viernes, 26 de febrero de 2010

No te rindas

Supongo que a todos nos ha pasado que, en alguno o varios momentos de nuestra vida, hemos querido tirar la toalla, dejarlo todo, como si huyendo de lo que nos incomoda desapareciesen nuestras angustias, zozobras y malestares. En esos momentos hemos recibido por parte de los amigos, de la familia y de tipos que pasaban por allí multitud de consejos, palabras de aliento o miradas de comprensión. Y eso es fantástico, pero rara vez, cuando una persona está realmente jorobada, encuentra consuelo en los demás al estar su mente embotada, llena de nubarrones que le impiden pensar con claridad. No todo el mundo tiene desarrollada su inteligencia emocional y tampoco es una cosa para la que nos hayan preparado especialmente, por lo que en esta materia, en general, estamos peces.

También ocurre que no es lo mismo que te duela a ti, que le duela al otro. Es decir, que el que tenga que gestionar la situación seas tu o el otro.  Somos muy buenos dando consejos y ofreciendo soluciones y muy malos recibiéndolos. Sobre todo cuando quien nos los brinda creemos que no puede ayudar: lo que es un error a todas luces y oscuridades.  

Un financiero, rara vez escuchará una sugerencia de una cajera de supermercado sobre el cash flow (que este y otros términos tienen su traducción al castellano, al catalán, al gallego, al euskera, al bable y a ese desconocido idioma mezcla de todos que se habla en algunos pueblos de España y que consiste básicamente en apocopar las palabras), al igual que un recién separado no escuchará a su amigo solterón (¡qué va a saber de mujeres!) en asuntos sentimentales. Podríamos seguir y seguro que si somos autocríticos, más de una vez nos hemos comportado como el financiero. Si no lo somos, tenemos serías posibilidades de que nos pillen en uno o más renuncios con lo cual volveremos al mismo punto: somos como el financiero.

El caso es que muchas veces podemos sentirnos bajos de moral y tener tentación de abandonar, de rendirnos.  Los temores, los miedos, las dudas son cualidades o características tan humanas como las seguridades, las valentías o el tener una fuerte autoestima. Cada cual es cada cual y cada uno las equilibra o las modela  como mejor puede o sabe.  Eso va forjando su carácter.

Muchas veces, demasiadas quizás, he dicho que para mi la vida es una sucesión de derrotas con pequeñas victorias. No se puede ganar siempre y perder forma parte del juego, aunque hayas puesto todo tu empeño en que no sea así. Otras veces no estas preparado para ganar y pierdes y hay veces que parece que ganas pero pierdes. (esta última frase da para un post, así que ahí lo dejo). 

Me gusta ganar, pero sólo me produce satisfacción si es consecuencia de un esfuerzo, de algo que me llene. Lo demás puede estar bien, pero es, con perdón, un coñazo. Es como jugar al fútbol y hacer una partido aseadito pero no brillante. Las sensaciones no son las mismas. Con esto no quiero decir que me van las dificultades o tengo cierta inclinación al sufrimiento, si no que si vienen mal dadas, que cada cierto tiempo, como los ciclos económicos, vienen, hay que lamentarse lo justo y seguir, volver a levantarse, andar aunque sea a gatas, pero andar. Sólo justifico la rendición cuando la victoria no merece la pena, cuando la lucha es una cuestión únicamente de orgullo mal entendido: o soberbia para entendernos; tampoco cuando es motivada por al ira, por los celos o la envidia.

Últimamente he estado con gente que, que bien por su situación laboral, emocional y/o personal se está rindiendo, abandonándose en el pozo del desanimo y contagiando, como si de una pandemia se tratase a todos los que están a su alrededor. Y esto es muy peligroso.
Por eso, hoy acabo con un video, que se lo dedico a todos los que se les pasa por la cabeza rendirse. Ya se sabe, la letra con música es más fácil que entre.

Feliz y positivo fin de semana

jueves, 25 de febrero de 2010

De ventas y otras tierras



Jugando con el nombre del blog de Germán Gijón «De ventas y otras cuentas», he puesto este título al post de hoy. En cualquier empresa lo importante y necesario es que se produzcan ventas, ya sea de bienes o servicios. De no ser así no hay empresa. De cajón.

En los viajes, como he comentado en otras ocasiones, se aprende mucho. Son pequeñas lecciones, pistas, que de forma natural se van grabando en tu memoria aportándote ideas, una visión diferente de las cosas. Lo que ves te puede gustar o no, pero en cualquier caso te enseña. Hablé de ello en Zocos árabes – Escuelas de la vida y  en El viaje, el mejor aprendizaje experiencial.

Sólo por eso, merece la pena viajar.

Vivimos en un mundo de mucha aplicación tecnológica, de mucho sistema, manual vario y lógica sicológica, pero las ventas, en general están ralentizadas o van como el culo en casi todos los sectores: si fuese de otra manera España y todos sus compañeros irían bien; pero ni el algodón ni las cifras engañan provocando inmovilismo, desesperación y miedos varios.

Pensando en ello, me he acordado de India, y la particular forma de trabajar de determinada gente, que aquí su curro lo definiríamos como de buscavidas, pero que sin embargo en realidad se trata de vendedores que utilizan sus propios sistemas para poder comer o forrarse. Me refiero a tipos que te encuentras en la calle, seguramente sin estudios, ni manual de estilo, pero que a poco que te descuides te han vendido todo. Son listos, persistentes y no abandonan ni por asomo a un cliente potencial aunque éste les repita que no varias veces. Saben lo que se hacen y nunca les faltará algo que llevarse a la boca por su determinación, porque ellos son su mejor herramienta de venta y marketing y porque siempre hay primos a los que vender.

Os dejo, un capítulo de Soul India que habla de ello. Feliz jueves.

LOS «HI FRIEND»

Al principio el mundo se dividía en pueblos, en tribus grandes... Con el paso de los siglos comenzaron a aparecer las civilizaciones. Más tarde, los imperios, que se repartían entre varios continentes. Hubo alguien, quizá griego, que simplificó las cosas dividiendo el mundo en dos: de un lado Oriente, del otro Occidente; pero en estas apareció el marketing y se inventó la segmentación: así, América se pluralizó pasando a ser «Las Américas », que cada uno hacía como podía: la América del Norte, la del Sur y la del Centro. Europa ya no era una; existían también otras: la Mediterránea y la del Este. Oriente se triplicó creándose el Próximo, el Medio y el Lejano Oriente; es decir: el cercano, el de media distancia y otro, que quedaba a hacer puñetas. Lo de África ya no había quien lo entendiera: la Negra, la Ecuatorial, la Tropical, que también era conocida por la del Cola-Cao... Oceanía eran las antípodas...

Los estrategas, no contentos con este batiburrillo, idearon en una sesión de brainstorming, una nueva segmentación que, hoy en día, es la más aceptada en todos los foros internacionales; a saber: primer, segundo y tercer mundo. Una segmentación basada en el dinero y en el poder. Existen también los países del cuarto mundo, países de regional que nadie se preocupa de ellos ni para ayudarlos, visitarlos ni explotarlos: países que no aparecen en el mapamundi de la ambición.

