martes, 30 de marzo de 2010

Instantáneas de la Semana Santa Sevillana


El otro día Pepe Moral en su blog ReinBizz: Reinventando Bizznezz hablaba de Sevilla e inspirado en dos pastelerías de la calle Sierpes hacía un interesante ejercicio sobre el enfoque que hay que meditar a la hora de aventurarse en un negocio: Al principio de la calle Sierpes. El post me hizo recordar muchas cosas de una ciudad que me gusta y disfruto mucho cuando voy. El caso es que como se acerca Semana Santa, ya no escribiré hasta el próximo lunes y este blog también va de miradas y viajes os dejo un relato que son instantáneas de la Semana Santa Sevillana que hoy evoco en Soul Business.

Instantáneas de la Semana Santa Sevillana

Aún no es mediodía y las hileras de sillas de la Carrera Oficial situadas en la Avenida de la Constitución y la Plaza de San Francisco permanecen vacías. El olor a azahar aún no ha sido contaminado por la cera derretida que yace en un pavimento castigado por el paso fervoroso y orgulloso de miles de nazarenos que atravesaron el día anterior las calles de una Sevilla entregada a sus Cristos y sus Vírgenes. Las últimas hermandades, agotadas por una «Madrugá» movida, siguen procesionando camino de su templo.

En la Plaza de El Salvador se dan cita los primeros «capillitas». Enfundados en trajes oscuros, corbatas graves, olor a buena colonia lavanda, pelo reluciente y recién engominado son muy habituales en las mañanas de la Pascua Sevillana. Los que taponan mi paso, apenas han cumplido los diez y ocho años pero actúan como los veteranos. Transitan rígidos, con paso firme, como si lo hubiesen hecho así toda la vida; pero sus ademanes, su nerviosismo de primer traje, les delata cuando miran de reojo para saber si son mirados, preferentemente, por unas jovencitas que, despreocupadas y sonrientes a su vez, comentan entre ellas lo bien que les sienta la mantilla. De vez en cuando, cruzan sus miradas, se aproximan tímidamente y entablan una conversación que se me antoja inocente. Poco a poco, en la plaza, se van congregando esos enormes grupos de amigos que tanto se ven en Sevilla, con sus compadres, sus comadres, sus niños y los carritos de los niños. Van llegando intermitente y van conquistando un espacio que no abandonarán al menos durante las dos siguientes horas, bien en el centro de la plaza, bien a media distancia de las puertas de los bares. Piden cervezas o «tinto con blanca» de cinco en cinco, de diez en diez, de quince en quince. A medida que va creciendo el grupo se organiza un bote que irá mermando y reponiéndose hasta que la tribu se vaya disgregando a lo largo del día.

Subiendo por la Cuesta del Rosario me cruzo con dos nazarenos de paso rápido que llevan sus capirotes en las manos y que no se si van o vienen de la Hermandad; un niño vestido con una túnica blanca es arrastrado de la mano por uno de ellos y el pequeñajo (al que le quedan todavía varios años para hacer la primera comunión) trota entre excitado y cansado, ignorando, seguramente, que con el disfraz que lleva no va precisamente a una fiesta divertida: acabará rescatado por la madre o los abuelos en el tiempo y punto del recorrido convenido.

Un aroma a fritura asoma al doblar la esquina tentando al paladar, incitando a abandonarse en la primera taberna que deje un hueco en las mesas o en la barra. Al llegar a la Alfalfa, el calor se ha instalado en la mañana. Las terrazas están llenas, así que echo un vistazo y examino varios bares antes de decidirme entrar en uno; el que más vacío y tranquilo parece. Acodado en la barra, pido una cerveza y miró un televisor que retransmite el caminar de La Macarena hacia su Basílica; una Macarena arropada de claveles blancos de la que horas antes me había despedido agotado, caminado por unas callejas en las que poco a poco se perdían las lisonjas y los vítores de un pueblo devoto que aplaudía al capataz cuando ordenaba a los costaleros que subieran a su Señora al Cielo.

Tras un sorbo, enciendo un cigarrillo y rebobino parte del día anterior.

Ampliado por el sonido del televisor resuenan todavía en mis oídos el redoblar de tambores, el soplido de las cornetas que acompañan a Cristo, la solemnidad de las poderosas bandas que envuelven con sus instrumentos de vientos los pasos de la Virgen; música que con los nuevos clientes se va diluyendo, haciéndose lejana; música que se pierde embarullada, con aires de película rancia, de NODO locutado con el entusiasmo oficial de la posguerra.

Y me acuerdo de los costaleros recién relevados que, sudorosos, trasiegan botellas y botellas de agua, con esa sensación en el rostro que deja el agotamiento del trabajo bien hecho y revivo, en otra calle, en otro momento más instantes.

Cerca de la plaza de la Magdalena la Esperanza de Triana se toma un descanso. Del murmullo se pasa al silencio. Desde un balcón cercano, una mujer entra en trance arrancándose en un cántico profundo y quejoso; un alarido inagotable y esforzado que brota de su interior. Su saeta conmueve y hace saltar las lágrimas al hombre que se encuentra a mi lado. De mediana edad, chupaillo, rostro cicatrizado y ojos de haber pasado por el «talego», lleva impreso en su brazo un tatuaje descolorido y fofo de una mujer ligerísima de ropa. Llora de lágrimas gordas, conmovido, pueril y más parece dar las gracias que pedir perdón a la Virgen Trianera.

Me pido otra cerveza, esta vez acompañada de una pavía ardiente que me transporta a una noche de bares repletos en los que chocan los cristales, los cuerpos en empujones, cuesta entender las palabras y la algarabía de esta particular forma de celebrar la pasión de Cristo de los sevillanos que puede descolocar a cualquiera que no haya nacido allí. Bares que huelen a comida caliente; y a bodega de manzanilla; y a cerveza: una borrachera de los sentidos que invita, de cuando en cuando, alejarse y refugiarse en otras calles y otras instantáneas; como la del Jesús del Gran Poder que a medida que ves acercarse la Cruz de Guía, la solemnidad se apodera de cada rincón y los cirios de los nazarenos parecen marcar la anchura de las calles, como si de una carretera se tratara.

Al apurar la cerveza, intento encontrarle una explicación a lo vivido; pero creo que es mejor seguir mi particular procesión hasta el siguiente bar donde me esperan unas fantásticas huevas de choco: siempre se me escaparía algo.

