jueves, 29 de octubre de 2009

With a little help from my friends


Últimamente voy muy acelerado. No por placer, sino por esa quinta marcha que a todo el mundo le ha dado por meter, en plan «estoy súper mega ocupado te llamo luego». Me doy cuenta que la mitad de mi tiempo, consiste en ir a rebufo de las exigencias de estos tiempos modernos que tan magistralmente, hace casi un siglo, nos mostró Chaplin. Es decir, todo el mundo metiendo la quinta velocidad, pero renegando de que se la metan a ellos. Somos raritos de narices. Os habrá pasado seguro.

Hay días que parece que la humanidad conspira contra ti. Y cualquier planificación, cualquier metodología, ya venga de Harvard o de la Universidad Autónoma de Villalpando de arriba o abajo, no sirve absolutamente de nada. En esos casos, eres como un marinero que achica agua, como un pistolero que esquiva balas y, a su vez dispara, un templador de gaitas.

Cada vez creo menos en la planificación estratégica a medio, largo plazo. No porque no me parezca positiva, sino porque el mundo, a pesar de los miles de escenarios que manejes (Excel ha hecho milagros, Project nunca acierta, Word es sólo papel y Power Point es la forma bonita de plantear los tres anteriores), suele ir a su bola, y las personas también. ¿Absurdo? Sí, pero es así. Basta que pase algo, a ti, a tu circunstancia o a otra circunstancia para que lo que habías planeado, se vaya al carajo. Esto puede pasar en el ámbito personal, en el profesional o en ambos a la vez.

Para que os hagáis una idea. Y pongo como ejemplo Soul Business. Tenía la intención de dedicar bastante tiempo a los nuevos post, a mejorar algunos aspectos del blog, y a currarme un poco más la gramática (a la que doy bofetadas de vez en cuando, a veces a propósito), pero debido a una serie de circunstancias no puedo invertir el tiempo que me gustaría en ello. Lo había planificado, pero no llego. Dentro de un rato para Salamanca, dentro de unos días vuelta a Asturias, o quizás Alicante. Entre medias, el resto, y todo puede cambiar, por esa híper velocidad incierta en la que vivimos.

Afortunadamente, algunos de mis amigos y familiares, se han dado cuenta de ello, y me envían cosas para inspirarme o sugerirme. Igual que vosotros que con vuestros comentarios y blogs me dais muchas ideas.

Como no se si mañana o el viernes podré escribir (lo dudo) os dejo el video que me envió mi amiga Sara que daría para un post fantástico, pero que he preferido utilizarlo para esa pequeña ayuda de mis amigos.

El post, posiblemente malo, pero el video es fantástico.

Feliz fin de semana si no vuelvo en unos días.


miércoles, 28 de octubre de 2009

Ainhoa y Marta

-Por si acaso-, le han dicho a Milagros, nuestra recepcionista. Han llegado a última de hora de la tarde. No las he visto, pero he escuchado de fondo su juventud y sus sonrisas. Un poco más tarde, Milagros me ha traído sus curriculums. Los he apartado un poco porque aún debía terminar unas cosas, pero unos minutos antes de salir les he echado un vistazo. No porque tengamos la intención de contratar a nadie, que a día de hoy no podemos, sino por esa alegría que se escuchaba cuando han estado en la oficina. Apenas un minuto, pero suficiente para que me interesase por ellas, por la ilusión con la que han entregado su historial. Un historial de recién licenciadas (en audiovisuales y comunicación), sin más experiencia que su ganas de trabajar, sin más padrino que el centro donde estudiaron. Curriculum con foto fotocopiada; curriculum virgen de aciertos y derrotas, de logros y de mentiras; curriculums inmaculados.

Será por el otoño, pero mirando sus fotos, me he acordado de cuando empezaba yo, de cuando me ponía un traje y una corbata e iba a entrevistas con más miedo que vergüenza, con más ganas que conocimientos, con más ilusión que esperanzas. Al final, tuve oportunidades. Unas las aproveché, otras las desaproveché y otras cambiaron mi vida siendo todo ello el resultado de lo que soy hoy.

No sé cuánto tiempo tardarán en encontrar trabajo, ni que pasará cuando lo encuentren y pasada la euforia inicial del sueldo, se empiecen a dar cuenta de que a veces el que más vale no es el más reconocido, que depende de donde y con quien den, su vida laboral puede ser fantástica o un infierno, que a veces surgen enemigos sin buscarlos, pero también aliados y ángeles de la guarda que velarán para que nada les ocurra. Descubrirán lo que significa una palmadita en la espalda y una patada en el culo. Que muchas veces sus ideas y sugerencias acabarán en la papelera o en boca de otros que se apropiarán de ellas. No entenderán por qué a D. Manuel, que ya ha cumplido los cincuenta le despiden. Se quedarán mudas y tristes, sin saber que decir o hacer, como ocurre en los funerales, cuando le vean recoger sus cosas y abandonar contrariado la oficina. Luego les tocará a otros y vendrán otros nuevos. A partir de ahí ya tendrán muy claro que en las empresas también se hace política y que las conversaciones de pasillos son pequeñas conspiraciones que acaban en revoluciones; que intentarán que se mojen, y que siempre habrá alguien que quiera romper su neutralidad para utilizarlas.

Cuando se quieran dar cuenta, habrán pasado muchos años y comprobarán que ya no son aquellas jovencitas llenas de ilusión que una tarde de otoño iban llamando a las puertas de los trabajos con la esperanza de sentirse útiles y orgullosas, de formar parte de un equipo, de realizarse y de poner su pequeño granito de arena en la sociedad o en su autoestima.

Pero no todo será malo. Si mantienen esa ilusión conseguirán que cada día sea una oportunidad para aprender; para saber que el esfuerzo y la pasión son los caminos para alcanzar el éxito, que no es más que la satisfacción personal de estar a gusto con uno mismo. Tendrán la ocasión de conocer gente estupenda, de hacer amigos y, quien sabe, si de conocer el amor de su vida.

Es posible, incluso, que puedan acabar una y otra vez en el paro, porque tal y como está el patio ni los amores ni las colocaciones (como dicen los de Gomaespuma) son para toda la vida.

Esa ilusión,- me hubiera gustado decirlas-, no la perdáis nunca. Será vuestra mejor carta de presentación y vuestro salvavidas cuando parezca que todo está perdido. Os lo dice un experto en derrotas.

- Por si acaso- me he dicho, estos curriculums me los guardo.


martes, 27 de octubre de 2009

De Halloween y la Conferencia episcopal

Estaba dudando si meterme a saco con « Negocios que ves en los viajes», hablar de Cine y Turismo o de la magnífica exposición de fotografía  que acaba de inaugurar el vecino del blog de Santurce Javier Rodríguez Albuquerque. Como esta última que se llama Hojarasca habla por si misma  y para el resto de temas tengo que preparar pase de diapositivas, lo cual sea dicho de paso lleva un buen tiempo y cierto conocimiento de determinados programas que no nos llevamos muy bien, me he decidido por comentar una noticia que aparecía hoy en la edición digital del diario El Mundo cuyo titular era el siguiente: La Iglesia alerta de que Halloween «tiene un trasfondo anticristiano».

Siento un profundo respeto por cualquier religión, especialmente por la Católica que es en la que me educaron, pero hay cosas que se me escapan, quizás porque desde hace años soy un alma pecadora y me falta Fe o, posiblemente, porque uno va relativizando las cosas, o porque al final sea un inocentón que no acierta a  ver los peligros de la vida y no sabe si el demonio se viste de Prada, de luces o de corto.

El caso, es que por resumir, según el periódico, la Conferencia episcopal dice que la celebración de Halloween, en absoluto, es una fiesta inocente y argumentan para ello que puede acabar con la Festividad de todos los Santos. La noticia y las razonamientos largos, así que arriba está el link para leerla de forma completa y que cada cual se forme su opinión al respecto.

A mi Halloween, lo que me parece es una memez en el contexto español, a día de hoy. Francamente, me da lo mismo que un niño o un adulto se vistan de bruja, se disfracen de esqueleto o se maquillen como un zombie. Allá ellos. No es más que una costumbre importada, como tantas otras que se traen de los USA. Es más, en el futuro, posiblemente esté plenamente integrada, al igual que ese señor gordito vestido de rojo y barba blanca (que está desplazando a los Reyes Magos, y sobre el cual no me consta que la Conferencia Episcopal se haya pronunciado). Es cuestión de marketing y de tiempo.

Tampoco creo que con esta celebración se menosprecie a los difuntos porque éste es un tema muy personal en el que Dios, que es sabio, no se mete. El respeto a los muertos existe en cualquier cultura y cada una lo manifiesta a su manera, como por ejemplo en Centroamérica donde el sincretismo religioso hace que esta festividad sea muy diferente a la que se celebra a este lado del charco.

