lunes, 30 de noviembre de 2009

Las buenas noticias

Esto de los periódicos, cada día está peor; o quizás seamos nosotros los que lo estemos: que uno ya no sabe que pensar.

Mañana de domingo lluviosa. Lectura varia de periódicos. Las mismas noticias, con enfoques variaditos. Lo que me ha llamado la atención es que las buenas noticias (las que no tienen que ver nada con desastres, violencias en todas sus clases, estafas varias, reflexiones apocalípticas y futuras movidas que se están viendo venir) brillan por su ausencia. He intentado buscar alguna que fuese motivadora, que me alegrase un poco la mañana, pero ha sido imposible. Lo más positivo ante lo que han pasado mis ojos han sido las ofertas publicitarias de varias marcas, - que parece que se están olvidando de poner de sus mensajes la palabra crisis - que lanzaban, sino mensajes positivos, si ilusionantes: que por otro lado es una de las claves de la publicidad.

Hace algún tiempo, Lourdes Moreno, que trabaja conmigo y de la que ya os he hablado alguna vez, me sugirió que deberíamos crear en la empresa una especie de boletín para nuestros clientes en el que sólo apareciesen buenas noticias. Argumentaba, que la gente está harta de las malas noticias, de información negativa que además de eso, de informar, te deja una sensación de que el mundo este en el que vivimos es una mierda: tenía y tiene razón.

La idea me pareció fantástica, pero como ocurre muchas veces con las ideas, no llegó a ponerse en práctica por la excusa que fuese (pon aquí la excusa).

Y hoy, leyendo toda la prensa, me he acordado de ella y de que si lo hubiésemos hecho, al menos podríamos haber provocado una sonrisa, inculcar una idea de que no todo está tan mal y de que a pesar de todo este mundo mola mucho.

Así que esta semana, los post que pueda escribir (porque el carné de baile ya me lo han llenado) tratarán de eso, de buenas noticias y cosas agradables. Que de las otras, de las que venden ya se encargan los otros.

Buena semana

jueves, 26 de noviembre de 2009

Comentando por ellas



Cada día sigo más blogs. Por convencimiento. Me gusta leer todo lo que sigo. He hecho un cálculo aproximado. Invierto, y digo bien, una media de dos horas diarias en leer los blogs que sigo y en aportar mis comentarios y en responder a los que me hacen. Un curro, si, pero me gusta. Este tiempo procuro administrarlo en huecos que voy teniendo a lo largo del día. Uno o dos «kit kat» en el curro, otro antes de ponerme al lío después de comer y, el resto, cuando regreso a casa y antes de acostarme. A veces, tengo la sensación de que no doy más de si, pero creo que mis lectores y los blogs que sigo merecen que les dedique parte de mí tiempo. En los últimos días he leído bastantes post sobre el tema de la violencia de genero, término que no me acaba de convencer porque en determinados asuntos no soy ni políticamente correcto ni correcto a secas. El caso es que estos días he leído varios post sobre ello, y casi todos ellos estaban redactados por mujeres. Empecé creo, la semana pasada leyendo el blog de Myr, Katy habla a menudo de ello, María también y la última ha sido MaS en su recien estrenado blog; y María Hernández no habla directamente de ello pero cuenta mucho entre líneas. Hombres, ninguno.

Así que hoy, esto no es un post, es un comentario por ellas, (no en su lugar). El único comentario, es el que ya le deje a Myr, que no es más que un texto que ya tiene seis años y que pertenece a Soul India: Y que hoy os dejo. Va por ellas.

UNA HISTORIA DE SHILPGRAM, UNA VERGÜENZA DEL MUNDO

A mí se me hace difícil entender determinadas actitudes de los hombres: no por el hecho de comprenderlas sino por lo absurdo de las mismas. En Shilpgram, un centro de artes tradicionales, el coordinador, un maestro jubilado, me estuvo explicando algunos aspectos de la vida del Rajastán rural: cómo construían las viviendas utilizando para su edificación los más variados materiales; cómo levantaban los muros que cierran las viviendas pensando en la música que produce el viento; la organización familiar de la casa, en la que pueden convivir varias gene-raciones; las diferentes estancias, aisladas unas de otras..., pero lo más sorprendente, lo más indignante del relato, era el funcionamiento de la relación hombre–mujer; por ejemplo: el hombre es el único que duerme sobre una cama, durmiendo la mujer y los niños en el suelo a una distancia prudente. La mujer sólo tiene derecho a acostarse sobre el lecho en los momentos de lujuria. Después, al suelo.

Ignoro si todo empezó con la historia de Adán y Eva, si empezó con el resentimiento de un marido abandonado o el despecho a un juez enamorado que dictó una sentencia de odio que durante siglos nunca se pudo apelar. El hecho es que en Rajastán, en India, en el Mundo, la mujer quedó relegada a una vida de esclavitud, de aparato reproductor; un juguete de entretenimiento, un alivio para la calentura del cuerpo, un trofeo no ganado... Todavía hay cazurros que piensan que son cargas que solucionan problemas domésticos. El paso de los siglos ha suavizado la situación, pero aún queda mucho camino por recorrer.

En India, no se ven muchas mujeres por la calle en comparación con el número de hombres. Esto obedece a sus costumbres, no muy diferentes de las de algún europeo prehistórico por las cuales la mujer debe permanecer en casa y tener obediencia ciega al marido o a ocultarse detrás de un velo confeccionado con la tela de la vergüenza. Aunque oficialmente el Sati —inmolación de la mujer tras la muerte del marido— está prohibido, muchas siguen muriendo en las piras funerarias de sus esposos o son arrojadas al infierno del desprecio, a las esquinas de la humillación. No tienen derecho ni a la indiferencia, que les permitiría ser ignoradas; pero no señaladas ni obligadas a ser despojo de una sociedad cruel disfrazada de buen rollo y espiritualidad.

Todas estas cosas me parecen tan lamentables, tan absurdas que no entiendo cómo las mujeres se siguen casando con hombres que actúan así, aunque en la India no se casan, las casan.

Y esto ocurre, por desgracia en casi todo el planeta: que los hombres y mujeres somos distintos es obvio; tanto en el plano físico como en el emocional; que reaccionamos de forma diferente según las circunstancias y los estímulos, también; que tanto unos como otros no acabamos de entender la igualdad de sexos, lo demuestra el hecho de que ni los hombres ni las mujeres estamos preparados para ello: el hombre por simpleza de quien ve como pierde el poder de algo que nunca le correspondió. La mujer «liberada» en la sociedad occidental, porque dependiendo del dónde y del cuando elige la baraja con la cual quiere jugar.

La igualdad no consiste en compartir las tareas de la casa ni las responsabilidades familiares ni tan siquiera en igualar los grados de libertad, sean éstos en uno u otro sentido. La igualdad consiste en eso y mucho más: en el mutuo respeto entre personas, sean estos hombres o mujeres. Y mientras esto no ocurra seguirán existiendo las desigualdades, las reivindicaciones, los problemas y los asesinatos cometidos por gente con neuronas descerebradas.

El maestro, que sabía que ya había sido derrotado por la vida y que recordaba con ojos vidriosos, ojos rojos de fondo amarillo, tiempos mejores en los que había estado hasta en Estados Unidos, en Vermont, durante seis meses dando clases, me explicó el significado que algunos animales tenían para ellos: el elefante representaba la felicidad; el camello, la ley, la justicia, la fidelidad; el caballo, la riqueza. Había más animales, pero ya me perdí. Intentaba comprender por qué los animales eran portadores de valores, estados de ánimo y símbolos de la suerte. ¿Las mujeres?, ¿qué eran las mujeres para ellos? No entendía nada.

Esto era India, todo tenía su significado y cada significado podía ofrecer diferentes interpretaciones.

Uno, que no está acostumbrado a las complicaciones piensa que para aprender o comprender esto harían falta cursos enteros.

Soy una cabeza dura y hay cosas que no me entran por mucho que me las expliquen.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Cine y turismo (motivaciones del turista)

Segundo post sobre cine y turismo. En el anterior citaba alguna de la motivaciones que, como consecuencia de haber visto una película, llevaban a un turista a viajar a determinado destino: conocer mejor la cultura local o la forma de vida del lugar, desear conocer los lugares en los que sucede la acción de primera mano, conocer e interesarse por la historia del lugar o el periodo histórico en el que se desarrolla la acción, decantar la opción del viaje hacia el destino donde se ha filmado la película: motivaciones. Y es que el cine no es sólo una eficaz herramienta de promoción, de difusión de contenidos que ayuden a la elección del destino, es también un potente transmisor de emociones que consigue que el espectador esté atento, viviendo una experiencia cuando ve la película.

