo

El novelista y ensayista francés André Maurois (1885-1967) dijo que «El arte de envejecer es el arte de conservar alguna esperanza.»

Hoy se ha estrenado otro de esos anuncios emotivos cuyo protagonista es una persona mayor. En este caso ha sido la candidatura olímpica de Madrid 2016 quien, no en un alarde de creatividad -de hecho el anuncio es sospechosamente parecido al de la última campaña de Coca-Cola protagonizado por el anciano Josep Masqueró – sino en una estrategia emocional bien definida, se sirve de una voluntaria de 87 años para pedir los juegos para la capital de España.

Música de piano y violín, la voz en off de la mujer rememorando cómo era la ciudad mientras se muestran imágenes amables su paseo por Madrid, son algunos de los recursos que se utilizan para llegar al corazón del receptor del mensaje. Acaba el anuncio con un deseo, con una esperanza aunque el titulo del spot sea «Tengo una corazonada.»

Después de verlo me he dicho «o los creativos publicitarios son unos genios o realmente ha llegado el momento de que volvamos a escuchar y respetar a los ancianos.» Y, francamente, me he quedado descolocado porque me ha sido imposible sacar una conclusión.

La sociedad tan competitiva en la que vivimos y la crisis de valores en la que, sobre todo las culturas occidentales, está inmersa ha tenido como consecuencia comprobar cómo los viejos, ancianos, tercera edad, edad dorada, personas mayores (que cada cual los llama así según lo cursi o políticamente correcto que crea ser) son desplazados y excluidos progresivamente de la sociedad: quienes no tienen la fortuna de tener una familia, que como ocurre en la sociedad islámica consideran un honor, una bendición y una oportunidad de crecimiento cuidar a sus ancianos, en el mejor de los casos, son enviados a residencias, a asilos, son atendidos por personas que no pertenecen a su sangre, utilizados como bufones en programas de televisión…y, en el peor, abandonados, sin atenciones básicas, olvidados, discriminados y engañados por aquellos que sólo piensan en si mismos y en aprovecharse de ellos.

Esto no es nuevo, ha ocurrido a lo largo y ancho de la historia de la humanidad. Absolutamente en todas las sociedades (salvo excepciones muy puntuales) los viejos pasaban a un segundo plano y los pueblos eran gobernados por los más jóvenes: los ancianos eran considerados portadores de la memoria de la Comunidad. Se escuchaban y respetaban sus consejos, pero en la mayoría de los casos su valor era testimonial.
Hoy, además del respeto, les va faltando algo más necesario que ya, en su derrota, no se atreven ni a pedir: el cariño y el afecto, pero que lo dan cuando les dejan.

Por eso, los dos anuncios me han descolocado. Los ancianos muestran afecto y cariño por la vida; lo hacen con serenidad, con nostalgia, pero sobre todo con deseos y esperanzas en el futuro.
Lo dicho, si los creativos han hilado muy fino en estos anuncios para vendernos felicidad, positivismo y esperanza y lo consiguen, no nos olvidemos que ha sido gracias a quienes, teóricamente deberían tener menos motivos para tenerla.
Si no lo consiguen, al menos nos harán reflexionar sobre lo que estamos haciendo con nuestros viejos para que cambiemos nuestra forma de actuar con ellos.

Os dejo el video «Tengo una corazonada.» que presenta Madrid 2016



martes, 28 de abril de 2009

La pandemia de la Globalización


Leo en la edición digital de cinco días la siguiente noticia: «Los precios del petróleo caen más de un 5% por debajo de los 49 dólares por barril, presionados por las expectativas de un nuevo daño a la economía mundial si el brote de gripe porcina en México se convierte en una pandemia. El oro, en cambio, se dispara al nivel más alto en cuatro semanas»; Escucho a una locutora de televisión decir con voz preocupada y grave que la Organización Mundial de la Salud ha decidido aumentar el nivel de alerta sanitaria por el caso de la gripe porcina de tres a cuatro: lo que significa más a o menos que puede transmitirse fácilmente de persona a persona. Numerosos viajeros están cancelando vuelos y viajes a México lo que ha provocado descensos en las acciones de las aerolíneas y las corporaciones hoteleras; China, Rusia y los Emiratos árabes (que no creo importen mucho) han prohibido las importaciones de todos los productos porcinos que provengan de México y Estados Unidos; y, seguramente, en los próximos días, cuando se den a conocer nuevas de cifras de muertos y enfermos los medios de comunicación nos bombardearán con sus estadísticas, amplios reportajes, opiniones de expertos, ciudadanos varios etcétera hasta que, al igual que ocurrió con «las vacas locas», «la gripe aviar» o el «VIH», consigan como dije en un post anterior meternos más miedo del que ya tenemos.

Adoro México, a pesar del narcotráfico y la excesiva violencia de alguna de sus ciudades, me parece un país fantástico, lleno de vitalidad y rincones maravillosos y me daría mucha rabia que el resto de países lo conviertan en cabeza de turco por esta situación que ellos no la han buscado. Nos hemos acostumbrado a echarle la culpa al de al lado (sin ir más lejos, hace un año la culpa de la crisis era de los Estado Unidos y el resto habíamos sido simples comparsas, engañados) y esta vez le va a tocar a México: durante un tiempo será un país maldito; se frenaran sus exportaciones, el magnífico crecimiento de turistas que había experimentado, retrocederá y se tardará mucho tiempo en recuperarlo y, lo peor, el resto de la humanidad evitará su contacto como en su momento les ocurrió a los asiáticos con la gripe aviar.

No hemos acabo de entender qué significa eso de la globalización. Solo entendemos lo de los logos de las multinacionales estratégicamente situados en cualquier lugar del mundo, las ventajas que nos ofrece Internet, el poder tener acceso a productos de las más variadas partes del mundo, el intercambio cultural y cosas así. Es decir, la globalización buena que es la que a todos nos gusta, y estamos encantados con ella; pero cuando viene la mala, la de las epidemias, la que genera crisis, terrorismo o guerras nos volvemos localistas y «si te he visto no me acuerdo. »

La globalización sin ser una pandemia -Según la RAE: enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región- si es una epidemia para lo bueno y para lo malo que cubre todo el planeta y deberíamos ser conscientes de que casi todos seremos responsables, porque lógicamente siempre hay pueblos a los que se les seguirá negando el derecho a tomar decisiones y en los que, como conejillos de indias, los países supuestamente civilizados seguirán experimentando como funciona eso del dolor humano metiéndoles en guerras que no buscaron, explotando sus recursos a precio de saldo, o simplemente matándoles de hambre cuando se les niega los excedentes o la posibilidad de enseñarles a pescar.

Hace pocos días se ha celebrado el Día mundial de la malaria que cada año, según UNICEF, deja un millón de victimas anuales. Pues bien, no recuerdo a ningún medio de comunicación que las vaya contabilizando con el rigor, localización y explicaciones como lo están haciendo con esta epidemia porcina, lo que certifica de alguna manera lo que exponía arriba de que solo nos gusta la globalización buena y la otra la obviamos.

Existe una globalización de la que no se habla mucho pero que la más peligrosa de todas. Contiene unos fatídicos virus (de la indiferencia, del egoísmo, del desprecio, de la ambición, de la ignorancia, del odio) que se transmiten con facilidad, mutan y se acomodan en la mente humana propagándose a gran velocidad y cuya curación sólo depende de una profunda reflexión sobre lo que somos y lo que queremos ser.

De nosotros depende acabar con ella. Una vez que se consiga las demás se podrán tratar más fácilmente.







viernes, 24 de abril de 2009

La vida de mentira y la vida de verdad

Ayer asistí al I Foro IPMARK Por el Cambio en la Comunicación y el Marketing, que trató sobre la comunicación comercial en la post crisis y en el que Juan Carlos Ortiz, presidente de DDB latina realizó una ponencia que lejos de ofrecer un enfoque financiero – basado en las previsiones de importantes analistas; es decir; pesimista del asunto – optó por aportar una versión psicológica del origen de la crisis y cómo los publicitarios deberían afrontarla.