En cualquier caso, no estaría de más, que los doctores de la Iglesia Católica, al igual que critican esta celebración, explicasen el origen de la Semana Santa, de la cual hay muchas teorías al respecto, incluida la de que es una evolución de la fiestas paganas romanas (al menos en la puesta en escena) o se posicionasen abiertamente sobre que les parece el «desparrame» que se monta en muchas celebraciones de Semana Santa en España, (que nada tienen que ver con la Pasión de Cristo, un momento para reflexionar sobre el por qué murió un hombre en la Cruz), para lo cual ceden templos e imágenes y parecen más fiestas de carnaval que fiestas religiosas.

Así que Halloween, por mí parte no. Pero no, por hortera y porque uno, en el fondo, es más tradicional de lo que parece. No porque lo diga la Santa Madre Iglesia.

No necesito de fechas para honrar y respetar a mis muertos.

sábado, 24 de octubre de 2009

¿Construyes o destruyes?



Lo bueno de las comidas con amigos es que éstas saben más ricas. Da lo mismo el restaurante en el que te encuentres o cual sea la especialidad de la casa. Saben más ricas porque las aderezas con unas buenas dosis de conversación, especialmente cuando hace tiempo que no los ves.

El otro día, disfrute de uno de esos momentos. Comí con mi amigo Pablo, sin prisas, sin compromisos. Una comida larga, de chupito final, en el que durante casi tres horas, además dar cuenta de un excelente bacalao, repasamos toda la actualidad (la propia y la ajena), criticamos más de un planteamiento futbolístico, despellejamos a más de un político (del gobierno y la oposición), formulamos absurdas teorías sobre cómo saber si el café que te van a servir en un bar estará bueno o no… Saltamos de una época histórica a otra con la tele transportación mental. Además, lógicamente, del espacio dedicado a chascarrillos varios, y a cuestiones relacionadas con el ser humano (costumbres, reglas, condición etcétera) que unas nos dan la risa y otras no acabamos de comprender.

Son conversaciones que no pretender arreglar nada y, en ocasiones, tratamos temas en los que hablamos de oído porque o estamos indocumentados o nos falta bastante conocimiento sobre el asunto (aquí somos muy españoles y opinamos muchas veces sin tener ni idea, pero opinamos como si fuésemos unos auténticos expertos).

Sin embargo hay temas, que aunque desconozcamos, estamos seguros de que no estamos desencaminados cuando nos cabreamos, porque tenemos la sensación de que no están tomando el pelo.

Uno de ellos, tiene que ver bastante con el Desarrollo Sostenible, que a mi me parece que se habla/hablamos con una ligereza impresionante. Sí, es cierto que se están llevando a cabo interesantes iniciativas, pero por ejemplo eso de las energías limpias y renovables, mis ojos no lo verán, al menos de forma global (el petróleo tiene mucho peso y ese negocio durará hasta que esté esquilmado el último pozo). Tampoco entiendo (aunque acataré la decisión) esa persecución a los fumadores, como si fuese el único producto o componente químico que daña la salud (sólo hay que mirar la composición de ciertos productos para intuir que no deben ser muy buenos para la salud), y menos, y esto es lo que de verdad a mi me cabrea, que determinados personajes sólo se miren su ombligo y hablen de ciudades limpias, de entorno limpio, de desarrollo sostenible cuando por otro lado, pagan para que la mierda acabe en otros países. Es decir, se es sostenible en casa, pero en la del vecino pues…

Sólo hay que darse una vuelta por el tercer mundo y comprobar como lo que aquí sería perseguido por la ley, allí está permitido y muchas veces financiado por aquellos que se han autoproclamado paladines de la sostenibilidad.

No soy un bendito, y soy consciente de que contamino mucho, que es inevitable, pero también lo soy de que hay que ir dando pequeños pasitos, sin importar si ese paso se da en Teruel o Madagascar. Construir, o al menos, no destruir. Hacer cada día un pequeño esfuerzo para el futuro. Progresar adecuadamente.

En el post Leyenda de Elhiau: precursor del desarrollo sostenible, contaba una antigua historia árabe que tenía que ver mucho con esto, pero sobre todo con la generosidad de algunos seres humanos que no construyen ni crean para ellos sino para las generaciones venideras. Y, para mí, eso es realmente construir y en eso consiste la sostenibilidad. Lo demás, palabras.

Os dejo un video que da mucho para pensar y que es un reflejo de lo que se puede conseguir si hay voluntad, ilusión y deseo de crear un mundo mejor.



viernes, 23 de octubre de 2009

Hoy fui ayer



Hay días que uno vuelve a casa agotado. Quizás porque a ciertas edades, uno no puede seguir un ritmo frenético de trabajo ni puede quedar con los amigos todos los días, ni su cabeza da para pensar, reflexionar o gestionar mil cosas, que te vienen a la mente de forma instantánea o que te van surgiendo. El vivir en la era del híper velocidad requiere más que concentración, reflejos. Son tantos los mensajes o inputs que nos llegan que lo de Twitter puede ser una broma comparado con lo que pasa por tu cabeza.

Hoy he tenido uno de esos momentos en el que la vida te cansa, (que no es lo mismo que estar cansado de la vida), así que analizado el panorama, me he ido de la oficina un rato antes porque en esa última hora no pintaba nada allí – en realidad no estaba- y para hacer el canelo lo mejor era decir salgo un poco antes, hasta mañana, que tengáis una buena tarde.

Todo esto viene a cuento de que iba en el autobús con esa pequeña sensación de derrota, cuando un niño que iba sentado en la fila de al lado acompañado de su niñera, le mostraba a ésta todo lo que se podía hacer con las manos: se ponía las manos en los ojos y creaba unos prismáticos, las juntaba por las muñecas y era una paloma, luego un caracol etcétera. Lo estaban pasando muy bien.

En ese momento, me he acordado del magnífico post que Germán Gijón escribió el miércoles «Mocoso y Blancanieves vs. Mario» en el que habla de cuando éramos pequeños, de la imaginación, de la ilusión, de la inocencia, de tantas cosas… que junto a la tarde otoñal de Madrid han convertido mi derrota en nostalgia. Me he bajado varias paradas antes de mi destino y me he puesto a caminar con destino a ese ayer.

Y paseando lo he recordado todo. He vuelto a un mundo en el que no había sueños imposibles, en el que podías, como dice Germán, convertirte en lo que quisieras, en el que lo más normal del mundo era dar vida a los juguetes, humanizando si te apetecía a un coche o a un gato de plástico. Incluso les hacías confidencias y les contabas tus cosas. Los cuidabas y te cuidaban. Estabas todo el día innovando, buscando aplicaciones a cualquier objeto, ya se tratase de un trozo de madera que tu imaginación mudaba en barco con sus marineros y la bandera pirata incluidos, ya de de un trozo de tela con el que diseñabas tu capa de los Tres Mosqueteros. Inventabas juegos, diseñabas las reglas, pactabas condiciones (eso vale, eso no se vale), te ilusionabas con todo (los Reyes Magos eran unos tipos formidables) y aunque estuvieses sometido a la disciplina familiar, a la escolar, eras libre de ser lo que quisieras. Aceptabas las normas y sabías las consecuencias de no cumplirlas. Muchas veces arriesgabas y si las incumplías lo asumías con entereza, sabiendo que el honor, la dignidad, la honestidad personal eran para ti un valor sagrado, como habías visto en las películas de héroes a los cuales emulabas. Siempre ibas con los buenos y rechazabas de plano a los malos. Vivías mil sensaciones, tu vida era una sucesión de emociones. De vez cuando te pegaban, te insultaban o te humillaban, pero el disgusto duraba poco. No comprendías muchas cosas y hacías preguntas que unas veces eran absurdas, otras inocentes y otras que requerían de respuestas profundas que descolocaban a quien se las hacías. Conocer, querías saber, y muchas veces tu curiosidad a los ojos de los mayores eran impertinencias. Ya en esa época descubrías que la vida para muchos era muy perra y te sumabas a iniciativas que buscaban fondos para los más desfavorecidos, cogías una hucha y a correr, o te empeñabas en llevar a casa un perro o un gato callejero, que no era bien recibido y que te costaba una regañina.

Soñabas y vivías. Tu lógica, tu alma te pertenecía y, pasase lo que pasase, sabías que cada nuevo día te regalaría miles de aventuras, te brindaría miles de posibilidades. Intuías que las preocupaciones y los problemas se resolverían. Quizá porque a esas edades tenías aliados como la confianza, la inocencia o la esperanza que estabas seguro que nunca te abandonarían. Momentos dulces, momentos tristes, pero cada uno de ellos vividos con intensidad. Momentos en los que convivían en perfecta armonía la realidad y la fantasía. Momentos de verdad. Francisco Alcaide dejo un post que habla de ese tiempo vivido ¿Vives o sobrevives?