Al igual que existen o se definen perfiles de viajeros, en el cine también existen perfiles de cinéfilos, de tal manera que cuando se unen las motivaciones turísticas (hay cientos de ellas, tantas como opciones de viaje en función de los gustos y preferencias del personal) con las relacionadas con el cine (amor al cine) se podrían definir, al menos, otras cuatro razones que pueden inducir al turista a decantar la opción de viaje en función de su perfil cinéfilo.

Identificación: Corresponde al perfil de cinéfilo fan. Viaja por pasión o devoción al autor, al guionista, al actor o al director. Se quiere sentir cercano a ese mundo y disfruta viajando a los lugares bien en los que se ha rodado la película, bien donde residen los que participan de la industria.

Uno de los mejores ejemplos lo encontramos en la ciudad de Los Ángeles: Hollywood es el hogar de las estrellas de cine, es la comunidad mas famosa en Los Ángeles. Más del 75% de todas las películas producidas en los Estados Unidos son hechas en esta ciudad y la comunidad de Burbank, es donde se encuentran la mayor parte de los estudios. Turistas de todo el mundo son atraídos por el glamour que envuelve la industria del cine: todo Hollywood gira en torno a ella.

El Hollywood CityPass® es conocido como el único programa de CityPass que gira en torno a un mismo tema: la industria del cine y la televisión de la ciudad.

En el 2005, CityPass redujo el tamaño y el precio del programa de Hollywood a las dos manzanas más famosas de California, agregando al mismo tiempo nuevas formas de obtener una sensación auténtica de la ciudad. Incluye la opción de un tour detrás de cámaras (Behind the Scenes) de la historia de Hollywood a través de Red Line Tours, conducido por guías bien preparados que usan auriculares inalámbricos con micrófono para que no se pierda ningún comentario. Este tour informa y entretiene con historias, que las mismas estrellas pueden contar. También se puede hacer el Tour «Dónde viven las estrellas» o el famoso Teatro Kodak, o el museo de Hollywood en el histórico edificio Max Factor.

Experimentación En este caso lo que mueve al viajero es el deseo de ver o experimentar sensaciones relacionadas con la película. Alojarse en el mismo hotel que las estrellas, Comer en los mismos restaurantes. Pasear por el escenario de la película. Este perfil corresponde al cinéfilo emulador. Como ocurrió con el hotel Park Hyatt Tokio donde transcurre gran parte de la película Lost In Translation que vio como aumentaba la demanda después del estreno de la película.

Culturales. El viajero tras ver la película, se inclina por un destino o lugar como alternativa a otros. Se documenta a la hora de viajar, recibe información. Se interesa por aspectos culturales más allá de la película y su perfil corresponde al perfil del cinéfilo viajero. Las visitas a Escocia aumentaron mucho, notablemente, un huevo después del estreno de Braveheart, una cinta basada en la historia de Sir William Wallace, que fue protagonizada por Mel Gibson y que narra la historia de un montañés escocés que lleva a su clan a luchar contra la tiranía del rey Eduardo I.

Investigación: El viajero tiende a analizar y a estudiar todos los aspectos de la película recorriendo los lugares, investigando el por qué de las localizaciones, los planos, las escenas. Disfruta observando las diferencias entre lo real y la película. Corresponde a un tipo de viajero que es cinéfilo experto. Un ejemplo sería la película «Amelie» rodada en Montmartre y en la que el viajero puede visitar los cafés, el Marché de la Butte, o el Café Tabac deux Moulins donde trabajaba Amelie Poulain.

Son sólo unos ejemplos, pero se podrían citar muchísimos porque al que le gusta el cine y le gusta viajar siempre encontrará una oportunidad para compaginar estas dos aficiones.

Seguiremos con la serie.

¿Cuál sería tu motivación? ¿Quien no ha estado alguna vez Lost in Translation?

martes, 24 de noviembre de 2009

El Efecto mariposa

El otro día aparecía en diferentes medios la siguiente noticia: «La temperatura promedio en todo el mundo está en camino de aumentar hasta seis grados centígrados si no se produce una acción urgente para frenar las emisiones de gases contaminantes». No sé si será cierto, carezco de la preparación suficiente para emitir un juicio al respecto, pero lo que si tengo claro es que clima ya no es lo que era.

No sé que estará ocurriendo, ahora mismo, en otros lugares del planeta, pero lo de Madrid no es normal. Estamos a finales de noviembre y todavía muchos árboles mantienen sus hojas, cuando lo normal es que estén más pelados que las cuentas de millones de españoles a final de mes. Además, hace una temperatura tan agradable que El Corte Inglés va a tener que cambiar su famoso slogan de «ya es primavera en el Corte Inglés» porque, al menos la de este año, nunca se acabó de ir.

Ayer, hace un rato, 23 de noviembre, sin ir más lejos, lo que me pedía el cuerpo después de comer era en lugar de ir a trabajar darme una vuelta por el Parque del Retiro y, en lugar de comerme unas castañas asadas, trasegarme a media tarde una horchata o un granizado de limón. Siempre podrá haber alguien que diga que en realidad no es para tanto y que lo que pasa es que este año ha salido raro. No seré yo quien lo discuta, pero que esto mismo, se lo cuente a la castañera, a los vendedores de abrigos y a aquellos que directa o indirectamente viven de la temporada de otoño o del frío. Pero la meteorología es imprevisible o imprecisa y pocos días después te sale un día tonto, que no es de otoño, ni de verano, ni de invierno, ni de primavera; un día con vientos huracanados o de lluvia del monzón que hace movilizar a todo el cuerpo de bomberos, las policías nacional y municipal y los chicos del Samur y protección civil, además de los curiosos que se asoman o se acercan para ver qué ha pasado. Esto en Madrid, claro, que en otros lugares tendrán su versión local. Esto preocupa y asusta.

El próximo mes tendrá lugar una cumbre sobre el cambio climático en Copenhagen que según los analistas será un fracaso. Da lo mismo que los casquetes polares se derritan, que los bosques desaparezcan, que los ríos se contaminen. Ninguna de las grandes potencias, empezando por Estados Unidos, están dispuestas a renunciar a su cuota de emisión de mierda porque el mundo ya hace mucho que se montó para generarla y esconderla. Eso sí, a ser posible, que en casa no se vea. Y así, los gobernantes de los países más poderosos promulgan leyes sostenibles y normativas medioambientales para sus ciudadanos, llenándoseles la boca de ecología, sostenibilidad, compromiso y cualquier cosa que suene a verde o parezca estar de moda; todo muy limpio, muy pulcro y muy mono.

Quizás sea una forma de limpiar sus conciencias y lavarnos el cerebro, porque la realidad suele ser otra: se fabrican coches más ecológicos (¿un coche puede ser ecológico?), en el «súper» te cobran la bolsa de plástico (pero casi todo lo que venden está envuelto en plástico o es plástico), cobran tasas ecológicas a los turistas, pero al tiempo, construyen urbanizaciones y los campos de golf crecen como setas. Del mar y la pesca ni hablamos: en esto, los japoneses y los de aquí, maestros: solo es la punta de un iceberg que se está derritiendo por debajo.

Daos una vuelta por los países de lo que llamamos tercer mundo o en vías de desarrollo y comprobareis que es por allí, donde más contaminación se produce y más mierda se encuentra. Es normal, es por allí donde se cometen las mayores tropelías, donde acaban los coches de quinientas manos, donde las calles huelen agrias o a gasóleo ahumado, donde se queman y talan bosques con variadas excusas pero un solo motivo, donde se da permiso para entrar a las multinacionales y éstas, lo hacen a saco con la connivencia de dirigentes corruptos ávidos de dinero, donde el concepto reciclaje no es más que unir piezas de diferentes puzzles y la sostenibilidad se entiende como la capacidad que tiene lo reciclado de aguantar.

En unos días, se reunirán y conseguirán sus acuerdos de mínimos, que no se les puede pedir peras al olmo, y sonreirán todos felices en la foto de «familia» para después vender sus «logros» a los ciudadanos que pasean felices por el carril bici que les han puesto como voluntad inequívoca de sus nobles intenciones.