Reconocido como uno de los mejores publicistas de América Latina, este colombiano, con más de 20 años de experiencia en el sector, miembro del «Advertising Hall of Achievement» asociación que reúne a los mejores publicitarios estadounidenses, fue nombrado en 2008 por el Foro Económico Mundial, Líder Joven Mundial (galardón que entrega cada año a los 200-300 líderes más jóvenes que hayan destacado por sus logros profesionales, por su entrega a la sociedad y por su potencial para contribuir al futuro del mundo.

Con un estilo cercano, sencillo, como de andar por casa, Juan Carlos Ortiz nos ofreció una visión optimista y reflexiva del sector publicitario, regalándonos algunas ideas y claves para entender un poco mejor como funciona este mundo.

Resumo alguna de sus reflexiones que más me han gustado:

La vida sigue, el mundo no se ha congelado – En su opinión, la crisis tiene un fuerte componente psicológico que atenaza el mundo, aún así, debemos ser conscientes de que el mundo no se para. Ponía como ejemplo que, a pesar de la situación económica, la gente tenía que seguir comiendo, tener sus momentos de ocio: seguir viviendo en definitiva, y que todo es relativo: realizó comparaciones entre la crisis argentina de primeros de este siglo con la crisis actual española.

La vida de mentira versus la vida de verdad – Habló del error cometido por los publicistas que movidos por la ambición de ganar más dinero (y el es uno de ellos) han creado artificialmente una «vida de mentira» que no tiene nada que ver con la «de verdad», la de las personas. Lo ilustraba poniendo a su madre de ejemplo: «mi madre no me dice: me ha gustado tu comercial above the line o que lindo el affiche below the line. Me dice me ha gustado el comercial o me ha gustado el cartel: La gente no entiende las separaciones que hacemos los publicitarios.»

Se cuestionó la segmentación que se ha hecho del consumidor, y afirmó que hay un distanciamiento con las personas que hay que recuperar, lo que inevitablemente lleva a replantearse la forma de hacer la comunicación.

Convergencia frente a divergencia – Abogó porque las marcas creen lo que el define como SPOC (single point of contact) en lugar del MPOC (multiple point of contact) que lo que consigue es desvirtuar el valor de la marca. El objetivo, según el, es canalizar los esfuerzos en una dirección. No se trata de que las empresas se hagan más grandes comprando o absorbiendo a otras sino de que la estructura, la comunicación realmente sea integral. No se pueden hacer grandes cosas si las piezas están aisladas.

El consumidor como creador de marca – Los consumidores toman el poder al tener acceso a los canales de información, quieren ser participes de la experiencia de la marca y, en este sentido las empresas tienen que abrirse a los consumidores y hacerles participes de ella. Si se sienten así, el vínculo con la marca será muy sólido. Puso como ejemplo, el anuncio preferido por los consumidores durante la retransmisión de la Super Bowl (la final de fútbol americano) que fue realizado por dos consumidores y que os dejo abajo para que lo veáis.

Mercado espiritual frente a mercado geográfico – Ddb latina ha ideado una nueva forma de desarrollar mercados. Por eso la empresa que preside trabaja en los mercados latinoamericano, estadounidense y español. Han desarrollado una región espiritual, no geográfica, inspirada en esta perspectiva latina que considera a este mercado como uno de los más influyentes en el futuro, como demostraba el hecho, argumentó, de que en Estados Unidos cada vez más compañías «netamente americanas» son dirigidas por tipos que se llaman Rafael, Oscar, o José y se apellidan García, Pérez u Ortiz.

El trabajo genera optimismo - De la crisis se sale trabajando y hay que intentar evitar que se pierdan puestos de trabajo. Puso un interesante ejemplo en el que los deseos de los americanos en el 2008 en primer lugar eran poseer un ipod, después no recuerdo si un coche o casa y por último un trabajo. Ahora los resultados se habían invertido siendo el trabajo lo más deseado.

Cuando no se teme perder el trabajo hay optimismo explicó y, en consecuencia, la gente es más proclive a consumir, lo que por un lado reactivaría el mercado y, por otro, ayudaría a eliminar ese bloqueo psicológico que nos ha dejado la crisis que no nos deja avanzar.

Como digo, he pasado un buen rato escuchando posibles soluciones y no lamentos, lo que en estos tiempos que corren es de agradecer.





jueves, 23 de abril de 2009

¿Pero qué me estás contando?

Conozco a un humorista que utiliza mucho esta frase. Lo hace a menudo desde diferentes perspectivas.

Incredulidad: No puede creer lo que cuentas porque le parece imposible que lo dices es verdad.

Asombro – Se lo cree, pero te lo dice con los ojos muy abiertos, casi de sapo.

Enfado – Cuando le dices algo con lo que no está de acuerdo.

Jocoso –Cuando le cuentas alguna anécdota y pronuncia la frase varias veces intercalando sonoras carcajadas.

Y así, esta frase se repite varias veces en una conversación convirtiéndose en «muletilla.»

Lo que me asombra es que nunca recurre a ella a la hora de pedir una explicación o solicitar una aclaración sobre lo que se está hablando. Al principio no entendía muy bien cual era la razón de su actitud, pero con el tiempo y después de darle varias vueltas a la cabeza, en ese ejercicio que llamamos pensar o reflexionar llegué a la siguiente conclusión: el hacía exactamente lo que hacemos todos cuando recibimos determinadas informaciones por parte de los medios de comunicación; es decir reaccionamos al mensaje, pero rara vez nos paramos a reflexionar sobre el mismo.

Basta un titular en un periódico, una retahíla de palabras dichas de forma altisonante en una tertulia, unas secuencias en primer plano de alguien en televisión para que nuestra mente convierta en verdad lo que nos cuentan. Estas noticias o informaciones luego las comentamos en familia, con amigos, en el trabajo, e incluso, con desconocidos en la cola de la compra, en el ascensor o en la barra del bar.

El ser humano tiene una tendencia natural e inconsciente a seguir los dictados de aquello o aquellos que considera tienen más autoridad en la materia que se trate, asumiendo como reflexión propia aquellos razonamientos que más se acercan a lo que el cree su ideología, sin apenas darse cuenta de que se la han colado.

Los domingos suelo comprar varios periódicos y observo como la misma información, dependiendo del medio, se parece lo que un huevo a una castaña. Partiendo de la base de que la objetividad no existe (al menos en su forma pura) uno se encuentra leyendo una noticia y se pregunta cómo es posible que los periodistas (a los cuales se les supone una buena preparación y que su labor es informar, no juzgar) son capaces de escribir cosas tan dispares. Lo peor, es que luego, por ejemplo, está uno cenando con un grupo de amigos y si surge un debate sobre cualquier tema, dependiendo de las fuentes de información que hayan consultado, defenderán sus posturas con vehemencia, cerrándose en banda como si lo impreso, lo oído y lo visto y oído en los medios de comunicación fuese suficiente aval para tener la razón. A mi estas discusiones me aburren cada día más y entonces me pongo un poco «cabroncente» y paso a defender unas u otras posturas, mezclando los argumentos, dándoles la vuelta y apostillando allí donde más puedo sacar de quicio a los interlocutores, con el único fin de animar el debate y entretenerme en observar como desbaratan mis explicaciones. Unos lo llamaran dialéctica. Yo pasar el rato, debido a que generalmente los temas los tocamos de oídas al no tener los suficientes elementos de juicio para dar por sentado lo que defendemos salvo en asuntos muy específicos y, en este último caso y salvo que todos los interlocutores fuésemos expertos en algo premisa que nunca se cumple, no todos tenemos ni la misma cantidad ni calidad de información.