Pero el tiempo nos fue domando: debes ser como…, tienes que… destruyendo poco a poco todo lo que habíamos creado. Hoy no somos más que ruinas de esa forma de entender la vida que teníamos. Afortunadamente nos queda algo y ese algo hay que protegerlo y regenerarlo.

Ya sólo creemos en sueños posibles. Milagros, los justos. Haz, haz, haz, pero no pienses mucho aunque luego queremos y exigimos innovación, creatividad; pero instantánea, obligada y útil, ignorando que éstas sólo se consiguen si se ve con otras miradas. Las reglas están más que diseñadas y si no las sigues y pretendes cambiarlas te sacan del juego. La fantasía sólo la encuentras en el cine viendo Matrix, que si no te has enterado, te la pasan otra vez, y la llaman «Reloaded». Que no se te ocurra ser un héroe, ni hablar del honor, de la dignidad ni de la honestidad porque todos los días vemos ejemplos de que estos conceptos, ya no están de moda, aunque se siga hablando de ellos, y lo más probable es que gran parte del personal se eche unas risitas por lo bajini cuando las escuchen. Todo esto me parece muy aburrido y agotador, pero hay que luchar contra ello.

Afortunadamente, todo tiene solución. Hay que ser optimistas porque en el fondo todavía somos niños y tenemos memoria. Sólo hay que bajarse del autobús de vez en cuando, y aunque tardes un poco más en llegar tu destino, tendrás la oportunidad de desandar lo vivido hasta aquellos momentos que te ayudan a volver a la realidad, a tu realidad. No a la que quieren los otros que vivas.

Hoy fui ayer, y ya no estoy cansado.

Feliz fin de semana

miércoles, 21 de octubre de 2009

Negocios que ves en los viajes: nueva serie de post



En varios de los post he hablado de viajes y negocios de forma entrelazada, (ver blog biografía abajo) bien para justificar ese vicio que tengo, bien para explicar un caso concreto de negocio que me he encontrado durante esos paseos que cuando puedo me doy por el mundo. Me llaman particularmente la atención los que ves en lugares en los que la renta Per capita es más bien baja y, por consiguiente, muchos bienes escasos. Muchos de ellos no es que sean muy novedosos. Lo que me llama la atención es la forma en que se organizan y se hacen, cómo gracias a un negocio surge otro y como otro alimenta a otro y así sucesivamente. Pues vaya novedad, pensaréis: es de Perogrullo porque uno fabrica, otro distribuye, otro vende y… Pues sí, pero con un matiz importante: Son mercados bastante desregularizados en el sentido de que cada cual (aparte mafias y ley cuando no hace la vista gorda) fija sus propias condiciones: horarios, precios, pago, calidad del servicio, de producto, promociones, sean cruzadas o no que le vienen en gana.

Viajando uno descubre que el hombre por naturaleza es mercader y que a la mínima oportunidad que tenga se monta un «business» sea pequeño o grande. Más que por ser empresario o por espíritu emprendedor, por sentirse dueño de algo. Donde más lo he visto ha sido en Oriente, en el próximo, en el medio y en el extremo, quizás porque de siempre han sido comerciantes, bien mediante el trueque, bien mediante la pasta. Pero tampoco me quiero ir por las ramas. Hoy quería mostraos negocios que me han llamado la atención y que serían impensables hoy en día en eso que llamamos primer mundo, mundos de yupi, ó, -pásmate-, "países civilizados".

Como hay que ir caso por caso, explicar en qué consiste o cómo funciona, Como además contaré una historia que me sucedió relacionado con ellos y me han gustado las aportaciones tan generosas que habéis hecho en el post anterior, os dejo unas fotos para que los elijáis por el orden que queréis que vayan apareciendo. Si no os apetece pensar o pasáis, ya lo haré yo a mi bola. La intención es escribir al menos dos al mes. Unos son Soul Business y otros Light Business y otros Dark Business. Vuestro turno.

                                El negocio de los Masai - Kenya





                    Fábrica de caramelos - Delta del Mekong - Vietnam





                               Mujeres Hmong Sapa - Vietnam





Pescadero de Kochi - India




Estación de Servicio Siem Reap Camboya




El Barquero - Luang Prabang - Laos




Blogbliografía o Blog-grafía








martes, 20 de octubre de 2009

Del ingenio: frases que me hubiera gustado pronunciar

No sé la razón por la cual cada vez son más aburridos los debates y las tertulias. Bueno, sí, sospecho algo. Creo que es porque se pierden las formas muy a menudo y se escucha poco. Si os fijáis un poco, tanto en radio como en televisión, se percibe una tensión en el ambiente cuya consecuencia es un intercambio de insultos, voces e improperios que al final te dejan con la sensación de que si ha habido diálogo, éste ha sido de besugos. La verdad es que esto ha ocurrido siempre. No sólo en los debates y tertulias, sino también en el cara a cara.

Los motivos pueden ser muchos. Falta de empatía, celos, envidias, autoritarismo, soberbia etcétera. Cuando el intercambio de palabras es sereno, y las partes están interesadas en escuchar no suelen darse estas situaciones y lo llamamos conversación.

Seguramente todos los que estáis leyendo esto os habéis visto inmiscuidos en alguna de esos debates, esas discusiones o esos diálogos en los que más que escuchados os habéis sentido atacados. A veces porque quien os ha replicado lo ha hecho con la intención de heriros; y otras porque ha ido más allá intentando, además de lo otro, ridiculizaros; o lo ha intentado con otras personas. Es decir, os ha parecido que quien así hablaba era un «chuflas», un «chulo» o, con perdón, un tonto del culo. El caso es que, por muy pacíficos y comprensivos que seáis, seguro que habéis tenido ese «momento de debilidad» en el que si no lo habéis hecho, le hubierais contestado de manera tan tajante y precisa que no hubiese habido ya más posibilidad de réplica.

A mí me ha pasado, pero tengo un fallo: carezco de la agilidad mental y verbal, del ingenio y talento suficientes como para haber conseguido ese objetivo. Y debo conformarme con un silencio indiferente o con pequeñas contestaciones que generalmente, y a pesar de ser bastante serenas y correctas, lo único que consiguen es poner más nervioso a mi interlocutor, lo que alarga esos momentos de tonterías. Por eso, admiro a quien es capaz de utilizar su ingenio de forma tan elegante y precisa para poner en su sitio a semejantes personajes.

Hoy os traigo algunos de esos ejemplos: un estilo de frases que en sí son sentencias, frases que por su ingenio e inteligencia me hubiese gustado pronunciar y utilizarlas en esos momentos. Pero de donde no hay no se puede sacar. Así que me tengo que conformar con mi táctica actual a la espera de mayor inspiración. Espero que os gusten.

Giovanni Pico della Mirandola era considerado el mejor poeta y orador de toda Italia cuando apenas tenía nueve años. Poco antes de cumplir esa edad se acercó un poeta sexagenario para decirle: «Es una lástima. Los que tienen tanta habilidad de niños acaban siendo sumamente estúpidos de grandes».

« ¡Oh! ¡Cuán inteligente debió ser usted en su niñez!»,- respondió el pequeño genio con naturalidad.

Se dice que Lord Byron, sufría mucho por un defecto en la pierna que le provocaba dolores y una molesta cojera.

Una duquesa que, a pesar de ser bizca era muy hermosa quiso gastarle una broma y le preguntó haciendo un juego de palabras.

-¿Cómo andáis hoy milord?

Lord Byron contestó:
- Señora, ando como veis vos, muy mal.

Una dama de la alta sociedad norteamericana le preguntó al pintor James A. McNeill Whistler donde había nacido.
- En Lowel señora, un pequeño pueblo del estado de Massachussets.

- ¡Qué ordinariez! – exclamó la dama-. ¡Cómo pudo usted nacer en un sitio así!

- Muy sencillo, mí querida señora: mi madre se encontraba allí, y comprenderá que yo quería estar con ella en un día tan señalado.


David Lloyd George fue ministro de hacienda y posteriormente jefe de gobierno de Inglaterra. Durante uno de sus discursos una mujer comenzó a gritar:

- Si estuviera casada con usted, no dudaría en ofrecerle una copa de vino con veneno. Era evidente que el político no era santo de su devoción.

- Voy a decirle una cosa- dijo Lloyd: si yo fuera su marido, tomaría muy a gusto su copa, créame.