Esto viene a cuento, porque en los países de segunda y tercera división, uno tiene la oportunidad de conocer a un montón de gente, cuyo objetivo es venderte algo y aligerarte la cartera, aunque nunca lo manifieste. Son diamantes en bruto; son los candidatos perfectos para las empresas que publican ofertas del tipo: «Se precisa personal entusiasta y dinámico para importante empresa líder en su sector. No necesaria experiencia. Altos ingresos. Interesados presentarse en el Hotel Las Vegas, día 26 de marzo de 10 a 12. Preguntar por el Sr.Morón. »

Lo asombroso del asunto, es que estos pájaros, alguno de ellos con un desparpajo y una gracia fuera de lo común, nunca llevan nada encima para ofrecer; pero lo que quieras, lo tienen; lo que no quieras también. Son vendedores sin maletín, comisionistas autónomos —alguno de guante blanco—, cuya oficina es la ciudad y sus despachos se reparten por las aceras. Afirman ser estudiantes o trabajadores en su día libre o de vacaciones. Cuando se dirigen a ti —«pasaban por allí»—, sólo quieren hablar, conocerte, hacer amistad, practicar su inglés. Poco más. Según ellos, no son comisionistas, no son vendedores; son buena gente. Saludan siempre con un «Hi friend» moviendo el brazo como «Toro Sentado », un primo que les queda bastante lejano. Aparecen, como salidos por arte de magia de una chistera junto a ti, y durante unos minutos te someten a un interrogatorio que ríete tú, de los encuestadores profesionales. No les hace falta manejar complicadas aplicaciones de Data mining o Data warehouse: cuando han acabado el interrogatorio saben perfectamente no sólo lo que te van a ofrecer y el cómo, sino también las posibilidades reales de éxito que van a tener.

Son simpáticos, se preocupan por ti: ¿Cómo están la mujer y los hijos?; por tu salud ¿Cómo te sientes en India?; por tu trabajo ¿Cual es tu profesión, estás contento, te pagan bien...? Como grandes amigos son hospitalarios ¿Quieres venir a mi casa?; cuando estás solo, quieren estar a tu lado ¿Dónde vas?, ¿te puedo acompañar? Te quieren mostrar lo mejor de la ciudad ¿Qué vas a visitar?, ¿conoces el sitio tal...?

Y esto, que sin dinero por medio sería algo genial, se convierte en un zumbido constante de «moscas cojoneras» que impiden disfrutar del viaje y que dependiendo de los días, te cuesta más o menos aceptar. Los «Hi friend» son tan habituales como las vacas, las palomas o los fuertes en Rajastán: muy Indio.

Feliz Jueves


martes, 23 de febrero de 2010

Twitter y la Blogosfera bajan al 1.0

Ayer Pablo Rodríguez publicó un interesante post titulado «Twitter killed the blog star» en el que hablaba de los cambios que se vienen observando en los blogs. Da la sensación, decía, que muchos blogueros han limitado el tiempo que dedican tanto a sus propias webs como a comentar en las de los demás, a favor de Twitter. Y no le falta razón. Sin embargo, coincidimos en que son plataformas o herramientas o, lo que sean, complementarias: no excluyentes. Un blog puede ser más o menos extenso, pero por lo general la extensión del texto no suele pasar de uno o dos folios, tres si te «vienes arriba» o no te apetece hacerlo en dos partes o no eres lo suficientemente bueno a veces (a mi me ocurre) para sintetizar lo que quieres expresar o te vas por los cerros de Úbeda (lo que a mi me ocurre más a menudo) Además, puedes añadir videos, fotos, presentaciones…con el objetivo de reforzar lo que quieres transmitir, adornarlo o porque te ha dado el punto:  mola.

Twitter, por el contrario, es más dinámico, el feed back es más rápido y permite conocer más opiniones, artículos y establecer conversaciones y vínculos con los seguidores.  Las dos herramientas requieren de mucha y buena dedicación. A mi me parece tan complicado escribir un buen post como sintetizar una buena idea, un pensamiento en 140 caracteres. Desde luego que en los dos casos soy bastante amateur y tampoco me paso el día escribiendo y comentando blogs ni twitteando, retuiteando y diciendo que bueno lo tuyo @felipe, por poner el caso. Cada cosa tiene su momento y uno utiliza el tiempo como puede y quiere: mola.

Todo esto viene a cuento de que hoy he hecho un experimento basado en las dos plataformas. No desde un punto de vista 2.0 e interacción sino desde el 1.0 (que el cambio cuesta y para hacerlo hay que prepararlo). Me explico: ayer tuvo lugar la reunión anual de la compañía en la que se explican los resultados, la situación, lo que se pretende y lo que puede pasar si no arrimamos todos el hombro. Hasta aquí lo normal. El caso es que para preparar la agenda me he basado en estas dos herramientas. Por un lado, en lugar de la chapa de power point habitual con conceptos demasiado empresariales, gráficas y porcentajes  he utilizado el mismo lenguaje que utilizó en este blog, apoyándome en imágenes, video. Resultado: una presentación que suele durar más de hora y media, la he reducido a 20 minutos. Después, en lugar de hacer el típico ruegos y preguntas sobre lo expuesto (el post), cada uno de los empleados ha opinado libremente en dos, tres o cuatro minutos (140 caracteres en proporción) sobre lo que opinaba de lo hablado, de si creía que los objetivos se podían realizar, y de qué harían para intentarlo. Cada uno, evidentemente, ha opinado lo que quería, lo que sentía  y no lo que yo quería oír, que el paño se va conociendo por los hechos, y todos sabemos más o menos lo que hay. Finalmente, el accionista mayoritario, ha cerrado la reunión dando la visión de conjunto de todo lo hablado. Total, una hora y veinte minutos para los tres apartados: 20 míos, 40 los empleados y 20 el «presi».

Como  en cualquier organización, hay gente más escéptica, más inmovilista o cómoda a la que lo que yo, sus compañeros o el «presi» hayamos dicho le dé lo mismo, aún a sabiendas de saber que esa actitud le pueda llevar a la desvinculación de la compañía. Pero esa es otra historia.

Lo que me ha gustado es que nada más acabar la reunión, dos empleados me han pedido ayuda y han hecho autocrítica de lo que consideraban les sobrepasaba, además de haber montado una reunión en paralelo con otras personas para intercambiar opiniones y establecer líneas de actuación etcétera etcétera.

Para mi un primer paso, que mañana serán dos y pasado tres. Una reunión que nació del 2.0 que tuvo que bajar al 1.0 para que, si todo sale bien,  nos de lo mismo estar en el punto 2, 3 4, 5 o punto y aparte. Dentro de un tiempo os cuento.

Hoy os dejo el video que ilustraba una de las diapositivas y que pertenece a una de mis películas favoritas: 9 reinas.

La primera frase era «¿Un mundo en crisis?», la segunda después del video era «Un mundo jodido» en el que de alguna manera quería explicar que siempre hay que estar alerta y proteger el negocio de cualquier elemento que nos pueda hacer perder nuestra posición, nuestro prestigio, nuestra ilusión o nuestro trabajo.