El periodismo, los medios de comunicación, están dejando de ser medios de información, para convertirse en un canal de opinión y comunicación al servicio de los intereses de quien está dispuesto a pagarlo. No es nuevo, esto ha sido así siempre y también lo será en futuro. Ejemplos a los largo de la historia ha habido muchos y un día de estos haré una recopilación en el blog.

Con esto de la crisis, se están multiplicando las informaciones que deberían ser sometidas a una reflexión o una explicación o puestas en un contexto real porque hay algunas que asustan tal y como la cuentan. Os dejo un link de una noticia que apareció ayer en la versión digital del diario Expansión; que ya está generando mucha polémica y que como sea cierta (personalmente creo que está sesgada) puede provocar un gran conflicto social. Para los más vaguetes os avanzo el tiular:

CEOE plantea el despido libre ante la grave recesión

http://www.expansion.com/2009/04/22/economia-politica/1240426130.html#

El tema tiene miga, pero ya nos han metido miedo otra vez más.







martes, 21 de abril de 2009

Palabras clave por el bien del mundo

Ayer se montó otro de esos «pollos» a los que tan a menudo nos tienen acostumbrados los políticos y gobernantes. El presidente iraní Ahmadinejad acusó al Estado judío de racista con el consiguiente escándalo internacional. Otras veces son los judios quienes hacen comentarios fuera de tono o lugar. En los paises latinos estos hechos son muy habituales: Sarkozy hablando de Zapatero, Zapatero hablando de Rajoy, Hugo Chavez hablando de todos y, casi siempre, contra todos, y así un largo etcétera de exabruptos verbales que lo único que consiguen es encrispar más a un personal que bastante tiene con lo que tiene.

No entro en valoraciones políticas porque, como pasa siempre, uno u otro pueden tener su razón, no tenerla ninguno o tener parte de ella. El problema es que todos estos comentarios, todas estas palabras pronunciadas con el ánimo de ofender, soliviantar o intentar demostrar superioridad, la historia demuestra que no conducen a nada positivo.

Buenos días, hola, por favor, gracias, si, enseguida, siempre, felicidad, amor, éxito, paz, hasta pronto, un abrazo, siempre, armonía, podemos, también, fenomenal, bien, te quiero, me gusta, vamos, perfecto, perdón, fé, éxito, estupendo, acción, amistad, entusiasmo, cooperación, generosidad, libertad, maravilloso, logro, nobleza, honor, bondad, igualdad, fraternidad, cariño, consejo, compartamos, responsabilidad, unión, valor, virtud, confianza, corazón, dar, Fe, fortaleza, optimismo, sabiduria, ternura, justicia, esperanza, estabilidad, familia, halago, iniciativa, triunfo, compasión, universalidad, hoy… son sólo alguna de las palabras que en forma de verbo, sustantivo o adjetivo, los seres humanos nos estamos olvidando de utilizar y aplicar. A veces tengo la sensación de vivir en una sociedad que ha perdido el respeto por sus semejantes; una sociedad en el que la mala educación se ha convertido en costumbre y en la que todo vale. Lo veo en el metro, en la indiferencia con la que tratamos a la gente, en las broncas que se organizan por cualquier motivo; ya sea una discusión de trafico o «un perdona bonita iba yo primero.» Muchas veces al día.

Lo que nos transmiten nuestros políticos, lo que vemos en esas tertulias de televisión, las noticias que leemos, rara vez contienen esas palabras ni los hechos ni actitudes que derivan de de ellas.

Por eso, este post recoge esta inquietud que tengo de que la gente utilice estas palabras claves y no las olviden. El video que os dejo hoy creo que explica perfectamente lo que pasa cuando el ser humano olvida estas palabras.


lunes, 20 de abril de 2009

El lado oscuro de la percepción

A lo largo de la vida, vamos modelando nuestro carácter y la manera de ver las cosas. El conocimiento que vamos adquiriendo, el entorno en el que nos movemos y las diferentes experiencias que se van sucediendo a lo largo del tiempo, van transformando nuestra forma de pensar e interpretar. Vamos, en definitiva, construyendo una estructura ordenada por la cual la información que recibimos (ya sea en forma visual o sensorial) puede ser catalogada e interpretada con el objetivo de darle un significado. Esto, que a priori, podría otorgarnos la virtud de la objetividad no es del todo cierto.

El hombre es por naturaleza un ser subjetivo: al ser un ente individual su proceso cognitivo y de aprendizaje será siempre diferente al de otro hombre. Además, al vivir en una sociedad influenciada o manipulada por los intereses de no se sabe quien (bueno, más o menos se sabe), que con el apoyo de los medios de comunicación pueden condicionarnos y hacernos creer lo que les venga en gana, la mente humana no se encuentra en la mejor situación para percibir con claridad.

Creemos que tenemos criterio propio cuando la realidad es que nuestra percepción está condicionada. Unas veces por repetición, otras por alguno de los pecados capitales (ira, envidia, soberbia, avaricia) y la mayoría de las veces por alienación y no vernos excluidos de esta «aldea global» que entre todos hemos creado y en la cual habitamos. El despotismo, las vejaciones, los nacionalismos excluyentes, la violencia que asoma con sus mil rostros, el racismo… casi todos los conflictos y problemas de este tipo se originan en este lado oscuro de la percepción. A mi todo esto me parece muy triste.

Desgraciadamente, no soy una excepción y mi percepción tiene su lado oscuro. Llevo años, quizás toda la vida, intentando curarme: No se si lo conseguiré pero por falta de ganas no va a ser. También he de decir que he tenido, tengo y tendré buenos maestros.

Cuando trabajaba en consultoría tenía un jefe que me hacía replantearme todo, aunque yo estuviese convencido de que las conclusiones e informes que presentaba eran los adecuados. Volvía a repetir el trabajo una y otra vez y siempre me decía que le diese una vuelta más. Llegaba a desesperarme, pensaba que lo hacía para medir mi paciencia y aguante en un mundo que exige mucho análisis y mantener la cabeza fría. Un día, le pregunté la razón de su conducta hacia mí y si existía algún problema con mi labor. Me contestó lo siguiente: «Mira Fernando, lo que parece no siempre es lo que es, y lo que es no siempre es lo que parece; lo que percibimos crea nuestra propia realidad. Tu trabajo resume perfectamente los informes y cifras que has manejado, pero no tu propia interpretación que es la que estaba pidiendo. El papel lo aguanta todo, pero el razonamiento no. Así que dame tu opinión sobre este plan de negocio sin tener en cuenta lo que se dice por ahí, sino lo que crees realmente.»

Mi percepción sobre mi jefe cambio instantáneamente. Desde entonces procuro ver las cosas desde diferentes puntos de vista y no precipitarme en los juicios o decisiones sobre nada ni nadie.

Os dejo un cuento que habla sobre la percepción. Sacad vuestras propias conclusiones.

La sombra de la sospecha
Un día, cuando un leñador se preparaba para salir a trabajar, no encontraba su hacha. Buscó por todos los sitios en vano. Trató de recordar dónde la había dejado el día anterior. Únicamente se acordó de que el niño del vecino lo estuvo observando mientras él partía leña en el patio. ¿No habrá sido el chico? Se le ocurrió que el hacha pudiera haber sido robada por el niño. Mientras seguía buscando infructuosamente en las habitaciones, crecía su sospecha. Cuando removió en vano las cosas del patio llegó a confirmar con certeza su conjetura.