La señora en cuestión tuvo que abandonar la sala, seguida por las risas de los presentes.

Como veis, igualito que Maradona o esos que se sientan en plan terapia de grupo en televisión.

lunes, 19 de octubre de 2009

¿Es bueno ganar tiempo?

Un día el zar descubrió que uno de los botones de su chaqueta preferida se había caído. El zar era caprichoso, autoritario y cruel (cruel como todos los que enmarañan por demasiado tiempo en el poder), así que, furioso por la ausencia del botón mandó a buscar a su sastre y ordenó que a la mañana siguiente fuera decapitado por el hacha del verdugo.

Nadie contradecía al emperador de todas la Rusias, así que la guardia fue hasta la casa del sastre y arrancándolo de entre los brazos de su familia lo llevó a la mazmorra del palacio para esperar allí su muerte.
Cuando, cayó el sol un guardián le llevó al sastre la última cena, el sastre revolvió el plato de comida con la cuchara y mirando al guardián dijo – Pobre del zar.

- El carcelero no puedo evitar reírse - ¿Pobre del zar?, dijo. Pobre de ti, tu cabeza quedará separada de tu cuerpo unos cuantos metros mañana por la mañana.

- Si, lo sé pero mañana el zar perderá mucho más que un sastre; el zar perderá la posibilidad de que su oso la cosa que más quiere en el mundo aprenda a hablar.

- ¿Tú sabes enseñarle a hablar a los osos?, preguntó el guardián sorprendido.
- Un viejo secreto familiar... – dijo el sastre.

Deseoso de ganarse los favores del zar, el pobre guardia corrió a contarle al soberano su descubrimiento:

¡El sastre sabía enseñarle a hablar a los osos!

El zar se sintió encantado. Mandó rápidamente a buscar al sastre y le ordenó:

-Enséñale a mi oso a hablar.

- Me gustaría complaceros, pero la verdad, es que enseñar a hablar a un oso es una ardua tarea y lleva tiempo... y lamentablemente, tiempo es lo que menos tengo...

-El zar hizo un silencio, y preguntó ¿cuánto tiempo llevaría el aprendizaje?

- Bueno, depende de la inteligencia del oso... Dijo el sastre.

- ¡El oso es muy inteligente! – interrumpió el zar. De hecho es el oso más inteligente de todos los osos de Rusia.

-Bueno, musitó el sastre... si el oso es inteligente... y siente deseos de aprender... yo creo... que el aprendizaje duraría... duraría... no menos de...... dos años.

El zar pensó un momento y luego ordenó:

- Bien, tu pena será suspendida por dos años, mientras tanto tú entrenarás al oso. ¡Mañana empezarás!

- Alteza - dijo el sastre – Si tú mandas al verdugo a ocuparse de mi cabeza, mañana estaré muerto, y mi familia, se las ingeniará para poder sobrevivir. Pero si me conmutas la pena, yo tendré que dedicarle el tiempo a trabajar, no podré dedicarme a tu oso... debo mantener a mi familia.

- Eso no es problema – dijo el zar – A partir de hoy y durante dos años tú y tu familia estarán bajo la protección real. Serán vestidos, alimentados y educados con el dinero de la corte y nada que necesiten o deseen, les será negado... Pero, eso sí... Si dentro de dos años el oso no habla... te arrepentirás de haber pensado en esta propuesta... Rogarás haber sido muerto por el verdugo... ¿Entiendes, verdad?

- Sí, alteza.

- Bien... ¡Guardias! - gritó el zar –Que lleven al sastre a su casa en el carruaje de la corte, denle dos bolsas de oro, comida y regalos para sus niños. Ya... ¡Fuera!

El sastre en reverencia y caminando hacia atrás, comenzó a retirarse mientras musitaba agradecimientos.

- No olvides - le dijo el zar apuntándolo con el dedo a la frente – Si en dos años el oso no habla...

Cuando todos en la casa del sastre lloraban por la pérdida del padre de familia, el hombre pequeño apareció en la casa en el carruaje del zar, sonriente, eufórico y con regalos para todos. La esposa del sastre no cabía en su asombro. Su marido que pocas horas antes había sido llevado al cadalso volvía ahora, exitoso, acaudalado y exultante...

Cuando estuvo a solas el hombre le contó los hechos.

- Estás loco – chilló la mujer – enseñar a hablar al oso del zar. Tú, que ni siquiera has visto un oso de cerca,
¡Estás, loco! Enseñar a hablar al oso... loco, estás loco...

- Calma mujer, calma. Mira, me iban a cortar la cabeza mañana al amanecer, ahora... ahora tengo dos años... En dos años pueden pasar tantas cosas en dos años.

En dos años... – siguió el sastre - se puede morir el zar... me puedo morir yo... y lo más importante... por ahí el ¡oso habla!

Esta historia, que no sé de quien es, siempre me ha parecido lo que yo llamo una historia dilema. Es decir, no sé muy bien si el relato es un canto a la esperanza o, es una forma de alargar lo inevitable; no tengo nada claro que el motivo por el cual el sastre cuenta semejante trola sea debido a que está convencido de que se puedan arreglar las cosas (la esperanza) o a que el tiempo como decía Cervantes suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades (ganar tiempo). Y me parece un dilema porque pueden ser válidos o falsos los planteamientos.

Imaginémonos el día a día en una empresa, o en una relación. Sólo hay que cambiar un poco el argumento. Y en lugar de poner sastres, reyes, carceleros y osos, pongamos mercado, gestión, capital y lo que querías - que lo bueno de Soul Business es que cada uno puede reinventar el post a su gusto- y pensad en esa empresa que está condenada al fracaso porque todos los indicadores así lo dicen. O, – para los que los temas relacionados con empresas os la traen al pairo- imaginad esa relación de pareja que está al borde de la ruptura.

¿Creéis que es bueno ganar tiempo? ¿Creéis que habría que hacerlo sabiendo que las posibilidades son escasas? ¿Estarían basadas vuestras reflexiones en la esperanza, en la confianza o en el azar, el tiempo o a ver que pasa? Complicado verdad. Sobre todo cuando escuchamos frases del tipo «Mientras haya vida, hay esperanza», «El tiempo lo cura todo» «No hay mal que cien años dure», y a la vez vemos como empresas caminan hacia el precipicio aumentando los problemas y los daños colaterales; o vemos como muchos matrimonios, muchas parejas viven en la infelicidad o se rompen de forma muy trágica precisamente por confiar en el tiempo. ¿Tiempo para rectificar y cambiar o tiempo para alargar?

También, claro, está la otra perspectiva ¿Qué hubiera pasado si no se hubiese dispuesto del tiempo? ¿Cuántas empresas o personas hubieran solucionado sus problemas?

Un dilema, al menos para mí. ¿Ganar o no ganar tiempo?; esa es la cuestión.

viernes, 16 de octubre de 2009

De viajes y sonrisas

Una de las razones por las que me gusta viajar es que durante el camino tengo la oportunidad de coleccionar sonrisas. Eso si no colecciono cualquier tipo de sonrisa. Son sonrisas sobre las que mi retina, como si de una cámara de fotos se tratara, dispara, para inmortalizarlas en mi particular álbum de los recuerdos.

Son sonrisas frescas, amables, que - a diferencia de otras que son forzadas y persiguen un fin que casi siempre suelo ser el mismo y que no es otro que el aligerarte el bolsillo – penetran en tu alma de tal forma que te dan ganas de comerte el mundo a besos.

Las puedes encontrar en el campo, acompañadas de un movimiento alegre de las manos, las puedes ver en las miradas de viejos, sonrisas silenciosas que parecen bendecirte; chillonas y ruidosas si son de niños jugando; lejanas, cercanas, breves o eternas. Pero en todos los casos, son sonrisas que te llenan de energía y esperanza que te hacen pensar que no todo está perdido en este mundo que de vez en cuando se gasta muy mala leche; y, al igual que uno atraviesa fronteras y cruza mares para ver monumentos y paisajes, yo amplio mis objetivos buscando esas sonrisas, esa forma de expresar tan pura, tan motivadora que en occidente estamos olvidando.

Creo que sabéis de qué estoy hablando. Iba a ilustrar el post con algunas de mis fotos; pero no tengo muchas de este tipo, porque como he dicho, estas las suelo hacer con la retina. No importa. He encontrado un video muy chulo, que además parte del mismo está grabado en Kerala, uno estados de India situado en el sur que visité hace un par de años y donde pude ver algunas de estas sonrisas que se muestran.

Feliz y sonriente fin de semana.



jueves, 15 de octubre de 2009

Creatividad, Innovación ¿Me echáis una mano?