Lo que no sé, es si se han dado cuenta (supongo que sí) de que puede haber un efecto mariposa -por permitir y alentar lo que está ocurriendo en estos países - que puede provocar no un cambio sino un caos climático.

Me gustaría volver a mis otoños; por nostalgia y por sentido común

Os dejo un video para la reflexión. Es subtitulado en inglés, pero se comprende perectamente. Buen martes.

lunes, 23 de noviembre de 2009

De ofertas de empleo:

Tengo varios amigos en el paro; buenos profesionales a los que un día les dijeron adiós muy buenas: «la crisis, ya sabes como son estás cosas; la duplicidad de puestos tras la fusión nos lleva a reconsiderar tu trabajo, o la actual situación estructural de los mercados en el que nos movemos nos obliga a prescindir de tus servicios». Es decir: a la puta calle. No lo tienen fácil: alguno ya pasó los cuarenta con el cambio de siglo y otros lo pasarán con el fin de la década. Pero este post no habla de echar la culpa a nadie, ni de decir que malos son los empresarios (que no siempre tienen la culpa) ni pobrecitos los empleados (que algunos si tienen la culpa), sino de algo que mira que pasan los años y no dejo de alucinar: me refiero a las ofertas de empleo.

No hay más que echar un vistazo a las ofertas que aparecen en los periódicos o en los portales de Internet para darse cuenta de que lo de encontrar empleo está cada vez más difícil.

Unas veces porque los requisitos y perfiles que piden para un puesto determinado no concuerdan con la labor a desempeñar realmente; otras porque estas capacidades, habilidades o «skills» (palabra que se ha puesto de moda en los últimos años y que aparece en muchas ofertas sobre todo el de las multinacionales, que en si misma debe ser un requisito porque si no tienes «Skills» vas de cráneo) solicitados están sobredimensionados en exceso y otras porque no hay cristo que las entienda.

Ejemplos hay muchos: Desde aquella oferta donde se solicita una diplomatura en hostelería para pelar patatas y cortar verduras en un restaurante de batalla, a otra que da la sensación que el puesto está hecho para Macgiver o James Bond porque deben ser los únicos que si la lees bien, cumplen todos los requisitos; desde aquel puesto que exige una gran preparación y conocimientos (pongamos un ingeniero nuclear que se pasa el día en la central) y entre los requisitos imprescindibles encontramos el famoso «don de gentes» y «joven dinámico» como si eso aportase algo a la seguridad del negocio: un disparate.

Ignoro si hay un fallo de comunicación entre el departamento de Recursos Humanos y el área funcional de las empresas o si lo echan a cara o cruz para ver quien debe redactarlas, pero ocurre a menudo que viéndolas, más que un anuncio de una oferta de empleo, da la sensación de que están publicando un anuncio de despropósitos. También es posible, que los responsables de la elaboración de la oferta hayan hecho «un copia y pega» de otras ofertas, seleccionando las frases que parecen más atractivas o chulas o requisitos absurdos, que, más que aclarar, confunden al posible candidato. Afortunadamente no todo es así, y hay excelentes profesionales y empresas de selección que realizan un buen trabajo; pero por lo que observo, la mayoría de las ofertas de empleo no están diseñadas ni en el fondo ni en la forma por quien sabe de esto. Creo que se deja un poco a la buena de Dios este aspecto lo que sin duda lleva a un aumento de costes de selección (si el puesto no está bien definido pueden llegar miles de curriculums sin ton ni son) y a que los buenos profesionales no tengan ninguna gana de enviar un curriculum ni concertar una entrevista con la empresa oferente: sólo la desesperación les llevaría a ello: un desastre.

No soy un experto en Recursos Humanos, ni en procesos de selección pero tengo la sensación de que si se pusiese más cariño y cuidado a la hora de redactar el anuncio se evitarían muchos sinsabores, muchas frustraciones: Ganarían todas las partes.


viernes, 20 de noviembre de 2009

De liderazgo y malabares

En el post Dirigir, gestionar y liderar ¡qué difícil es! comentaba lo complejo que es aunar estas tres características en una persona. Hablaba también de las tres dimensiones que, creo, tiene una empresa: la dimensión organizacional (estructura, recursos, procesos, clientes, proveedores, formación, finanzas, producto etcétera), la dimensión operacional (esto es; el día a día: urgencias de los clientes, caída de la red, no llega el pedido, se ha estropeado el aire acondicionado, no hemos cobrado etcétera, fulanito está de baja…) y una dimensión emocional (problemas personales, preocupaciones, estados de ánimos de la plantilla, envidias, alegrías, tristezas, etcétera). Escribía, en definitiva, sobre el equilibrio constante que debe mantener entre estas tres dimensiones, a sabiendas de que estará sólo o será incomprendido por las personas que pivotan sobre esas dimensiones.

Me he acordado de ello leyendo la magnífica entrevista que publica Francisco Alcaide en su blog a Mario Alonso Puig. He reflexionado mucho sobre lo que comenta y me ha hecho darle vueltas a los errores que cometo a diario, y a las habilidades que debo desarrollar si realmente quiero alguna vez liderar, que dirigir y gestionar es siempre más fácil porque, en mi opinión, son más predecibles o más «controlables» lo que no ocurre en la dimensión emocional que acostumbra ir a su bola, -o a lo mejor es que yo no acabo de cogerla el punto como Josep Julián - que puede provocar que la dirección y la gestión sean menos eficientes.

La capacidad de liderazgo escasea y yo no soy uno de esos afortunados que la posee, al menos en parte, (que una cosa es ser humilde y otra dar la sensación de que tienes la autoestima por los suelos) simplemente soy realista. Poco a poco. Roma no se hizo en una hora y estas cosas llevan su tiempo. El liderazgo para mi, al final es como los malabares, que están compuestos de matemática, rutina, creatividad, fantasía, rigor… a los que hay poner mucha ilusión para que sean realmente brillantes. Así que habrá que seguir ensayando para poder hacer unos magníficos malabares.

Os dejo dos videos. Uno ya lo publiqué en el anterior post e ilustraba al directro, gestor y lider y el segundo, que es de un grupo con el que colaboramos habitualmente, que explica, según mi criterio, lo que puede conseguir un equipo si tiene un buen líder, como es el caso de Sean Gandini, director de la compañía con el que da gusto trabajar.
Los dos videos espectaculares. Si el post no os ha gustado, os lleváis dos virguerías y dos buenas piezas musicales.

Feliz fin de semana



jueves, 19 de noviembre de 2009

Les connaisseurs

Hace algún tiempo dije que hablaría de ellos, de «los connaisseurs». Probablemente conozcas a más de uno. Pero ¿qué es un connaisseur? Pues básicamente eso, un conocedor, un experto en la materia, alguien que sabe de lo que habla o de lo que calla. Los hay de muchos tipos, pero por simplificar las cosas los dividiré en tres tipologías diferentes. Los que sientan cátedra, los que razonan y los tontos del culo. Los primeros de ellos se caracterizan porque si bien tienen los conocimientos suficientes, no admiten, por lo general, ninguna discusión sobre su conocimiento: son los demás, los que tienen una visión errónea y menosprecian otras posibilidades. Entre los segundos se encuentran aquellos que si bien tienen los conocimientos, admiten otras posibilidades e incluso dudan de las suyas: no son conformistas y siempre están dispuestos a aprender. Por último están los que creen serlo, te lo restriegan por la cara, pero en realidad no tienen ni puta idea: estos son muy peligrosos. Lo curioso del caso es que, en el fondo, solemos pertenecer a los tres grupos. Es decir. A veces sentamos cátedra, otras razonamos y otras, ya digo, tontos del culo.

