viernes, 29 de enero de 2010

Comentarios y frases para compartir II

Seguimos con los comentarios y frases para compartir. Seguimos yendo para atrás. Voy leyendo y no puedo evitar sonreír. Lo hago, porque casi me da por hacer trampas y seleccionar uno más por post o a me dan ganas de unir todos los comentarios y hacer de ellos un post, como si fuese un puzzle en el que cada uno me habéis regalado una pieza y yo sólo la debo colocar: todo se andará. Me sonrío, al observar cómo matizáis, reflexionáis, intercambiáis e interactuáis con otros comentaristas y me sonrío porque, que lo hagáis aquí, como dice el rey Juan Carlos, me llena de orgullo y satisfacción…

Es entonces, cuando sé, que todo esto merece la pena.

Feliz fin de semana

En muchas ocasiones la indecisión no responde tanto a duda como a cobardía. Dudar entre vivir en el área de la seguridad o la del riesgo es una opción. Apostar por un cambio es una decisión.


La música es el idioma más universal que existe... desde que nacemos.


Creo firmemente que muchas veces es mejor afianzar una posición sobre un nicho de mercado, producto o cliente, que intentar abarcar otros aspectos que pueden llevar a efectos indeseados.


Seguro que en las pequeñas cosas, en las más cotidianas están esas buenas noticias que necesitamos.


No se si matará el Twitter a los blogs, (aunque particularmente yo si he notado el bajón), pero yo como que en 140 caracteres no expreso bien las cosas ;-)


A mí la Navidad no me apasiona...Eso sí, hay algo que me emociona año tras año: Ver las caritas ilusionadas de los niños.


Vivimos en un mundo confuso y en tiempos convulsos, justamente por eso es bueno que seamos proactivos, solidarios y armemos nuestras redes sociales, para no sufrir de marasmo



miércoles, 27 de enero de 2010

Comentarios y frases para compartir I

Extractos de comentarios, frases y reflexiones que dejáis por aquí. Estas corresponden a los últimos 7 posts. He seleccionado uno por día, uno por persona y uno según leía. Ni mejores ni peores. Interesantes todos. Esto es lo que yo llamo compartir y otros llaman 2.0. En definitiva, lo mismo, porque es igual de enriquecedor. Es como un Retweet, pero en versión doméstica y sin ajustarse a 140 caracteres. Todas, desde mi punto de vista, son para darle una pensada. Otro día más que cada uno de los que venís, dejáis muchas interesantes cosas para compartir.

Feliz miércoles

Uno, dos o tres "te quieros" diarios, de la gente que verdaderamente me importa, atados a un "ser consecuente de mis actos"


La ilusión y la ambición son las condiciones esenciales para ponerse en marcha.


Para ser felices es necesario disfrutar de los pequeños momentos y estar al lado de los demás, ofreciendo, compartiendo...


Poquísimo tiempo o toda una eternidad. Eso es lo que pueden ser 7 segundos. La clave está en que debemos decidir y a veces acertamos y a veces no. Pero la vida sigue. Seguro que habría sido distinta pero... ¿Y qué?


A veces la gente se agobia en exceso por asuntos que no tienen tanta importancia, y este mismo agobio impide razonar con claridad y afrontarlas adecuadamente, con lo cual se pueden convertir en un problema mayor, en una especie de profecía autocumplida.


El ilusionismo se llama así porque es "ilusionar", y la ilusión es el motor de la vida.


Voy con prisa, con prisa buena


Habrá más

martes, 26 de enero de 2010

Perspectiva y distancia (velocidad y tocino)




México DF. Siete y pico de la tarde de un día de febrero. Iba sentado en la parte de atrás de un coche que durante varios días me había acompañado y escoltado por la capital mejicana. Me dirigía al aeropuerto, atascado en el sudor de humo de unos coches que luchaban, inútiles, por llegar no sé donde, pero seguro que tarde. Regresaba a España triste, muy triste.

Adoro México: por muchas razones. Una de ellas es porque allí la vida se vive intensamente, como si cada instante, para bien y para mal, fueran el último y las medias tintas, no se ven ni en los talleres de impresión de libros (México siempre ha tenido magníficas editoriales). Otra de las razones por las que me gusta es por su gente, que, hijos de puta o de la gran chingada aparte, es maravillosa y bastante respetuosa en todos los sentidos. Y por muchas más que ya iré contando por aquí.

Adoro México. Pero no, no me iba triste por eso. Me iba triste debido a una metedura de pata; un error de esos que se cometen cuando diriges personas; un error de esos que los directivos cometen, cometemos todos los días. Os cuento la escena.

Hall del hotel Marquis Reforma. Final de un viaje de incentivo. Quedaba la cena de gala y para casa. Yo, un día antes del final, debido a que tres días después volaba a otro punto de Europa o de la Península, (que ya no recuerdo),  a servir y cuidar a otros clientes.

México, había sido durito: desde la compra de plata y «colorao» (oro para los que no han trabajado con el hampa) en Taxco y  en un tugurio cercano al Zócalo en el DF un mes antes, al asalto y robo de joyas, dinero y artículos personales en las habitaciones de nuestros clientes. Mi amiga Sara y mi amiga Lourdes (de las cuales os he hablado aquí) formaban junto a otras (de la cuales no he hablado) parte del equipo que desplazamos a México.

A pesar de lo durito, como decía, el viaje estaba siendo un éxito. En ese hall, quince minutos antes de irme, varios clientes, Lourdes, alguien más del equipo y yo conversábamos sobre viajes, familia etcétera. No sé qué paso, que Lourdes, en un momento, con la confianza de estar entre amigos, hizo un comentario jocoso, pero sin mala intención sobre mi persona (yo era el jefe) que es posible que estuviese fuera de lugar, pero tampoco como para que, reaccionase como lo hice: que no fue ni más ni menos que soltar una mirada y un contestación de esas que humillan y destruyen los buenos momentos. Unas palabras de esas que acuchillan el alma.

La última imagen que tuve de ella antes de ir al aeropuerto fue su huida a los lavabos a llorar. Yo, inflexible, digno y gilipollas le dije al chofer «en quince minutos nos vemos abajo».  Imaginad las caras de los clientes, del equipo y de un empleado del hotel que pasaba por allí.

Iba camino del aeropuerto. Mi chofer, del que no recuerdo el nombre, aunque sé que empezaba por J, callaba, pero me decía muchas cosas con sus gestos por el retrovisor. Entre el caos, los bocinazos y las luces de unos rascacielos que parecían hablar, se conseguía escuchar la música de la película La Letra Escarlata,  que produjo un efecto de desazón todavía mayor en mi persona.