Feliz Semana Santa
 
El miércoles Thinking Souls

lunes, 29 de marzo de 2010

Recuerdos del cine y viajes

El pasado viernes estuve participando en un curso de Cine y Turismo organizado por la Escuela Universitaria de Turismo de la Universidad de Salamanca. Esa fue una de las razones por las cuales dejé programados los microrelatos. Como todavía no me he repuesto del mismo y ayer, el tiempo que tenía asignado para el post me lo he fundido viendo el fútbol, lo único que puedo ofreceros es un poco del curso. El tema que traté fue "Los recuerdos del turista"

Sintetizarlo todo en un post es complicado. Por eso, hoy os dejo un video que monté (pido disculpas, pero llevo menos de un mes con el Mac) que ponía para «desengrasar» entre bloque y bloque y cuyo objetivo era que los alumnos reflexionasen sobre como el cine directa e indirectamente influyen en los recuerdos del turista

Próximamente os haré un pequeño resumen del curso y os contaré por qué, para mi, el cine es un dinamizador de recuerdos.

Feliz lunes

viernes, 26 de marzo de 2010

De micro historias. Viernes: La necesaria empatía

En el bosque habitaban el rey de los cuervos y el rey de los búhos, ambos con su legión respectiva de cuervos y búhos. Siempre habían compartido la paz del bosque, pero resulta que cierto día el rey de los cuervos y el rey de los búhos se encontraron y comenzaron a intercambiar impresiones. El rey de los cuervos preguntó:

¿Por qué tú y tu legión de búhos trabajáis por la noche?

El búho, sorprendido, replicó:

Sois vosotros los que trabajáis por la noche. Nosotros trabajamos de día. Así que no mientas.

  Y los dos reyes se enzarzaron en una discusión, ambos convencidos de que trabajaban de día. Hasta tal punto la discusión comenzó a adquirir un carácter de violencia, que la legión de cuervos y la de búhos se disponían a entrar en combate. Pero cuando la situación estaba llegando a su momento más crítico, apareció por allí un apacible cisne que, al enterarse de la disputa, dijo:

Calmaos todos, queridos compañeros.

Y dirigiéndose a los reyes, dijo:

-No debéis en absoluto pelear, porque los dos tenéis razón. Desde vuestra perspectiva, los dos trabajáis de día.

El Maestro dice: Debido a diferentes enfoques de la realidad aparente, ideologías y ficticias divisiones, surgen las disputas y guerras, el malestar y el dolor.

jueves, 25 de marzo de 2010

De micro historias. Jueves: ¿Cómo hacerse rico?



Un leñador estaba en el bosque talando árboles para aprovechar su madera, aunque ésta no era de óptima calidad. Entonces vino hacia él un anacoreta y le dijo:

 - Buen hombre, sigue adelante.

Al día siguiente, cuando el sol comenzaba a despejar la bruma matutina, el leñador se disponía para emprender la dura labor de la jornada. Recordó el consejo que el día anterior le había dado el anacoreta y decidió penetrar más en el bosque. Descubrió entonces un macizo de árboles espléndidos de madera de sándalo. Esta madera es la más valiosa de todas, destacando por su especial aroma.

Transcurrieron algunos días. El leñador volvió a recordar la sugerencia del anacoreta y determinó penetrar aún más en el bosque. Así pudo encontrar una mina de plata. Este fabuloso descubrimiento le hizo muy rico en pocos meses. Pero el que fuera leñador seguía manteniendo muy vivas las palabras del anacoreta: “Sigue adelante”, por lo que un día todavía se introdujo más en el bosque. Fue de este modo como halló ahora una mina de oro y se hizo un hombre excepcionalmente rico.

El Maestro dice: “Sigue adelante”, hacia tu interior hacia la fuente de tu Sabiduría. ¿Puede haber mayor riqueza que ésta?

miércoles, 24 de marzo de 2010

De micro historias: Miércoles: Una ida de olla o el cuento de la lechera



Era un lechero acaudalado y que contaba con varios trabajadores en su lechería. Llamó a uno de ellos, Ashok, y le entregó una olla llena de mantequilla para que la llevase a un cliente de un pueblo cercano. A cambio le prometió algunas rupias extras. Ashok, muy contento, colocó la olla sobre su cabeza y se puso en marcha, en tanto se decía para sí: “Voy a ganar dos rupias. ¡Qué bien! Con ellas compraré gallinas, éstas pronto se multiplicarán y llegaré a tener nada menos que diez mil. Luego las venderé y compraré cabras. Se reproducirán, venderé parte de ellas y compraré una granja. Como ganaré mucho dinero, también compraré telas y me haré comerciante. Será estupendo.

Me casaré, tendré una casa soberbia y, naturalmente, dispondré de excelente cocinero para que me prepare los platos más deliciosos, y si un día no me hace bien la comida, le daré una bofetada”. Al pensar en propinarle una bofetada al cocinero, Ashok, automáticamente, levantó la mano, provocando así la caída de la olla, que se hizo mil pedazos contra el suelo derramando su contenido. Desolado, volvió al pueblo y se enfrentó al patrón, que exclamó:

 -¡Necio! ¡Me has hecho perder las ganancias de toda una semana!

  Y Ashok replicó:

 -¡Y yo he perdido mis ganancias de toda la vida!

  *El Maestro dice: El futuro es un espejismo. Éste es tu momento, tu instante. En lugar de fantasear con la mente, pon las condiciones para que la semilla pueda germinar.


Hoy Thinking Souls: Cosas que enseña la vida

martes, 23 de marzo de 2010

De micro historias. Martes: Exceso de análisis



Un hombre se perdió en el desierto. Estaba a punto de perecer de sed cuando aparecieron algunas mujeres que venían en una caravana. El hombre, al borde de la muerte, gritó pidiendo auxilio. Cuando las mujeres se aproximaron a él y lo rodearon, pidió urgentemente agua. Las mujeres empezaron a mirarlo con detenimiento y comenzaron a preguntarse cómo querría el hombre que le sirvieran el agua.

¿Preferiría en copa de cristal o en una taza?, ¿en un recipiente de oro o de plata?, ¿tal vez en una jarra?

Ellas hablaban y hablaban interesándose por el objeto, pero, entretanto, el hombre iba agonizando por la ausencia de agua.

  *El Maestro dice: Hay un área de ignorancia en la mente humana que la inclina a lo irrelevante y trivial, obnubilando la consciencia de lo Real.

Mañana Thinking Souls

lunes, 22 de marzo de 2010

De micro historias: lunes. la búsqueda interior.

 

Esta semana la tengo bastante complicada y estaré bastante limitado para escribir los post. Así que publicaré cinco mini historias, cinco microrelatos que he recopilado y que sirven para darle una pensada. Se explican por si solas.
Una mujer estaba buscando afanosamente algo alrededor de un farol. Entonces un transeúnte pasó junto a ella y se detuvo a contemplarla. No pudo por menos que preguntar:

- Buena mujer, ¿qué se te ha perdido?, ¿qué buscas?