Y de estos últimos, va el post de hoy. Son los que yo llamo expertos de manual, (e insisto que en alguna ocasión pertenecemos a este grupo). Defienden y alardean de su conocimiento con vehemencia. Si hablan del fútbol te dirán que Di Estéfano fue el mejor jugador de fútbol de la historia aunque nunca le vieran jugar: simplemente han leído la encuesta que lo decía y se apoyan en ella y en los comentarios del Marca para armar sus tesis; pueden, sin cortarse un pelo, asegurar cómo funciona el «aparato del Estado» y la diplomacia a nivel mundial, poniendo los mismos ejemplos que salen en los «best sellers» que escriben periodistas o investigadores de las cosas del mundo; te dicen como debes dirigir una empresa pero nunca han dirigido una y la gestión de problemas, de falta de financiación, de morosidad… todas esas cosas que suelen venir de golpe y a la vez no se lo saben porque los capítulos de fracasos se los saltaron y los conflictos laborales sólo los han visto en televisión. Han bajado poco a las trincheras. Pero hay más, se dejan guiar por lo que ven sus ojos cuando para percibir, para conocer, hay que utilizar todos los sentidos. Te aseguran que el mejor vino (del que por supuesto se han trasegado varias botellas) es el Pingus, pero luego son incapaces de reconocerlo en una cata, y si embotellas un vino diferente en una botella de Pingus y se lo das a beber, te dirán que es extraordinario: Esto sirve para cualquier bebida cara. Dadles el cambiazo y os reiréis un buen rato. También con la ropa, pon a un polo un cocodrilo y quita el cocodrilo a otro polo. No distinguirá nada. Pero eso si, son expertos, se sienten connaisseurs, voces autorizadas de lo que hablan y afirman. Están dispuestos a pagar un sobreprecio por poder estar en ese supuesto círculo, en la pomada de «los enterados», de los que saben. El problema lo tienen después, cuando aparecen los Madoff, los artistas del tocomocho, trile fino y si te visto no me acuerdo que los dejan en pañales una y otra vez, porque en su estupidez son reincidentes. Siempre creerán y harán suyas las ideas, sugerencias y palabras de otros, no por convencimiento sino por sentirse connaisseurs, porque buscan la comodidad en la alienación y así piensan que molan más. No dudan, ni cuestionan, ni reflexionan sobre sus verdades, ya que su seguridad está arropada por lo que creen saber y no por lo que saben. Lo malo, es que meten mucho la pata. Ya digo, tontos del culo.

Os dejo un video. Es viejo, pero os haréis una idea de cómo hay un mercado potencial muy grande de connaisseurs. Presas fáciles para los que se dedican a las ventas y al marketing. A la demanda hay que satisfacerla. Eso dicen las leyes del marketing. Y estos expertos están deseosos de que les satisfagan

martes, 17 de noviembre de 2009

Reflexiones rápidas y urgentes

Hoy me ha salido el día Zen, reflexivo, contradictorio y urgente. Así que como no sabía de qué escribir os dejo una de las típicas historias orientales de maestro- discípulo. Espero que os gusten.



-Existe eso que se llama ¿Un minuto de sabiduría? preguntó el discípulo.
-Por supuesto que existe, replicó el maestro.
-Pero un minuto ¿no es demasiado breve?
-No, es cincuenta y nueve segundos demasiado largo.

-¿Hay algo que yo pueda hacer para llegar a la iluminación?
-Tan poco como lo que puedes hacer para que amanezca por las mañanas.
-Entonces, ¿para qué valen los ejercicios espirituales que tú mismo recomiendas?
-Para estar seguro de que no estáis dormidos cuando el sol comienza a  salir.



El discípulo quería un sabio consejo
-Ve, siéntate en tu celda, y tu celda te enseñará la sabiduría, le dijo el Maestro.
-Pero si yo no tengo ninguna celda... Si yo no soy monje...
-Naturalmente que tienes una celda. Mira dentro de ti.

- ¿Cuál es la verdad, maestro? - el discípulo preguntó.
- La vida de cada día, ¡La vida de cada día! - respondió el maestro.
- ¿Sólo eso? - protestó desilusionado el alumno - ¿La vida vulgar y corriente de cada día? pero Maestro, es que yo en la vida de cada día, no encuentro la verdad por ningún lado.
- Es que ahí está la diferencia - contestó el maestro - en que unos la encuentran y otros no.



El discípulo no podía reprimir las ganas que tenía de contarle al Maestro el rumor que había oído en el mercado.
-Aguarda un minuto, dijo el Maestro. Lo que piensas contarnos ¿es verdad?
-No lo creo.
-¿Es útil?
-No, no lo es.
-¿Es divertido?
-No.
-Entonces, ¿por qué tenemos que oírlo?

-¿Sabes quién es la única persona que no habrá de abandonarte jamás en tu vida?
-¿Quién?
-Tú.
-¿Y sabes quién tiene la respuesta a cualquier pregunta que puedas hacerte?
-¿Quién?
-Tú
-¿Y puedes adivinar quién tiene la solución a todos y cada uno de tus problemas?
-Me rindo...
-Tú

lunes, 16 de noviembre de 2009

De competencia, productividad y personas

Los domingos suelo comprar 2 o 3 periódicos. Me paso un buen rato leyendo y comparando la información o la opinión – que cada día la prensa ofrece más opinión y menos información- con el fin de sacar luego mis propias conclusiones sobre lo leído. Me suelo dar una vuelta por las páginas «Salmón» para buscar pistas que me aclaren si el panorama económico va a mejorar o si por el contrario, lo tenemos crudo. En todos se habla de la salida de la recesión por parte de Alemania y Francia y la más que improbable recuperación y salida de la recesión a corto plazo de la economía española. En el suplemento de El Mundo, se les hace dos preguntas a una selección de 100 empresarios de grandes empresas. La primera de ellas dice ¿Cuál es a su juicio, el verdadero talón de Aquiles de la economía española? La segunda: proponga dos medidas o reformas concretas que ayudarán a España a salir de la recesión. La verdad, es que salvo excepciones, se mojan lo justo o barren para casa, lo que es lícito y normal. En cuanto a la primera pregunta, que es de la que voy a hablar, me ha llamado la atención que la mayoría habla de la falta de competitividad y de la insuficiente productividad de las empresas españolas, cuyas causas, para bastantes de ellos, pasan por la rigidez del mercado laboral, la excesiva dependencia de dos o tres sectores, la falta de diversificación.

No les falta razón. Ahora bien, a mí se me escapan unas cuantas cosas: Cuando están hablando de competitividad de qué estamos hablando exactamente: ¿De poder competir de tu a tu, con otros países europeos, Estados Unidos o los países de economías emergentes como India o China? Y en ¿qué exactamente? ¿En la industria textil?, ¿en la automovilística?, ¿la aeronáutica?, ¿la del calzado? ¿Somos capaces de fabricar a mejores costos, con una mejor calidad? Me temo que no. ¿Cuánto invertimos realmente en Investigación y desarrollo? ¿Cuánto en diferenciarnos? Poco ¿verdad? De esa manera ¿cómo vamos a ser competitivos?

Se habla de falta de productividad, pero, ¿ hasta donde queremos ser productivos? Es decir, ¿a qué estamos dispuestos a renunciar todos?, y cuando digo todos es todos: Desde los accionistas de las empresas, a sus directivos, desde las administraciones central, autonómica y local a los sindicatos y trabajadores; y ¿qué entendemos por productividad?: que la gente rebaje sus salarios, o que no vaya ni a mear; que se invierta con dinero - y no de palabra - en I+D, o que las facturas se paguen como mucho a 30 días y no a 90, 120, 180 o más; que se invierta en formación de calidad y no de trincones de la subvención ó que se sustituyan las personas por máquinas o personas que sean máquinas.

Luego está la otra parte claro, la de que aún siendo competitivo en precios, calidad, servicio etcétera, muchas veces no sirve de nada porque siempre habrá alguien que por esas charlas de café, comisiones jugosas, o viaje al caribe con la señora, optará por otra opción más acorde a sus intereses, que no a los de la empresa. Bueno, esto tampoco debería extrañarnos.

Y la diferenciación, la creatividad, el hacer cosas distintas, todavía está muy mal visto en este país, del que dirán o pasa tu primero que a mi me da la risa. El miedo y el pudor, en definitiva.

Y me fastidia, porque creo, que en todo este descontrol que tenemos entre unos y otros montado, hay gente con ideas, gente con una altísima preparación que trabaja un huevo y parte del otro, con una conciencia social que no se refleja en los balances de la compañías, pero que son los que están sosteniendo con su esfuerzo y solidaridad la economía y la esperanza de este país.

Y por ahí, me da la sensación que van los tiros, por dejar a estas personas que sean las que muevan esto, dejándolas hacer, dándolas tiempo y recursos y sobre todo, no parando e interfiriendo cada vez que tose cualquier mercado, aunque sea el de Kuala Lumpur.