Confieso que fue uno de los peores momentos de mi vida laboral. Cegado por el éxito, traté con una soberbia, con ese desprecio fácil que utilizan aquellos que tienen poder, a una persona que se había dejado el alma en su trabajo. Por ese pequeño «error» hice sentir mal a alguien que todavía tenía mucho trabajo por delante: Es decir, un desmotivador nato. Fui tan estúpido, no por dejar sólos a mi equipo, que sabían que me iba: fui tan torpe de bajarles la moral, porque a un grupo si le das en la línea de flotación lo puedes hundir. Y cuando se trabaja «en directo» es lo peor que se puede hacer.

Me dieron ganas de dar la vuelta, casi de perder el vuelo, de llamar por teléfono para pedir perdón; pero en esa época los móviles, los celulares existían poco. Llegué al aeropuerto. Triste. La sala Vip y la clase Business, ese día me importaban una mierda (con perdón y sin perdón). Había fallado no sólo a mi gente. Me había fallado a mi mismo.

Con este pequeño relato quiero, ilustrar alguno de los grandes errores que cometemos aquellos que tenemos que dirigir equipos. En ocasiones no somos capaces de ver las cosas adecuadamente por una ofuscación de la mente, lo que nos lleva a confundir perspectiva (que es mirar en varias dimensiones y desde diferentes puntos) con distancia (que es mirar las cosas con alejamiento). Mi reacción con Lourdes fue alimentada por la distancia que la soberbia puede marcar en  las relaciones entre jefe y subordinado. Algo que es muy peligroso en las organizaciones y seguro que nada bueno. Confundí perspectiva con distancia, como se confunde la velocidad con el tocino. Hice cosas que no deben hacerse como es recriminar o abroncar a un empleado en público. Provoqué un problema de desmotivación y me fui sin dejarlo solucionado. Un "tres en uno" de estupidez.

Me equivoque. Uno de los miles de errores que he cometido, uno más entre los que cometeré; que hoy os cuento y os contaré.

PD – Afortunadamente, el tiempo curó la herida. Para vuestra información Lourdes y yo nos conocemos hará unos 20 años. Hemos trabajado juntos en cuatro empresas diferentes y lo seguimos haciendo: lo que, de alguna manera, dice mucho a favor de Lourdes por aguantarme y perdonarme mis errores

Feliz  martes

lunes, 25 de enero de 2010

De Quevedo, poesía y empresas

El otro día me encontraba intentando reorganizar los libros que tengo. En el último año he adoptado bastantes, posiblemente más de los que pueda leer, de las más diversas materias, pero ninguno de los que se pueden clasificar como de los ¿cómos?, (perdón por el chiste fácil pero no iba a ponerme a buscar un sinónimo), que son libros que dejaron hace tiempo de pertenecer mi librería y para literatura fantástica prefiero otras opciones: me refiero a libros del tipo ¿Cómo ser millonario? ¿Cómo alcanzar la felicidad en tres pasos? ¿Cómo aprender inglés mientras te tomas un café? y cosas así. Pero me despisto. El caso es que, al final, pones todo patas arriba para nada, porque o lo vuelves a dejar como estaba o lo has desorganizado más. Bueno, para nada no, porque en ese desbarajuste y caos que organizas, puede pasar, que de repente, uno de esos libros que aprisionaste entre otros, vuelva a aparecer, aunque sólo sea de forma temporal, en tu vida. El otro día me pasó con uno de poesía de Quevedo: ese tipo que a pesar de sus lentes leía al ser humano en general y a los españoles en particular de una forma admirable.

En un descansito estuve leyendo varios de sus poemas y me pareció que podían dar mucho juego para escribir un post. No desde el punto de vista literario ni como comentario de texto, que para eso hay gente mucho más preparada y sabia: parafraseando al Licenciado Vidriera: «No soy tan necio para dar en crítico literario malo, ni tan venturoso que haya merecido serlo bueno». El juego, al igual que ocurre con el cine, la música, o la publicidad, lo puede dar en otros sentidos. Por ejemplo, el empresarial. Es lo que voy a hacer hoy.

Nos pasamos mucho tiempo buscando respuestas a lo que nosotros interpretamos como nuevas preguntas cuando en realidad son las mismas preguntas con las mismas respuestas. Lo único que cambia es el contexto, pero debemos saber que cualquier cosa pasada no es que fuese mejor: es que fue. La lista es interminable y fijándonos en las malas, (que en la buenas, por eso de la absurda creencia de que eso debería ser lo normal, y nunca nos preguntamos el por qué pasan, o nos atribuimos todo el mérito) como la crisis económica, desgracias naturales, revoluciones sangrientas, guerras y tiranías varias ha sido así. Supongo que será una cuestión de ciclos.

Quevedo escribió esta poesía cuando el Imperio español (o lo que fuese eso) se estaba yendo al carajo. De alguna manera, como cronista de la época, que en esa época no se habían inventado ni el Pais, El Mundo, La Vanguardia, o el Marca lo que estaba haciendo era denunciar una situación de dejadez, de cansancio que inexorablemente llevaba a la muerte.

Esto les ocurre a muchas empresas que envejecen y se cansan, perdiendo toda la energía e ilusión que les hizo fuertes y por quien caduca ya su valentía. Ese cansancio se puede transmitir como un virus y afectar a otras empresas y personas que acelerarán el proceso originando un desanimo general que puede hacer baldío cualquier intento de abonar el terreno en el que crezcan nuevos brotes (los de hace unos meses no sabemos si están bien, se congelaron o eran hierbajos) y mejore la situación.

Pero lo peor de todo esto, es que le pueda llegar a afectar a uno y quede vencido para siempre. El poema, que rima sobre como las cosas avisan de la muerte, es triste, no porque avise de la muerte, que ese si es un hecho científicamente demostrado e inevitable. Sino, porque es un poema que habla también de la falta de ilusión. Y eso, insisto, es lo peor, que le puede pasar a las empresas, al país y a nosotros mismos.

Creo que es bueno leer el pasado para encontrar respuestas al futuro.

Enseña como las cosas avisan de la muerte

Miré los muros de la patria mía,

si un tiempo fuertes ya desmoronados

de la carrera de la edad cansados

por quien caduca ya su valentía.


Salime al campo: vi que el sol bebía

los arroyos del hielo desatados,

y del monte quejosos los ganados

que con sombras hurtó su luz al día.


Entré en mi casa: vi que amancillada

de anciana habitación era despojos,

mi báculo más corvo y menos fuerte.


Vencida de la edad sentí mi espada,

y no hallé cosa en que poner los ojos

que no fuese recuerdo de la muerte.


PD - Debo darle las gracias a Myr, porque en realidad, la idea,creo, no surgió de ordenar libros sino de la maravillosa serie de posts sobre El Quijote (que os recomiendo porque son geniales).