Feliz Martes y el miércoles nuevo post en Thinking Souls

viernes, 19 de febrero de 2010

Sabiduría Sufí para el fin de semana


Hace unos años, viajando desde la Capadocia a Antalya, decidí detenerme en la ciudad de Konya, una ciudad bastante conservadora de Turquía situada en Anatolia Central que cuenta con más de dos millones de habitantes y una gran cantidad de sitios interesantes, además de ser centro espiritual de los derviches giróvaros cuyas danza les lleva al éxtasis o iluminación espiritual y es una ceremonia bastante curiosa. Pero ya habrá tiempo para esto.

Uno de los lugares más interesantes es el museo Mevlana, situado al lado de la mezquita principal construida en el siglo XVI. Mevlana, o Jalalettin Rumi, fue un poeta místico originario de Balkh (Persia) que murió en Konya en 1273 y del cual también publicado algo suyo en este blog.

Visitando su mausoleo, como souvenir se vendían una especie de banderolas pequeñas que estaban en varios idiomas que recogían estos pensamientos, estas reflexiones, que hoy os dejo para el fin de semana, que sin duda son unos excelentes consejos para manejarse por esto que llamamos mundo.

Se como el río en generosidad y ayuda.

Se como el sol en ternura y misericordia.

Se como la noche cubriendo los defectos de los otros.

Se como un muerto en cólera e irritabilidad.

Se como la tierra en humildad y modestia.

Se como el mar en tolerancia.

Se visto como eres o, se como eres visto.

Y para rematar una buena historia sufí. Feliz fin de semana

Un barquero, al que un joven le había hecho un favor, le regaló a éste un pez de cristal. El muchacho lo perdió, y, en su desesperación por haber perdido un objeto tan raro y valioso, montó en cólera al ver a otro hombre que llevaba alrededor del cuello un cordón del que colgaba un pez de cristal.

El joven llevó al hombre a los tribunales y logró que le condenasen por robo. En el último momento, cuando se preguntó a éste si tenía algo que declarar antes de ser conducido a la cárcel, el hombre dijo:

- Preguntad a cualquier barquero de este país: todos nosotros tenemos el mismo emblema, y el mío es de mi propiedad. No le pertenece a este joven. Yo tengo dos ojos y también una boca, ¡pero tampoco son suyos!

-¿Por qué no lo has declarado antes? -, preguntó el magistrado al barquero.

- Porque tiene más merito para toda la humanidad cuando la verdad llega por el ejercicio del sentido común por todas las partes desde el principio, que si una de ellas tiene que probar algo para lo que, después de todo, tal vez no tenga pruebas.

- Sin embargo, todos tenemos que aprender- , señaló el juez.

-Desgraciadamente- , dijo el hombre. Si se considera que aprender depende de la elaboración de pruebas, sólo tendremos la mitad del conocimiento, y seguramente nos encontraremos perdidos.

jueves, 18 de febrero de 2010

Dime como te llaman y te diré quien eres o quien creen que eres

Mi nombre legal, el que aparece en mi partida de nacimiento, los documentos oficiales, y en general, todos aquellos que tienen que ver con la «pasta», es Fernando María López Fernández. Sin embargo, nadie, excepto una amiga que utiliza el nombre completo, pero no los apellidos, me llama así: Unos me llaman Fernando, otros Fer, Fernán; los menos Ferdinand o Ferdi (que me parecen un poco cursis o más propios de un gato o una ardilla), o Don Fernando, que no sé si me avejenta, me dignifica, me incomoda o vaya usted a saber. Incluso hay gente que en función de su estado de ánimo puede utilizar uno u otro indistintamente y con tonos diferentes.

Pero hay más variantes; Flopez, tomando parte del primer apellido; Flo, si quien requiere mi atención es cómodo, parco en palabras o tiene prisa; López a secas, o con el señor por delante. La cosa se complica un poco más si las personas conocen tu nombre y según el momento, y de quien se trate, te llaman «mi amor», «bombón», «campeón», « ¿Qué pacha tron?» « ¡Ey men!», «figura», o simplemente « ¡eh!». Eso, si el interlocutor te conoce personalmente. De no ser así, tu vas paseando, pongamos por caso por un zoco árabe y por arte de magia tu nuevo nombre es «Hola amigo», «Hola, hola Coca Cola» y vocablos así.

Como observareis, me pusieron un nombre, pero ahora me llaman, me llamo, de muchas formas distintas: Y las que vendrán. Todo, en el mundo que la gente llama «real». En el «virtual» que para mi es igual de real, me llamo «Ferlop», «flopez», «flopez arroba punto es», (eso, si no va con la publicidad del proveedor del servicio), «ferlopfer,» «ferlopez», «besoul», etcétera. Ocasionalmente estos nombres o «Nicks» son tuneados, y cuando comunican conmigo acaban siendo «flopezpersonal» «Flopy» o cosas por el estilo.

Pues bien, cada uno de estos apelativos está asociado a un grupo, a una o varias tribus, por un lado y, por otro, a la imagen que proyectas y la que se crean de ti. Un problemón de narices.

Se habla mucho de autenticidad, de desvirtualizar, de mostrarse tal cual uno es, de las apariencias y las realidades, pero es complicado, porque la vida no nos deja ser como nos parieron, sino como nos hicieron, y a pesar de que ésta de muchas vueltas, nos tuneo de inicio para pensar, actuar, movernos de tal o cual manera para ser «auténticos», fiables o al menos quedarnos enconsertados, controlables a ojos de los demás. En definitiva, proyectar una imagen. Lo malo (para los que siempre buscan el plano fijo de las personas) es que el sistema tiene sus fallos porque no se puede luchar ni contra natura ni contra las circunstancias ni contra el tiempo ni contra uno mismo y, al final esa imagen parece estar distorsionada.

No se puede luchar contra natura porque si, por ejemplo, en esencia eres un cabrón con pintas lo serás toda la vida, o si eres bondadoso no podrás convertirte en el Lobo Feroz por mucho que te empeñes, aúlles y pongas la pose enseñando el colmillo. Dependiendo del círculo en el que te encuentres (ya sea amigos, familia, profesional, desconocidos, distancias cortas, medias o largas) te comportarás o actuarás de tal manera que puedas ser aceptado por el grupo y, posiblemente, de forma diferente en cada caso.

El tiempo también cambia las percepciones y lo que ayer pensabas de alguien ahora es una canción de Presuntos Implicados y mañana Dios dirá. Para rematar la faena, uno va cambiando, mudando su imagen para volver a ser como nació, a su esencia.

¿Cómo va a ser uno «auténtico» con todas estas variables? Serás lo que representes y quieras representar para los demás, lo que cada uno quiera percibir y creer de ti. Como los nombres, vamos.

Así que cada uno siga llamándome como quiera, pensando de mi lo que quiera y forjándose la imagen que le dé la gana, que como ocurre con mi nombre hay variedad de posibilidades.

Feliz jueves

martes, 16 de febrero de 2010

El Viajero accidental.