Sin poder dejar de gemir, la mujer, con la voz entrecortada por los sollozos, pudo responder a duras penas:

- Busco una aguja que he perdido en mi casa, pero como allí no hay luz, he venido a buscarla junto a este farol.

El Maestro dice: No quieras encontrar fuera de ti mismo lo que sólo dentro de ti puede ser hallado.

Feliz Lunes



jueves, 18 de marzo de 2010

Un Miami


 
Ayer MaS publicaba un post en el que nos preguntaba a sus lectores como andaban nuestros niveles de humor. Los míos bien, gracias; no así los del colesterol.

Nos preguntaba si eramos capaces de reirnos de nosotros y si eramos capaces de mandar un chiste al jefe o al director.

En la casa de locos en la que trabajo sí. Y hay para todos sin importar el cargo, función etcétera. No es todo el día así, evidentemente, pero si tendemos a echarnos unas risas de vez en cuando; que este valle de lágrimas está ya bastante jorobado como para encima estar de mal humor y, al menos, si uno se tiene que ganar el pan con el sudor de su frente que sea con alegría.

Como decía , nos gusta gastarnos bromas, las elaboramos o improvisamos cuando alguien se pone a tiro. Le puede tocar a cualquiera.

Cada empresa tiene su propio diccionario, sus códigos internos que no suelen trascender al exterior. Pues bien , nosotros a estas bromas las llamamos «Miamis» y forman parte del diccionario Divertia - Español.

Hace un par de años Eduardo Jauregui,  autor junto a Jesús Damián Fernández del libro Alta Diversión: los beneficios del humor en el trabajo,  me llamó para que le contase un Miami que habíamos hecho. Hoy, dedicado a MaS,  dejo un extracto de la broma que apareció en su libro. Un día con más tiempo, prepararé un power con el making off.

Feliz Jueves.

La broma empresarial más sofisticada que hemos conocido la coordinó Fernándo López, de la agencia de eventos Divertia Smile Company. Nicolas Cubelli director artístico de su empresa recibió emails y llamadas de un “cliente”, supuestamente en Estados Unidos, interesado en que prepararan el montaje de un fastuoso evento de la NBA en Miami. Emocionado con el proyecto, se puso a preparar el asunto, hasta que la cosa empezó a tener consecuencias serias y López decidió revelar a Nico que se trataba de una inocentada. Pero decidieron los dos seguir la broma de cara al resto de la oficina –tanto las personas que habían seguido la broma hasta ahora como los que no. Los que no sabían nada alucinaban con el proyecto, con el envidiable “viaje preliminar” que se iba a pegar su compañero en Miami y con las llamadas absurdas que llegaban desde este supuesto cliente (protagonizadas por algunos de los humoristas que habitualmente colaboran con Divertia). Y los que creían que Nico seguía tragándose la broma se preocupaban por la envergadura que estaba tomando el asunto: tiempo perdido de trabajo, artistas de toda Europa involucrados en el evento, gastos de producción (entre otros, supuestamente había comprado ya los billetes para Florida). Estos últimos presionaban a López para que desvelara el engaño, que llegó a durar varias semanas. Finalmente, López y Nico prepararon el golpe final. En una reunión, delante de los socios y de todo el personal de Divertia, revelan que todo había sido un engaño. Nico se pone furioso, insulta a todo el mundo y anuncia que se despide de la empresa, saliendo de las oficinas con portazos. La escena provoca un absoluto caos entre todo el personal: estupor, lloros, sentimientos de culpabilidad, amargas recriminaciones. Al cabo de un rato, Nico vuelve a entrar, aún más iracundo que antes: “Y que sepáis, ¡hijos de...!”. Y se echa a reír a carcajadas.

Como observareis, un poco malos, un poco cabrones. Esta fue la agenda. En la foto, Sinacio y Cubelli

martes, 16 de marzo de 2010

Si la vida fuese así de chula

Me gusta la publicidad;  sobre todo me gusta aquella que está bien hecha y que sugiere más que cuenta. Si además rebosa creatividad me parece una obra de arte. La publicidad atrae, (que para eso se hace) ejerciendo un magnetismo poderosísimo sobre la gente, pero también se la adopta, como se adopta una canción, una película o un libro. Es decir, uno la hace suya. Se siente confortable con ella y le gusta verla y compartirla. 

Nos vemos sometidos a miles de impactos al día como ya conté en Publicidad emocional: anuncios que gustan, y deberíamos estar hastiados, pero , al final, picamos y, como digo, nos hacemos fan o seguidores de algunos de esos anuncios. Y eso pasa porque nos molan. Nos puede molar la realización, lo que dicen, lo que cuentan; nos pueden fascinar o alegrar el día si son divertidos o tocar la fibra si son demasiado emocionales. El caso es que lo reconozcamos o no, nos atrapa y todos estamos expuestos o nos exponemos a ella: nos cautiva.

Pero lo que más nos atrae, es que nos gustaría que la vida fuese tan chula, divertida, emocionante o fantástica como se muestra en los anuncios. Y claro eso no puede ser, o no es del todo. De ser así, la vida sería genial, fácil y amable. Y esto, dicen que solo ocurre en las películas: o en los anuncios.

Os dejo varios spots muy chulos que ilustran el post de hoy. Podéis  votar je je

Feliz martes

Uno sobre gas


El de una farmacia sueca


Uno de zumos


Y el último sobre la memoria de los peces


Mañana Thinking Souls

lunes, 15 de marzo de 2010

La indiferencia de las emociones


Ayer Fernando Alonso ganó el GP Bahrein. Llevaba, creo (no me interesa mucho la Fórmula 1) dos años sin ganar un Gran Premio; Rafa Nadal, en palabras de los comentaristas deportivos vuelve a ofrecer buenas sensaciones y el Real Madrid, que apenas hace una semana, tras su victoria en Sevilla, parecía haber descendido del Olimpo de los dioses para conquistar el mundo, cuatro días después, en lugar de un equipo no son más que una banda de niños caprichosos, que hacen lo justo  y no sienten los colores, unos  «megasuperbienpagadosconloquecobranyapodianganar».

No sé quien lo dijo, pues la frase ha sido atribuida a diferentes personas, pero parece por lo que se lee y escucha en el mentidero de la piel de toro (en el cual se juzga y opina pero rara vez se informa) que forman medios, instituciones, personas que firman y anónimos varios, es razonable que pueda ser cierta: «uno vale tanto como su última obra.»