Feliz semana

viernes, 22 de enero de 2010

La otra cara de la felicidad

He coincidido esta tarde con Francisco Alcaide en la presentación del libro 1010 consejos para emprendedores de Javier Fernández Aguado, del cual os habló Francisco en días pasados. Un placer, como siempre, haber charlado con él unos minutos de esto y aquello. Le comentaba que no sabía si iba a tener tiempo de escribir el post de hoy porque los suelo escribir a partir de las diez de la noche, y hay días en los que no vienen las musas ni se las esperan. Tampoco suelo programarlos, ni tengo tanto «fondo de armario» escrito como para publicar: todo lo más, retales, bocetos e ideas aisladas que necesitan un paso por el taller del pensamiento para su puesta a punto. Además, suelo ser bastante anárquico y puedo cambiar el tercio y el tema a tratar en cuestión de segundos. Un lío; pero divertido. Dicho esto, entramos en materia.

En esta semana he escuchado mucho la palabra felicidad que se podría definir no sólo como un estado, sino como la riqueza más deseada por el ser humano que no se compra con dinero sino que depende de uno mismo alcanzarla. Hoy, sin ir más lejos, (que iremos) Javier Fernández Aguado venía a decir que para realizar el trabajo que te gustaría hacer debías pensar en aquel que lo harías gratis, es decir, el que te haría feliz. Pues bien, enlazando con esto (yendo más lejos), ayer me estuve conversando unas cervezas con mi amiga Sara. Me contaba su caso. Después de estar en el paro una temporada, le surgió la oportunidad de trabajar unas horas al día para una Fundación benéfica, para llevar temas de Comunicación. El sueldo, hablando en plata, «una mierda», (reconocido por la Fundación), pero es lo que había y ella aceptó con gusto esa remuneración que ni de lejos se acercaba a la de sus anteriores trabajos. Después de varios meses, la ampliaron el horario (aunque ella ya lo había hecho de forma voluntaria) y el sueldo, que sigue siendo muy bajo para la responsabilidad y tareas a realizar. Justo en ese momento, le surgió otra oportunidad laboral, que multiplicaba varias veces el salario, «la importancia» de la labor. Un curro de esos en los que hay proyección, oportunidades etcétera. Lo ha rechazado ¿La razón? Está dando sentido a su trabajo, tiene un fin y, además, con su labor está ayudando a que miles de discapacitados tengan visibilidad en un mundo que sólo se acuerda de los más desafortunados cuando sus tragedias salen en telediario.

Me lo contaba sonriente, y sus ojos lo certificaban. La han llamado tonta, loca, pero ella está descubriendo la otra cara de la felicidad, la que no sólo busca la suya, sino la de los demás y esto, creo que es muy importante, porque dentro de ese egoísmo innato con el que nacemos en busca de la felicidad y alimentamos con el tiempo, no nos damos cuenta que uno de las premisas que puede llevar a ella, es que «todo lo que no se da se pierde»,una frase que Pedja tiene en el blog «Allá en el faro del fin del mundo» Y si no das felicidad la perderás.

Pero vamos más lejos, unos días atrás: Katy en su blog «Tocando otros palillos» nos hablaba del Primer Congreso Internacional de la Felicidad en la que los congresistas habían llegado a la conclusión que esta era más fácil alcanzarla a partir de los cuarenta años. Yo no sé si esto es cierto del todo o si simplemente era el resultado de acumular experiencias como le comentaba a Katy. Lo que si creo, es que la otra cara de la felicidad, la que buscamos para otros, es la que alimenta la otra: la de uno mismo.

La vida está llena de pequeños detalles que ofrecen esta otra cara de la felicidad. La que pasa desapercibida para quien sólo cree que buscando la suya la alcanzará. Fijaos en la madre que abraza a su hijo y éste besa a su madre, fijaos en los que ayudan voluntariamente y se sacrifican por los demás, fijaos en el efecto que produce en vosotros que os quieran, fijaos en cómo os sentís cuando os preocupáis por los demás y éstos lo aprecian, fijaos en todo aquello que dais y observad la otra cara de la felicidad. Fijaos en todo eso y ese viaje a la felicidad se hará más placentero. Y esto es aplicable al mundo empresarial, al de los viajes y al de las cosas que me interesan que es de lo que va este blog.

Os dejo un video que lo resume perfectamente

Feliz fin de semana

miércoles, 20 de enero de 2010

Seven Seconds

Es el título de una canción de Yuossu N’Dour. La primera vez que la escuché tenía más pelo, bastante menos barriga y los sueños eran distintos: quizá más urgentes; ni mejores ni peores. Ya digo, urgentes.

Me gusta esta canción, y se que me gusta porque después de tanto tiempo me sigue gustando y no me «arrepiento» de ella. Es decir, la escuchó en CD (esto suena antiguo), la llevo en mi MP3 (que para mi se sigue llamando así eso de los «casquitos»), o la escucho en una lista de reproducción de las que de vez en cuando programo para trabajar o escribir. Es una canción en «guiri»; o sea tres idiomas de los cuales conozco – de oídas o por haber estudiado algo – dos, pero no con la desenvoltura suficiente para decir que los domino, como muchos conocidos que me dicen que ellos «se desayunan con la BBC» y lo entienden sin subtítulo.

Pero a lo que iba. Indagué sobre la letra de la canción y venía a decir más o menos, según mi interpretación, que son siete segundos los que determinan el destino. No por el color de piel con el que se nace, que eso sigue siendo así, sino por ese espacio de tiempo en el que, como dice la canción, no se tiene «concepto», de la que se avecina o se tienen certezas absurdas o deseos (llamados ilusión), o segundos en los que hay una vacío en el cual no se produce, aparentemente, absolutamente nada. Creo que no es así. Todo eso, determina nuestros próximos pasos. Pueden ser uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis o siete segundos (que lo de contar hasta diez es otro nivel), pero en esos instantes decidimos, se decide o nos deciden todo.

Pensad en vuestra propia experiencia.

Siete segundos para estar o no en el sitio adecuado


Siete segundos para haber dicho u omitido lo que pensábamos


Siete segundos para ser o parecer


Siete segundos para aventurarnos o refugiarnos


Siete segundos para «arriesgar» o «asegurar»


Siete segundos para reaccionar o reflexionar


Siete segundos… no es sólo tiempo.

Siete segundos pueden ser, o no ser, el resto de tu vida: tal como la soñaste; tal como la quieres ahora.

Buen miércoles.

martes, 19 de enero de 2010

Somos lo que somos



Un aspirante espiritual recorrió enormes distancias para finalmente encontrar a un maestro que vivía en una densa jungla. Se presentó ante el maestro y le rogó:

—Por favor, venerable anciano, ruego de vuestra iluminada bondad que me instruyas espiritualmente. El maestro le pidió:

—Ve allí donde puedas recibir los rayos del sol y dime si se proyecta tu sombra contra el suelo.