—Seguro que ha sido él. Me estuvo observando hasta que terminé el trabajo —pensó. Incluso pudo imaginarse cómo entró el niño sigilosamente en su patio y se llevó el hacha corriendo. Justo en ese instante, el presunto ladrón se asomó por la tapia que separaba los dos patios, preguntándole:
— ¿Va a cortar leña otra vez?
El leñador lo miró con profundo resentimiento, tratando de interpretar el doble sentido del pequeño diablo.
—Sí. Ojala pudiera cortar también las manos del ladrón.
Al oír eso, el chico desapareció tras la tapia, de lo que dedujo el leñador que se sintió aludido.
Desde ese momento, el dueño del hacha siempre observaba el comportamiento del niño. Le parecía que su forma de andar sigilosa, su mirada huidiza y su hablar titubeante revelaban indudablemente su culpabilidad y su condición de ladrón. La sospecha creció, se consolidó y se convirtió en una categórica certeza. Ha sido el. Conforme iba pasando el tiempo, el hombre veía al niño cada vez más como un ladrón y cada vez más encontraba en su comportamiento indicios de haber hurtado su hacha.
Pero, un buen día, por pura casualidad, descubrió su hacha en el sitio menos pensado, dentro del montón de leña cortada.
Se acordó repentinamente que la dejó allí olvidada. A partir de ese momento, el niño le parecía totalmente distinto. Ni en su forma de andar, ni en su mirada, ni en su modo de hablar encontraba nada raro. Era un niño simpático, sincero y completamente normal en su conducta.

domingo, 19 de abril de 2009

¿Quien tiene la verdad de los viajes?


Pululan por los foros de viajes de Internet, explicando lo que es o no es viajar, sentando cátedra, autodenominándose viajeros experimentados, (turista es una palabra que les da grima) despreciando las opiniones de otros foreros por el simple hecho de no viajar como ellos ni a los lugares donde van ellos, sin entender que las motivaciones para viajar y el modo de hacerlo varían de unas personas a otras. Creen estar en posesión de la verdad de los viajes y critican a los que cuentan sus viajes y experiencias porque ellos, con la suficiencia del «connaiseur», creen estar por encima del bien y del mal. Desconfían de quien lleva una maleta en lugar de una mochila, de quien contrata una excursión organizada o se aloja en un hotel decente, de quien realiza una pregunta que puede parecer inocente. Creen tener las claves de los viajes pero no las comparten, dejan entrever lo que saben pero nunca lo acaban diciendo. Sólo tienen palabras amables para quienes opinan como ellos, creando un grupo excluyente y cerrado, impenetrable para el resto de viajeros. En ocasiones da la sensación de que parece molestarles el hecho de que la gente viaje y se ilusione con su viaje.

Decía Benjamín Disraeli que viajar enseña tolerancia, pero me da la sensación que este tipo de viajeros por muchos lugares y pueblos que hayan conocido nunca lo aprendieron. Todo lo contrario que el periodista y escritor Javier Reverte que en una entrevista decía los siguiente: «creo que hay que viajar siempre, ponernos a prueba ante lo inesperado, ver y sentir sobre lo que hemos leído, sobre lo que nos han contado. Y luego escribirlo, para que otros sueñen, para mantener viva la ficción de existir y el anhelo de la eternidad.»

Algún día se darán cuenta estos viajeros de que no tienen la verdad de los viajes; solo su verdad.

Como yo si cuento mis viajes, os dejo otro capítulo de Soul India donde hablo de la verdad de los viajes.

Llegada a Varanasi – del diario de viajes Soul India

Cuando el tren se adentró en la estación, Varanasi era algarabía en tinieblas. Según descendí del tren, comprobé que me hallaba en otra India; en las mil Indias. En la India de la pobreza extrema, de la lepra, de la muerte, de la vida... en la India exagerada; una India concentrada en los abarrotados andenes y vestíbulos de la estación.

Una alfombra de cuerpos ocupaba cualquier rincón de la estación. Tenía que tener cuidado de no quebrarlos. Los taxistas y buscavidas atosigaban bajo un coro de lamentos que se confundían con los pitidos, bocinazos y ruidos de motor de las flotas de taxis y viejos autorickshaws que esperaban, preferentemente, clientes como yo.

¿La primera impresión? Definitivamente, esta ciudad era diferente.

En un principio pensé instalarme cerca de los ghats, pero encontrar el hotel de noche, entre las estrechas callejuelas de la ciudad, iba a ser complicado por lo que a última hora, resolví dirigirme a la zona de Cantonment, un área situada a cinco kilómetros de los ghats. A ello obedecían también razones prácticas: el viaje en tren me había dejado extenuado, con una espalda y huesos doloridos que ya no eran míos. Necesitaba descansar: India puede llegar a agotarte, no solo físicamente, y de vez en cuando precisas de un espacio cómodo, limpio donde reposar las experiencias y escribir las vivencias.

Chaurasia, Hussain y un indio que conocí en Khajuraho, y que días mas tarde encontraría en las inmediaciones del Templo de Durga —donde bajo una higuera bengalí hablamos sobre la religión en India—, me habían advertido de la suciedad de algunos de ellos: —"very dirty, very dirty"— repitieron cuando comenté mi intención de dormir cerca del Ganges. Así que después de inspeccionar tres hoteles, opté por el mejor. Un hotel nuevo, con todas las comodidades, y con un restaurante indio realmente excepcional, con conexión a Internet y una agencia de viajes que me vendría muy bien para realizar las reservas de la última parte de mi viaje: contrastes de la India, contrastes de todos los lados.

Y ya es hora de desmitificar la pobreza, lo cutre, el "yo estuve en un sitio de mala muerte" y la India es una aventura de Al filo de lo imposible: en los viajes, te metes donde puedes o donde quieres, comes cuando tienes hambre y, dentro de lo que cabe, lo que te apetece. Todo depende de tu presupuesto y de tu objetivo. En definitiva, lo planteas como una experiencia, no como un concurso de supervivientes, pero sólo querer reparar en una realidad del país, la buena o la mala, da igual, es a todas luces injusto tanto para uno mismo, como para el país que se visita.

Me gusta ver todo: lo bueno, lo malo y lo regular. No tengo cargo de conciencia (y esta la sacamos rara vez y cuando nos conviene), por saber que por lo que pago en determinados sitios come una familia un mes —y al final comen—, ni me avergüenzo por no tener el arrojo suficiente para pernoctar en determinados antros. Sólo la necesidad me llevaría a ellos; al igual que en España procuro no comer o alojarme en determinados lugares. Cuando tengo que hacerlo se hace; en India, en España y, si hace falta, en Pekín que todavía no he tenido la oportunidad de conocer. No soy nada escrupuloso, nada especial, pero pudiendo, intento estar lo más cómodo posible. ¿Que es más auténtico?, ¿que es más de allí alojarse o comer en determinados sitios? No sé. ¿Quién decide eso? ¿En qué manual viene?

Y me pregunto: ¿Quién tiene la verdad de los viajes?

Todos y nadie.

sábado, 18 de abril de 2009

El día que la estrella 2.382 fue la número 1

El pasado 14 de abril el «Beatle» George Harrison recibió un sencillo homenaje póstumo en el Paseo de la Fama de Hollywood en el que se descubrió la estrella 2.382 que lleva su nombre. En el acto estuvieron presentes, entre otros, Olivia Harrison su viuda, su antiguo compañero de banda Paul McCartney, el actor Tom Hanks, el músico Tom Petty y el humorista de los Monty Python Eric Idle.

George Harrison era el más introvertido y «espiritual» de los cuatro Beatles y seguramente este homenaje le hubiese dado un poco lo mismo. Sus inquietudes iban por otro lado. Trabajaba por un mundo mejor y más justo como demostró con la iniciativa del Concierto de Bangla Desh en el año 1971 que le convirtió en el primer músico de Rock que organizó un concierto benéfico y solidario. El origen fue el siguiente.