Quizás sea por esa visión cortoplacista del mundo que nos hemos formado; quizás porque nos aferramos a los éxitos de los demás por nuestra propia mediocridad y no aceptamos las derrotas de los otros (el famoso hemos ganado, han perdido); quizás porque la envidia, la ira y la soberbia se mueven a sus anchas a la hora de la derrota…el caso es que en lugar de analizar las causas, tener un poco de empatía, juzgamos y sentenciamos de oído. Así tanto Fernando Alonso, como Rada Nadal, llevaban una tiempo pasándolo mal y ahora es el turno de los blancos que una derrota más, o una derrota con el Barça, les llevará directamente al averno y a «lo que habría que hacer es echar a…»

Claro, que también ocurre lo contrario. Se ha halagado tanto, se ha puesto tan alto el listón, se han creado tantas expectativas que los mismos protagonistas, lo que deben estar es confusos de tanto vaivén de opiniones. Y eso, tarde o temprano afecta.

Si bien es cierto, que en el deporte, en el mundo artístico se dan con mayor frecuencia estás situaciones contradictorias, al ser básicamente un mundo que se alimenta de ego, esto ocurre también en otros mundos. Muchas veces nos dejamos llevar por el halago (que no es malo, siempre y cuando le demos la importancia adecuada) modificando nuestro carácter o la percepción de las cosas convirtiéndonos en unos estúpidos de tomo y lomo o de lomo y tomo; otras, no soportamos las críticas o aquello que no nos gusta convirtiéndonos, «again», en unos estúpidos.

Hacemos mucho caso de lo que nos dicen, sea positivo o negativo, provocando en nosotros diferentes emociones; pero ignoramos, a menudo, lo que nos decimos. Nos escuchamos poco y reflexionamos menos. Esto es muy peligroso. Si nos dejamos llevar, perdemos el control, y si perdemos el control, perdemos nuestro rumbo. Relativizar, por tanto, se hace imprescindible para que no se nos vaya la almendra y podamos disfrutar con los halagos y rectificar o ignorar los desprecios.

Como en la historia que hoy os dejo. Feliz Lunes.

Era un venerable maestro. En sus ojos había un reconfortante destello de paz permanente. Sólo tenía un discípulo, al que paulatinamente iba impartiendo la enseñanza mística. El cielo se había teñido de una hermosa tonalidad de naranja-oro, cuando el maestro se dirigió al discípulo y le ordenó:

-Querido mío, mi muy querido, acércate al cementerio y, una vez allí, con toda la fuerza de tus pulmones, comienza a gritar toda clase de halagos a los muertos.

El discípulo caminó hasta un cementerio cercano. El silencio era sobrecogedor. Quebró la apacible atmósfera del lugar gritando toda clase de elogios a los muertos. Después regresó junto a su maestro.

-¿Qué te respondieron los muertos? -preguntó el maestro.

-Nada dijeron.

-En ese caso, mi muy querido amigo, vuelve al cementerio y lanza toda suerte de insultos a los muertos.

El discípulo regresó hasta el silente cementerio. A pleno pulmón, comenzó a soltar toda clase de improperios contra los muertos. Después de unos minutos, volvió junto al maestro, que le preguntó al instante:

-¿Qué te han respondido los muertos?

-De nuevo nada dijeron -repuso el discípulo.

Y el maestro concluyó:

-Así debes ser tú: indiferente, como un muerto, a los halagos y a los insultos de los otros.

El Maestro dice: Quien hoy te halaga, mañana te puede insultar y quien hoy te insulta, mañana te puede halagar. No seas como una hoja a merced del viento de los halagos e insultos. Permanece en ti mismo más allá de unos y de otros.

Pd – Gracias Josep, por inspirarme para el título del post

viernes, 12 de marzo de 2010

¿Cuál es tu banda sonora?

La vida es una película en la que una sucesión de escenas más o menos largas van encadenándose hasta el inevitable «The End». Pues bien, uno de los elementos más importantes de esa película es la banda sonora. Cada uno de nosotros, cada una de nuestras películas tiene su propia banda sonora compuesta por nuestras acciones y por nuestras emociones. En ella reflejamos nuestros estados de ánimos, nuestras esperanzas y nuestros temores. Dependiendo de cómo sea tu vida, así será la banda sonora.

Si vives con exceso de preocupaciones o ambiciones tu música será como las películas de suspense donde cada nota puede llegar a ser inconexa e incierta, creando una sensación de angustia, una sucesión de sonidos molestos y metálicos que martillearán tu cabeza de manera constante hasta asfixiarte mentalmente.

Si vives sólo de los recuerdos, de los apegos, tu banda sonora será un disco de boleros o un adagio para violines y flauta, o una sonata para piano y orquesta que se repetirá una y otra vez sin posibilidad de una allegro o Molto vivace.

Si vives de una forma demasiado metódica, ordenada y rutinaria, la banda sonora bien podría estar inspirada en un vals, o en una música de esas que no da pie a la improvisación y que por bucle, por repetición, al final aburre.

SI vives como si lo hicieses en el «País de nunca jamás», sería como una pelí de dibujos de Walt Disney, bonita, y algo ñoña en ocasiones, que te alejaría de la realidad y de todos aquellos que te rodean, salvo que éstos sean Peter Pan y los chicos descarriados.

Si vives con ira, con envidia con celos, tu banda sonora serán ruidos atronadores, explosiones musicales feas que hacen daño al oído rompiendo   el equilibrio que debe acompañarnos siempre.

Si vives como si la existencia saliese de una tómbola, ineludiblemente tu banda sonora estará bien para acompañar un baile y poco más. Una música de verbena, de carrusel que si se la saca de contexto pierde todo su encanto

Si vives improvisando, serás puro jazz, aunque requerirá poner todos los sentidos en la ejecución sabiendo que las notas, las variaciones nunca las repetirás.

Pero si combinas todas las anteriores, haciendo arreglos en las partituras, modificando aquello que distorsiona o desafina serás capaz de crear una banda sonora única, la banda sonora de tu vida.

Feliz fin de semana

Os dejo un video de un experto en bandas sonoras.


jueves, 11 de marzo de 2010

One year ago


Ayer, por eso del partido de Champions no escribí el post. No es que la derrota del Real Madrid me afectase mucho: soy del Madrid, pero ahora mismo lo que algunos denominan «Catástrofe blanca» o el «Fin de la Galaxia» significa mi preocupación 1.340, además de no haber vuelta de hoja; disgustarme por ello es una estupidez. One year ago ya pasó lo mismo.

Así que hoy por variar, y porque tengo otras prioridades, voy a repúblicar el post que publiqué hace un año, que habla sobre viajes y empresa y que es uno de mis favoritos.

Espero que os guste. Feliz jueves

miércoles, 10 de marzo de 2010

El volumen de la ausencia

Hay gente que me gusta como escribe. Mercedes Salisachs es una de ellas. Generacionalmente e ideológicamente estemos a años luz, pero me parece que escribe muy bien y que capta perfectamente las emociones del ser humano. De hecho, el título del post de hoy es de un libro suyo que ganó un premio, aunque eso, ahora mismo, no tiene importancia.