El discípulo hubo de caminar durante varias horas para salir del espeso bosque y poder recibir los rayos solares. Vio, obviamente, cómo la sombra de su cuerpo se reflejaba en el suelo. Luego regresó ante el maestro, y entonces éste le dijo:

—Desnúdate. Ahora ve y cuéntame si tu cuerpo proyecta su sombra expuesto a los rayos del sol.

Tras varias horas de caminata, el discípulo halló un claro y recibió los rayos del sol. Después regresó junto al anciano, que le preguntó:

—Desnudo, ¿también has proyectado sombra? —Claro, señor, así ha sido.

El maestro le dijo:

—De igual modo que vestido o desnudo proyectas la sombra de tu cuerpo en cualquier lugar, situación o circunstancia, tú eres el testigo. Descubre quién es el testigo y habrás empezado a descubrir quién eres tú. Persevera. Más allá de la sombra está tu cuerpo; más allá de tu cuerpo, está tu mente; más allá de tu mente, está tu testigo... Descubre qué está más allá del testigo.

Agradecido, el discípulo iba a volver a su hogar. Cuando se estaba alejando, el maestro le dijo:

—iAh!, y recuerda que del mismo modo que tu cuerpo proyecta su sombra vestido o desnudo, las cosas son tal cual son sin importar que las vivas sereno o perturbado.

¿Está claro no?

PD – Esta historia la encontré hoy, mientras preparaba una migración de archivos, en ese cajón de sastre donde guardas las cosas que no envías a la papelera de reciclaje porque sabes que te servirán para el futuro; para un futuro como hoy.

Un estupendo martes para todos.

lunes, 18 de enero de 2010

Existe la magia

Un blog puede servir y utilizarse para muchas cosas. Una de ellas es agradecer a alguien que pasa por tu vida lo que te aporta a tu existencia. Puede tratarse de un ser querido, de un amigo, un bloguero que deja escritas sus reflexiones o un desconocido que te recomienda un artículo, que veas un video o que, generosamente, entrega y comparte todo su trabajo. También, a su vez, un blog sirve para recomendar algo o a alguien. Y esto es lo que voy a hacer hoy.

Ya os hablé de él en «El arte de la magia, el alma de la magia». Se trata de Jorge Blass, uno de los mejores magos y/o ilusionistas que podemos encontrar en España. Aunque para mí, además de eso, Jorge es un constructor de sueños, uno de esos tipos que van llenando la vida de sonrisas y de ilusión. Esto no se debe exclusivamente a su profesión, sino a su forma de relacionarse con el mundo. Jorge, es una persona de esas que devuelve a la sociedad mucho de lo que le dio, colabora no sólo, en numerosas acciones solidarias a través de la Fundación Abracadabra de la que es patrono, como podéis observar en este magnífico video, sino también por su forma de ayudar a que otros alcancen su camino como es el caso de otros artistas, a los que por decirlo, de alguna manera, les da cuartelillo y gracias a él, hemos conocido y podido contratar, lo que demuestra una gran generosidad porque no es muy habitual en el mundo artístico.


Pero a lo que iba. Hoy quiero, no sólo agradecer a Jorge toda la colaboración que nos presta en este mundo de los eventos donde me muevo. Quiero recomendar su nuevo espectáculo (Existe la Magia) que se representará en Madrid del 20 de enero al 14 de febrero en el Teatro Apolo. Y lo hago por varios motivos: Uno porque, relaciones profesionales aparte, lo considero mi amigo: dos porque conociendo el rigor y la profesionalidad con la que prepara cada uno de sus espectáculos nos asombrará: tres, por el exquisito gusto musical que acompaña cada una de sus números: cuatro, porque me han soplado que estará lleno de sorpresas; quinto porque me mola el equipo (Davo, Diego, Iván y muchos más…) de Jorge Blass y da gusto trabajar con ellos y sexto y lo más importante de todo, porque Existe la Magia y me gustaría que pudieseis comprobarlo.

Os dejo la promo de un espectáculo que tiene muy buena pinta.
Feliz semana

viernes, 15 de enero de 2010

Arlequín


Para acabar esta semana tan reflexiva que he tenido, y como no se me ocurría nada para escribir hoy y voy pillado de tiempo, os dejo un capítulo de «Soul India» que habla de esas dudas, necesarias, que frenan o aceleran nuestras decisiones.

Feliz fin de semana
Arlequín

Había amanecido con bruma, una bruma templada que emergía del desaguado lago Pichola y que, horas más tarde, sería humo de montaña. Desde el ventanal de la habitación que negocié en la haveli Jagat Niwas, perdía la mirada en el lago, en los Ghats, en el hotel Lake Palace. Me gustaba, antes de tomar un café en la azotea, regodearme con un paisaje al que sólo le faltaba más agua: la lluvia, el monzón, habían pasado de largo los últimos tres años y los lagos eran agua y estepa verde donde los búfalos pastaban de sabana africana. Era uno de esos días al que le sobra temperatura y le falta un jersey en el que contraerse mientras te llenas de montaña o de mar: un día de Comillas, de Santillana; un día de Cantabria.

Llevaba casi quince días en India y ya casi todo me era familiar: los enormes candados con los que se cerraban las puertas de las habitaciones; unos candados tan grandes como una mano que se podían encontrar en cualquier bazar; los pequeños reptiles, lagartijas indias, que limpiaban tu habitación de insectos; los camareros-espías que vigilaban la propina que iba a dejar; el café granulado, asqueroso, pero necesario, y la dejadez: el desaseo general y abandono de un subcontinente que aguantaba hasta la próxima reencarnación.

Pero como India era contradicción —a veces nosotros también—, la visita del imponente Palacio Real de Udaipur me vapuleó en las ideas que subjetivamente concebía, confirmando lo que el señor Singh me apuntó en el aeropuerto de Delhi.

—India es un país contradictorio para aquel que no ha nacido aquí.

La Ciudad Palacio se erguía a la orilla del lago Pichola. Construida en piedra pajiza alberga once palacios edificados por los monarcas de la dinastía Mewar, la más antigua de Rajastán, que nunca se doblegó ante los invasores mongoles. Alguno de ellos convertidos en museos, otros en hoteles, se caracterizan por la riqueza de su interior: Udaipur es uno de los centros más importantes de pintura en miniatura de la India y en el Palacio Real se pueden saborear por centenares, en numerosas dependencias que divulgan la historia de la región.