No tenemos materia prima, no tenemos tecnología, no tenemos un modelo diversificado, no tenemos mucho de nada, pero si, tenemos mucho de materia gris que si aquí no se valora o no se puede comprar, habría que pensar en exportarla ya, y crear una marca, al igual que los franceses hicieron con sus vinos o los japoneses con su tecnología. Al menos venderíamos conocimiento y capital humano: Se aprendería a trabajar y entender a otros mercados, se reduciría el paro y podría ser una avanzadilla para implantarse en otros lugares.

No se trata de fortalecer al «enemigo» sino de permitir el desarrollo profesional de una persona sea aquí o en Pekín. Ganaremos todos.

viernes, 13 de noviembre de 2009

En cuatro minutos

Cuatro minutos. Es el tiempo que dura el video de hoy. Lo que pasa es que está duplicado, (no sé por qué) y parece que es más largo. Es un video que me enseñó hace tiempo la gente de la oficina. Pertenece a un proyecto colaborativo que se llama Combo de de BLU y David Ellis.

Hay dos cosas que me llamaron la atención de él. La tremenda creatividad que desprenden las imágenes, y el curro que hay detrás. Lo de la creatividad, creo que salta a la vista. Hay que tener mucha imaginación y talento para diseñar una acción, en la que dibujo, pintura y materiales se armonizan con la tecnología para asombrar al ojo. Pero lo que realmente me llamó la atención, fueron la cantidad de horas que sus autores tuvieron que echar para conseguir el resultado que podéis ver en las imágenes, teniendo en cuenta, que además, de pintar, tenían que cortar, pegar y editar. Seguramente, muchos meses de trabajo para cuatro minutos. Pero eran sus cuatro minutos.

Y en esos cuatro o dos minutos, o en ese instante, o cuando cambia la luna como dice mi amigo Cubelli, en esos momentos, son en los que hay que pensar cuando se trabaja en un proyecto, en una venta, en un libro, o en un sueño. Esos cuatros minutos que te recuerdan realmente ha merecido la pena dedicarle eso que llamamos tiempo.

Feliz fin de semana a todos

jueves, 12 de noviembre de 2009

Cine y Turismo (impacto en el desarrollo turístico)

Hacía tiempo que tenía ganas de tocar este tema. No me olvido de los de los negocios, pero hasta que no cambie el ordenador y me instale los programas para las presentaciones iré tocando otros. Esta serie que comienza hoy, con el impacto que tiene el cine en el desarrollo turístico tiene su origen en un curso de turismo.

Hace unos años fui invitado por la Universidad de Salamanca para participar como profesor del curso Turismo e imagen: Cine, turismo y viajes. Durante cinco horas expliqué a los alumnos las repercusiones que el Cine tiene en el Sector Turístico. La verdad es que preparar esas cinco horas de curso me llevó bastante tiempo: investigación, consultas, lecturas, estructurar la presentación, dotarla de contenido, medirla en tiempo, analizar si todo lo que iba a exponer era interesante e iba a captar la atención de la audiencia. A medida que iba trabajando en la preparación, me di cuenta que estaba tratando un tema apasionante y que daba para bastante más que cinco horas. Confieso que disfrute como un cochino hozando en un barrizal.

Cine y Turismo son dos negocios que maridan bien y tienen más relación de la que a priori se podría pensar. El nacimiento del Cine a finales del siglo XIX ofreció la posibilidad de acercar a un mayor número de personas, ciudades y lugares lejanos que hasta entonces sólo se sabía de ellos a través de relatos y fotografías. Por otro lado el turismo es una de las principales fuentes de ingresos de muchos países y la industria cinematográfica de alguna manera les puede beneficiar. Muchos turistas han sido influenciados por una película que han visto a la hora de decidir el destino de sus vacaciones. Este hecho no escapa a los gobiernos y a las organizaciones turísticas que ven en las películas un gran potencial como medio de promoción. Como consecuencia de ello, hay un creciente interés por parte de los promotores turísticos ya sean organismos oficiales o entidades privadas para incrementar su participación en la producción de películas. Es decir, ponen pasta gansa o dan facilidades. Aunque las películas no son producidas con el fin de inducir a la gente a visitar un destino, se ha constatado que este medio puede llevar al aumento del número de visitantes al tener el poder de crear, alterar y reforzar un destino turístico. Más o menos se podía considerar que los lugares o localizaciones en los que se desarrolla la película podrían ser una especie de «Product placement». Así, un localización determinada, un destino turístico, un hotel, un restaurante que aparezca en una película puede llevar al espectador a querer conocer mejor la cultura local o la forma de vida del lugar, o desear conocer los lugares en los que sucede la acción de primera mano, o conocer e interesarse por la historia del lugar o periodo histórico en el que se desarrolla la acción, también decantar la opción de viaje hacia el destino donde se ha filmado la película.

El caso más espectacular es el del Señor de los Anillos que fue rodado en Nueva Zelanda. Nueva Zelanda es un pequeño país de 4 millones de habitantes situado en el Pacífico Sur entre Ecuador y el Polo Sur. Históricamente hasta los años 70 su economía estaba basada en la cría de ovejas. En los años 80 hubo un cambio radical desde un punto de vista social, político y económico que coincide con un crecimiento en el número de películas y producciones de televisión que se filman allí. En el año 2008, el turismo suponía el 9% del producto interior bruto y, directa o indirectamente daba trabajo al 9% de la población. Los turistas contribuyen con un 14% del total de las exportaciones. Esto hace que el turismo sea la segunda fuente de ingresos de Nueva Zelanda.

El gobierno Neozelandés y la industria turística vieron una gran oportunidad de posicionar Nueva Zelanda como un fabuloso destino turístico e incrementar los ingresos maximizando el potencial del Señor de los Anillos. Los datos que manejaba el gobierno les llevó a afirmar que gran parte del aumento del número de visitantes se debía a que las películas habían tenido cierta influencia en la toma de decisión de viajes, sobre todo en los mercados americanos y canadienses. Una encuesta de 2003 arrojaba los siguientes resultados: el 38% de los australianos, el 52% de los británicos y el 62% de los americanos que habían visitado el país habían visto al menos una película de la trilogía. En esa misma encuesta el 9% aseguraba que el Señor de los Anillos había sido la principal razón para viajar al país, y el 86% de ese grupo afirmó que las localizaciones de la película habían sido las que más habían influido en la decisión a la hora de elegir el destino. Alrededor de todo esto se han creado y surgido negocios en los que el binomio cine – turismo ha funcionado a la perfección. Como por ejemplo:

El libro de las localizaciones de El Señor de los Anillos ha vendido más de 140.000 copias sólo en Australia y Nueva Zelanda.

Compañías charter que están invirtiendo en aviones para llevar a los turistas a lugares remotos como el río Wain.

Han surgido un número importante de Touroperadores especializados en El Señor de los Anillos que programan diferentes Tours y Paquetes.

Pero hay otras películas que han también han influido en el desarrollo de un destino turístico como:

El hombre de la pistola de oro: Cuando se filmó esta película de James Bond en Phuket, Thailandia, no se conocía apenas el lugar. Hoy es un importante destino turístico, (que se ha degradado  por cierto)

Memorias de África: En 1985 el turismo rondaba los 250.000 visitantes anuales. En 1987, un año después de su rodaje de Memorias de África 700.000 personas visitaron el País. El Gobierno de Kenia estimó que en el 2.000 se sobrepasaría el millón de visitantes: Esa cifra ha sido ya ampliamente superada (2.000.000 de visitantes en el 2008).

Cuatro bodas y un funeral: El hotel Crown en Amershan ha estado prácticamente lleno desde el estreno de la película. La habitación en la que Hugh Grant y Andie Macdowell pasan su primera noche juntos se reserva con años de antelación.

Nothing Hill: Los residentes de Nothing Hill han visto como sus casas han doblado el precio desde que Julia Roberts y Hugh Grant se enamoran en la película.

Cocodrilo Dundee: Tres años después del estreno de Cocodrilo Dundee el turismo en Australia se incremento en un 20%, principalmente Estado Unidenses que fueron atraidos por los paisajes que se muestran en la cinta.

Como observareis un negocio serio este del cine y del turismo. En próximos post iré contando más cosas. Hoy os dejo una presentación con música, de películas que han influido en los destinos y la industria turística. Seguro que vosotros tambien conoceis muchas.