El otro día José Luis Montero, autor del blog, El Viajero accidental, el cual os recomiendo porque está muy bien escrito, está lleno de fina ironía y sentido del humor y porque cuenta cosas muy interesantes y reflexivas, comentaba en  el post el Blues del Autobús que tuviera cuidado con el ritmo que llevaba, no fuera a ser que en lugar de «viajero accidental» fuera «viajero occidental.» Yo le contestaba que de vez en cuando sé desconectar también. Así que hoy le dedico uno de los capítulos de «Los Sueños Pérdidos», el diario de viaje a Guatemala y México que espero acabar este año. Va por usted Don José Luis.

Soltando lastre - cogiendo aire (Los Sueños Pérdidos)

Volábamos en un pequeño avión. Desde la ventanilla izquierda inclinando la vista hacia la tierra se divisaban los Cayos de Belice y, al virar, la Selva del Petén con su inmenso lago sólo y salvaje. Sobre nosotros el suave azul del cielo de América. Dentro de la cabina, la modorra que deja una luz de siesta y el ronroneo monótono de los motores que arrullaban a un pasaje medio dormido.

Tras dos horas de viaje aterrizamos en el pequeño aeropuerto de Santa Elena que más parecía una terminal pequeña de autobús que un aeropuerto. En comparación con el bullicioso aeropuerto de Cancún donde el trajín de pasajeros era prácticamente constante, en el de Santa Elena se podían escuchar los bostezos de los escasos funcionarios que, solícitos pero con desgana sellaban los pasaportes.

Desvinculado del resto de los pasajeros, al salir, fui cazado por una taxista que por apenas dos dólares se ofreció a llevarme hasta la isla de Flores. No suelo regatear cuando las cosas me parecen razonables, ni pararme a pensar en lo que las guías de viaje recomiendan. Tampoco puedo hacer alarde de excelente negociador debido a que, por ahorrarme unos dólares, no suelo discutir los precios mucho, máxime cuando valoro más mi tiempo; y si no es por la cháchara y el entretenimiento no me merece la pena hacer un toma y daca.

Había reservado por correo electrónico en Casa Amelia, un hotelito familiar, sin ningún lujo pero bastante digno y limpio. Un humilde hotel en el que el amor, la dedicación y el esfuerzo se respiraban en cada rincón del edificio; un hotel construido y decorado con gustos y tiempos desiguales en los que se adivinaban inversiones continuadas, de quetzal a quetzal, fruto del sudor de tres generaciones que se turnaban en recepción, habitaciones, bar y cocina.

Luego de comprobar el funcionamiento de la ducha y aire acondicionado (asunto al que le suelo dar bastante importancia en los viajes y especialmente en zonas calurosas) salí a pasear por el pueblo rodeando la isla. Con la primera mirada al lago, con la primera visión del paisaje me dí cuenta que realmente estaba de vacaciones: el trabajo, la rutina, las preocupaciones habían desaparecido dejando en mi espíritu una calma que predisponía a disfrutar de cada instante que viviese en las siguientes semanas.

En el lago Petén se veían niños bañarse entre risas y chapoteos. Algunos hombres ofrecían sus barcas para pasear llamando la atención con aspavientos suaves y unos cuantos guiris (como yo) holgazaneábamos o paseábamos perdiendo la mirada en las aguas o en las orillas que nos circundaban. En otro lugar, los niños dibujaban con acuarelas baratas la luz que se reflejaba en el lago. Me senté en un cafetín a tomar un café y estuve observándoles un buen rato. Se miraban los dibujos, se intercambiaban colores, se manchaban juntos: Reían.

Proseguí mi toma de contacto, crucé el puente que unía Flores con Santa Elena y me adentré en un pueblo destartalado de calles polvorientas que en algunas bocacalles recordaban a esos poblados del oeste americano que me harté de ver en la tele cuando era niño. Abundaban pequeñas iglesias de diferentes confesiones, de la nueva América evangélica patrocinada por los USA que están reconvirtiendo, una vez más, a los indígenas a otra «religión única, verdadera». Más bien parecían locales, humildes almacenes de almas porque quizás el pueblo no dé para más y las religiones tampoco.

Hacia media tarde el mercado no era más que despojos y caras de cansancio cotidiano. Nadie parecía hacer un esfuerzo por vender las últimas mercancías.

Los plátanos morían ennegrecidos; los repollos se mostraban flácidos y las coliflores llenas de moscas abundaban; tampoco el resto de la fruta y hortalizas que exhalaban podredumbre, vencidas por el calor, creaban una atmósfera acre que no invitaba a permanecer allí por lo que me abandoné por varias callejas en las que los rojos Tuk Tuk con sus ensordecedores run runs, estridentes pitidos y vómitos de humo te envolvían de tal manera que, por momentos, daba la sensación de que estuvieses en una de esas caóticas y atronadoras ciudades indias en las que siempre me perdí con gusto. Los motocarros, casi todos, tenían nombre de mujer, como si de una devoción o promesa se tratase: Yasmine, Rosario, María, Nora…

Regresé a Flores. Al lado del puente, había estacionada una calesa con su jamelgo aguardando improbables clientes que no subirían nunca. porque al caballo, huesudo, blanco deslucido y agotado se le adivinaba una muerte próxima, y por otro lado no tenía mucho sentido pasear por una isla que no parecía tener mas de 400 metros de diámetro.

En lo alto de la isla, subiendo calles mal empedradas se llegaba al Parque Central donde se encontraba la iglesia, un edificio del Gobierno y una cancha de baloncesto donde no había «dream teams» pero si sueños de niños y adolescentes que jugaban de forma muy simple al baloncesto errando continuamente pases y tiros a una canasta herrumbrosa. En el pequeño graderío un corro de muchachos, mezcladas las edades, fantaseaba con el manejo de las motos. En un banco, algo apartado y sombreado, dos enamorados se decían cosas sin mirarse a los ojos, mientras un anciano repanchingado me miraba con una indiferencia estudiada y, de reojo, a los demás. Frente a la iglesia, al fondo, varios quiosquitos y puestos que anunciaban refrescaciones y otras bebidas con pinturas descoloridas que seguramente vieron tardes de paseos, noches de anheladas ilusiones, domingos de traje bonito y de sonrisas de niños que tenían las manos llenas de dulces.
Volví a orillas del lago. Las aguas se desplazaban en corriente cadenciosa y uniforme. El Sol por no desentonar se ocultaba al compás y yo, por no llevar la contraria, participé de su juego.

lunes, 15 de febrero de 2010

Negocios que no deberían morir: Las barberías


Una de las cosas que más me gusta hacer cuando viajo es afeitarme en una barbería de las que son de toda la vida, de esas que en años serán de las que fueron; de esas de muebles cansados, de sillas de mil sentadas y espejos que reflejaron ojos de cansancio, de comprensión, de escucha…

Sus direcciones, sus historias, no aparecen en las guías  ni son recomendadas en ningún foro de turismo. Normal. De hecho, casi nadie habla de hacer una excursión al barbero cuando visitas una ciudad. Es más, te miran de un modo raro cuando comentas que has estado afeitándote en una de ellas en lugar de visitar ese museo imprescindible que a ti te importa un comino o un huevo, según el momento y el caso.