En 1971, tuvo lugar una guerra entre Pakistán y Pakistán Este (la actual Bangla Desh). En esta última, el conflicto dejo centenares de miles de muertos y una cifra superior de refugiados que se desplazaron a la India. La desnutrición, las enfermedades y los ciclones que azotaron el territorio provocaron una de las mayores catástrofes humanitarias que se recuerdan.
Ravi Shankar, virtuoso del sitar a quien Harrison había conocido años atrás, llamó a su amigo y decidieron organizar el primer concierto de rock solidario de la historia con el objetivo de recaudar fondos para paliar el desastre. El acontecimiento tuvo lugar en el Madison Square Garden de Nueva York los días 1 y 2 de agosto de 1971 y en el se reunieron alguno de los músicos más famosos del momento (Bob Dylan, Eric Clapton, Leon Rusell, Ringo Star, Billy Preston…, además de Ravi Shankar y el propio Harrison). Fue uno de los mejores conciertos de la historia.

Los beneficios económicos que se generaron con el concierto, la película y los discos que se editaron del mismo superaron el millón de dólares de la época (aún siguen produciéndose beneficios) que fueron entregados al Fondo Infantil de Naciones Unidas UNICEF, que fue la encargada de distribuir el dinero en forma de medicinas, alimentos, ropa a los refugiados de Bangla Desh.

Hoy en día se celebran numerosos conciertos benéficos; pero hubo uno, el que George, mostrando su lado más humano y solidario, organizó para concienciar a la sociedad de que el mundo estaba mal y que había que ayudar. Por eso digo, que la estrella 2.382 (un número más) un día fue la número 1. Una estrella que consiguió brillar con luz propia en unos momentos en el que una parte del mundo sobrevivía en la oscuridad.
Os dejo un video de este magnífico concierto. Que lo disfrutéis.

jueves, 16 de abril de 2009

La paradoja del conocimiento: más es menos; pero ese menos es más.

A medida que pasan los años voy comprendiendo mejor lo que Sócrates en su famosa frase «sólo sé que nada sé» realmente quería expresar. No creo que al pronunciarla, lo hiciese movido por la virtud de la humildad (de hecho, Sócrates sabía que poseía un conocimiento superior a sus contemporáneos y cobraba bien por transmitirlo como escribí en el post «Sócrates y el valor de las cosas») sino por el sentido común y la consciencia de que el conocimiento que podemos adquirir es limitado. Es científica, material, racional, emocional y subjetivamente conocer, saber, comprender aprender y almacenar toda la información que recibimos, la que hoy tenemos y la que mañana dispondremos. Incluso si limitásemos el conocimiento a una o varias materias o disciplinas nunca llegaríamos a ser sabios porque, al igual que la energía, la sabiduría ni se crea ni se destruye, sólo se transforma, y en esa transformación siempre hay «fugas» que se presentan en forma de conjeturas o hipótesis basadas, en ocasiones, en nuestra propia subjetividad: aunque no hubiese «fugas» y tuviésemos toda ese conocimiento, su utilidad sería limitada porque aunque se compartiese, a los receptores les costaría asimilarlo y entenderlo (siempre y cuando estuviesen interesados en adquirirlo). Por otro lado tendríamos que discernir si la sabiduría, el conocimiento, es una cuestión teórica o práctica, una mezcla proporcionada de las dos o si es más importante la una sobre la otra.

Sócrates en su paradójica frase nos advirtió que a medida que crece el conocimiento, también lo hace la conciencia de lo ignorancia. Cuanto más sabemos, más queremos saber y es entonces, cuando nos damos cuenta de que cuanto más sabemos menos sabemos, aunque sabemos que sabemos más que cuando no sabíamos: un galimatías.
A medida que pasan los años me voy dando cuenta de todo esto y de que merece la pena aprender cosas nuevas, adquirir conocimientos nuevos, formarse, estudiar y disfrutar con estas contradicciones. Es una riqueza que podré atesorar sin preocuparme de perderla ni de que nada ni nadie me la arrebate; una riqueza que nadie me va a fiscalizar. La pena es no haber empezado antes pero nunca es tarde para aprender.
Os dejo una historia china que encontré el otro día leyendo un libro de cuentos de China que encontré en la biblioteca de mi madre: me gustó mucho.

Una historia china cuenta que el noble Ping de Dsin había cumplido setenta años. Tenía un músico ciego también de avanzada edad, que además era su confidente. El noble se lamentó:
¡Qué pena ser tan mayor! Ahora, aunque quisiera estudiar y emprender la lectura de libros importantes, ya es demasiado tarde para ello.
El músico ciego pregunto:
— ¿Por qué no enciende la vela?
El noble se quedó perplejo con aquella respuesta. ¿Es que su súbdito trataba de mofarse de él?
Dijo:
— ¿Cómo te atreves, osado, a bromear con tu señor?
La irritación del noble era evidente.
— Jamás bromearía un pobre músico ciego como yo con los asuntos del señor. Nunca osaría una cosa tal, pero prestadme un poco de atención.
El noble se calmó, y el músico ciego dijo:
— He oído decir que si un hombre es estudioso en su juventud, se labrará un futuro brillante como el sol matinal; si estudia cuando ha llegado a una edad mediana, será su futuro como el sol de mediodía; si empieza a estudiar en la ancianidad, lo será como la llama de una vela. Aunque la vela no es muy brillante, por lo menos es mejor que andar a tientas en la oscuridad.
Ese mismo día el noble comenzó a estudiar.

martes, 14 de abril de 2009

El arte de la magia, el alma de la magia

Lo conocí hace unos años. Me lo presentó el mago More en un evento corporativo que organizábamos para una empresa alemana. Desde entonces, coincido con él varias veces a lo largo del año. Es uno de esos tipos que consiguen que veas la vida de otra manera; que te hacen reflexionar y te enseñan que con ilusión puedes alcanzar cualquier sueño: uno de esos tipos que, como dice mi compañera Lourdes, cualquier madre querría adoptar. Es uno de los ilusionistas españoles más conocidos y con mayor proyección internacional ganador, entre otros muchos galardones, de la prestigiosa Varita Mágica de Oro de Montecarlo: Ha actuado por todo el mundo incluyendo el exclusivo Magic Castle de Hollywood. Uno de sus últimos éxitos lo hemos visto en televisión en «Nada x aquí» un programa de magia donde él y sus colaboradores han realizado un magnífico trabajo en el que han mostrado no solo el arte de la magia sino también su alma. Colabora con «La Fundación Abracadabra» acudiendo a hospitales de toda España a aliviar con su magia a niños enfermos; a residencias de ancianos; organizando actos benéficos, como la Gala Solidaria a favor de la Fundación Síndrome de Down que tendrá lugar en Madrid el próximo 26 de abril. En definitiva, a hacer soñar y hacer felices a los demás a través de lo que más le gusta y mejor sabe hacer.

Se llama Jorge Blass y trabaja en el Show Business, aunque yo pienso más bien que lo que hace es trabajar en el mundo del Soul Business; en ese mundo donde los trabajos se hacen con pasión, con ilusión y se les da un sentido.

Paulo Coelho decía que «La magia es un puente que te permite ir del mundo visible hacia el invisible. Y aprender las lecciones de ambos mundos.»

Jorge ha cruzado varias veces ese puente y sin, seguramente, pretenderlo ni darse cuenta nos ofrece a través de su experiencia y de su magia enseñanzas para alcanzar el éxito: que quizás no sea más que disfrutar y sentirse bien con lo que haces, dedicar parte de la vida a ayudar a los demás y creer, como dice en la magia.

Algunas de las claves de su éxito son las siguientes:

Vocación – Desde muy pequeño empezó a hacer magia y supo que esa sería su profesión.

Cuando algo nos gusta mucho, la ilusión nos ayuda en la lucha por conseguirlo.

Focalización – Le hubiese gustado hacer muchas cosas pero decidió canalizar sus energías en una dirección.

Muchas veces nos dispersamos en actividades y tareas que no nos llevan a ninguna parte.

Pasión e ilusión – Ama la magia y todo lo que tiene que ver con ella. Sigue aprendiendo, investigando, probando, ensayando, viendo y enseñándola.

La ilusión y la pasión fomentan la creatividad y las ganas de avanzar.