Son pinturas que narran las biografías de los maharajás, biografías sobre paisajes, paisajes con figuras, figuras desiguales, desiguales escenarios, escenarios de pasión, pasión y tigres, tigres escorzados, escorzados en costados de elefantes, elefantes engalanados, engalanados de batallas, batallas ensalzadas, ensalzadas por artistas, artistas que fueron cronistas, cronistas que fueron pintores, pintores que fueron ojos, ojos que escribieron estampas, estampas en miniatura, miniaturas de la historia...

Zarandeado por las aclaratorias escenas que me devolvieron momentáneamente la objetividad, me introduje en una sala en la que las vidrieras y espejos venidos de Bélgica, vestían los rayos de sol de sicodelia de los sesenta e iluminaban un fingido teatro en el que yo encarnaba a un arlequín de mil colores: un criado, un bromista, un individuo anónimo, un comodín, un personaje que volvía el mundo del revés haciendo malabares con los deseos y la realidad, representando una farsa en la que cuestionaba, en histriónicas risotadas, el ser o no ser; una pantomima de la vida en la que todos actuamos movidos por las dudas y por las hostilidades de un mundo que cada día complicamos más; un monólogo sobre el miedo, un poema sobre el yo, un recito sobre el deseo, una lectura interior...

Una nube ocultó el sol. El escenario y mi disfraz se desvanecieron. Sonaron los imaginados aplausos: había acabado la función.

Salí del palacio. La máscara de arlequín, se quedó junto a los vidriados pavos reales del Mor Chowk.

jueves, 14 de enero de 2010

La batalla de las ies

Seguro que recordareis una serie que se llamaba «Érase una vez…el cuerpo humano» en la que se nos explicaba el funcionamiento de nuestra anatomía mediante unos dibujos animados que se introducían en nuestro cuerpo e iban explicando que es lo que ocurría dentro del mismo. Esta forma de divulgar o contarnos las cosas luego la hemos visto, (y la seguiremos viendo) en multitud de anuncios. Desde un ejercito animado que lucha contra la caries a monigotes que se desplazan por el esófago hasta llegar al estómago, etcétera, etcétera. Yo esto lo entiendo muy bien, porque en esos juegos de la mente en los que me adentro, hago lo mismo, es decir, visualizo mi interior como si de un dibujo animado se tratase. De esta manera, suelo adentrarme en mi cerebro o, lo que es lo mismo, a autoanalizarme, que lo del psicoanálisis todavía no lo he pillado muy bien. Pensareis, al igual que unos cuantos amigos y enemigos, que estoy como una cabra y no seré yo quien os quite esa idea de la cabeza cuando os cuente que es lo que visualizo: «La batalla de las ies». Ahí va.

Imaginad un gran campo de batalla, abierto e inmenso, con varios desniveles, con pequeñas islas formadas por árboles que visten un poco ese gran espacio. El día puede ser soleado o nublado, caluroso o hacer un frío de narices. Allí se enfrentan dos ejércitos, los dos más poderosos de la tierra. Libran una batalla desde el comienzo de la historia de la humanidad. Nunca, ninguno de esos dos ejércitos, ha conseguido derrotar para siempre al otro. A lo sumo, uno y otro, han ganado batallas importantes, han conseguido pequeñas y pasajeras victorias o han confundido, (esto les ha sucedido a ambos), una pequeña escaramuza, con ese golpe de mano definitivo que augura la victoria final. Pues bien, esos ejércitos que luchan en ese escenario al que he convertido mi cerebro, están formados por ies. Y esas ies, no libran la batalla en un único frente sino que la luchan en los diferentes teatros de operaciones en los que habita la vida: personal, familiar, profesional, espiritual…

Yo veo como se enfrentan, como cada i quiere derrotar a la otra o, al menos, intimidarla lo suficiente para que se bata en retirada: ya digo, como una cabra.

Uno quiere que siempre ganen los buenos y en este caso, que sean las ies que me gustan, las que me mueven, las que están llenas de sonrisas, de emoción, de pasión. Escuadrones de ideas que se desplazan al campo de batalla con ilusión, con energía, con vigor. Ies que crecieron y se curtieron en los mares de la imaginación, en los océanos de la confianza, del cariño, de la inocencia; Ies íntegras, solidarias, reflexivas, impolutas.

No es posible: las otras también son poderosas e intentan evitar ser derrotadas. Son unidades de élite: ies que han acudido a la Academia de Intendencia del Miedo y la inseguridad. Tropas y comandos formados por las ies del fatalismo, del pesimismo, de la obsesión ciega, del dinero, de la inmadurez, del nerviosismo; Iés que visten con el uniforme de la desconsideración, de la ira, de la soberbia; que disparan, inflexibles y de forma indiferente contra su enemigo, hiriendo los sentimientos de las personas, confundiendo los sentidos, generando más y más incertidumbre, desasosiego e indecisión. En definitiva dudas que te impiden ser feliz de manera plena.

Lo malo de todo esto, es que es uno mismo quien maneja los dos ejércitos y que, muy a su pesar, siempre será atacado, más tarde o temprano por el ejercito de los malos, ya se trate de una infiltración en la base, una refriega tonta o una reyerta por «un quítame de ahí esas pajas». No podemos ser indiferentes a ello, porque a la vida, a la de uno, no se le puede hacer trampas aunque nos empeñemos en ello: nuestra inteligencia no admite  la incompetencia adquirida de no poder convivir con esa incomodidad que siempre nos acompañará y que nos hace infelices debido a que nosotros mismos, con nuestros vaivenes mentales,somos incapaces de liberarla de ese internamiento forzoso, de ese confinamiento brutal que supone el no entender que nuestra esencia, nuestras ies, están condenadas a luchar y, paradójicamente, a entenderse.

Así que esta es la batalla de las ies, una guerra que empezó con mi existencia y que se que me acompañará hasta el fin de mis días. Afortunadamente, lo voy llevando bien.

Nota aclaratoria: Acabo de leer, gracias a las recomendaciones de una de mis hermanas y varios blogueros «El hombre en busca de sentido», he leído muchos post en estos días que hablan de esto, el cuerpo me pide cambios desde hace algún tiempo, tengo algunas ilusiones, miedos varios y ¡qué coño! quería jugar con las ies.

i contra i = Tú

Un estupendo y positivo jueves para todos

miércoles, 13 de enero de 2010

La duda razonable: Un párrafo que resume todo

«En aquel mito situado en los confines del mundo volvía a encontrar las teorías filosóficas que había hecho mías: cada hombre está eternamente obligado, en el curso de su breve vida, a elegir entre la esperanza infatigable y la prudente falta de esperanza, entre las delicias del caos y las de la estabilidad, entre el Titán y el Olímpico. A elegir entre ellas, o a acordarlas alguna vez entre sí.»