Lo que si tiene importancia es el volumen de la ausencia;  es decir, los recuerdos de las personas queridas, que por una u otra razón, van desapareciendo de nuestras vidas, no dejando un vacío, al contario, llenado la memoria. Y haciéndolo, además, no desde una óptica negativa sino nostálgica, real y necesaria.

Como habréis podido comprobar los que habéis pasado por aquí últimamente, habréis notado como el chico que vive en faro del fin del mundo o el que explica la economía de forma sencilla que puede dar la sensación de que encadenaba post (yo no había reparado en ello) y que iban, de alguna manera relacionados. No lo sé, pero lo que si es cierto es que estoy haciendo un viaje al pasado, a los recuerdos, a la nostalgia, a los viajes, a las películas y a las situaciones. Y la razón, quizá sea que en próximas fechas daré un nuevo curso de Cine y Turismo relacionado con los recuerdos y es posible que lo que esté haciendo es meterme en el papel o bucear en ellos a través de diferentes experiencias.

Hoy una más de ellas, la que habla del recuerdo como volumen de la ausencia.

Otra de mis escritoras favoritas (en este caso aficionada) es mi madre. Después de hablar con ella por teléfono, me ha dado la sensación, que quizás hoy ella también sentía el volumen de la ausencia y su excusa ante mi pregunta de por qué no realizaba un viaje, ha sido que tenía 86 años. No me lo he creído de una persona que adora  viajar. Más bien, era el volumen de esa ausencia lo que la frenaba, esa coraza que quería evitar la nostalgia de mejores días; de los días de vino y rosas, como si supiese que las películas y los buenos momentos duran lo que duran y que para determinados momentos de la vida no hay segundas partes ni trilogías: pero ella ya lo sabía. Me he quedado un poco raro, pero también he comprendido.

Así que este post va dedicado a ella, por mujer, por trabajadora, por madre, y por muchas cosas más, pero sobre todo, porque la quiero aunque sea un descastado y una eterna borrasca como me dijo un día.

Os dejo una poesía suya, que se que no la va a molestar porque me quiere, porque tiene 86 y porque a veces me da por ser editor de sus pensamientos como hice en «Los versos robados.»

Nos quedaremos solos

Nos quedaremos solos
y seremos
cómo árboles marchitos
resecos y sin hojas.

Nos quedaremos solos
sintiendo el frío,
del paso del invierno
en nuestras almas

Nos dolerá la vida
y el cansancio, abrirá los caminos
en la carne agotada

Sobre el mantel desnudo
chocarán nuestras copas,
en un brindis vacío repleto de silencios.

Al caer la tarde,
nos sentaremos juntos
frente al balcón abierto.

Cuando llegué la noche
contaremos luceros.
Con los ojos cerrados,
miraremos al cielo.

Y allá, en la madrugada,
rendidos de fatiga,
de sueños, de nostalgia,

Nos sentiremos uno,
En ese tierno abrazo de manos enlazadas.



   

martes, 9 de marzo de 2010

Cuando la vida tenía aprendices



Hay estampas que a uno le siguen gustando. No por nostalgia, que un poco, para qué vamos a engañarnos, también; sino por lo que encierran y lo que me dicen. Hace unos días, haciendo la compra, me adentré en una de esas viejas tiendas de ultramarinos donde el olor del detergente se entremezcla con el del café y, los anaqueles, las estanterías, parecen pequeñas bibliotecas de productos diferentes donde conviven en perfecta armonía, y no separados por tres pasillos y muchos metros, las botellas de «Anís del Mono» y el «Veterano» con las cajas de galletas, las latas de conservas y el aceite. Un sitio de esos donde la legumbre y el bacalao se siguen vendiendo a granel…

Pero no, no os voy a pasear por la tienda, aunque ganas me dan. Decía que hay estampas que me gustan y la del aprendiz es una de ellas.

Tres hombres y una mujer atendían el negocio. Los hombres se uniformaban con una bata corta de azul marino desteñido;  la mujer, con un delantal con pequeños encajes. Mientras esperaba mi turno, me fijé especialmente en dos de los hombres. El mayor que parecía ser el dueño y un chaval que a mi me dio la sensación que no había cumplido los 18. No parecía haber relación filial por la forma en que se relacionaban  entre ellos y con la clientela que allí nos encontrábamos: era el aprendiz.

El dueño, por decirlo de alguna manera, era el encargado de atender directamente a los clientes, de sugerirles tal o cual jamón, de darles cuenta de las novedades del surtido , o de preguntarles que tal la vida, hace mucho tiempo que no veo a su marido, que usted lo pase bien. Intercambiaba opiniones con la del turno y con la de quien tiene la vez:  administraba correctamente el tiempo que asignaba a cada cliente. Si veía que se demoraba mucho con un cliente, como fieles escuderos estaban el otro hombre y la mujer que recogían el testigo, bien del pedido, bien de la charla o se encargaban de cobrar y dar las vueltas.

Por su parte, el aprendiz, estaba atento. Observaba cada gesto de su patrón, escuchaba cada argumento de venta, atendía cada explicación, se apresuraba a buscar el género solicitado y permanecía en silencio. Su actitud era la de un alumno que sabe que todo lo que aprenda forjará su futuro. Seguramente no fuese muy listo, o no tuvo posibles para estudiar, o más remedio que colocarse allí, porque el dinero nos guste o no es lo que da de comer, pero estaba aprendiendo un oficio y allí le estaban enseñando.

Todo esto me hizo recordar, que hubo un tiempo en el que los oficios se aprendían. De abajo a arriba y nunca de arriba abajo.

Épocas que van pasando – pensé-, épocas que no deberían pasar, épocas en las que se aprendía el valor de cada tarea, del respeto, de la paciencia y donde las frustraciones curtían y no deprimían. Donde el conocimiento, a pesar de ser unidireccional se transmitía con eficacia y hacía crecer a las personas. Y daba lo mismo el oficio; daba lo mismo que se tratase de una tienda de ultramarinos, de una ferretería, un taller, un banco o unos almacenes: para ascender había que haber pisado mucho camino.

Con esto no quiero decir que muchos empresarios no se hayan aprovechado de ellos, ni que fuese un sistema perfecto ni que todos los aprendices hayan sido almas candidas o buenos alumnos, sino más bien que el haber empezado desde abajo y haber tenido que conocer todas las particularidades del negocio les daba, al final, una visión de conjunto bastante mejor y más amplia, en algunos casos, que la de miles de personas teóricamente más preparadas.