Que tengáis buen jueves
<

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Mi amigo Rafa

Sé que está jodido, que nuestro Real Madrid le ha regalado esta noche una decepción más. Sólo han sido noventa minutos. Suficientes para que en ese ratito, la vehemencia, a la hora de hablar de fútbol, le haya cambiado su frecuencia y su carácter. Se le pasará pronto. Lo sé. Al final, le pasará como a mí, que el fútbol y el Real Madrid será su preocupación 7.214, o 7 si se trata de un derby o la copa de Europa: Siempre hay cosas más urgentes o importantes en la vida, salvo que uno sea un futbolero de pelotas (chiste fácil) o que sea parte de ese mundo, esa casi religión que tan bien explica Francisco Alcaide en su libro «Fútbol, fenómeno de fenómenos».

Los que venís a menudo a Soul Business ya lo conocéis. Casi siempre deja su comentario, de forma sosegada, tranquila; todo lo contrario a cuando habla de fútbol y del equipo blanco, que puede ser un huracán verbal. Pero ese Rafa, asoma poco. Quizá algunos domingos, días como hoy y algunas Copas de Europa de guardar.

El Rafa normal, el de todos los días, es aquel que un día empezó a escribir en su  blog  Pasaba por allí, en el que expresa y dice lo que es, lo que piensa y lo que será. Hace meses escribió su primer post, con el cual yo me siento identificado y seguro que muchos de los que leéis Soul Business también. Además esta escribiendo una novela en su blog, que desde mi punto de vista, es muy interesante. Os dejo su primer post y si queréis saber algo más de esa novela pulsad aquí.

Abrir el alma, de eso se trata.
Cuando decidí incorporarme a las personas que tienen un blog, de ello hace unos pocos días, era consciente de que la sinceridad debía ser una constante en mí deambular por este espacio. Siempre he considerado que escribir, y que alguien te lea, es romper una barrera. Soy tímido y reconozco que me da pudor hacerlo. Puestos a saltar esta barrera por qué no romper dos al mismo tiempo: me refiero a aquella que nos acerca más a los sentimientos, al alma: la poesía.
Hablemos de cosas inútiles:
del romper de las olas
en la playa,
del lejano sonido
de una campana,
de una puesta de sol
tras la montaña,
de hacer poesía
a media mañana,
o de entretenerme en leer
un poema de Walt Whitman,
él, que tenía mariposas
entre su canosa barba.

Hablemos, hablemos de cosas inútiles:
de amar, sin pedir
a cambio nada,
de buscar una sonrisa
en la profundidad del alma,
de salir contigo al aire
y luego regresar a casa,
de bebernos las noches
y reencontrarnos al alba,
de besar cada día
los rincones de tu cara,
de desnudarte en silencio
y amarnos bajo las sábanas.

Hablemos, hablemos de cosas inútiles
o tienes prisa
por ganar algo de plata.

Rompí con mi pudor, a partir de hoy será más fácil. Creo

Gracias Rafa por estos momentos que de vez en cuando nos regalas. Y alegra esa cara, Fútbol es Furgol como dicen los entendidos.

martes, 10 de noviembre de 2009

No gracias

El post de ayer trataba sobre la caída de los muros. De todos los comentarios, saqué unas cuentas conclusiones que me han llevado a escribir este post.

La primera de ellas, es que hay una conciencia colectiva (la muestra es pequeña, pero es la que hay y para mi suficiente) de que son muchos los muros que quedan por derribar. Es decir, que queda mucho trabajo por hacer. La segunda, que la gente está hasta el gorro de estos muros e intuye, más o menos donde está el origen de ello: se habla de ambición, sentimientos, negativos, intereses. Incluso, se apuntó que el origen estaba en nosotros mismos, en los muros de la mente y el corazón, o en el miedo y la falta de confianza. Creo que todos los planteamientos son válidos. La tercera conclusión que saco es que a pesar de no estar conformes con la situación, cada vez que cae un muro se abre una puerta a la esperanza.

Hasta aquí, todo normal, hay una conciencia y una consciencia de que las cosas deben cambiar, si queremos que este lugar en el que vivimos sea mejor.

Todo esto viene a cuento de unas reflexiones que hizo Josep Julian comentando en su blog La inteligencia de las emociones en el que apuntaba lo siguiente: «Quizá estemos a las puertas de un sincretismo religioso, cultural, tecnológico, económico y, si se dan todas esas circunstancias, político de una magnitud que ni siquiera somos capaces de imaginar». En otros comentarios hablaba de cambio radical, de cambio en los valores. No puedo estar más de acuerdo con ello y con él. De hecho, creo que ya lo he mencionado en algún post: Estamos asistiendo a un profundo cambio que será tan importante como lo fue en su día la Revolución Francesa. No se cómo habrá llegado Josep Julian a formular esas reflexiones, pero me alegra que coincidamos. Yo, por mi parte he llegado a ella a través de vosotros, a través de amigos, de desconocidos cuyas iniciativas derriban o abren muros. Y la muestra, en este caso, es muy grande. Grande, nada bullanguera y muy preparada. Preparada en todos los órdenes: económico, social, filosófico. Ya está en marcha. De forma individual y en conjunto.

No será una revolución violenta, no se utilizaran armas, ni se asaltarán palacios, ni se alistará ni se utilizará la masa, como en las revoluciones caducas. Se usará la palabra, las convicciones y todo el arsenal de los valores humanos que corrían peligro de perderse para siempre. El grito de guerra será «No gracias».

Pensaréis que se me ha ido la cabeza, que es utopía y que ni de coña: daos una vuelta por Internet, por iniciativas de profesionales que se están uniendo, por las nuevas empresas que están apareciendo con un modelo de negocio diferente a lo conocido en el que no todo vale, por proyectos solidarios que se están multiplicando etcétera. Yo me estoy haciendo revolucionario y el «No gracias», cada día lo utilizo más. Creo que funciona, y desde luego, yo estoy más feliz. Os dejo un video de la película Cyrano de Bergerac que resume en menos de dos minutos esta estrategia revolucionaria.




lunes, 9 de noviembre de 2009

Muros que faltan por caer

Se celebra hoy el 20 aniversario de la caída del muro de Berlín: Sin duda, fue uno de los acontecimientos más importantes del siglo XX en el que miles de alemanes recuperaron su libertad. En realidad, el Mundo, después de esa fecha fue un poco más libre o más justo, por lo que significaba esa división artificial de la  ciudad.

Un muro se puede construir por muchas razones. Para protegerse o defenderse de un posible enemigo, para delimitar espacios, dividir o separar personas, aislarse del resto del mundo, etcétera. Esto es así desde los orígenes de la humanidad. Los muros se construyen y se caen o los caen. Los reconstruyen y los destruyen. Se construían de piedra, de adobe, de hierro, de hormigón. No importaba la materia prima que se utilizara si con eso se conseguía uno de los objetivos citados arriba.

Ya hace 20 años que cayó el muro de Berlín, -¡Cómo pasa el tiempo, que de pronto son años! cantaba Silvio Rodríguez-. Y sí, ha pasado mucho tiempo; que no es malo. Lo malo es que no hayan caído muchos más muros en estos 20 años. Simples amagos, a lo sumo, provocados por intereses económicos. Eso es lo que me preocupa, que no vayan cayendo más. Soy conciente de que «Roma no se hizo en un día». Tampoco me he caído de un «Windows» y sé que para derribar algunos hace falta algo más que deseo y voluntad. Me refiero a esos muros que nacen de la ambición humana, de la política y del compadreo de los países más avanzados. Estos muros, como he dicho antes, se construirán y caerán, constantemente, como si de un bucle se tratase o un remake de la película del «Día de la marmota» en el que todos los días se vive la misma realidad.

Quedan muchos muros por caer; pero hay algunos que ya duran demasiado tiempo y no hemos sido capaces de hacerlos caer. Son aquellos muros que han sido construidos con lo peor de la naturaleza humana, muros de los que desconoces grosor, altura y longitud porque son invisibles al ojo humano, que no a su alma. Nos pasa como a Santo Tomás que si no lo vemos no lo creemos o lo ignoramos. O quizá es que no sepamos por donde empezar, o que los muros son infinitos y no podremos nunca derribarlos. A pesar de estar en el lado del mundo donde hay más recursos: Quedan muchos muros por derribar y a mi me gustaría poder celebrar no a los veinte años la caída de uno, sino no tener que celebrar nada porque no hay muros que derribar, como los de la pobreza, el hambre, el de las desigualdades sociales, del racismo, el del fanatismo religioso, el de la violencia… ¡tantos!

