viernes, 28 de mayo de 2010

¿Por qué me gusta viajar?


 Me gusta decir que viajar es simplemente vivir desplazado, y cuando digo vivir no estoy hablando de transitar por este “valle de lágrimas”. Se trata de algo  que para mi es más profundo: tener la oportunidad de explorar sensaciones, emociones, descubriendo a cada instante quien eres y ayudándote a dar sentido a tu vida.

Hable de alguna manera de ello en “El viaje, el mejor aprendizaje experiencial”. Todo esto viene a cuento de que hoy un amigo me preguntó por mi destino de este año y las razones de por qué me gustaba tanto viajar. Lo del destino, sin decidir, y el por qué, además de resumirle lo anterior, porque me gusta. El caso es que tenía pensado escribir sobre otro tema diferente, pero al final me he acordado de la pregunta de mi amigo y me he dicho, pues le voy a dar algunas más, que sé que suele leerme de vez en cuando. Y la mejor manera de hacerlo es tirar de las anotaciones de mis diarios de viajes que creo que explican mejor mis razones y mis por qués en los que están el amor, la belleza, la nostalgia, la compasión, los miedos, la alegría, la tristeza, las sonrisas, las lágrimas, el frío y el calor, las dudas, los aciertos y los errores, la energía y la desazón. En definitiva todo lo que fui, soy y seré.

Feliz Fin de semana

Un transbordador nos cambia de orilla. Los pasajeros están medio dormidos o dormidos  Los conductores de los autobuses bajan, charlan en voz baja y fuman con bocanadas largas. Huele a tabaco, frío y gasoil.  Me acerco a la borda, el mar está muy tranquilo. Ante mi, una oscuridad sentimental de luces lejanas y el ruido de un motor que se incorpora a la barcaza. Me miran ojos cansados, devuelvo miradas tranquilas.
Paseos Turcos – Viajando de noche a Esmirna desde Estambul


La tormenta ilumina el ala derecha del avión, y los pasajeros que se ven sacudidos por el vaivén de la tormenta, permanecen silenciosos temerosos e indefensos. Maleducados que se desparramaban en sus asientos se van convirtiendo en formalitos corderitos que permanecerán mudos hasta que la tormenta amaine. Recién casados de divorcio próximo e inevitable. Enamorados de por vida  que da gusto verlos, tipos de vuelta de todo, gente respetuosa con el ambiente y con el medio, tipos descolgados y futuro incierto que aún tienen curiosidad y yo, una mezcla de defectos y virtudes que se balancean consciente e inconscientemente entre los rayos, truenos y centellas, todos, nos vamos silenciando.

Más tarde, la calma y las estrellas. Es bonito sentirse cerca.  Verlas en un plano horizontal, envuelto en ellas. Le hacen sentir a uno que el alma está viva y de repente tienes las sensación de volver a la infancia porque quizá, las estrellas sean nostalgias de niños.
Días de ojos Rasgados – Tormenta volando hacia Bangkok



La pereza es mala compañera de viaje. Me levanto a duras penas a las 5 de la mañana, me acurruco, como si intentará evitar lo inevitable. Próximo destino, Palmira. Hay momentos en los que te gustaría seguir durmiendo. Saboreando ese regusto  que dejan los sueños bonitos, esos instantes en los que por una vez te hubiesen gustado que fuesen verdad y que con el tiempo no serán ni recuerdos. El dolor del cuerpo no puede con la claridad del alma y finalmente me levanto. Me pregunto también cómo irá el día, si tendré que replanificar el viaje una vez allí o, si por el contrario, seguiré la ruta prevista.  Negocio el precio de un taxi hasta la estación de Harastra, situada a unos 7 km del centro de Damasco, aunque más bien son ellos los que negocian conmigo
Agua, arena y piedra – Madrugando para viajar a Palmira


El restaurante es amplio, tenue,  rectangular como las desgastadas mesas sobre las que han pasado mil húmedos trapos. Sobre la mesa, los camareros extienden una hoja que podría ser, o no, de banano a modo de mantel y plato sobre el que depositan dosas, comida a montoncitos que es mezclada, devorada y eructada con  urgencia. Los comensales apenas hablan o levantan la mirada. Al finalizar se dirigen a un pequeño lavabo, pagan y se van. 