La vida cambia y ahora a los aprendices o meritorios los llaman becarios, un eufemismo absurdo porque de beca suele tener más bien poco, ya que en la mayor parte de los casos se les enseña poco y se les ve más como un estorbo que como una ayuda debido, entre otras razones, a  la falta de paciencia para enseñar o aprender o,  quizás lo que ocurra es que tal y como están las cosas hay miedo de qué el becario se convierta en un futuro compañero que acabe quitando el puesto de trabajo (todavía recuerdo cuando entre risas me decían a mi que me iban a pagar en piruetas) o supere al maestro.

El caso, es que ya no se aprende como antes, ni hay vocación docente en los oficios, con lo cual nos encontramos con miles de becarios que deambulan cual zombies en empresas sin saber muy bien qué deben hacer y por qué (si hacen algo) deben realizarlo de esa u otras maneras, matando la ilusión y desperdiciándo un montón de talento que por inercia va durmiéndose.

Los más afortunados, después del plazo establecido, tendrán la oportunidad de tener un contrato de usura o basura que les integrará en una organización, que entonces sí, les exigirá que muestren lo aprendido y estará  pendiente  de que se graben en la cabeza lo que sea necesario e interesante para la empresa; no para el trabajador, con lo cual, al final, muchas veces no será aprendiz de nada, sino un engranaje más y prescindible porque la formación, se mire como se mire, y a pesar de los cursos gratuitos y concertados, se sigue viendo como un gasto y no una inversión como antes; una inversión que beneficiaba a las partes, un yo gano tu ganas, un win to win, un «betawin», en el que las apuestas iban al 50% y el camino se recorría juntos.

Otros tiempos, ya digo.

Mañana nuevo post en Thinking Souls


lunes, 8 de marzo de 2010

I need Spain: yo esa también

Se acaba de presentar la nueva campaña de promoción internacional de Turespaña que costará unos 50 millones de euros, o un mogollón de las antiguas pesetas. I need Spain, es el lema elegido esta vez para la campaña que según el secretario de Estado de Turismo, Joan Mesquida, tiene un denominador común: nuestro estilo de vida. Con ella se pretende consolidar el «liderazgo español» en el turismo vacacional, posicionar a España como destino cultural y diversificar la demanda turística geográfica y estacionalmente mostrando la variedad de producto en cada caso. Además, se pretende llegar a otras regiones del mundo donde la imagen de España es más débil (osea que pasan de nosotros) como China, India, Oriente Próximo o EE UU. Un proyecto y un reto ambicioso el que se han planteado los chicos de la Secretaría de Estado y complicado porque son demasiados objetivos los que se han puesto.

Si no funciona la culpa será de la agencia McCann Erikson o el comité externo de expertos en Marketing (responsables de algunas de las multinacionales más importantes como Sol Melia, El Corte Inglés, Telefónica, el Banco de Santander o Google) que han colaborado y opinado al respecto. Si no funciona, el subdirector general de Promoción y Comercialización Exterior (qué manía con los títulos largos) Enrique Ruiz de Lera, tendrá que explicarnos qué significaba exactamente esto que dijo: «la línea creativa está basada en España como destino aspiracional, posicionando a nuestro país en nuevos ámbitos de negocio y nuevas categorías de producto, y reforzando el mensaje de diversidad de oferta; experiencial: la campaña está directamente relacionada con el estilo de vida de los españoles, su rica personalidad y su calidad de vida; y global».

La campaña, en líneas generales, está bien realizada. Es una campaña emocional, con bellas imágenes, alegría, figurantes bien seleccionados y toda la parafernalia, pero a mí, particularmente, no me seduce. No me acaba de llegar, digamos.

Y no me acaba de llegar porque esa España que se muestra no la conozco. Playas, calles y museos casi vacíos, bares sin ruido, slow food; paz y tranquilidad: días soleados y felices en todos los aspectos. Es decir, hemos pasado de ser un destino en lo Universal (que ya le vale al que se inventó la frase) a un destino aspiracional en el que parece que somos un país Zen y que aquí atamos los perros con longaniza, cuando la realidad es otra y nuestra calidad de vida y rica personalidad, a menudo, deja bastante que desear. Y eso lo comprobarán los turistas que se crean o les impacte (perdón) el anuncio. Vivirán una experiencia (que de eso se trata también) inolvidable y descubrirán que sí, que hay que mirar la carta, que el fast food y la paella vienen de serie y que deberán ser los primeros si quieren comer; que el navegador y la guía de viaje serán de gran utilidad porque sabemos pocos idiomas y los que chapurreamos los destrozamos; sabrán que es necesario pedir garantías y deberán entender que no hablamos a gritos sino que de toda la vida de Dios, cuanto más alto hablas a un extranjero mejor te entiende; que somos tan cordiales como grande sea la billetera.

No podemos inventarnos tampoco un estilo de vida que no tenemos y dar la imagen de un país divertido, despreocupado y creo que nos están haciendo un flaco favor, porque aquí ni estamos de juerga todos los días, ni nos echamos la siesta todas las tardes, ni todo está tan guay; y cada vez nos cuesta más hacer amigos y ser simpáticos.

Y sí, si nos hubiesen preguntado a los que vivimos aquí, que si necesitábamos la España que nos muestran, hubiéramos dicho que sí y nos hubiésemos apuntado; pero parece que no, que esa España es sólo para guiris (con pasta preferentemente) y vedada para unos tipos de natural alegres y dicharacheros que deberán conformarse con la de hoy, con la de siempre.

El video de la campaña es gentileza de una de mis hermanas que lo envió por correo como sugiriendo que podía hablar de esto. El segundo, me lo he encontrado y no me he resistido a ponerlo.

Feliz lunes.

I need Spain


Y este no tiene desperdicio.

viernes, 5 de marzo de 2010

Mirar diferente

Hoy el post debo agradecérselo a Alberto Barbero. Ayer escribió en su blog   La libertad y la transparencia tienen riesgos, que me has servido para escribir éste y que os recomiendo le echéis un vistazo, incluido al video. Alberto es un tipo que mira diferente, así que la inspiración ha sido doble.

Me ocurre lo que a Francisco Alcaide: me gusta la gente que mira diferente.  Es difícil precisar cuando ocurrió. Supongo que bastante después de tener uso de razón y haberme quitado varios lastres. Pero para situarnos, os diré qué entiendo por mirar diferente, -que es posible-,  no coincida con la de Francisco.

Mirar diferente, para mi, es ver cosas donde otros no pueden o quieren ver. Es descubrir detalles donde otros jamás se fijarían. Es mirar las cosas desde varias perspectivas, de abajo arriba, de derecha a izquierda, del derecho y del revés y dejar que la imaginación juegue con ellas ordenándolas y revolviéndolas hasta que saca una conclusión. Mirar diferente es ver en tres dimensiones: la propia, la de los demás y la del entorno: empatizar con uno, con el prójimo y la circunstancia. Mirar diferente es respetar y tener humildad.   Es inventar, imaginar, disfrutar de cada momento y en, si éste es malo, ser capaz de comprender los cómos y los porqués. Mirar diferente es cuestionarse las cosas, no creer ciegamente a nadie ni en nada.