Sé que es utópico, que es necesario y que a mi me hace ilusión que vayan cayendo. Con esas tres premisas ¿cómo no voy a tener esperanza en ello? ¿Cómo no voy a aportar, aunque sea un poco para que caigan? Como dicen en mi pueblo «Torres más altas han caído»

Buena y esperanzadora semana.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Un ratito con Leo Harlem

oy toca viajar. Destino Oviedo. Esta vez me toca hacerlo con Leo Harlem. Leo va a actuar en una Convención, después de una cena. Durante el viaje hablaremos de esto y de lo otro, principalmente de fútbol, gastronomía, nuevos proyectos, y nuevas fechas de actuaciones. Iremos comentando como enfocar la actuación, qué textos pueden ser los más adecuados en función del perfil de la audiencia y cuales debemos evitar. Por decirlo, de alguna manera se crea un pequeño guión o línea, más o menos abierta que puede modificarse si las circunstancias lo exigen.

La verdad es que me lo paso bien cuando viajo con el y, además, me viene bien salir de la oficina de vez en cuando y comprobar en directo si las expectativas que tiene el cliente se cumplen. La pena, no poder disponer de tiempo para darse una vuelta por la capital del principado y tomarse unos «culines» de sidra. Otras veces, sí nos ha dado tiempo a pasear, conocer nuevos restaurantes e incluso descansar antes de la actuación. Pero lo habitual es que vayamos con el tiempo justo para probar sonido, disposición de sala y recopilar la información de última hora que nos proporcione el cliente. Aún así, aunque muchas veces sea una paliza, merece la pena. Y merece la pena por dos motivos: uno porque Leo es uno de esos tipos que hace reír aunque no esté actuando, y es muy buena gente y dos, porque los clientes se lo pasan estupendamente con él, con lo cual soy una persona bastante afortunada: Trabajo con buena gente y trabajo en un negocio en el que gran parte del mismo consiste en hacer reír y divertirse a la gente.

Cada carcajada, cada guiñó cómplice son soplos de energía que transmiten positivismo: Felicidad, en suma. Y en eso Leo es un maestro. Empieza a ser conocido ahora, pero lleva muchas muescas en el revolver como comentamos cuando terminamos una actuación más: y para mí (y no es pasión de amigo) probablemente sea uno de los mejores Cómicos de este país.

Así que de alguna manera, los que leáis este post, también pasaréis un ratito con Leo.

Os dejo un extracto de uno de sus monólogos, que en video pierden un poco, porque su directo es tremendo.

jueves, 5 de noviembre de 2009

De Casablanca y tonos de voz

Dicen los cinéfilos que la mejor forma de ver una película es hacerlo en Versión Original. No lo dudo, aunque Germán Gijón, que además de profesional de las ventas es doblador, podría decir mucho al respecto. De hecho, en España se encuentran algunos de los mejores dobladores debido a una antigua tradición por la cual siempre se han doblado las películas al español. Fuese el idioma que fuese. Esa quizá sea una de las razones de que en España no se hablen otros idiomas (especialmente el inglés) porque nos lo daban hecho y no había que esforzarse en aprender el idioma. Pero, el post no habla de cine, aunque el título pueda dar lugar a la confusión: el cine es un recurso para hablar de comunicación y, más concretamente, sobre los tonos de voz. Supongo que os habrá pasado - a lo mejor no, y el raro soy yo – que habéis visto antes a una persona, pero no la habéis oído hablar y os imagináis como es su tono de voz, o más bien se la ponéis. Más tarde cuando la oís hablar, no es que os llevéis una decepción, o sí, es que os habíais creado vuestra propia película mental sobre la voz, como si hubieseis querido moldearla a vuestros gustos y preferencias.

Es normal, la voz como atributo de una persona, puede llegar a ser para algunas personas, a la hora de valorar su atractivo tan importante como el color de los ojos o del pelo. Dependiendo de la entonación, la modulación, la dicción y la forma de expresarse, una misma persona puede infundir respeto, ser creíble, o dar risa. Todo depende del interlocutor y del medio y del entorno en que se hable. Un ejemplo muy claro lo tenemos en los anuncios o comerciales de televisión. Si os fijáis, dependiendo del tipo de producto y servicio que se anuncie y a quien vaya dirigido, aunque el locutor sea distinto, los tonos de voz son muy parecidos. Unas veces serios, otras estridentes, sensuales o provocativos. Y esto funciona. Se utilizan voces que seduzcan, que toleres bien, voces que tu cerebro pueda procesar de una forma amable, sin esfuerzo. A medida que se repiten, quedan grabadas en tu memoria y cualquier persona que tenga un tono parecido, decimos que tiene una voz bonita y somos más receptivos a ella.

Para ilustrarlo, os sugiero que veáis los dos videos que dejo. Pertenecen a dos fragmentos de la película Casablanca que supongo todos habréis visto. En el primero de ellos,

Uno de ellos, está realizado por un doblador locutor llamado Ricardo Aranda que he descubierto esta tarde buscando un fragmento de Casablanca en el que dobla una escena de la película en cuatro idiomas según él: español, mexicano, castellano y argentino. El resultado, no sé como definirlo, pero me he reído mucho, aunque no estaba viendo Casablanca: El otro, es el doblaje original al español de la película y ahí sí: era Casablanca.

¿Os pasa lo mismo a vosotros? ¿Influye el tono de voz en vuestra percepción? ¿Os provoca aceptación o rechazo, o sólo al principio?



miércoles, 4 de noviembre de 2009

El sentido de las cosas

El Maestro sufi contaba siempre una parábola al finalizar cada clase, pero los alumnos no siempre entendían el sentido de la misma...

- Maestro – lo encaró uno de ellos una tarde. Tú nos cuentas los cuentos pero no nos explicas su significado...

- Pido perdón por eso. – Se disculpó el maestro – Permíteme que en señal de reparación te convide con un rico durazno. 

- Gracias maestro.- respondió halagado el discípulo

- Quisiera, para agasajarte, pelarte tu durazno yo mismo. ¿Me permites?

- Sí. Muchas gracias – dijo el discípulo.

- ¿Te gustaría que, ya que tengo en mi mano un cuchillo, te lo corte en trozos para que te sea más cómodo?...

- Me encantaría... Pero no quisiera abusar de tu hospitalidad, maestro...

- No es un abuso si yo te lo ofrezco. Solo deseo complacerte...

- Permíteme que te lo mastique antes de dártelo...

- No maestro. ¡No me gustaría que hicieras eso! Se quejó, sorprendido el discípulo.

El maestro hizo una pausa y dijo:

- Si yo les explicara el sentido de cada cuento... sería como darles a comer una fruta masticada

Una de las cosas que más me gustan cuando paseo por los diferentes blogs que visito con regularidad es que sus autores me hacen reflexionar. Da lo mismo si tratan de cocina, de literatura, de viajes, de empresas, de ventas, de economía, de experiencias personales, de personas, de emociones o temas varios. De todos ellos extraigo enseñanzas que me hacen cavilar y mantener entrenado el cerebro. También las saco de los diferentes comentarios que dejáis en los blogs. Esas son algunas de las razones por las que merece la pena haberse metido en este mundo de palabras y confidencias, que es la blogosfera, además de todas las que conté en el post «Tres meses de Soul Business».

Pero a lo que iba, lo bueno de todo ello, de leer y ser leído, es que esas reflexiones te ayudan, como en el cuento, a dar sentido a las cosas, a tus cosas. De alguna manera, toda esa diversidad de ideas y de opiniones te va guiando, como si todas las personas que le dan al teclado hubiesen decidido echarte una mano para que comprendas mejor en que consiste esto de la vida: personas de ideologías y profesiones diversas, de edades e inquietudes diferentes: en definitiva, de realidades y experiencias heterogéneas.

Lo bueno de todo ello, insisto, es que tomas lo que quieres al estar todo expuesto, sin restricciones, sin más límites que el respeto. Los blogueros te pueden enseñar cosas, pero debe ser uno mismo el que las dé sentido, el que las adopte y adapte incorporándolas a sus conocimientos, el que las dé forma y busque su sentido.