La verdad es que cada día empiezo a dudar más de todo. No por desconfianza ni por desconocimiento, sino porque, o a medida que pasan los días me estoy volviendo más niño y mi curiosidad me lleva a investigar o ahondar en más temas - mucha de la culpa la tenéis vosotros y vuestros blogs y comentarios - , o posiblemente es que me esté volviendo más perro. Esto viene a colación (bonita palabra) de que ahora, además del concepto diferenciación como estrategia empresarial ganadora (que por cierto ya tiene unos añitos) han resurgido otros como Innovación o Creatividad como vía, camino, estrategia, fórmula, receta o «Bálsamo de Fierabrás» para el éxito empresarial. No seré yo quien lo discuta. «Doctores tiene la Santa Iglesia»; y estoy de acuerdo. Pero esto es de sentido común y no hace falta haber pasado por una prestigiosa escuela de negocios ni haber leído el último «Best seller» que uno encuentra en el aeropuerto al lado del «Hola» o el último libro de Cesar Vidal (¿ese tío duerme alguna vez o piensa, se documenta escribe al mismo tiempo?) para darse cuenta de ello.

El caso es que todo el mundo habla de ello, como en su día se habló de la Calidad Total, del Just in Time, de la Excelencia de la Dirección por Objetivos, del Background o la madre que lo parió. Todo fantástico y reconozco que a mi se me ha llenado la boca con esas historias.

Sin embargo, de bastante tiempo a esta parte, aunque quiero creer en ello, y hago un esfuerzo, me pasa como a Santo Tomás, que si no lo veo no lo creo. Conozco a mucha gente, muchos expertos, muchos directivos (que manejan el cotarro) que exigen y hablan de Innovación y de Creatividad con una soltura que dices: Tú si que sabes.

Claro, luego esa misma persona, que en entrevistas, foros y galerías se ha convertido en un adalid y visionario del asunto resulta que no, que las cosas se deben hacer como siempre, que no me lleves la contraria, que esa idea cuesta pasta (como si la innovación o la creatividad fuese gratis), que es más barato copiar y pegar, y mañana Dios dirá.

Uno va viendo cosas, y pondría pocas veces la mano en el fuego, pero si tuviese que apostar (otra cosa que no entiendo: ahora todo el mundo apuesta Gobierno, periodistas, empresas, como si el mundo fuese una casa de juegos o un casino y dependiésemos del azar y las cábalas, que está visto que fallan más que una escopeta de feria) diría que en el fondo, el 80% es Bla Bla Bla y el 20% real, dándole la razón, una vez más, a Pareto.

Por eso, os pido que me echéis una mano y que me ayudéis a centrarme un poco. Porque confieso que cada día dudo más, aunque creo que ese el camino.

Para rematar, hace poco volví a ver la película El Manantial que trata de Creatividad, Innovación e Integridad y me ha generado más dudas.

Os dejo el video del alegato final. Y, por favor, echadme una mano.


miércoles, 14 de octubre de 2009

Momentos estelares de cada uno

En el post Libros del momento y libros de todo momento ya os amenacé o avisé con citar alguno de esos libros que, de alguna manera, desde mi punto de vista son únicos, de los cuales extraigo bastantes enseñanzas y me hacen reflexionar, quitando el aletargamiento a un cerebro que cada día va peor, pero que se resiste a abandonarse en la comodidad de que se lo den todo pensado y razonado.

Recuerdo que uno de los primeros libros que me regalaron fue «Momentos estelares de la humanidad» del escritor austriaco Stefan Zweig. Narrado estupendamente, recoge catorce momentos de la historia. Quizá no los más trascendentales, pero sí, los que de alguna manera y según su criterio supusieron un hito, un cambio, un punto de inflexión del ser humano. El libro, para mí, no trata tanto de hechos históricos sino, como relata Zweig en el prólogo, de momentos que a menudo pasan inadvertidos pero que cobran su importancia en el devenir de la historia. Hechos cotidianos que parecen pasar desapercibidos, pero que acaban cambiando el curso de las cosas. Son instantes, minutos, horas o días aparentemente insulsos que aislados no parecen tener trascendencia pero que concatenados pueden modificar nuestro destino.

Cicerón, Núñez de Balboa, Napoleón, Haendel entre otros personajes asoman en sus páginas consiguiendo que reflexionemos sobre lo esencial de la naturaleza humana, sobre lo que nos lleva a perseguir un sueño, sobre el modo en que proyectamos nuestras convicciones, sobre la pasión y el empeño en defenderlos. Habla de los procesos creativos (especialmente conmovedora la historia que narra el nacimiento de El Mesías de Haendel), de los esfuerzos con y sin recompensa y de muchas cosas más que no os cuento para que, si estáis interesados o no lo habéis leído, lo disfrutéis tanto como yo.

Pero a lo que iba, esos momentos no son ni más ni menos que la toma de decisiones o las indecisiones que nos acompañan desde que nacemos. Y es curioso. Ese momento en el que decimos Sí o No, en el que elegimos (el depende sólo es un momento de espera más que a su vez puede modificar nuestra elección), ese momento en el que también eligen objetiva o subjetivamente por nosotros, puede cambiar nuestro destino como le ocurrió a Núñez de Balboa que quedó segundón en la «Carrera de la Gloria» o a Dostoievski que gracias la decisión de otros, pudo acabar su obra más aclamada «Los hermanos Karamazov».

Al igual que en las historias, todos nosotros hemos sido protagonistas de momentos estelares que han cambiado para siempre nuestro destino. Unas veces para bien, otras para mal y otras veces para mejor (según nuestra propia objetividad o subjetividad, grado de optimismo etc.) pero siempre obedeciendo a esas decisiones que en apariencia no iban a ser trascendentes para nuestra vida.

Yo hoy voy a contar un momento estelar personal que de alguna manera me influyó en mi forma de ser. O eso creo. Ahí va:

En septiembre o primeros de octubre comenzaban las ligas de fútbol de juveniles. Tenía 14 años y no tenía equipo para jugar. Una de las cosas que más deseaba era integrarme en uno, pero no había muchas oportunidades porque los equipos ya estaban cerrados o contaban con mejores jugadores. Mi gozo en un pozo; me tendría que conformar con las pachangas de patio de colegio, equipo del barrio o similares. Sin embargo, un día, un compañero de clase, era el hermano del entrenador me invitó a probar en el equipo en el que jugaba. Ese equipo era una especie de Real Madrid o Barcelona de Ávila. Un equipo que siempre quedaba primero o segundo, aunque los medios ni los recursos eran los mismos. El caso es que, poco a poco, conseguí ser el tercer delantero. Un día, por esas cosas que tiene el azar, uno de los delanteros y uno de los extremos le dijeron al entrenador que no podrían ir al partido del sábado, con lo cual mi titularidad estaba asegurada.

El día del partido, pensando en que iba a ser titular, llegué veinte minutos antes del partido (no me acuerdo si la había liado en casa, me quedé viendo la tele o simplemente creí que podía hacerlo por ser yo) cuando lo normal era estar en el campo una hora antes como mínimo. El caso es que cuando llegué, el entrenador me había dejado de suplente por falta de respeto al resto del equipo. Fueron los 45 minutos más reflexivos que puedo haber tenido en mi vida cuando de fútbol se trata. En ese tiempo, aparte de comerme los demonios por no poder ayudar, maldecía mi estupidez y mí tontería. Perder una oportunidad así, significaba que iba a chupar más banquillo que el utilero, (que por cierto no teníamos). Sin embargo, el ir cero a cero en el descanso y que mis «compis» no estuvieron finos me benefició. Salí en la segunda parte y marqué los cuatro goles del equipo. Suerte, puede, pero sobre todo determinación para corregir un error. Tras el pitido final, era un adolescente feliz. Ese año, fui titular casi todos los partidos, acabando como máximo goleador o segundo que no lo recuerdo bien. Me cambiaban en el minuto sesenta o así, o más pronto si se había resuelto el partido antes. No me importaba. Gracias a ese momento estelar conseguí uno de mis pequeños sueños. Gracias a ese momento, aprendí que la disciplina es importante, que el esfuerzo imprescindible y que uno debe asumir sus errores, que el sufrimiento es parte del juego y que la pasión y la ilusión es cierto que muevan montañas.

Desde entonces, creo que mi vida ha sido una sucesión de momentos estelares que me han ido guiando con más o menos acierto, pero que en el fondo me hacen sentirme muy a gusto con lo que soy y lo que seré. Todos hemos tenido momentos estelares. Sólo hay que hacer memoria.



martes, 13 de octubre de 2009

Cuentos de las noches tristes: Deseo cumplido

Llevaba algún tiempo sintiéndose extraña, lejana, distante. Era la primera vez que se encontraba así. Toda su vida había sido fácil, previsible, controlable. Ahora, tenía miedo. Sentada en la mesa del café, observaba como el humo azul del cigarrillo que acababa de encender se entremezclaba con el del humeante café que el camarero le había servido unos instantes antes. Por primera vez en su vida tenía miedo. Mientras el humo ascendía hasta desaparecer de su vista, ella descendía al universo de los recuerdos; ese lugar que, aunque se comparta, lo administra uno mismo a su voluntad, modelándolo en el tiempo y en el corazón.