Adaptación – Le gusta personalizar sus espectáculos en función del público al que se dirige y la naturaleza del evento con el objetivo de sorprenderles y entusiasmarles.

El objetivo debe ser siempre la satisfacción del cliente.

Exigencia – Con su trabajo. No deja nada a la improvisación y en cada espectáculo en cada proyecto que realiza siempre busca la excelencia.

Trabajo, trabajo y trabajo. Siempre funciona

Generosidad – Además de colaborar en actividades solidarias pone en valor a otros artistas ayudándoles a que triunfen.

Cuanto más das, más recibes. Compartir y dar es rentable aunque sea para la satisfacción personal.

Si tienes la oportunidad de encontrarte con Jorge o ver sus espectáculos no sólo disfrutarás de la belleza que proporciona el arte de la magia sino que descubrirás lo que significa el alma de la magia.

Os dejo un video que me gusta mucho en el que Jorge nos explica qué es la magia. Que lo disfrutéis.


video

viernes, 10 de abril de 2009

Publicidad emocional: anuncios que gustan.

Si hay algo de lo que no puede escapar el hombre (salvo que vaya a algún lugar remoto o no pisado por el ser humano) es la publicidad. Si nos fijamos un poco la encontramos en cualquier lugar. Si caminamos por las calles de cualquier ciudad aparecerán ante nuestros ojos reclamos en forma de vallas, carteles, rótulos luminosos y, desde hace ya tiempo, en pantallas de video. Si subimos a un autobús o tomamos el metro la encontraremos tanto en el exterior como en el interior del vehiculo o del vagón; también en las marquesinas o en los andenes. Si decidimos leer un periódico o revista durante el trayecto, a buen seguro fijaremos la vista en más de un anuncio. Si vamos al supermercado, lo que veamos y la información que recibamos podrá cambiar nuestra lista de la compra. Si al llegar casa encendemos la radio, nos conectamos a Internet o decidimos ver un poco la televisión, recibiremos mensajes publicitarios de todos los tipos y colores y en todos los formatos posibles. La era de la sobreproducción nos ha llevado a la era de la saturación publicitaria.

La semana pasada hice uno de esos experimentos, que no tienen base científica, inspirado en un juego que hacía de niño y que consistía en «cazar» con la mirada cualquier cosa que, de mutuo acuerdo, decidiésemos quienes nos apuntábamos a la cacería: lo más habitual era jugar a marcas o modelos de coche o al juego del color y país de las matrículas (si eran blancas pero extranjeras, negras o amarilla etcétera). En este caso estuve contando los diferentes impactos publicitarios con los que me encontré a lo largo del día.

Trayecto Casa – Oficina – Casa: Rótulos de comercios, cárteles pegados en varios sitios, octavillas, vehículos con publicidad, pantallas en la calle, Carteles en el metro, en el anden, en el vagón, en el periódico gratuito, en las ropas y las gafas de la gente, en bolsas de plástico, en la marquesina del autobús, fuera del autobús, dentro del autobús…

Oficina – Cartas, folletos, catálogos, a través de email, al conectarme a Internet, regalos promocionales, boca oreja de clientes, compañeros y colaboradores, etcétera…

Casa – Correspondencia, buzoneo, cesta de la compra anuncios de TV, «product placement», programas patrocinados, retransmisión deportiva, sobre impresiones virtuales, más impactos en Internet…

Perdí el cálculo, pero seguramente a lo largo del día estuve expuesto a más de 500 impactos publicitarios. Al día siguiente intenté recordar cuantas marcas, productos o mensajes había visto. No eran más de 10, a pesar de la sobresaturación a la que había sido sometido. Lo que si me llamó la atención fue que los mensajes que mejor recordaba no tenían que ver tanto con los atributos y beneficios del producto o servicio ni con su precio sino con las emociones y sentimientos.

Los publicitarios lo saben. Se han convertido en provocadores de sensaciones ahondando en sentimientos universales del ser humano con el objetivo de captar el interés del consumidor, de ganar su confianza y conectar emocionalmente con él. Cuando lo consiguen, la gente no sólo habla del anuncio sino que lo busca en Internet para verlo y retransmitirlo de forma viral porque ese mensaje, esa comunicación le ha gustado y quiere compartirlo lo que produce un aumento de los impactos.

En este blog, han aparecido varios ejemplos de publicidad emocional, y muchas visitas han llegado por la búsqueda de estos anuncios y no por lo que escriba que más o menos a la gente le puede dar lo mismo. Hoy voy a hacer otro experimento: voy a repetir varios de estos anuncios y añadir alguno más, voy a etiquetar los anuncios y, seguramente, el número de visitas aumentará y podré observar cual es el anuncio más buscado y que más gusta a los visitantes. Dentro de un mes publicaré los resultados y mis impresiones.

¿Cuál te gusta más y por qué? Ahora es tu turno. Cualquier comentario será bien recibido. Los cuatro anuncios son los siguientes:

Coca Cola - Estás aquí para ser feliz










Telefónica -Ahora más que nunca la gente necesita sentirse cerca de la gente








Cencosud - Somos todos inocentes, Somos todos culpables









Orange - Bear


video

miércoles, 8 de abril de 2009

Los editores de sueños

Acabo de recibir en mi correo electrónico el número 13 de la Revista Narrativas, una iniciativa que coordina el escritor aragonés Carlos Manzano y cuya única pretensión, como explica su consejo editorial, es dejar constancia de la diversidad y la fecundidad de la narrativa contemporánea en castellano. En ella, aquellos que tienen gusto por las letras encuentran un espacio donde expresar libremente sus inquietudes literarias.

Un órgano de selección decide sobre la publicación o no de los originales recibidos y, supongo, será una tarea difícil porque leyendo alguno de los relatos y ensayos publicados se observa una alta calidad que complica la elección de los textos.

Narrativas es un punto de encuentro que cobija al escritor rechazado una y mil veces por las editoriales, al escritor novel que empieza con ilusión, al que escribe por el simple placer de jugar con su imaginación, al erudito, al filósofo, al gramático, pero también es un lugar donde acuden los que aman una lengua rica y bella que hablan más de 500 millones de personas en todo el mundo; una lengua cada vez más viva, en constante evolución que se enriquece con la aportación de nuevas palabras y voces de otros idiomas.

A los responsables de la publicación no les mueve el ánimo de lucro ni hacer competencia a ninguna editorial. Han realizado un proyecto abierto, basado en la participación; un «yo gano tu ganas» en el que el respeto y generosidad de las partes (editor y autor) son fundamentales para su correcto funcionamiento.

La revista es gratuita. Se distribuye a través de Internet mediante suscripción y, como digo, hay textos interesantes de escritores argentinos, peruanos, colombianos, uruguayos, españoles… que si no fuese por este proyecto nunca habrían acabado ante mis ojos.

Estos atípicos editores han conseguido hacer realidad decenas de sueños, de deseos escondidos, pero también han acercado a quienes comparten la belleza de una lengua que, curiosamente, en España cada vez hablamos peor.

Por eso , este post más que informativo, yo lo considero de agradecimiento a estos editores de sueños que limpian, fijan y dan esplendor.

Gracias y que dure muchos años.

lunes, 6 de abril de 2009

Los préstamos de la Fe


En estos días se está celebrando la Semana Santa, quizá la festividad religiosa más importante de cuantas celebra la Iglesia Católica (por encima de una Navidad que cada día más parece una bacanal gastronómica y botellón global que la celebración del nacimiento de Jesucristo). En el post «Donde nacen los sueños Chamulas I parte» comentaba cuan diferentes eran las costumbres o prácticas religiosas en diferentes países y lugares: España no es una excepción y en cada región, en cada ciudad, se celebra de forma diferente.