Pero también, mirar diferente es aceptar que la vida puede ser más difícil, porque el mundo está ultra segmentado e incomodan, como en cualquier país, como a cualquier gobierno, los disidentes; los que opinan de forma distinta o se salen del redil de las seguridades y manual de estilo «de tu lo que tienes que hacer» o «no digas eso»: que en definitiva es no hagas, no pienses.

Mirar diferente es saber que muchas veces te encontrarás sólo y que te harán pagar el precio de tu libertad y aún así, negarte a ver con las gafas de otros, a  seguir las miradas de los otros.

Mirar diferente es, en definitiva, como decía mi padre, estrujar el limón, exprimir la vida y sacarla el jugo donde otros solo ven cáscara.

Os dejo una historia de Las mil y una noches, una mirada diferente.

Feliz fin de semana

En el Círculo de los mentirosos de Jean-Claude Carriére se cuenta la siguiente historia que aparece en Las mil y una noches.

Un día los amigos de Goha le dijeron:

- ¿No te da vergüenza pasarte la vida sin hacer nada, y no usar tus manos, con sus diez dedos, más que para llevártelas llenas a la boca? ¿Y no piensas que ya es hora de que ceses en tu vida de holgazanería y te amoldes al modo de ser de todo el mundo? .

Goah no contestó nada. Pero un día atrapó una cigüeña grande y hermosa, dotada de alas magníficas, que la hacían volar muy alto por el cielo, y de un pico maravilloso, terror de los pájaros, y de dos tallos de lirio por patas. Y cuando la cogió, subió con ella a su terraza, en presencia de los que le habían hecho reproches, y con un cuchillo le cortó las magníficas plumas de las alas, y el largo pico maravilloso, y las encantadoras patas tan finas, y empujándola con el pie hacia el vacío, le dijo:

- ¡Vuela, vuela!

- Pero ¿A qué viene esa locura? – le preguntaron sus amigos.

- Esa cigüeña me molestaba y pesaba sobre mi vista porque no era como las demás aves . Ahora puede comportase como todo el mundo.

miércoles, 3 de marzo de 2010

El corazón de las tinieblas.


Hoy le he tomado prestado el título del post a Joseph Conrad. En su día comenté que de vez en cuando iba a citar algunos de mis libros favoritos. No por hacer una reseña literaria sino por compartir con vosotros algunas ideas o cosas que me interesan. Y este libro reúne bastantes cosas de las que me interesan: Viajes y expediciones; momentos históricos; prosa elegante, bonita y reflexiva y aspectos varios de la condición humana. Además, y como le suelo buscar aplicación a todo, me parece un excelente libro de Management. Eso sí, visto desde el punto de vista del fracaso. Porque de eso va, de alguna manera, la novela. Del fracaso  personal , del hundimiento total, sin posibilidad de una reflotación del alma si uno elige el camino inadecuado.

Sin duda «El corazón de las tinieblas» es, quizá la obra más famosa de Conrad. Para los que no la hayáis leído no se trata de un libro de viajes ni de expediciones ni de aventuras sino más bien,  un libro de experiencias que conducen al lado oscuro del hombre, aquel que es capaz de transformarle, aquel que modifica la escalas de valores,  y acaba mostrando el corazón más tenebroso del ser humano.

La novela nos narra la navegación del marinero Marlow por un río del Congo en busca de una gente comercial (Kurtz) que al parecer se ha vuelto loco y ha perdido el sentido de la realidad, atemorizando y subyugando a las tribus locales. Dicen que la película Apocalipsis Now está inspirada en el relato de Conrad o que es el mismo relato situado en distintos lugar y época.  Es posible, aunque El corazón de las tinieblas tiene una profundidad tal, que por momentos puede llegar a asustar al retratar lo peor de nosotros mismos. 

A medida que Marlow se adentra en la profundidad de una selva tan misteriosa como hostil van aflorando los sentimientos, las dudas; preguntas que no tienen respuestas o que éstas, por aterradoras u obvias llevan al rechazo o la confusión. 

Como en la navegación fluvial por la que discurre el relato, el viaje empresarial está lleno de dificultades, de, entre otras, condiciones extremas como puede ser metafóricamente tratado el calor, las humedades, las enfermedades, las estrecheces, los ataques de los indígenas. Aún así Marlow tiene una firme determinación por conseguir el objetivo por el que fue contratado y va bajando a los infiernos donde observa la brutalidad y desprecio con el que los colonos, movidos por la codicia y el ansía de dinero, manifiestan hacia otros seres humanos.

Todas sus percepciones van cambiando, como van cambiando las de Kurtz que pasa de ser un empleado ejemplar a un tipo sin escrúpulos con tal de convertirse en el mejor mercader de marfil, una persona que elige la oscuridad alimentado por las adversidades, movido por la avaricia, y perdiendo, como he dicho antes, todo sentido de la percepción. Un hombre que abandona su alma en el camino de esta odisea que es la vida y que consciente de ello, al final de su vida ya no podrá recuperar.

Desgraciadamente, hay muchas personas aún como Kurtz en muchas empresas que pierden el sentido de la realidad por éxitos pasados, por ambición desmedida, que son crueles con sus empleados, que se visten de un halo de divinidad que sólo existe en su mente y qué de no estar atentos irremediablemente les conducirá, nos conducirán al infierno, al corazón de las tinieblas.

El único fracaso que, al final, duele de verdad es aquel en el que corazón, alma y mente se adentraron en el corazón de las tinieblas y no volvieron a ver la claridad.

Si tenéis oportunidad de hacerlo, leedlo, porque merece la pena. Hoy también nuevo post en Thinking Souls

Feliz Miércoles    

martes, 2 de marzo de 2010

La trampa tecnológica



El domingo Javier Rodríguez Albuquerque publicaba un interesante post ¿Crisis?, del paro al ocio en el que nos invitaba a un paseo por la historia y nos contaba como ha ido evolucionando el ocio a lo largo de los siglos. Está muy bien, y el video final es una pasada. En definitiva, venía a decir que hemos, estamos perdiendo el concepto de ocio o lo que ello significa.

Pues bien, la tecnología tiene mucho que ver con ello. Vaya por delante que no soy anti tecnológico (es más, me gusta) ni tampoco un Friki del asunto. Procuro que me sirva, pero no que me esclavice. La tecnología, como todo tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Como de las cosas buenas ya se encargan otros de difundirlas, a mi me toca hoy ser el malo de la película. Y sí, creo que la tecnología nos ha tendido una trampa, o ha sido todo más simple que eso y lo que ha ocurrido en realidad es que hemos caído en su tela de araña. Aunque consiguiésemos escapar volveríamos a caer en ella debido a que una vez que la utilizas cuesta mucho desprenderse de ella.