Memorias de Adriano (Marguerite Yourcenar)

La verdad es que para la publicación de hoy tenía otras ideas en la cabeza, pero leyendo el blog Cambios + Reflexiones de Begoña Coach Político o Begoña Zalbes, o Begoña, he decidido dar otra orientación a mi post. En el, habla de las decisiones que se anclan en el pasado o las que inspiran para el futuro. Muy interesante y muy recomendable.

La entrada de hoy, la abre uno de los párrafos del libro Memorias de Adriano, que desde mi punto de vista, es una obra maestra no sólo de la literatura sino también del pensamiento. Si ayer «jugaba con la música» hoy lo hago con las letras. Y si os fijáis, en los últimos días muchos blogs, y twitteos ya no hablan de pensamientos sino de la necesidad de tomar decisiones. Begoña era una de ellas. Pero, echad un vistazo y leed unos cuantos. Comprobaréis que, estadística y espiritualmente hablan de esa necesidad. Yo mismo, iba a publicar uno, que aparecerá próximamente sobre ello, pero no lo he acabado.

En cualquier caso, me gustaría que releyeseis el párrafo de arriba. Desde mi punto de vista habla de decisiones, pero también de estados de ánimo, de blanco y negro, de la libertad y la contención, de lo que te pide el cuerpo o alma y la responsabilidad. Habla – insisto, desde mi punto de vista, (que eruditos, doctores, chuflitas y tontosdelculo sólo ven lo que quieren ver) – de la eterna duda, de la incomodidad en la que al ser humano, por eso de la «Mor moris», se encuentra paradójicamente por vivir en la zona de comodidad: De la duda razonable

Así que esta es la reflexión que dejo para un miércoles que seguramente en Madrid será lluvioso. Relativiza, amplia tu zona de comodidad y llega a un pacto, a un acuerdo para que si la vida no te entiende, tú la entiendas a ella.

Y esto, no es un consejo es, creo, una necesidad que todos tenemos.

Feliz miércoles lleno de dudas.

martes, 12 de enero de 2010

Comunicación a través de pentagramas

Hay poca gente a la que no le guste la música. Puede no gustarle un estilo en concreto, ya sea jazz, blues, soul, clásica… o gustarle mucho, aunque sea «Paquito el chocolatero» o cualquier pachanga de verano -que ya tiene delito-, pero que, al fin y al cabo, son obras tan respetables como la Flauta mágica de Mozart. La música, como he hablado aquí otras veces, o como el título de otro de los blogs que publica Francisco Alcaide es emoción. Y esas emociones, en definitiva son comunicación escrita en pentagrama. Es posible que esto sea debido a que cuando faltan, fallan o no se encuentran las palabras, solo hay un lenguaje que pueda ser comprendido sin necesidad de haber asistido a ninguna escuela de idiomas o conservatorio alguno. Y ese es el de la música, como ya comenté hace tiempo en otro post.

Cuando alguien compone una pieza está expresando algo, comunicando algo, al igual que un escritor o un pintor. Ese pentagrama en el que se ordenan las notas de las ideas, de las emociones, de los sentimientos, es el reflejo de su autor. Desgraciadamente, la gran mayoría de la humanidad, debido a la falta conocimientos musicales o teniéndolos, es incapaz de expresar y ordenar en un pentagrama estas ideas, por lo que se ve. o  nos vemos, obligados  a utilizar la obra de otro para expresar o explicar esas emociones que sentimos; o para ilustrar un ejemplo empresarial; o para decir mediante rodeos musicados aquello que queremos compartir. Algo así ocurre también con las películas y las bandas sonoras, o cuando citamos a otros autores y hacemos nuestras las reflexiones que en su día se curraron, pero que nos gustan y pasan a formar parte de nuestra personalidad. En función de esa personalidad, seremos capaces de leer una u otra partitura, adaptarla, mezclarla e interpretarla para comunicar aquello que queremos decir.

Y eso es lo que hacemos, apoyarnos en ella porque sabemos que con letra o sin ella, se comprenderá nuestro mensaje. Aunque no es fácil. Requiere de grandes dosis de empatía para que la melodía sea la adecuada para nuestro interlocutor y mucha comprensión por parte de éste para albergar una comunicación que siempre se emite desde lo más profundo del alma.

Os dejo un video de una actuación de Michel Camino y Tomatito que interpretan a dúo un tema de su disco Spain  en el que parece que los instrumentos están expresando y comunicando muchas cosas.

Feliz martes.

lunes, 11 de enero de 2010

Cosas que aprendes en los viajes: El Ciego de Damasco



Hay ciudades que te atrapan desde un principio; que te dan la sensación que podrías pasar allí el resto de tus días. No sé, son sensaciones que parecen hablar directamente a tu alma, sensaciones que escapan a toda lógica, pero, que al final, son por las que te guías para amar u odiar algún sitio. Damasco es una de esos lugares que te sacuden.

Hoy me acordé de ello, después de un comentario que había hecho María Hernández en el blog haciendo referencia al hecho de que los Reyes Magos llegaban a Tenerife en un vuelo procedente de Damasco.

Damasco me gusta. No sólo por las formidables mansiones que aún quedan en la ciudad vieja, algunas reconvertidas en cafés donde el olor dulzón de la narguile impregna a los parroquianos que charlan o juegan al backgammon entre bocanada y bocanada; mansiones de suelos ajedrezados con un patio en los que a menudo se encuentra una fuente y unos naranjos  que recuerdan a los patios sevillanos; no solo me gusta por el bullicio de su siempre animado zoco, donde tienduchas que parecen a punto de derrumbarse, compiten con elegantes joyerías y vendedores ambulantes de dulces; no sólo me gusta por la Gran Mezquita Omeya que a la caída del sol, con la llamada a la oración gana en majestuosidad; me gusta Damasco no sólo por ver el monte Kasiún iluminado por miles de luces mientras cenas en la azotea de uno de esos restaurantes donde los camareros visten de smoking y sirven al cliente con la elegancia y eficacia de la hostelería clásica; no sólo me gusta porque perderse en sus callejones, más que un contratiempo, es una bendición que te permite descubrir muchos rincones que no vienen en las guías pero que resultan, siempre muy atractivos. Rincones donde se encuentran oficios antiguos, donde se respira un ambiente siempre nostálgico. Damasco me gusta por eso y por mucho más, pero sobre todo por su gente. Aparte de su amabilidad y su gran sentido de hospitalidad, (que se agradece en los tiempos que corren), son una fuente inagotable de inspiración para contar historias y reflexionar sobre ellas: y es que, en mi caso, uno no sólo viaja por ver y sentir, también para reflexionar, para captar instantes sobre los que meditar y aprender. Como me ocurrió en mi estancia en la ciudad, donde sentado en un cafetín mirando la vida, asistí a uno de esos momentos de los que yo llamo estelares de la humanidad.