Recordaba su época de colegio; olor a goma de nata, ¡Cuántas veces deseo comerse la goma!; el olor a madera talada por el saca-puntas que afilaba pinturas y lapiceros que servirían para expresar con las manos lo que no se podía hacer con la palabra; el sol, la lluvia, el frío; las excursiones llenas de absurdas canciones y bocadillos envueltos en papel de plata; lágrimas y mocos con sabor a tierra; ¡Cuántas veces se había peleado! Sobre todo, con chicos: En algunas ocasiones el resultado era un castigo. Sonrió. La verdad, pensó, es que no había sido una niña normal y su especialidad era hacer continuas demostraciones de la fuerza física y mental que tenía que hacían que otros niños se lo pensasen dos veces antes de enfrentarse a ella.

Años después, su primer trabajo y la sensación de que poco a poco su vida se iba haciendo más aburrida. Ya no sentía el sol ni la lluvia ni el frío. Le faltaba algo, le faltaba vida.

¡Cómo había pasado el tiempo!

Al fondo del bar, dos jóvenes bebían sus cervezas mientras escribían por turnos en servilletas de papel. Parecían divertidos; intercambiaban miradas cómplices, sonrisas, gestos... Estaba claro que era un juego. Un juego al que ella, años atrás, al salir del trabajo, también había jugado en una cálida tarde de primavera. Un juego, en el que por primera vez en su vida, había desnudado su alma sin saber muy bien por qué. ¿Serían las cervezas...? ¿Qué había pasado ese día? En las frágiles servilletas de papel, escritas en letra irregular pero firme, había escrito todos sus anhelos y deseos.

Algo se movió dentro de ella, cerró los ojos y comprendió, en ese instante, que los deseos se cumplen cuando se piden con el corazón.

Una hora antes, el médico le había dicho que iba a tener un hijo.

Ya no tenía miedo, y, en ese momento, volvió a ser la persona más feliz del mundo.

Este cuento lo escribí hace años para mi amiga Lourdes Moreno. El hecho de publicarlo se debe a una fenómeno que me ha llamado la atención. Un montón de amigos y conocidos o han tenido o van tener un hijo este año o a primeros del que viene. Esto, diréis, puede ser normal, sobre todo si se conocen entre ellos y pueden haberse puesto más o menos de acuerdo (que también pasa). Lo que ya no es tan normal es que la mayoría de las parejas superan los cuarenta años y van a ser primerizos. Y a esas edades, por lo que dicen, siempre es más complicado. Además, no son momentos fáciles para alimentar más bocas y las energías, muchos días, andan justitas.

Me gusta la decisión que han tomado y sobre todo, me gusta la ilusión con la que esperan a alguien, la valentía de hacerlo cuando pintan bastos y la generosidad con la que deberán entregarse el resto de sus días a ello. Un poema de Johnny Welch, un ventrílocuo mexicano, en una de sus estrofas decía así: «He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño por primera vez el dedo de su padre, lo tiene atrapado para siempre».

Y esto es lo que han hecho mis amigos, familiares y conocidos varios. Dejarse atrapar para siempre. No se si será casualidad este nuevo «Baby Boom» cercano, pero como digo, me gusta, porque no hay nada más triste que un país sin niños.

Así que como Lourdes me dio permiso para publicar el cuento, lo he hecho para dedicárselo a todas esas personas que creen que un mundo con niños siempre es necesariamente mejor.

domingo, 11 de octubre de 2009

Lo mejor de dos mundos




Mañana es fiesta en España y mañana es fiesta en Hispanoamérica. Unos la llaman fiesta Nacional, otros de la Hispanidad y otros de la Raza. El hecho es que todas tienen que ver con el descubrimiento de América y cada uno celebra lo que le parece adecuado. A ambos lados del Atlántico hay detractores y defensores de la misma. Sin entrar a valorar en profundidad el asunto, lo cierto es que los españoles aparecen y aparecerán a los ojos del mundo como los malos de la película, aunque si muchos países supuestamente más civilizados fuesen objetivos (iban de buen rollo a otros sitios a hacer lo mismo que los españoles, pero tenían mejor departamento de comunicación) tendrían motivos para que se les cayese la cara de vergüenza, entonasen el «mea culpa» y se aplicasen la misma sentencia que hoy exigen a España que cumpla.

Cuando se conquista, civiliza o agrede a otro pueblo se acaba haciéndolo a las bravas. Lo demás son eufemismos y ciencia ficción.

Sí, nos pasamos cuatro pueblos durante la Conquista, aunque no es menos cierto que ésta nunca se hubiera conseguido sin el apoyo de una parte de los nativos que prefirieron estar subyugados a la Corona de Castilla antes que a otros pueblos, etnias, civilizaciones, vecinos o cómo se diga eso. Destrozamos muchas cosas, ultrajamos, violamos, matamos, robamos, contaminamos los cuerpos transmitiendo enfermedades que se desconocían y lavamos el cerebro imponiendo «la única religión»: Unos cabrones.

Hacer especulaciones sobre lo que hubiese pasado si no hubiera llegado Colón y los pueblos, civilizaciones e imperios (algunos como el Maya en decadencia) no hubiesen tenido contacto con Europa; si en lugar de castellanos, andaluces, extremeños, vascos, murcianos, gallegos, catalanes (que a esa aventura o movida se apuntó todo Cristo) la conquista la hubiesen hecho los anglosajones o los árabes…como ejercicio puede estar bien, pero eso no cambiará el curso de la historia.

Adoro América. Sin menospreciar nada, me siento más a gusto paseando por La Habana que en Los Campos Elíseos. Prefiero conversarme unas botellas de Herradura Reposado en cualquier cantina de México que unas garrafas de Vodka en el mejor local de Moscú. Comer en casa Augusto en Santiago de Chile antes que en la Truite d’Argent de Bruselas. No sé, me siento muy a gusto en América. Se me hace muy cercana, como si tuviese la sensación de conocer mucho de lo que veo, como si hubiese vivido allí toda la vida.

América ha dado mucho al resto del mundo. Cambió nuestros hábitos de alimentación, nos enseñó nuevos métodos de cultivo, técnicas de construcción, medicinales, materias primas que están presentes en todo el mundo; de las que se beneficiaron innumerables países; pero también aportó su herencia cultural, sus conocimientos. Nos dio lo mejor de su mundo.

Por su parte España también aportó sus cosas (que no todo fue malo), como el caballo, la vid, la imprenta, la metalurgia etcétera, además de otras materias primas, su cultura etc.…

Es decir, se encontraron dos mundos, y se fusionaron muchas culturas, lo que en el fondo, desde mi punto de vista está muy bien, aunque las formas no fueran las más adecuadas (momento histórico aparte) y sea el origen de ese odio y desconfianza hacia lo español que subsiste en muchos lugares de América. Aunque en honor de la verdad, también se encuentra mucho orgullo de la «herencia española» en muchos habitantes de Hispanoamérica.

El día 12 de octubre, para bien o para mal, se celebra una fiesta en la que más de 400 millones de personas de diferentes culturas, religiones, etnias y maneras de vivir hacen uso de una lengua común enriquecida y salvaguardada por todos (da gusto ver que bien se habla el español en muchos sitios; bastante mejor que en España por cierto) que creo que al final une más que separa.

Me gustaría que lo mejor de esos dos mundos volviesen a mirarse sin rencor, sin altanería para construir un futuro mejor para todos. Al fin y al cabo, España y América no son más que el resultado de la fusión y mezcla de pueblos y personas.

Por eso, me gustaría que Madrid, (España) se convirtiese en el rompeolas de todas las Américas como en su día lo fue de todas las Españas y que las próximas generaciones convivan en perfecta armonía, con oportunidades e igualdad para todos. Sería la mejor forma de agradecer a América todo lo que nos dio y todo lo que nos puede dar. Sería la única forma de encontrar este «Sueño Perdido» que a muchos, a ambos lados del atlántico nos gustaría se que se hiciese realidad.