La tecnología, que en teoría nos iba a facilitar el trabajo, a simplificarlo (que lo ha hecho) lo que al final ha conseguido es que trabajemos más y más rápido. Además al facilitar la globalización, nos hemos encontrado con un mundo que no duerme ni descansa lo que ha provocado que nuestras vidas se hayan convertido en una carrera de fondo a velocidad de cien metros lisos. Es decir, que el pez rápido se coma al lento con lo cual, si uno no quiere quedarse atrás, debe hacer un esfuerzo suplementario utilizando para ello la tecnología que facilitará la comunicación, la gestión y la operación y su tiempo.

Tiempo, sí, porque independientemente de que la tecnología acorte tiempos, o mejore la efectividad, como contraprestación exige el peaje de la disponibilidad, de tal forma que tu móvil puede sonar en cualquier momento después de la jornada laboral para que arregles un mundo, que seguro puede esperar pero no para tu interlocutor. Si por otro lado, a través del dispositivo, además de recibir los resultados del fútbol o la última canción de Bisbal, recibes mails del curro, ya te puedes ir despidiendo de eso que se llama tiempo libre salvo que los ignores o realmente tengas capacidad de postergar esas urgencias de última hora que la mitad de las veces, como digo, no precisaban ni de visita al ambulatorio de los problemas.

Otra de las cosas que me llaman la atención de esta facilitadora de nuestras vidas, es el hecho paradójico de que gracias a ella tenemos la posibilidad de acceder a muchísimo más conocimiento pero, al tiempo, reflexionamos menos porque podemos encontrar las preguntas y las respuestas, pero no profundizamos sobre ellas con lo cual aceptamos ideas por repetición, pero no por convicción. Esto, al final, puede llegar a debilitar las neuronas por falta de entrenamiento.

Y, por último, la comunicación. Tengo amigos enganchados a sus “cacharros” como les llamo yo y viven o se desviven por tener el último software, el último dispositivo, la mejor aplicación y cuando estas con ellos da la sensación de que estas con C3PO, en lugar de con un tipo de Murcia, por poner por caso. Hablan raro, de cosas inútiles, pero según ellos prácticas; de mira que chulada y con esto puedes saber la hora de Tokyo (como si me importase algo) o saber los metros que quedan hasta tu casa. Están abducidos y sólo tienen ese tema de conversación: así, es complicado establecer una relación al estar las partes en distintas frecuencias.

No todo es tan negro como lo pongo ¿o sí? , pero la realidad es que la tecnología, nos ha tendido una trampa, en la que sus víctimas hemos sido nosotros que en esta relación hemos perdido nuestro tiempo, ese que sólo deberíamos emplear en lo que nos gusta. Se abre el debate.

El miércoles nuevo Post en Thinking Souls

Feliz Martes

lunes, 1 de marzo de 2010

Cuando la naturaleza se rebela



Hubo un tiempo en el que el hombre vivía en perfecta armonía con la naturaleza. Había sintonía. Muchos pueblos la llamaban Madre.  Otros, la   consideraban una regidora del universo, un dios que ordenaba y daba sentido al mundo. El ser humano la temía y respetaba por igual; también la cuidaba, o al menos, no se sobrepasaba con ella: había buen rollito.

El hombre va camino de conquistar todo. Cada día se producen todo tipo de avances: en tecnología, medicina, psicología, nanotecnología, neurofísica, ciencia etcétera. Sin embargo, hay algo que nunca podrá conquistar: La naturaleza.

En estos dos últimos meses, hemos podido comprobar como en cualquier momento nos puede doblegar y pasar de ser fuente de vida a convertirse en un arma de destrucción masiva. Terremotos, inundaciones, olas de frío o de calor, huracanes y maremotos siempre han existido pero nunca como hasta ahora  (o al menos que a mi me conste o me acuerde) se han ido sucediendo con tanta frecuencia; o quizás sea que los medios de comunicación, por eso de la cultura del miedo e información del desastre, deciden dar más cobertura al asunto.

No tengo una visión panteísta de la vida, ni siquiera sé en realidad que visión, cosmovisión o creencias tengo, pero en este caso, me da la sensación de que lo que pasa es que la naturaleza se ha cabreado. Bueno, en realidad, hemos sido nosotros la que la hemos cabreado y ha decidido ir poniéndonos, una vez más, sobre aviso, de que nos estamos pasando tres pueblos. Lo que hoy llamamos catástrofes naturales muchas veces tienen su origen en los tuneos que queremos hacer a la tierra. Hemos faltado el respeto a quien nos da la vida. No soy geólogo, ni científico de los que dicen una cosa y luego aseguran otra, tampoco de los que ponen fechas proféticas, ni se me puede considerar un ecologista militante porque también estoy metido en el ajo, como ya conté en Todos somos inocentes, todos somos culpables, pero el sentido común me dice que éstos desastres naturales se van a multiplicar en los próximos años. Esta teoría (que puede ser absurda e insostenible) la apoyo en una idea: velocidad de desgaste y alteración artificial.

La velocidad de desgaste se refiere a la frecuencia de uso en el tiempo que hacemos de algo. Por ejemplo, unos zapatos, una prenda de vestir o un coche se desgastarán y durarán menos si los utilizamos con mucha frecuencia o lo hacemos inadecuadamente quedando inservibles antes. Pues esto mismo pasa con el planeta  al  que le  estamos metiendo una caña acorde con estos tiempos de la hiper velocidad, un planeta donde lo que antes cambiaba en siglos, ahora lo hace en décadas. Por otro lado, como si fuésemos dioses, creemos que podemos modelar a nuestro antojo lo que ya estaba escrito. Sí, porque estaban escritos los ríos, las montañas, los bosques, los mares y los desiertos. Y hemos decidido cambiarlo: modificando los cursos de las aguas, horadando las montañas, perforando los mares o excavando hasta el centro de la tierra; contaminando y destruyendo. Alterando, en definitiva.

Pues bien, en estos dos factores - me da- podemos encontrar la respuesta a esta sucesión de acontecimientos. Hemos usado en exceso y hemos alterado bastante. La naturaleza , en su sabiduría, nos está pegando un toque y demostrando que por mucho que queramos, no podemos dominarla y nos avisa de que no juguemos mucho con ella.  Explicándonos una y otra vez la lección de cómo debemos actuar con ella. El día que lo comprendamos, ella misma se encargará de revelarnos sus secretos y los de la vida.

Quizá sea  tarde para cuando aprendamos. Hoy hago redifusuión de un video que me gustó mucho.

Feliz Lunes.

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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