Alguno de los ritos o manifestaciones que se suceden desde el Domingo de Ramos pueden ser incomprensibles para aquel que no lo haya «mamado» de pequeño. Ocurre esto con las procesiones de Semana Santa. Pondré un ejemplo: si una persona no conociese España y tuviese la oportunidad de darse una vuelta por varios sitios a la vez, pongamos por caso: Sevilla, Calanda, Valverde, Valladolid, San Vicente de la Sonsierra, Lorca, Zamora o Málaga diría como Asterix «Están locos estos españoles». No sería yo quien le quitase la razón porque las hay de todos los tipos; silenciosas, bullangueras, solemnes, violentas, selectivas, populares, aburridas, espectaculares cortas o interminables. Si fuese a Sevilla, acabaría atascado en una marea humana que lo mismo en unas procesiones guarda el más respetuoso silencio, como en otras es un continuo murmullo de risas y palabras entrecruzadas; si se pasase por Valverde en la provincia de Cáceres, alucinaría con los «Empalaos» siempre y cuando no hubiese tenido la oportunidad de ver a los «Picaos» en la localidad riojana de San Vicente Sonsierra fustigarse las espaldas con premeditación y alevosía; pero también se asombraría con la solemnidad castellana de Valladolid o Zamora, se escandalizaría con la procesión de Las «Turbas» en Cuenca o tendría la sensación de asistir a una cabalgata de reyes, carnaval o demostración ecuestre en Lorca.

Costaría, ya digo, una barbaridad convencerle de que no estamos como una cabra y que somos el país con el mayor número de miembros del Ku Klux Klan del mundo: pero habría que hacerlo.

Habría que explicarle el por qué de cada manifestación, dejando el folclore, el exhibicionismo, y la fiesta de lado, y ahondar en las motivaciones que llevan a los hombres a participar y seguirlas con verdadera devoción. A que descubriese que, en esa mirada vidriosa que mira la singladura del paso del Cristo o la Virgen, se reflejan valores humanos como la igualdad, el amor, la justicia, la bondad, el sacrificio y la solidaridad, porque para quien tiene Fe la Semana Santa significa algo más que una celebración litúrgica o una procesión popular.

Comprendería entonces nuestro buen hombre que los penitentes cumplen una promesa: pagan una deuda de honor directamente con Dios, una deuda condicionada a los resultados: «Si me curas o curas a te prometo; si me das… te aseguro, si consigues…haré». Una deuda en la que no hubo negociación porque Dios no impuso condiciones: sólo escuchó. Una deuda avalada por la Fe que tenga en El cada uno, o por la desesperación que lleva a un hombre que no cree, a solicitar ese préstamo de serenidad que de paz a su alma.

Cada primavera miles de hombres y mujeres cancelan el importe de sus deudas cargando cruces, caminando descalzos, flagelándose y desgarrándose; ocultando el rostro o asomándolo según el coraje y la costumbre pero, sobre todo, agradecidos y felices de haber cumplido con su conciencia y con Dios.

No soy una persona religiosa, más bien creyente en una serie de principios universales, pero respeto profundamente a quien sí lo es, especialmente a aquellos que se sirven de la religión para mejorar este mundo o a estos penitentes que demuestran que en el mundo todavía hay gente que paga los préstamos nacidos de la Fe o de la palabra de honor.


sábado, 4 de abril de 2009

Cuentos de las noches tristes: la vida en un hilo

Había sido un día duro de trabajo. Uno más. En realidad, todos los días estaban envueltos en una agria rutina. Sólo cambiaba el decorado. Unos días con la lluvia de fondo, otros; con un calor insoportable.

Jacobo conversaba con María y se quejaba amargamente de la vida que le había tocado vivir.

Estoy harto de mi vida - comentaba. A menudo parece carecer de sentido. Me paso el día trabajando y no tengo ni un segundo para mí. El jefe cada día nos exige más y debemos doblar turnos. La competencia - le oí decir al encargado - nos obliga a ser más productivos, a realizar más horas, a cambiar cosas; incluso, pude advertir, que está pensando en sustituirnos porque según dijo la empresa necesita sangre nueva.

María le miraba sin pronunciar palabra. Sólo en su pálida cara, se adivinaba un gesto lleno de melancolía y preocupación. Conocía a Jacobo desde hacia años y observaba que aquella jovialidad y energía que siempre había tenido había desaparecido; había marchitado con los días.

He trabajado duro durante toda mi vida – continuó Jacobo. He hecho todas las horas extras que me exigían; he obedecido todas y cada una de las órdenes que él o Pérez, el nuevo encargado, me han transmitido. He sido siempre un simple peón, una prolongación de sus pensamientos. A menudo he tenido que dar la cara delante de los clientes; clientes que unas veces estaban enfadados, muchas irascibles; clientes que han pagado conmigo sus insatisfacciones, sus problemas...Hasta me han llegado a insultar. Yo sabía que nuestro último trabajo no era bueno, que no iba a tener aceptación y que la gente se iba a quejar.

María escuchaba reflexiva y recordaba los primeros días de Jacobo en la empresa.

Había llegado un día de abril, elegantemente vestido, muy acicalado; hablando por los codos; servicial y amable con todo el mundo; con esa sonrisa infantil y limpia que tienen aquellos que tienen ilusión. Era casi un niño cuando comenzó a trabajar, pero era espabilado y atento. María recordaba sus bromas, su alegría llena de vitalidad ingeniosa que provocaba eternas carcajadas entre los compañeros cuando contaba sus historias: parecía tan feliz.

Ahora, en su rostro, sólo veía la tristeza que deja la derrota.

Jacobo continuaba vaciándose: «Además, nunca me han dejado aportar mi propia creatividad, mis ideas. Siempre siguiendo el guión establecido o probar con lo que estaba de moda. Antes no me daba cuenta porque creía que llegaría lejos, que sería importante, que en el futuro en la empresa se hablaría de mí como de Don Manuel el segundo presidente que tuvo la Compañía, pero me he dado cuenta que desde que llegué todo han sido golpes y zancadillas. Acuérdate como se reían de mí al principio por tener este flequillo y llevar ese traje de cuadros. Lo pasé mal: era el único que tenía y debía ser muy cuidadoso para no mancharlo, pero eso no parecía importarles; o esa otra vez en la que después de que despidieran a Lucas tuve que asumir su papel, desdoblarme. Nadie me lo agradeció. Ahora con los cambios y la llegada de José María, que como sabes es el preferido del jefe, me llevo todas las broncas y palos. El, con su verborrea y actitud, ha provocado una situación que cada día que pasa se me hace más cuesta arriba trabajar y sonreír. Sabes que ha hablado mal de mí y ha dicho cosas que no son ciertas; me ha acusado de ser el único responsable del descenso de las ventas y cosas peores.»

¿Por qué no te vas? – preguntó María.

Sabes bien que no es fácil salir de aquí. Lo he intentado otras veces, pero tampoco me han dejado. Me han llegado a decir que si me voy no volveré a trabajar en ésto que es lo que más me gusta. Tengo miedo y necesito ayuda para dar ese paso - respondió Jacobo. Además, estás tú... eres mi mejor amiga.

¿Y qué harías? –indagó María curiosa.

Vivir, llenarme de vida. Saludar a todo el mundo de una forma natural y no forzada, tener mi propia empresa, estudiar, viajar por placer, presentar mis ideas en todos los sitios, cantar… ¡Tantas cosas!

María, con un gran esfuerzo, consiguió cortar uno a uno los hilos que a Jacobo, (una marioneta de madera y trapo) le unían a su destino.

- Yo, sabes que no puedo irme, sería el final de la empresa. No te olvides de mí, piensa en mí, aunque sea de vez en cuando, aunque sea sólo un instante. Con eso sería feliz dijo María con una mirada que por momentos se hacia vidriosa. Jacobo la beso. Un reguero de lágrimas secas, lágrimas de marioneta que desteñían levemente los ojos se convirtieron en un agridulce adiós.

Y es que, en esta vida, siempre hay alguien dispuesto a ayudarnos. Sólo tenemos que decirlo.