Caminaban despacio. Guiado por un Lazarillo que no debía tener más de doce años, un ciego avanzaba por la callejuela. Se agarraba suavemente del brazo del niño, mientras éste, meticuloso y vigilante, esquivaba personas, carros y peligros. Por momentos, me pareció estar dentro de un cuento, de una época que ya no existe, o que a lo mejor no la vemos o no somos capaces de verla.

Lo que me llamó la atención de la escena no fue el hecho en sí de que el niño cumpliese a la perfección su misión, sino la forma de hacerlo. Ignoro el grado de familiaridad que tendrían ciego y niño, pero la forma de conducirlo por esas estrechas y atestadas callejas, indicaba que todo lo que hacía, no estaba movido por la compasión, sino por la responsabilidad y la ternura.

Cada pocos pasos paraban y se apoyaban en un murete. En ese tiempo, el niño recolocaba dos paquetes atados a una cuerda que se había aflojado, anudando de nuevo el pequeño hatillo que había creado, al tiempo que no dejaba de hablar con el ciego. Una vez acababa, lo miraba con dulzura, lo volvía a tomar del brazo mientras el ciego, apoyaba la mano en su cabeza y su rostro esbozaba una sonrisa. Un rato después, se perdieron entre la multitud y no los volví a ver.

Me puse a pensar sobre ello. Sobre la abnegación de un niño que quizá tuviese otros planes para la vida, pero que aceptaba su destino con alegría; reflexioné sobre esa estampa en la que el inicio y fin de la vida se unen en perfecta armonía. Y pensé en ese viejo ciego que se dejaba llevar por los ojos de un niño, por la inocencia que se adentraba en mundos que quizás fuese incapaz de comprender. Confiaba en él. Es posible incluso, que a pesar de los años, el ciego fuese capaz de ver con la mirada del niño y para conseguir eso, no se si estaréis de acuerdo con ello, hay que tener mucha humildad.

Y eso es lo que vi: Entrega, responsabilidad, ternura, confianza, pero sobre todo mucha humildad, que no deja de ser una de las claves para que todo esto vaya mejor.

Vi, disfruté y aprendí con ello, mucho más de lo que cuentan las guías y algunos libros. Mucho más de lo que pedía a la ciudad.



sábado, 9 de enero de 2010

Buenas noticias desde…el futuro

No somos más guapos, pero tampoco más feos. Nos sigue emocionando la música. Los libros no desaparecieron y los niños se aburrieron de las máquinas y han vuelto a jugar con la imaginación. Ya no se dice «cualquier tiempo pasado fue mejor» porque hemos asumido que cualquier tiempo fue eso: tiempo; momentos que cada uno gasto como pudo. Siguen las desigualdades sociales, pero cada vez se acortan más las distancias y África está a tiro de piedra. Por supuesto, que hay un montón de «mamonazos» sueltos que siguen aprovechándose del prójimo, pero están más solos y van quedándose aislados. Los programas rosas se han marchitado y el personal se ha cansado de jalear, cotillear y alimentar a vividores de cuya existencia no podría escribirse una novela ejemplar sino un burdo y repetido sainete.

La Comunidad de vecinos donde vive Javier organiza cada año el concurso de los aplausos. Se elige al vecino del año, al que mejor canta en la ducha o al más manitas: La votación, como no podía ser de otra manera, es mediante el aplausómetro, un aparato que mide la intensidad, la duración y la delicadeza de los aplausos de los vecinos.

¡Ah! se salió de la crisis. Si se tardó más es por esa fea costumbre que se tiene de discutir y analizar el problema y no centrase en la solución. Se está saliendo, también, de la tontería que imponen modas y tendencias, aunque esto más bien no es por sentido común sino para que no le señalen a uno por haber seguido una moda en el pasado.

En fin, hay muy buenas noticias que iréis recibiendo, si sois receptivos a ello.

Feliz fin de semana desde el futuro


viernes, 8 de enero de 2010

6.000.000 de buenas noticias desde…Madrid

Son las 12 de la noche. A las 9 y pico he intentado encontrar una buena noticia sobre Madrid para publicarla. O soy muy torpe, o un pésimo investigador, o realmente lo que pasa es que nadie quiere informar o publicar el tipo de noticias que nos gustan a algunos. Y es que este mundo parece que se guía por la mala leche, por el miedo o por lo cutre si nos atenemos a los titulares y los suplentes de los diferentes medios como conté en el post «La noticia está en ti». Así, no hay manera de conseguir el reto que nos proponía Javier. Le he estado dando vueltas un rato, mientras buscaba esa noticia de última hora que se convirtiese en una primera plana para hoy. Y la conclusión a la que he llegado es que si la noticia no viene habrá que ir a buscarla. Tampoco esto es del todo cierto. Las noticias, haberlas «haylas», aunque no se publiquen. Lo que ocurre es que no nos fijamos, pero están ahí.

La vida puede ser perra y jodida, nos puede ocurrir cualquier desgracia en cualquier momento: muerte de un ser querido, pérdida del empleo, una enfermedad, te ha dejado o has dejado a alguien, se ha estropeado la lavadora o tienes goteras, tu equipo ha perdido etcétera, etcétera, etcétera…pero a lo largo y ancho de ese día de 24 horas has recibido, al menos una buena noticia. Lo que pasa es que siempre, por esa manía de sólo contar lo malo, la tragedia, lo doloroso, no nos damos cuenta de que hay instantes que son buenas noticias, hechos por los que pasamos, como se pasan los anuncios clasificados o la sección que menos te guste del periódico. Es decir, están ahí, pero no nos fijamos. Lo mismo ocurre con otras buenas noticias, que a lo mejor no tienen que ver nada con la marcha de la economía, el deporte, pero que conforman lo que somos y podemos ser.

Una buena noticia es que se ceda el asiento en el metro a una persona mayor; que la gente pida las cosas por favor y dé las gracias, que dos personas se reconcilien, que alguien te sonría, que alguien te escuche: Una buena noticia es saber que hay miles de personas que hacen un trabajo callado y esplendido para la Sociedad, gente que no aparece en ningún periódico, ni quiere aparecer porque lo que le mueve no es salir en la foto. Un buena noticia es hablar con ese amigo al que no ves, que tu empleado rinda y disfrute trabajando y tu jefe te felicite; una buena noticia es saber que alguien te quiere o que te echa de menos, una buena noticia es querer mejorar, aunque sea un poquito, cada día, una buena noticia es que saludes y te saluden de forma amistosa, una buena noticia, como apuntaba Javier, es el aplauso en una comunidad de vecinos, unos niños que nacen como dice Katy, una buena noticia es ver como cada día más gente recicla: una buena noticia es todo aquello que ayuda a contrarrestar todo lo malo, todo el dolor y contribuye a que realmente merezca la pena vivir en este mundo.