A mi me encanta. Es uno de esos pequeños placeres, quizás absurdos, de los que disfruto en los viajes. Deambulo, vigilante, por los pueblos, por las ciudades en busca de estos lugares donde uno, por unos minutos, se abandona dejando en las manos expertas del barbero algo más que la cara.

Me gustan aquellas que ofrecen un aspecto humilde, pequeñas y de barbero viejo; aquellas en las que sabes que recibirás un trato profesional, esmerado; aquellas en las que el afeitado todavía tiene el sabor artesano de las cosas bien hechas; el sabor de cuando el hombre sólo utilizaba cabeza y manos para hacer su trabajo y no sabía de tecnologías ni de tendencias ni de prisas.

Me he adentrado en muchas de ellas: En Esmirna, Wadi Musa, Hama, Hoi An, Madurai, Mérida, Chichicastenango, Estambul, Varanasi, Luang Prabang etcétera etcétera. La última, el miércoles pasado en Marrakech. En todas ellas, en todos esos momentos me he sentido, si no el hombre más afortunado de la tierra, sí el mejor servido.

Me gustan las de silencios de última hora de la tarde, postrer cliente y eterno amigo del barbero, sentado en un rincón observando a los clientes como si fuese un elemento más de la decoración. Me gustan también las alegres, las que son continua algarabía de radio y voces, de conversaciones y discusiones, de réplicas y contrarréplicas. Me gustan las que huelen a alcohol y jabón de pastilla; pero sobre todo, como he dicho, aquellas donde el afeitado es un arte y el barbero un artista que utiliza la navaja como si de un pincel se tratara dejando tu cara como un lienzo blanco, desnuda de impurezas y tu alma limpia, relajada.

El ritual suele ser el mismo en todos los lugares. Primero humedecer la cara, desinfectar la navaja y preparar las cuchillas. Luego enjabonar con la brocha una y otra vez la cara hasta que queda bien lubricada y los pelos de la barba se ablandan. Después, y ya con los dedos, rematar el bigote como si fuesen las últimas pinceladas: el último protocolo antes de que la navaja se deslice por la cara. A partir de ahí, el barbero se concentra en su trabajo, rara vez habla y da la sensación de que al ras ras de la navaja está esculpiendo más que afeitando. Repite una o dos veces la operación y no da por concluido el afeitado hasta que se siente totalmente satisfecho, repasando aquellos pelos rebeldes que se niegan a ser guillotinados. Para finalizar, lociones que abran los poros de la piel, cremas para suavizar o toallas calientes y, en muchos casos masaje facial, de hombros, de brazos, de cabeza, de cuello.

Durante ese tiempo, uno acaba cerrando los ojos, relajándose en estos «Spas» olvidados e ignorados. Son momentos en los que parece que el mundo no es que se haya detenido, es que tu lo has parado y te has dejado llevar.

Todo acaba con un «servido señor», (que allí no te tutean aunque seas cliente habitual), pagar, propinar y agradecer el trabajo. Cuando te despides, asoma siempre en sus rostros una sonrisa tímida y humilde, una sonrisa de satisfacción por el servicio prestado, por el orgullo de haber realizado un buen trabajo.

Sólo por eso no deberían morir estos negocios. Pero morirán: porque la demanda es menor, las prisas se llevan mal con el oficio y ahora cualquiera tenemos nuestro Kit de maquinilla eléctrica, desechable, de una, dos o tres hojas que nos disuaden de invertir en intimar con el Barbero. También, porque muchos trabajos ya no se heredan, no se desean o se pierde la tradición y al jubilarse el barbero, también lo hace su silla.

Supongo que es ley de vida, cosas del progreso o la madre que lo parió, pero a mi me siguen gustando estos sitios entrañables, humanos y profesionales que te recuerdan que hubo una vez, un tiempo en el que los hombres y los trabajos se llevaban bien, con dignidad, con pasión, con orgullo: como debe ser.

miércoles, 10 de febrero de 2010

El blues del autobús

El otro día me preguntaba Javier Rodríguez Albuquerque: « ¿de dónde sacas el tiempo? A mi lo justo me da para mi blog, y seguir unos cuantos» cuando hice el anuncio del nuevo blog Thinking Souls.

La verdad, es que no tengo ni más ni menos que el resto; sólo 24 horas al día que como comentaba Katy en su blog, no se pueden almacenar. Ahora mismo, cuando son las 00:29 estoy escribiendo este post. En unas horas, menos de 7 estaré camino del aeropuerto para volar a Marrakech, donde permaneceré hasta el viernes. Hace 48 horas estaba en Amsterdam y, posiblemente, dentro de tres días tenga que realizar otro viaje. Entre medias, trabajar, planificar, gestionar, hablar, pensar, decidir, sentir, amar, divertirme, sufrir, y varias cosas más. Simplemente debo administrarlo. Unos días con más éxito que otros, pero procurando llegar hasta donde llego o me comprometo, sin que me generé una angustia vital o tenga que demostrarme nada.

Todo esto viene a cuento de una conversación que he tenido con una persona de mi equipo. Mañana el sale para Barcelona, luego Sitges, luego Madrid, luego Barcelona, Madrid, Salamanca y ahí lo hemos dejado. El caso es que le he estado dando una pensada y hoy regresaba otra de Zaragoza tras dormir tres horas, reunión de ventas, tanatorio entre medias (la madre de una amiga había muerto) y hoy a Viella. Pero sigo; otra mañana en Madrid, luego en Barcelona; otro en el Escorial y luego Barcelona; otro en Madrid, luego Barcelona, otra carretera distinta a la de los anteriores, Algete, Madrid…

Tal y como lo leeis, pensareis que nos estamos «saliendo de la tabla». No es así, simplemente se han concentrado en una semana bastantes operaciones, bolos, eventos o como lo queráis llamar.

Administrar el tiempo es una de las tareas más complejas que existen; conciliarlo, como se dice ahora, a veces ciencia ficción. Más cuando se vive en directo y dependes de terceros que lo mismo te piden una reunión a las tres que un guión a las cuatro cuando son las dos; y las correcciones a las cinco. Un blues del autobús, del cual os dejo hoy una versión que me ha gustado más que la de Miguel Ríos.

La vida, no solo la de los que nos dedicamos al mundo del directo, es una cuestión de administrar momentos. Unos los controlas y otros, no los puedes controlar. Por eso, y contestando a Javier, no es que me de tiempo a hacer muchas cosas, es que intento administrarlo y si no llego, no llego. Esa es la razón por a cual, este blog no se publicará en unos días, porque no llego a hacerlo y porque creo que debo mejorar muchas cosas; y para eso, debo administrar el tiempo.

Os deseo un feliz miércoles y un feliz fin de semana.

Obviamente, la canción va dedicada a mi equipo.

martes, 9 de febrero de 2010

Sonata de cello y piano para ser feliz

Hay instrumentos musicales melancólicos, nostálgicos. Parecen irradiar tristeza dependiendo de cómo sean tocados. Son instrumentos que parecen sonar a pasado; a algo que se perdió, o a algo que no se tuvo, como si sus notas fuesen un consuelo de los sueños perdidos, de los deseos imposibles: música de «peli» en blanco y negro o foto fija, música para momentos de depresión. Triste, ya digo.