Un anciano vestido con un dothi de cuadros azules y camisa celeste mil veces lavada a juego y chanclas de varios números más, se arrastra por la sala, rellenando los vasos de metal, sirviendo agua de una jarra metálica. Sobre su bigote blanco lleva el cansancio de la vida.  Los comensales que apenas intercambian palabra, le apremian con gestos groseros.  Va escanciando cada vaso de forma parsimoniosa, recreándose en cada vertido,  como si intuyese que ya le queda poco y en realidad, pienso,  lo que escancia es su propia derrota,  la de su vida, o al menos eso es lo que parece decirme cuando al querer servirme agua,  cruzamos las miradas y me sonríe de forma cercana y humilde como quitando importancia al desprecio con el que segundo antes fue tratado.
Surindia – Desayuno en Kumbakonan



 
El hombre lucía un sombrero de paja tipo Panamá que le confería un tono distinguido. Vestía una camisa blanca y un pantalón color crema que le llegaba a las rodillas. Parecía merodear al borde de unas gradas que se elevaban hasta la puerta de una iglesia. En los primeros peldaños, un grupo de mujeres morenas, de pelo negro trenzado vestidas a la manera indígena, permanecían sentadas rodeadas de flores, bultos o sacas. En los escalones superiores, desparramados y difuminados por un humo que ascendía en ziz zag, varios hombres sentados de forma relajada en grupito o individualmente, pero ausentes unos de otros, completaban una estampa en la que intensos ocres y luz saturada sugerían una próxima puesta de sol.

Recuerdo haber visto muchas veces esa foto en un libro. Siempre me quedaba embobado observándola. El pie de foto decía Chichicastenango. No era la típica foto que atraviesas con los ojos y la olvidas. Había algo en ella que te fijaba la mirada, que traspasaba el papel irradiando una energía que se apoderaba por unos instantes de cuerpo y mente trasladándote a una dimensión donde se entrecruzaban los deseos, el temor y la curiosidad. Al principio no sabía donde ubicar esa población en un mapa; creía que pertenecía al norte de México. Su sonoro nombre y las fabulaciones que yo inventaba con la instantánea, hacían que Chichicastenango se me antojara como un lugar mágico donde algún día, en esas mismas escaleras, me sentaría a hacer no se qué muy bien, pero con la certeza de que ello me produciría una enorme deleite.
Los Sueños Perdidos - Chichicastenago

Otro día más


7 comentarios:

Katy dijo...

A mi también me gusta viajar,. Es como leer libros con imágenes. Palpar, tocar el corazón de las gentes con la mirada.
Soy como soy gracias a lo que he viajado. Bello relato. Me has recordado algunos de mis viajes, En Esmirna viví una de las tormentas más grande de truenos y relámpagos. Palmira, por la tarde la luz del sol pintando de dorado las ruinas...
Me ha encantado viajar contigo y con tus recuerdos.
Un beso y buen finde

JLMON dijo...

Hola Fernando
No creo que llego a tu dominio del arte de viajar, pero me acerco un poco...para mi viajar es, efectivamente, vivir... Desde joven, cada vez menos, en algún momento, me monto en el coche o en un tren y marcho, sin más, el destino ya se irá construyendo...
Cuidate

María dijo...

Viajando se aprende mucho, es conocer de cerca otras culturas, lugares, personas, para después compararlos con otros, aunque cada lugar tiene suu encanto.

A mí me gusta viajar, pero no siempre se puede, y ahora mucho menos, debido a mi situación económica por encontrarme en paro, por eso me tengo que conformar con poder respirar.

Un beso.

Fernando López Fernández dijo...

Hola Katy:

Así es, viajar como dices, es leer un libro con imágenes. recuerdo especialmente los atardeceres de Palmira y luego, pasear de noche cerrada entre las ruinas. Una sensación indescriptible.
Un beso y feliz fin de

Fernando López Fernández dijo...

Hola José Luis:

Estoy convencido de que dominas el arte de viajar perfectamente. De hecho, el decir que el destino ya se ira construyendo es una prueba de ello.
Un abrazo y feliz fin de .

Fernando López Fernández dijo...

Hola María:

Viajar es aprendizaje. No importa si el destino es lejos o está a la vuelta de la esquina. Deseo que pronto salgas de la situación de paro y puedas disfrutar como seguro que lo haces, del viaje.

Un beso fuerte y ánimo

Rafael Arenas García dijo...

Apreciado Fernando, he utilizado tu foto de Palmira para ilustrar una entrada en mi blog (te paso el link: http://impresionesrimadas.blogspot.com.es/2015/05/palmira.html). Es un blog con muy pocas visitas y sin ánimo lucrativo, pero si prefieres que no utilice la foto indícamelo y la retiro de inmediato.
Interesante tu blog, me alegro de haberlo encontrado. Saludos.

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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