Difícil, porque la naturaleza humana es perra, pero no imposible. Sólo hay que conocerse mejor y esto es cuestión de tiempo. Lo mejor de dos mundos siempre creará uno mejor.


sábado, 10 de octubre de 2009

Música y Emociones

Esto de los blogs engancha. Sí, se lo que me digo. No por lo de escribir, que como he dicho en otras ocasiones, a mi me sirve de terapia y relajación, sino por la cantidad de tiempo que al final inviertes en la blogosfera, lo cual prefiero a mirar la televisión, entre otras razones porque hay poco que merezca la pena ver.

Uno empieza a lo tonto y descubre un blog chulo, bien escrito y con una temática que e interesa. Te haces seguidor y participas comentando de vez en cuando. A través de ese blog conoces otros y los sigues hasta que sin apenas darte cuenta ya tienes una lista considerable. También empiezas a seguir varios de la gente que te sigue y al final inviertes un buen rato en cada uno de ellos. Los blogs que sigo lo hago por convencimiento y porque creo que me aportan cosas muy interesantes. Los hay de todo tipo y no sé si en la variedad está el buen gusto pero los que sigo es porque me molan.

Afortunadamente, muchos de ellos no tienen periodicidad diaria (aunque sean magníficos) porque de ser así, me pasaría el día leyendo y comentando y tampoco es plan. Una dosis larga o varias dosis a ratitos son suficientes.

El caso es que uno se va enganchando y esto parece que no tiene fin. Todo esto viene a cuento de que Francisco Alcaide acaba de reinaugurar un blog Música y Emociones del cual ya me he hecho seguidor y que os sugiero que visitéis si os gusta la música.

La música es una de mis pasiones y aparece con frecuencia en Soul Business. De hecho, este blog y todos mis diarios de viaje y cuentos siempre se escriben con música de fondo. Como el fin de semana es largo y salgo de viaje para ver a la familia os dejo tres post sobre música (con unos videos magníficos todo hay que decirlo), «La importancia del ritmo en la vida», «El lenguaje de la música» y «La música. Medicina y remedio para el alma», la sugerencia de que visitéis Música y Emociones y un estupendo video de Ennio Morricone, dirigiendo una pieza de una mis películas favoritas Cinema Paradiso

Feliz fin de semana largo
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jueves, 8 de octubre de 2009

De dos blogs y una historia sale este post

Acabo de llegar de Gijón. Viaje en el día de ida y vuelta para preparar un evento. No he tenido mucho tiempo para pensar sobre lo que iba a escribir y además, este blog suelo escribirlo según sopla el viento. Es decir, sólo decido lo que voy a publicar instantes antes de ponerme a teclear, salvo que programe algo antes (que no es muy habitual) e incluso varias veces voy cambiando de tema una vez que comienzo a escribir. ¿Falta de método? Quizás. ¿Falta de tiempo? Posiblemente. ¿Inspiración? Lo dudo. El caso es que este que comienzo a las 0:07 del día 8 de octubre me lo acaban de dar hecho. ¿Los culpables? El post de hoy de Francisco Alcaide Tempus Fugit: decide lo que es importante, el post de ayer de Josep Julián Desaprender y una historia china que tenía preparada para otro post.


De los tres he sacado muchas conclusiones, pero quizás la más importante es que hacemos cosas que nos hacen percibir de una manera errónea, no sólo la vida sino también lo que queremos, confundiéndonos en lo que es el verdadero aprendizaje hacia la felicidad (que es lo que todos buscamos) y por ello debemos desaprender y olvidar lo inútil y ser capaces de descubrir lo que realmente nos importa. Y ahora, a las 00:29 termino este post, lo cuelgo leo el Blog de Pedja,  y me voy a leer un libro que me está esperando desde hace unos días porque no le estoy haciendo el caso que se merece «Viajes con Heródoto» de Ryszard Kapuscinski.

Os dejo la historia china y os recomiendo leer los post de mis vecinos de la blogosfera. Que tengáis un buen día.

Los seres humanos a menudo tenemos la visión mental tan distorsionada o perturbada como un hombre del reino de Chu que estaba cruzando un caudaloso río. Se servía para ello de una barca y llevaba consigo una espada. De repente, la barca se movió y la espada que el hombre portaba se precipitó al río.

—No hay que preocuparse —se dijo a sí mismo el hombre.

Hizo en el costado de la barca una marca, a fin de saber dónde había caído la espada. Y se dijo satisfecho:

—Ya tengo localizado el sitio donde ha caído la espada. Así podré hallarla luego fácilmente.

La barca llegó al embarcadero. Ante la sorpresa del barquero, el hombre, ni corto ni perezoso, se lanzó al agua y se sumergió en busca de su espada, justo debajo del punto que había marcado en el costado de la barca.

Transcurrieron las horas buscando afanosamente la espada. ¡Pero si él mismo había hecho la marca por donde justo cayó la espada! No podía explicárselo. Era de noche y seguía buscando anhelosamente su espada.



miércoles, 7 de octubre de 2009

De ruidos y fair play

Si ayer el post trataba de música, hoy va a tratar de ruido. No de ruido en el sentido literal de la palabra. A saber: «Sonido inarticulado, por lo general desagradable», sino más bien como información que recibimos y asimilamos provocando confusión en nuestra mente.

Este ruido tiene una particularidad respecto al otro, al de siempre (como por ejemplo el que hace el vecino de al lado un domingo a primera hora de la mañana jugando a Bricomanía con la taladradora; o el de los pitidos de los coches celebrando una victoria deportiva o ciscándose en el atasco de turno), y no es otra que si bien estos últimos tienen fin, o tu la esperanza de que cesen pronto, en el que nos ocupa no sucede eso. Se va instalando en nuestra mente sigilosamente, (paradojas de la vida), produciendo una metamorfosis cerebral que altera nuestro raciocinio, dejando a Don Quijote en comparación con nosotros como cuerdo entre los cuerdos. Este ruido, además, hace eco, repitiéndose hasta que convence a cada neurona. Nunca viene sólo, acostumbra a venir acompañado de otros, que a su vez se entrecruzan con las anteriores y vuelta a empezar. Un lío, sí, pero de los serios porque es dañino. Ya hablé de ello en el post Ruidos y Rumores. Lo peor es que no hay vacuna ni se la espera. Pero todos, en mayor o medida, estamos infectados. Y esto, a mí si me parece una pandemia que causa más muerte y dolor (en el más amplio sentido de la palabra) que la gripe A, la B, la porcina, la aviar, la de andar por casa y la que venga. Si os fijáis muchas de las desgracias tienen su origen en estos ruidos que impiden pensar con claridad: la ira, la soberbia, la envidia se alimentan de ellos, originando múltiples conflictos que desembocan en lo que ya todos sabemos y conocemos.

No hay cura, y cada cierto tiempo volvemos a caer, (es humano, normal y sólo se salvan los maestros Zen, los yoguis, los iluminados y los tarados; gente poco corriente). La gran mayoría para combatirlos las únicas armas que tenemos son la de hacernos «Los Suecos», (aunque no se puede ser sueco siempre) e ir al gimnasio de la mente a hacer unas reflexiones y unos estiramientos de neuronas.

Si no, pasa lo que pasa. Como ha ocurrido recientemente con la candidatura de Madrid 2016, donde el fair play se acabó diez, quince minutos o dos días después de la derrota y ya, todo hijo de vecino saca a relucir su ruido (formado por todas las informaciones, comunicaciones y los contagios de otras personas) modificando su discurso: donde dije digo, digo diego y toda esa retahíla de sentencias que en lugar de engrandecer a quien las pronuncia, al menos ante mis ojos y oídos, le pone en evidencia.

De vez en cuando necesitamos una cura con un tratamiento de silencios o ruidos que sean cono la música: armonía

martes, 6 de octubre de 2009

Música y trabajo en equipo

Durante muchos años viví engañado. Quizás hoy también, pero al menos vivo engañando por mis propias mentiras, que no son ni más ni menos aquellas que le cuento silenciosamente a mi persona para justificar mis miedos y mis ignorancias. De estas últimas, cada vez me cuento menos porque mi conciencia y yo, como perros viejos, nos vamos conociendo y sabemos que no cuelan ni las mentiras piadosas, aquellas que solo hacen daño al final a quien las cuenta ni tenemos tiempo para auto justificar lo que las dos partes, que al final es una, ya sabemos.

De las otras, las que no cuentan - sobre todo cuando eres muy joven, muy inocente, muy tonto, o muy inseguro- tenemos querencia. Las creemos a pies juntillas y muy a menudo las adoptamos como verdad absoluta convirtiéndonos en paladines y predicadores de ellas.

Uno de los primeros jefes que tuve (era el Director Comercial de una gran empresa) me dijo que si en una empresa el diez por ciento de la plantilla «tocaba tu música» se podía dirigir cómodamente. Durante años lo creí como verdad absoluta, incluso, (estúpido de mí) cuando empecé a dirigir personas y parecía que la estadística le daba la razón. Lo que reforzaba su teoría, atrofiando mis entendederas y sentido común. Pero eso ni era divertido, ni producía satisfacción ni nada. Era como leer una partitura de música que no te gusta.