Sin embargo, creo que no es así. Todo depende de cómo se quiera mirar. La música no solo hay que escucharla, hay que leerla e interpretarla. No me refiero a que uno sepa lo que es una corchea, un acorde, un tempo o si la partitura está escrita en clave de Sol, de Fa, o de Solfa. Me refiero a ser capaces de imaginar el momento en el que el instrumentista posa sus dedos sobre las teclas o sobre las cuerdas, el momento en el que el músico anota, corrige, reescribe cada nota en el pentagrama, el momento en el que expone su alma, una sucesión de instantes que se van concatenando hasta que, por fin, se vacía del todo, abandonando todo pudor, desnudando y entregando definitivamente sus emociones: Un proceso liberador, reflexivo, pero sobre todo creativo.

Yo no sé si eso se llama autorrealización, pero de lo que si estoy convencido es de que el compositor cuando crea, es feliz. La creatividad es talento, es esfuerzo, pero también es amor. Y el músico en su soledad, en su aparente melancolía está componiendo, creando con amor, y el amor, es la única vía que conduce a la felicidad.

Un piano y un cello sonando juntos pueden parecer tristes, aburridos; pero en realidad, si se escuchan, leen e interpretan desde otra visión pueden llegar a ser sublimes y elevar más que entristecer el espíritu.

Os dejo un video para "leer"

Feliz martes

viernes, 5 de febrero de 2010

Los comentarios perdidos: Thinking Souls

¿Alguno sabéis cuantas palabras y frases habéis pronunciado a lo largo y ancho de vuestras vidas? ¿Podríais recordar aquellas que, de alguna manera, os han acompañado? ¿Las que adoptasteis y salen de vuestra boca con frecuencia? ¿Las que sentencian como coletilla vuestros razonamientos? ¿Las que mudaron en refrán, cita o proverbio? También ¿por qué no? ¿Aquellas de las que os arrepentís o que sonaron antes de tiempo o de forma inconsciente? ¿Las que inventasteis o creasteis? Intentad haced memoria.

Casi con seguridad, así, a bote pronto, os será complicado acordaos. Por extraño que parezca siempre es más fácil recordar las ajenas, las de otros, las de los grandes personajes de la humanidad, la de los famosos o la de aquellos más cercanos a vosotros; frases que son consejos, que expresan ideas, palabras que llevan a la reflexión. Suele ser así ¿verdad? Sin embargo, si os escucháis, si os leéis, os daréis cuenta de que muchas de vuestras expresiones tienen vida. Da lo mismo cuando y en qué contexto fueron declamadas: encierran en si mismas una profundidad latente, una fuerza casi mágica que convierte cada dicho en un pensamiento, en un regalo del alma.

La semana pasada publiqué dos post que hablaban de ello «Frases para compartir I y II». En ellos, de alguna manera, quería recoger todas las ideas, pensamientos y reflexiones de los que enriquecéis este blog. Como la idea no os pareció mal, hay pensamientos muy interesantes he creado un nuevo blog: Thinking Souls o si lo preferís Los comentarios perdidos, una pequeña extensión de Soul Business. La idea es la siguiente:

¿Qué pasa cuando las palabras se sacan de contexto? ¿Cuando las dejas libres? Esto es Thinking Souls, un juego en el que se recogen reflexiones, ideas que cada uno puede utilizar para su propio contexto. Hablan de todo o de nada. Tú les das el valor que quieras. Thinking Souls, es un regalo de toda la gente que pasea por Soul Business.

El blog se publicará cada siete o diez días y recogerá 7 frases, 7 pensamientos, 7 ideas, 7 reflexiones. De todos y de cada uno de los que ayudáis a construir Soul Business; de todos y cada uno de vosotros que tenéis mucho que decir; de todos y cada uno de vosotros que pensáis con el alma. Por supuesto, se admiten sugerencias y todas las frases que os gusten las podéis seleccionar y serán publicadas.

Hoy, como introducción y resumen,publicamos el que dejó Begoña Zalbes (Coaching Político) sobre el asunto.

Feliz Fin de semana

Las palabras sueltas tienen el significado individual...

Las palabras en un contexto tienen el significado del contenido...

Las palabras unidas a un texto y sacadas del mismo...transmiten una experiencia desconocida y a la vez cobran vida propia como bien compartes



miércoles, 3 de febrero de 2010

Cosas que dije…y mantengo


Ayer decía que me apetecía jugar con la mente y que iba a ir publicando algunas ideas sobre el futuro. Muchas de ellas, puede ser que ya estén inventadas o que inconscientemente las haya grabado en mi disco duro y, de alguna manera, las haya hecho mías. También puede ocurrir que sean tan disparatadas o tan raras que rocen la imbecilidad o que no tengan por donde sostenerse. Da igual. Me suelo mojar, aún a sabiendas que me falta mucha información, que en ocasiones voy a contra corriente: a sabiendas de que a uno le pueden llamar «iluminado» o que produzca rechazo en determinados círculos o que …vaya usted a saber. Me da lo mismo. Si hay un privilegio que no le puede ser arrebatado a ningún hombre es precisamente ese: la capacidad de imaginar, soñar y crear.



Hace casi dos años, con motivo del X aniversario de la revista IPMARK, me invitaron a escribir un artículo sobre como serían las agencias de eventos en el año 2020. Esto es lo que escribí, quizás influenciado por otras ideas. Y si bien, sigo manteniéndolo, hoy añadiría bastantes más cosas, pero en líneas generales sigo pensando lo mismo. Con un matiz, puede ser aplicable a cualquier tipo de empresa con sus lógicas particularidades.
Un poco largo, pero no lo iba a cortar. En próximas fechas, otras historias. Esta de hoy, se la dedico a mi equipo que han ganado dos premios recientemente  

Feliz miércoles

Nota - Las fotos pertenecen a un evento que realizamos en Lisboa. Se trata del Convento do Beato el día que fuimos a inspeccionarlo y como lo tuneamos para una cena de gala.
Las agencias de eventos en la década de la transparencia

Si uno relee artículos y libros de gestión empresarial – sobre todo los publicados en los últimos quince años – observará que en casi todos se habla del cambio, del aumento de la competitividad, de la complejidad; de un mundo más globalizado en el que los avances tecnológicos marcarán las pautas; un antes y un después en la forma de relacionarse y hacer negocios. Cierto. Y esto mismo se podrá leer en nuevos artículos el año que viene, y el que viene y el que viene… La era de la información está dando paso a la de la gestión del conocimiento. En unos años estaremos definitivamente instalados en la era de la gestión estratégica de la comunicación como respuesta al mundo interactivo en el que conviviremos. Así las cosas, la empresas potenciarán su área de comunicación para proyectar su imagen, la gestión de sus recursos, las relaciones con la sociedad, o la gestión del negocio; desde programas de comunicación interna a planes de comunicación corporativa, desde acciones para clientes a proyectos sociales, desde la gestión de la comunicación en momentos de crisis a los procesos de fusiones y adquisiciones. Y gran parte de está comunicación habrá que hacerla en vivo, en directo como si la vida fuese un continuo espectáculo donde se debe no sólo comunicar sino emocionar, enamorar y conseguir la interacción con el público.