Nuestros miedos, nuestras obligaciones, nuestros compromisos nos obligan a demorar o aplazar sine die decisiones que sabemos que debemos tomar para buscar eso que anhelamos y que se llama felicidad. Hay algo que nos bloquea y nos impide salir a buscarla. En ocasiones, somos incapaces de cambiar y nos auto justificamos y auto engañamos pensando que siempre habrá un momento para hacerlo. Como en el cuento, siempre hay gente dispuesta a ayudarnos. Jacobo pidió demasiado tarde la ayuda, pero cuando lo hizo la consiguió.

¿Dónde está Jacobo ahora?

Este es uno de los «Cuentos de las noches tristes» y donde esté Jacobo y lo que haga sólo lo sabe tu imaginación.

jueves, 2 de abril de 2009

El día del humor en las empresas

Recientemente realizamos una entrevista para nuestro Boletín electrónico a Eduardo Jauregui, uno de los socios de la consultora Humor Positivo junto con Jesús Damián Fernández Solis. Entre otras respuestas hubo una que me gustó especialmente. Decía así: « Hablando del sentido del humor, las empresas que afronten la crisis con una actitud más positiva tendrán más posibilidades de salir de esta. También es verdad que el buen clima no se improvisa, y las empresas que no sembraron en épocas de bonanza, difícilmente van a poder afrontar las tormentas ahora que se requiere más motivación y creatividad que nunca».

Con una experiencia combinada de 30 años de investigación y aplicación del humor a las organizaciones, desarrollan e implantan programas de formación dirigidos a que los profesionales desarrollen el sentido del humor y descubran las aplicaciones y beneficios que produce en las organizaciones. Asesoran a directivos, grupos de ventas, departamentos de recursos humanos, formadores, equipos creativos, y otros profesionales que requieran asistencia puntual o continuada para desarrollar sus proyectos con humor o incluso para «humorizar» toda una empresa. Además han escrito libros como «Alta diversión en el trabajo» «El sentido del humor: manual de instrucciones o recientemente «Amor y humor» libros muy recomendables para saber más sobre los beneficios que aporta el humor en la vida.

Son buena gente, tipos interesantes que han creado su propio Soul Business y que considero están haciendo una gran labor para que este mundo sea más divertido.

Una de sus iniciativas ha sido importar el “Día Internacional de la Diversión en el Trabajo” que se celebró ayer y cuyo propósito es recordar que el trabajo no tiene por que ser aburrido. En muchos países el 1 de abril es como en España el 28 de Diciembre, o sea, el día de los inocentes. Con esta excusa, en 1996 una consultora norteamericana, Playfair, decidió nombrar el 1 de Abril «Fun at Work Day». La cosa funcionó y desde entonces muchos profesionales y empresas lo celebran realizando iniciativas y acciones divertidas para sus empleados.

Ellos los celebraron a su manera, realizando un acto en el estanque del Retiro de Madrid: varios ejecutivos vestidos con bombín, realizaron una perfomance en el estanque del Retiro para dar a conocer un plan de rescate para estos tiempos de crisis. (ver noticia)

El sentido del humor es más necesario que nunca. No se trata de ser graciosillo o pasarse el día haciendo bromas. Consiste, más bien, en utilizarlo para tener una actitiud más positiva ante las dificultades a las que nos enfrentamos en el día a día, eliminar el estrés y sobre todo, para ser más felices.

Una gran iniciativa, hecha como digo, por buena gente.

miércoles, 1 de abril de 2009

Lluvia acompañada de lágrimas II parte


En esas abstracciones en las que me refugio cuando las conversaciones en los viajes decaen, pensaba en esas sonrisas, en la pureza de esos gestos mayas que nunca murieron, y los integraba en unos parajes donde la horror y la crueldad del hombre a lo largo de los siglos intentaron borrar la alegría a una sociedad a la que la historia siempre fue ingrata.

Reflexionaba con esas nobles mímicas que simbolizaban un triunfo generoso sobre el sufrimiento de los mayas, sobre ese continuo morir, sobre esa resignación casi cristiana; pero a mis reflexiones llegaban también los fantasmas de sucesos violentos de siglos pasados. Se manifestaban los antepasados de los Cackchiqueles y los Quichés,- dos de las etnias más importantes de Guatemala que convivieron en relativa armonía hasta que a unos o a otros ( seguramente a los dos) se les cruzaron los cables y libraron sangrientas batallas que, como ocurrió durante la conquista de Nueva España, facilitó enormemente el camino a los conquistadores españoles, quienes mediante alianzas pasajeras, añagazas diplomáticas, tecnología militar y una gran dosis de mala leche conquistaron Guatemala con una crueldad sólo comparable, si es que la crueldad se puede comparar, a la utilizada por el ejercito guatemalteco durante la guerra civil que tuvo lugar en los finales del siglo veinte y que llevó la desesperación a miles de personas.

Una guerra de esas de las que en Europa casi ni te enteras: guerras de las que se miran hacía otro lado; guerras del tercer mundo que sólo después del desastre interesan. Una guerra que en esos momentos revivía y que ha quedado grabada en la memoria de los habitantes del Quiché porque, especialmente durante 1982 con lo que se denominó política de tierra quemada, el ejército atemorizó y consumó continuas masacres entre la población. Y quizás porque alguna de esas niñas perdió un familiar en esa guerra, rondaban por mi cabeza las víctimas de ese holocausto; y veía a los Chicoy, Chich, Tipaz, Pantoj, Tol, Ijón, pero también a los González, Luarca, Grijalba, Pérez o Mendoza antes de que fueran asesinados, torturados o vejados. Desbordado por la mente viajaba al pasado y me adentraba en aldeas que fueron arrasadas por su supuesta colaboración con la guerrilla o por artículo treinta y tres: pueblos y aldeas donde se produjeron detenciones masivas los días de mercado, a la salida de misa, con allanamiento de moradas tras secos golpeos en la puertas. Veía al ejército fuertemente armado con listas de papel en las manos acompañados en muchos casos de cobardes colaboradores enmascarados que, señalando con el dedo, sentenciaban a hombres, mujeres y niños: una visión amarga en la que escuchaba los lamentos y sollozos de campesinos tumbados boca abajo, maniatados, pisados, aguardando el tiro de gracia mientras eran torturados; hombres y jóvenes decapitados, ultimados a machetazos; cuerpos desnudos quemados, ancianos empujados o derribados a culatazos, insultados, orinados o salivados, entre las carcajadas de unos sádicos soldados envenenados de odio. Viejos que en un último intento de dignidad respondían con inútiles golpes al aire que aceleraban su final. Una visión aterradora en la que mujeres despojadas de su delantal, de su huipil de su faja, llenas de lágrimas, avergonzadas, eran humilladas y desgarradas por turno ante la mirada obligada e impotente de familiares, vecinos o desconocidos: agonizaban jadeantes, exhaustas, ultrajadas. Un lugar donde la brutalidad también alcanzaba a los niños que eran golpeados, lapidados o estrellados contra los muros o arrojados a las corrientes de los ríos matando para siempre la inocencia.

Podía observar como grupos de hombres eran apresados y llevados sin saber muy bien por qué a las cárceles locales, al destacamento militar de Chupol, en el municipio de Chichicastenango, en esa misma carretera en las que nos encontrábamos y donde los desafortunados indígenas muertos de miedo, hacinados en camionetas, eran trasladados después de ser capturados. Una tragedia que ocurrió por esas tierras que ese día estaban mojadas.

Fueron días de huidas en la madrugada, de ocultarse en la naturaleza, de besos dados a los niños con la mirada, de despedidas urgentes, de manos que temblorosas se acariciaban, de registros, de controles: días de dolor infinito.

Volviendo de la abstracción, escuchando inglés de nuevo, mirando los paisajes, recordando las sonrisas, evocando a las víctimas, me dieron ganas de acompañar con lágrimas ese día de lluvia.

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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