Así que gracias por ayudarme a encontrar el sentido de las cosas, de mis cosas.


martes, 3 de noviembre de 2009

Soul Delhi: Mirando el mundo


En Delhi, en los barrios de blanco y gris con fondo negro, los hombres agonizan ahogados en un mar de súplicas que nadie escucha porque el ruido del tráfico oculta los lamentos de almas derrumbadas en las que reconoces las batallas de la vida. En Delhi, en las angostas callejuelas que no van a ninguna parte, famélicas figuras son prisioneras del hambre que se sacia en comedores de caridad: sentados en masa única, alzan los ojos hacia un cielo de cables que son serpentinas arrojadas desde las casas de la pobreza. En Delhi, en las calles que conducen a los bazares, las viudas mendigan indulgencia: son almas castigadas desde el día que el destino las parió mujeres. Ahora, vagan desnudas de sus ropas, de su dignidad, de sus hijos... En Delhi, en la Nueva, la Vieja, la Eterna Delhi, desde las desiguales azoteas se divisa un mundo de distancias insalvables; distancias de metros, de centímetros que sólo transfigurarán en el mundo de la reencarnación. En la Delhi colonial —la de los ingleses—, las puertas de Norteamérica son tentación hecha hamburguesa que desvanece, por minutos, una realidad de rostros desesperados. En la Delhi del gobierno no hay almas.

Pero en Delhi, en esta Delhi del caos, del dolor, de la angustia, de la multitudinaria soledad, de la miseria compartida... vuelan las sonrisas batidas por las alas del amor y la esperanza: sonrisas que al tocar los extenuados callejones, se transforman en remolinos de carcajadas. En Delhi, en esta Delhi de vidas agostadas en los pavimentos de la enfermedad, de la infección... los brazos amigos, brazos que no saben de castas, se agachan para levantar en un último intento de salvación, los cuerpos moribundos que Delhi asesinó en un arrebato de indiferencia. Es, en esta Delhi, de lo malo y lo peor, donde los niños juegan con cometas elaboradas con fibras del alma: cometas que se enredan, que se lían, que voltean, que se divierten, que se rompen, que se pierden y que desaparecen en el firmamento de la vida.

Caminar por Delhi es llegar a la esencia de una India que abrió sucursal en cada rincón de la ciudad. Perderse en Delhi es asomarse a nuestro interior. Vivir en Delhi es morir en su vida. Y a mí Delhi, me estaba «muriendo».

En Delhi, en mi Soul Delhi se escuchan las voces de negros que susurran canciones Soul: tonadas del alma.

El haber publicado un capítulo de Soul India hoy se debe a una razón muy especial. Hace unos días estuve leyendo el blog de María Teresa Trilla, Apuntes de viajes el cual no me cansaré de recomendar porque me parece muy bueno. Hubo un párrafo del post Por tierras bávaras que decía así: «Quizás aquel viaje fue el culpable de mi pasión creciente por recorrer mundo. Lo que sí es cierto es que allí se me abrieron de tal manera los ojos que aun no me he atrevido a cerrarlos y a partir de aquel mes de junio de hace ya 25 años se despertaron en mi una serie de inquietudes que alteraron significativamente mi escala de valores».

A mí me pasó un poco lo mismo con mi primer viaje a India. Hasta entonces había viajado mucho, pero creo que no sabía mirar bien, porque a veces me faltaba algo, como si no sacase todo el jugo al viaje. Después de pasearme casi cuarenta días por allí, como dice María Teresa se despertaron en mí una serie de inquietudes que afortunadamente han cambiado para siempre mi escala de valores. Así que hoy, este post va por ella, y por todas aquellas personas que disfrutan mirando el mundo.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Don Camilo y Peponne: clases de política

La verdad es que uno empieza a estar cansado, aburrido y, lo que es peor, bastante mosqueado con la clase política española. Cada día el debate político se parece más a un programa de esos en los que se escucha poco, se respeta menos y se pegan gritos mientras el ¿moderador? intenta poner orden en medio de tanto barullo. En mi opinión, cada vez tienen menos clase. Y es que se pierden las formas, las maneras y la educación. No se reconocen los errores, o se echa las culpas al Boogey, o se la calzan al más pringado, o insultan al rival para desviar la atención y que la opinión pública, o sea, nosotros, nos solidaricemos y creamos a pies juntillas todo lo que nos cuentan. Luego se fuman un puro y a esperar que escampe el temporal.

Supongo, y quiero creer, que hay políticos dignísimos y respetabilísimos que verdaderamente tienen vocación de servicio, que se esfuerzan por mejorar las condiciones de los ciudadanos, que trabajan para todos y cuya única ambición es conseguir un mundo mejor para la comunidad. Al contrario que otros, que sí creen en un mundo mejor, pero el suyo, el que se van montando gracias a la confianza de los electores que les votaron, como estamos viendo con más frecuencia de la que sería deseable: que aceptable no lo es.

No se que tiene el poder a esos niveles, que atonta un poco; que no es que cambie a las personas, es que a menudo las empeora. Uno va leyendo, encontrándose con algunos de ellos -que no se por qué parece que crecen cinco centímetros cuando les ves andar de pose, aunque se trate del ayudante del ayudante del subdelegado, cuya única preparación y méritos son tener carné y vínculos familiares con un dirigente del partido- y tiene la sensación de que si esos son los que nos van dar castañas o nos las van a sacar del fuego lo tenemos claro. Esto me parece muy triste y debe ser endémico porque ocurre en todos los países.

Como a cualquier ciudadano con sentido común, me gustaría que gobierno y «oposiciones» (que hay más de un partido con escaño e ideas diferentes) se pusieran de vez en cuando de acuerdo para trabajar en común y no sólo para salir en las fotos de los eventos deportivos y saraos varios.

A mí que se insulten o discutan casi me da lo mismo. Ya son mayorcitos para saber que con esas actitudes lo que único que están consiguiendo es desprestigiarse a sí mismos. Es su problema. Lo que no me da lo mismo es que desprestigien al país e insulten la inteligencia de sus ciudadanos. Eso lo llevo un poco mal, pero lo que de verdad me preocupa es que no rectifiquen.

No les vendría mal leer los libros que escribió Giovanni Guareschi sobre Don Camilo y Peponne, lecturas que me permito recomendar por divertidas, reflexivas, y edificantes. Si muchos políticos las leyesen aprenderían que si hay verdadera voluntad de servicio, ganas de trabajar, los problemas y las diferencias ideológicas se pueden aparcar.

Las historias que protagonizan estos dos personajes se sitúan en la posguerra italiana, un periodo especialmente complicado del país. Don Camilo, el párroco de un pequeño pueblo cerca del Po, representa a la conservadora y católica Italia. Peponne, el alcalde, al modelo revolucionario y comunista. Dos mundos enfrentados, dos formas de pensar y de hacer política (Don Camilo la hacía) que se refleja al leer las páginas de unos relatos, que además de divertidos están llenos de diálogos irónicos y reflexiones geniales.

Don Camilo y Peponne son dos rivales, dos adversarios. Se insultan, llegan a las manos en más de una ocasión, se hacen jugarretas, pero en el fondo se aprecian y aunque de cara a la galería estén enfrentados, se unen cuando los acontecimientos lo demandan, bien sea para construir un asilo o una escuela, bien para poner fin a una huelga, bien para evitar pérdidas de trabajo. Piden y consiguen para la comunidad, no para ellos. Parecen odiarse pero no pueden estar el uno sin el otro. Cada uno cree en lo suyo: uno en Dios y otro en Stalin, pero entre insulto e insulto, entre bravuconada y bravuconada se entregan a su mayor compromiso, que es la gente. Son dos tipos sencillos, algo brutos e inocentes, pero con un corazón tremendo.

No dudan en burlar la disciplina del partido y del poder eclesiástico, ni en enfrentarse a los terratenientes si con ello consiguen mejorar la vida de sus conciudadanos. Pueden ponerse zancadillas entre ellos, liarlas pardas, azuzar a sus partidarios, pero al final, su honestidad personal está fuera de toda duda y los habitantes de ese pequeño pueblo italiano les respetan por igual.

Algo que desgraciadamente no ocurre por estos lugares.

Si muchos políticos leyesen estas historias, sabrían cual es su verdadero papel en eso que se llama gestionar el destino de los ciudadanos. La cosa iría mejor.


Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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