En este contexto, las actividades relacionadas con el sector de eventos experimentarán un crecimiento superior al de otros sectores, al ser los eventos acciones de comunicación realizadas en vivo. El sector se beneficiará de las micro revoluciones diarias a las que nos somete la velocidad tecnológica y los cambios en la escala de valores, al haber pasado de la economía de la producción a la economía de servicios. Nunca hasta ahora la sociedad había estado tan abierta, tan llena de paradojas, y con el tiempo cada vez será más abierta y paradójica; y menos previsible. Entramos en la década de la transparencia, en la incertidumbre de lo “CIERTO” (Conocimiento, Innovación, Emoción, Relación, Transparencia y Organización). Estas seis palabras serán claves para imaginar y entender cuales serán las tendencias en el mundo de los eventos, y que demandarán los clientes a los organizadores.

Conocimiento: Se debate mucho si las agencias deben tender hacia la especialización o la generalización. En el mundo de la superabundancia de posibilidades, en el que las fronteras entre las diferentes tipologías de agencias no están claras - debido a la paradoja de que por un lado los clientes piden especialización y proyectos llave en mano y, por otro, a que las agencias especializadas los realizan aunque no estén especializadas en alguno o varios elementos del evento-, lo realmente importante será el conocimiento que el capital humano de la agencia posea y la capacidad que demuestre en entender lo que necesita el cliente y cómo proporcionárselo.

Innovación: Así como el conocimiento y la información no pueden aislarse ni esconderse, las ventajas competitivas tienden a diluirse; todo se puede copiar, replicar, adaptar en muy poco tiempo. Talento e innovación serán las principales armas competitivas de las agencias. Se pasará de la “agencia pull” que trabaja sólo bajo demanda y por proyecto a un modelo de “agencia push & pull” en la que parte del tiempo que empleen sus trabajadores se destinará a analizar oportunidades negocio, a investigar y desarrollar soluciones que puedan ser implantadas y ejecutadas en muy poco tiempo para sus clientes.

Emoción: Una empresa que no es capaz de emocionar a sus clientes, a sus empleados, a sus accionistas, a sus colaboradores a la sociedad en la que se desenvuelve tendrá muchas dificultades en el futuro. Las emociones, los valores, no se reflejan en ningún balance pero influyen cada vez más en la evolución de las empresas. Intangibles como la confianza, el talento, la responsabilidad, tendrán cada vez más peso en la toma de decisiones por parte de los clientes a la hora de adjudicar una cuenta, una acción o un evento. Las agencias tendrán que enamorar a los clientes, llegar a su alma, despertando su imaginación y sus emociones.

Relación: Vivimos en múltiples escenarios reales o virtuales donde todo sucede simultáneamente, donde todo es interacción. La comunicación y las relaciones se hacen indispensables como herramientas de gestión. En una sociedad abierta, las agencias de eventos deberán entender que no tiene sentido poner barreras a la información ni pensar que el resto de agencias y proveedores son solo competidores que le quitan negocio. Deberán pensar en actuar de una forma multipolar, desarrollando una visión integradora y global que les permita interconectarse y relacionarse con otras agencias y actores del sector de eventos en cualquier lugar, con el objetivo mutuo de aumentar conocimiento, compartir talento e innovar para emocionar a sus clientes y conseguir que los eventos no pierdan su efectividad como herramienta de comunicación.

Transparencia; En el futuro, la transparencia dominará el mercado. A la voluntad de las empresas en el desarrollo de la responsabilidad social corporativa, se suma el hecho de que las empresas son vistas y juzgadas por la sociedad que puede dictar sentencia y cambiar su destino. Y esa transparencia será positiva para el sector de eventos en general y para las agencias en particular. Se modificará progresivamente la forma de remuneración actual en la que las comisiones todavía tienen un peso importante dentro de los ingresos. Se valorará y pagará la creatividad, la innovación, el talento, y no solo la producción y coordinación del evento. Se establecerán nuevas reglas basadas en la confianza y el compromiso.

Organización: Pero estos nuevos retos no se podrán afrontar sin una organización con principios sólidos, comprometida y flexible que vele por el desarrollo del capital humano y la comunicación permanente en todas las fases de la cadena de valor. Una organización que utilice las posibilidades que nos ofrece la tecnología pero que no sea esclava de ella y una organización que sea capaz de imaginar un futuro mejor e intentar realizarlo.

Marzo 2008

Y en eso estoy. A ver si lo consigo.

martes, 2 de febrero de 2010

Revisitando el Futuro


Hay semanas que a uno le da por imaginar el futuro. Es decir, intenta visualizarlo o al menos aproximarse. En realidad lo que uno quiere es que sus deseos se cumplan y, de no ser así, llevarse el premio de consolación que no es otro que los augurios se cumplan. Es decir, que lleves razón y que nadie te recuerde que fallaste más que una escopeta de feria. Ocurre también, que hay futuros que no te gustaría que sucediesen, como pueden ser aquellos que atentan en el fondo y forma contra la Naturaleza, ya sea esta en su versión humana o ecológica. Futuros que no compartes pero a los que te tendrás que adaptar, salvo que consigas cambiarlos.

Como observareis, he pasado de hablar del futuro a los futuros. No existe un único futuro y si aceptamos el singular, en realidad, es una suma de muchos futuros: hay que sumarlos todos. De ahí, el problema para visualizarlo correctamente, debido a que solo sumamos lo que somos capaces o queremos ver o entender. Procuraré explicarme, aunque al final me suelo liar. Creo que la mayor parte de los mortales somos «voyeurs» pero no visionarios (sólo a estos últimos el tiempo les da la razón) y no vemos correctamente por lo siguiente:

Miramos desde el sitio inadecuado o sólo desde un sitio.

El post de ayer decía que, desde mi punto de vista el futuro  había que verlo con ojos de ayer, de hoy y de mañana. Generalmente lo que hacemos es intentar visualizarlo desde el ayer o el hoy, y tomamos como referencia únicamente nuestras snesaciones o las previsiones a corto plazo de otros «visionarios» pero no somos capaces, bien de entenderlo del todo o sólo, ya digo, hacerlo a muy corto plazo. Somos, incapaces de situarnos en el futuro, con mente de futuro. Nuestra mente permanece en el presente, como si mirásemos a la lejanía, pero no a la meta. Así, es difícil acertar.

Miramos condicionados

Condicionados, como apuntaba antes, por lo que digan los expertos, los gurús, los amigos, la familia…; condicionados por las costumbres y por las reglas existentes cuando todo cambia y nada permanece. Condicionados por nuestros propios miedos y temores a equivocarnos, condicionados por nosotos mismos. Al final  nuestra visión  es la que ofrecen otros o continuista.

Miramos desde el yo, desde el nosotros, pero pocas veces desde el todo.