Con el tiempo, me dí cuenta que no sólo ese diez por ciento tenía que seguirte y tocar de manera acompasada y afinada, sino que necesitabas de más gente si realmente querías hacer música, crear algo, disfrutar tocando en lugar de ruido y pachanga. Es posible que el lo supiese hacer con ese diez por ciento y se sintiese cómodo. Yo después de muchos años no lo he conseguido y con ese porcentaje de acompañamiento no conseguiría mucho, la verdad.

Tampoco es fácil, porque a todo el mundo no le gusta la música ni lo que tocas, pero hay momentos en que eso ocurre y entonces eres tan feliz como un gorrino revolcándose en el barro y merecen la pena todos los ensayos, todos los sacrificios, los esfuerzos, las discusiones, las tensiones y los malos momentos.

Un día tocarás mejor o peor, te sentirás más inspirado o no, pero desde luego salvo que seas un solista, necesitarás más de un diez por ciento. Cuanta más gente toque más podrán bajar los porcentajes (Dúo 50%, Trío 33% etcétera) pero si bajas mucho seguramente tu obra sea una castaña.

Mi antiguo jefe me mintió. Yo me mentí. Pero siempre se puede rectificar aunque me vuelva a equivocar.

Os dejo un video de Mike Oldfield (el final con el Big Ben sublime) que demuestra que un equipo haciendo música siempre es más de un 10%. A mi me parece genial, pero como sabeis , sobre gustos hay mucho escrito

Feliz martes


lunes, 5 de octubre de 2009

Una muy buena frase para cosas que me interesan, viajes y negocios: para Soul Business.

«Allí donde hay amor, hay vida… el futuro depende de lo que hagas hoy.»

Con esta frase de Mahatma Gandhi acaba el video que os dejo hoy que, a mi parecer, es duro, bueno y reflexivo; y cuyas imágenes son aguijonazos para aquellos que saben y sabemos que el mundo no es tan maravilloso y que la canción «What a Wonderful World», que tan bien interpretaba Louis Armstrong, es eso, una canción que sólo muestra una de las caras de este hogar común que es la Tierra.

Una muy buena frase con la que voy a escribir este post que inicia la semana y que voy a comentar en dos partes. Allá va.

Allí donde hay amor, hay vida…

En las cosas que nos interesan solemos poner empeño, dedicación. Nos acercamos a ellas, las cuidamos, invertimos tiempo, recursos y esfuerzos. Y lo hacemos con gusto. Lo hacemos con nuestras aficiones, nuestros hobbies, pero también con las personas que nos interesan. Si somos jardineros nos preocuparemos de que las plantas luzcan sanas y bellas; si nos gusta la cocina jugaremos con los ingredientes hasta que algo salga rico, rico; si escribimos un blog intentaremos que salga interesante o, al menos, entretenido. Y así sucesivamente. Cuando a estas cosas se hacen con cariño, con amor, crean un vínculo con quien las hace. Es decir, se llenan de vida y, es difícil, que se abandonen. Con las personas, pasa lo mismo. Fijaos en los enamorados, que irradian vida; en la fuerza de voluntad que muestran los enfermos que aman y desean vivir; en el amor que se muestran los amigos que mantienen viva la amistad: En las familias que se quieren. Allí donde hay amor, hay vida…

En los viajes, ocurre lo mismo. Cuando se realizan con pasión, amando profundamente caminos, lugares y gentes da la sensación de que tu cuerpo se llena de energía, de vida. Si además, eres correspondido por el «viaje» uno se acerca bastante a la felicidad plena.

Por último, en el ámbito empresarial, en el mundo de los negocios, el amor, aunque parezca una tontería lo que voy a decir, es una de las ventajas competitivas que pueden utilizar las empresas para crear una estrategia de diferenciación lo suficiente sólida que les permita alcanzar el éxito. Y la razón no otra que el amor da fuerza, empuje, pero sobre todo genera ilusión. Y la ilusión es una de las formas en el que se manifiesta la vida.

No todas las empresas utilizan este potente recurso, para el que sólo se necesita la voluntad de todas las personas que la forman. Cuando no es así, cuando no hay amor ni voluntad, surgen los conflictos internos. Se debilita la confianza entre compañeros, entre jefes y empleados, de arriba abajo, de abajo a arriba, en todas direcciones creando desajustes en todas las áreas de la organización que pueden acabar matándola. Si hay amor en la empresa, hay vida. Si además este amor, se refleja en las tareas del día a día y todo esto se transmite fuera de la organización y se aplica a la gestión de clientes, a los colaboradores y a todos los que de alguna manera tienen relación con el negocio, habrá esperanza, habrá éxito y habrá vida. Quien ama lo que hace, con quien lo hace y cómo lo hace, siempre tendrá vida.

… el futuro depende de lo que hagas hoy

Cuando veáis el video, comprenderéis de lo que hablo. Todo lo que hagamos hoy tendrá su reflejo en el mañana y si no cambiamos determinadas actitudes afectarán a las cosas que interesan, a los viajes y a los negocios.

Como decía Woody Allen, a mí también me interesa el futuro porque en él voy a pasar el resto de mí vida y sé que éste depende de lo que haga hoy.

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sábado, 3 de octubre de 2009

Mi escuela de cocina




A veces creo que debería cambiar el orden de las palabras que aparecen en la cabecera del Blog: negocios, viajes y cosas que me interesan por cosas que me interesan, viajes y negocios. Al final me doy cuenta que hablo casi siempre de cosas que me interesan sean viajes, negocios, reflexiones o la decadencia de Bizancio, lo que me hace pensar que a lo mejor debería quitarlas. Pero como tampoco estorban pues lo dejaré como está. Hoy toca cocina.

Me gusta cocinar. Para mi es una especie de curso de relajación, aunque requiera un esfuerzo. Y es curioso, porque cocinar requiere orden, concentración en lo que haces, precisión al mezclar y paciencia, mucha paciencia, además de cariño, amor o ganas. Pero aún así, la mente de uno tiene tiempo o capacidad de pensar en otras cosas, de jugar con la mente y entretenerse.

Hace un mes y pico o así, me apunté a un curso de cocina. La verdad es que sólo puedo cocinar los fines de semana, y no todos. El resto de la semana si cocino algo, es «Fast Food». Es decir, platos que se pueden cocinar o preparar «a toda leche», no necesariamente comida con exceso de grasa, congelados y cosas así. La naturaleza de mi trabajo y la afición que tengo a hacer cosas distintas cada día me «obligan» a posponer hasta el fin de semana el placer de cocinar, y pasar un buen rato a solas con verduras, pescados, carnes, legumbres o lo que se tercie, a pesar de que soy un pésimo cocinero. Eso sí, le pongo ilusión.

En el post Negocios que no deberían morir: Mercados de barrio ya conté lo mucho que me gustaba levantarme un sábado e ir al mercado a comprar. Esa es la primera parte divertida. La segunda, elegir la receta adecuada o más apetecible en ese momento para el plato y aún teniendo varios libros de recetas, suelo darme un paseo por Internet para buscar nuevas ideas o posibilidades.

Así es como conocí a dos hermanas, María y Katy, que tienen abierta una escuela en su blog, «Para hincar el diente K+M = M+K», a la que acudo muy a menudo.

Me gusta la escuela a la que voy. No sólo por la variedad de recetas – uno se encuentra con las clásicas, las de toda la vida, mezcladas con variaciones y fusiones de otros países y pueblos – sino porque uno se siente cómodo cuando entra en su aula. Tienen la paciencia de aclarar cualquier concepto que no quede claro, dan consejos y pistas, y el resto de «los alumnos» también aporta. Y gratis total. El resto, la tercera parte divertida, sólo depende de uno. Ellas dan las pautas, pero luego tú decides.

Además, me parece que son muy buena gente, y eso conforta mucho. De hecho, Katy tiene otro blog (no sé como se puede organizar) «Tocando otros palillos», lleno de reflexiones e historias interesantes. Por eso, como le prometí, un día iba a hablar de su blog y como tengo la costumbre de cumplir las promesas que dependen de mí exclusivamente pues me he dicho, hoy toca hablar de cocina y de estas dos hermanas que creo que realizan una labor fantástica, aunque pongan la radio a todo trapo.

Este fin de semana tampoco cocinaré. Toca ir a Alicante. Pero no creo que se molesten si me fumo alguna de sus clases y no cocino una de sus recetas.

Feliz fin de semana a todos.


Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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