Por eso mi publicación de hoy no consiste, en una buena noticia que pueda aparecer en ningún medio, sino en más de 6.000.000 que ocurren cada día en la Comunidad de Madrid y que pertenece a cada uno de sus habitantes, que en su día a día es imposible que no hayan recibido alguna.

Hoy han caído millones de copos de Nieve en Madrid y al menos seis millones han cuajado


jueves, 7 de enero de 2010

Buenas Noticias desde…Ávila

 El día 7 de enero, era el día que Javier Rodríguez Albuquerque había señalado para comenzar a publicar durante tres días Buenas noticias desde…La verdad, es que está complicada la cosa, pero he encontrado una cuyo titular dice Cruz Roja acerca los Reyes Magos a 300 familias, más desfavorecidas. Una campaña en la que la Institución ha recaudado cerca de 700 regalos en una campaña de recogida de juguetes que fueron repartidos a 300 familias abulenses desfavorecidas con motivo de la festividad de los Reyes Magos.

Podríamos discutir largo y tendido sobre si es razonable realizar esta iniciativa debido a que la situación no está para gastar en juguetes y sería más oportuno que las donaciones fuesen dirigidas para cubrir las necesidades básicas de esas familias y que se realizasen más a menudo y no sólo en Navidad época en la que tradicionalmente se ablandan más los corazones y la gente está dispuesta a aflojar un poco más de su cartera en estas acciones solidarias. A mi, personalmente, me parece una iniciativa estupenda. Ya habrá otros días para hacer autocrítica de lo poco solidarios que somos, criticar el consumismo etcétera, etcétera…

Decía que me parecía una iniciativa estupenda porque estamos hablando de la ilusión de los niños. Siempre digo que, al menos aquí en España, las dos mayores decepciones que se lleva un niño – y que es el punto de partida para la pérdida de la inocencia y paso previo a convertirse en desconfiado y perruzo-se producen cuando inserta una moneda en una máquina y no sale ni el refresco, ni la golosina ni la chocolatina y se queda con cara de panoli ni posibilidad de reclamar al maestro armero y, la otra, cuando un «cabronazo», generalmente un hermano mayor, un primo, un amigo o un compañero, le informa, con muy mala leche, que los Reyes Magos no existen. A partir de ese momento, parte de su mundo se derrumba y ya no volverá a ser el mismo. A partir de ese momento, LA ILUSION, con mayúsculas muere. Nada volverá a ser lo mismo. Acordaos como era vuestra vida cuando creíais en los Reyes Magos, en las caras de vuestros hijos, de vuestros nietos, de vuestros sobrinos o de cualquier niño que crea en ellos. Es la primera gran derrota que te deja la vida.

Por eso, creo que cualquier niño, que viva donde lleguen los Magos de Oriente tiene derecho a sentir esa ilusión y a recibir su regalo, y por ello, la iniciativa me gusta.

En este enlace, dejo la noticia completa.


Que tengáis un magnífico jueves.

lunes, 4 de enero de 2010

La vuelta al Cole



Vengo del blog de Germán Gijón. Ha empezado el año con un magnífico post Reality, sweet reality que me ha servido de inspiración para el mío de hoy. Empieza, tras el paréntesis navideño, un nuevo curso. El del 2010. Un curso que, al menos yo, no sé si será igual, peor o mejor que el del 2009. Y no lo sé porque ni soy adivino, ni manejo datos suficientes para aventurarme a pronosticar, ni siquiera el corto plazo, entre otras razones debido a que decir que nos van a crujir por todos los lados, - que la cuesta de enero este año tiene una pendiente de más de 70 grados- no tiene mucho mérito. El caso es que podría hacer unos cuantos pronósticos tanto optimistas como pesimistas y estoy convencido de que en el caso de no acertar, podría excusarme alegando que «no había enviado mis pensamientos a luchar con los elementos». Además, siempre podría buscar una cabeza de turco, que para echar las culpas la lista es interminable. Pero no: lo que pasa es que estoy despistado e ignoro si estoy repitiendo curso, si me aprendí la lección o si estoy cambiando de colegio y todavía no me he adaptado. Tampoco ayuda el hecho de que ahora la sociedad se calibra en versiones 1.0, 2.0 y no se si mi versión, la mía, es pirata, o sí soy punto y aparte y no tengo actualizado el software mental que me permita ver con claridad cómo será el futuro.

Tampoco es grave. Sólo se trata de repasar lecciones, asistir a las clases particulares que nos ofrece la vida y ser constante en el estudio para ir tomando el pulso poco a poco, que la velocidad a la que vamos y mi cerebro no acaban de entenderse bien; y cuesta.

Pues bien, en estos comienzos de año, he repasado una lección antigua que parece que no fui el único que la olvidó y que hoy os dejo por si no os acordabais, os fumasteis la clase o conocéis a alguien que le pudiese hacer falta.

Os deseo un magnífico lunes de vuelta al Cole.(al que le toque claro)

Una vieja historia cuenta que un monje, al que todos llamaban Maestro iba a pronunciar una conferencia sobre la Destrucción del Mundo. Se había corrido la voz por toda la región y fue mucha gente la que acudió a los jardines del monasterio para escucharle. La conferencia concluyó en menos de un minuto: Todo lo que el Maestro dijo fue: «Estas son las cosas que acabarán con la raza humana»:

La política sin principios.

El progreso sin compasión.

La riqueza sin esfuerzo.

La erudición sin silencio.

La religión sin riesgo.

El culto sin consciencia

¿Os suena?

viernes, 1 de enero de 2010

2009 – 2010 Parece que fue ayer, pero será mañana

Primer post del año. Y vuelve Soul Business, a pesar de cómo dicen algunos expertos que los blogs están muertos, o que Twitter mató a la estrella de la blogosfera, como en su día el video mató a la estrella de la radio. Vuelve, después de este periodo vacacional, no sé si con renovados bríos fuerzas y esperanzas, pero si con la misma ilusión de siempre.

Si el último post del año fue para desearos unas felices fiestas, éste primero, como no podía ser de otra manera, es para desearos un estupendo año en el que cada uno pueda cumplir, al menos un sueño, dos si son pequeños.

Además, debía ser ligero, -ya habrá tiempo para meternos en harina-, que en estas fechas estamos, al menos yo, un poco al ralentí y no es cuestión de forzar el cerebro; aunque para empezar a ejercitarlo, hoy os dejo un video, en el que los que leéis entre líneas, descubriréis lo que espero y quiero para este año que empieza y que, al final, no es más que la continuación de ayer.

Un feliz y fantástico año para todos


Soul Business

Gracias por visitar mi blog
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...