Es una cuestión de amplitud. Estoy de acuerdo en que el futuro (como concepto individual) se lo construye uno. El problema es que lo hacemos desde el yo, o el yo y mi circunstancia como decía Ortega y Gasset, pero no desde el todo, lo que impide ver o con claridad o borroso.

En definitiva, que ya se me ha ido la olla bastante, intentar pronosticar o querer saber como será el futuro es sólo un ejercicio de imaginación: la máxima expresión de la creatividad. Creatividad, que tenemos bajo mínimos por lo anteriormente dicho como lo explica un tipo ,que no recuerdo el nombre,  perfectamente en el blog. de Javier Rodríguez Albuquerque

Dicho todo esto, y como me estoy viniendo arriba, me apetece jugar con la mente y aunque esté equivocado, en próximas fechas iré publicando algunas ideas de cómo será eso del futuro, pongamos por caso, dentro unos 5-7 años, que afinar, afinar ya es más difícil.

Dentro de 5 o 7 años, descubriré si supe mirar, o miré torcido.

Feliz martes.

lunes, 1 de febrero de 2010

Who wants or who can to work forever?

El viernes, Zapatero y sus chicos aprobaron en el Consejo de Ministros el documento de principios por el cual, entre otras medidas, se pretende retrasar hasta los 67 años la edad de jubilación, que servirá de base para el debate posterior con los agentes sociales y en la Comisión del Pacto de Toledo en el Congreso de los Diputados, en el que puede sufrir modificaciones. Unos dos años más o menos para que salga adelante. Parece ser que la caja de la Seguridad Social está bajando y en unos añitos, del superávit (tenemos pasta) se pasará al déficit (pues ya nos la hemos fundido) lo que pone en serio peligro el cobro de las pensiones. Es decir, que yo, por ejemplo, me quedase con cara de gilipollas después haber currado un montón de años.

Para evitarlo, una de las medidas que se proponen es precisamente esa, que todo el mundo trabaje hasta los 67 añitos para poder jubilarse. Ignoro si con esta «súper idea» que no es nueva y que suele asomar en periodos de crisis para desaparecer en periodos de bonanza, la gente podrá irse al pueblo, Benidorm, o simplemente llegar a fin de mes, una vez le licencien definitivamente. No lo sé, no soy economista pero tengo mis dudas de que alargar el periodo laboral sea la mejor solución. Creo más bien que lo que hay que hacer es generar puestos de trabajo, independientemente de la edad ya de lo que se trata es de recaudar y salvo que se me escape algo, una afiliación a la Seguridad Social es una afiliación. Y si no se puede crear empleo, recortar partidas superfluas o innecesarias y dejar de subvencionar bobadas.

Como digo, tengo mis dudas. Me planteo muchas cuestiones que supongo que los expertos se habrán planteado y analizado para tomar las medidas, pero sigue sin cuadrarme el asunto. Y todo, porque me ha dado por pensar en el futuro de la gente de forma general, y en el mío en particular. Con ojos de ayer, de hoy y de mañana y, de verdad, no acabo de verlo claro.

No me veo trabajando a los 65 ni a los 67, no porque no quiera, sino porque lo más posible es que no quieran otros. Físicamente no estaré para hacer un trabajo que requiera de mis músculos. De directivo, salvo que sea mi propio jefe o acceda a uno de esos consejos de dirección que más parecen un cargo vitalicio (para lo cual ni tengo conocimientos ni contactos suficientes) lo tengo claro ¿Conocéis a muchos directivos de empresas no familiares o de las de toda la vida –las que siempre hacen las cosas así porque así se han hecho- cuyos directivos sobrepasen los 60 años? De currito, ni intentarlo. Hace ya siglos que las empresas no contratan, salvo escasísimas opciones, a gente mayor de 40 años y ¡qué coño!: la gente que viene detrás suele, o estar mejor preparada o le han enseñado otras cosas, o tiene una capacidad de aprendizaje superior al tener menos neuronas quemadas; es más dócil y está dispuesta a hacer cosas que tu ya no puedes hacerlas o que a ti ya no te encargarían.

Vaya por delante, que miedo cero, que ganas de luchar siempre, y que observando como funciona esto, lo más probable es que al final haga algo y no me muera de hambre - cobre o no pensión-, sabiendo además que el estado de mi cuenta corriente más que corriente es vulgar, anodina, patética algunos meses.

Lo que yo realmente me preguntaba era ¿si habrá trabajo o no? Si de haberlo ¿qué tipo de trabajo y para que perfil de trabajador? ¿En qué sectores lo habrá? ¿Tenemos gente para ello? ¿Somos y seremos competitivos? ¿Podemos proteger la industria del país y el tejido empresarial frente a los mercados emergentes de hoy de mañana? ¿Y además tener el mismo poder adquisitivo?

¿Por qué sólo se piensa en los que están con trabajo y no en los que deberían tenerlo como son los jóvenes, los parados, y se fomentan medidas reales para crear empleo y no sólo parches temporales? ¿Con estas medidas retrasarán la incorporación o la vuelta al mercado laboral de los anteriores o no afecta? ¿De qué manera afecta también a los inmigrantes (que muchos de ellos han estado cotizando y se verán con el culo al aire al no llegar a los mínimos)? ¿Qué pasará si vuelve una época de vacas gordas? : Que volverá

Se comenta también la intención del Gobierno de acabar con las prejubilaciones en las empresas con beneficios: intención esta un poco extraña porque ¿Y si la empresa decide no dar beneficios (se queda sin recaudar) o, los da hoy, y mañana no? ¿Y si trabajador y empresa están de acuerdo en la prejubilación?, en desvincularse los unos de los otros. ¿Puede intervenir alegremente el Estado en lo que debe hacer una empresa, en su gestión? ¿Es legal? Y, ¿No podría producir el efecto contrario? Es decir, que las empresas para contratar buscasen por sistema la fórmula menos gravosa para ella, ofreciendo contratos temporales o basura, sorteando siempre los pasillos que deja cualquier legislación para pagar el menor coste posible ¿No os da la sensación que habría más Eres, encubiertos o no).

Por último, ¿cómo están mirando el futuro? ¿De qué escenarios están hablando? : Si ya saben que en 2020 o así estaremos al borde del precipicio, es porque, tienen la certeza de que esto no tiene mucha pinta de mejora, o que va a empeorar, o, y esto si sería grave, no tienen ni puta idea de lo que va a pasar (lo cual indica que son muy aventurados en las previsiones o no quieren contar toda la verdad) ni saben como remediarlo si no es aumentando la presión fiscal o haciendo trabajar más tiempo al que ya no quiere o no puede.

Que sí, que la vida es una carrera de fondo, pero la velocidad a la que nos movemos la está convirtiendo en una mezcla de 100 metros y una maratón y mucha gente no llegará ni psíquica ni físicamente a la meta que han desplazado. Esto hay que entenderlo.

Lo peor de todo, es que los otros, los que se frotan las manos al ver los resultados de las encuestas, se mojan poco (no vaya a ser que los índices bajen) y no ofrecen soluciones que puedan ser debatidas o cuestionadas como hago yo hoy con esta.

Feliz lunes

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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