lunes, 31 de mayo de 2010

Redifusión I: Una historia y una reflexión

Esta semana toca redifusión. De vez en cuando me gusta hacerlo. Esta vez con una particularidad: serán pequeños extractos formados por anécdotas, microrelatos, ideas o videos que me gustaron. Todos salen de post que, o fueron de los menos visitados o de los más ignorados. Así que esta semana, va por ellos, por los post perdidos, por aquellos que pasaron sin pena ni gloria: por los post ignorados

Si os apetece, los leéis, o los ignoráis. Ad libitum, es decir, a vuestra bola.

Imagina una bandada de palomas en un campo de trigo. Imagina que noventa y nueve de ellas, en lugar de picotear el trigo que necesitan y utilizarlo de acuerdo a sus necesidades, empiezan a formar un montón con él. Imagina que no se quedan con mucho, sino que destinan ese gigantesco montón de trigo al miembro más vil y ruín de la bandada. Imagina que todas se sientan en círculo y contemplan a esa paloma, que dilapida y despilfarra esa riqueza. Y después, imagina que se precipitan sobre una paloma débil, la más hambrienta de todas, que coge un grano del montón sin permiso, y la castigan.

Si eres capaz de imaginar esto, podrás comprender el comportamiento cotidiano de la humanidad.

Reflexión de William Paley en De crísis, Tolstoi y palomas

Se cuenta que Sócrates era un hombre austero que no daba excesivo valor a las cosas materiales; pero eso no significaba que infravalorase la importancia de su labor por la que cobraba de acuerdo a lo que el estimaba que merecía.

En cierta ocasión, un rico mercader fue a visitar al filósofo para que se hiciese cargo de la educación de su hijo. Cuando Sócrates le dijo cuales eran sus honorarios, el mercader se enfureció y exclamó:
- ¡ Por esa cantidad de dinero podría comprarme un buen burro¡

- Hacedlo, y tendréis dos asnos en casa.- fue la ingeniosa respuesta del filósofo.

No hay que decir, que el mercader acabó pagando lo que se pedía.


Mañana dos más, Feliz lunes

 

viernes, 28 de mayo de 2010

¿Por qué me gusta viajar?


 Me gusta decir que viajar es simplemente vivir desplazado, y cuando digo vivir no estoy hablando de transitar por este “valle de lágrimas”. Se trata de algo  que para mi es más profundo: tener la oportunidad de explorar sensaciones, emociones, descubriendo a cada instante quien eres y ayudándote a dar sentido a tu vida.

Hable de alguna manera de ello en “El viaje, el mejor aprendizaje experiencial”. Todo esto viene a cuento de que hoy un amigo me preguntó por mi destino de este año y las razones de por qué me gustaba tanto viajar. Lo del destino, sin decidir, y el por qué, además de resumirle lo anterior, porque me gusta. El caso es que tenía pensado escribir sobre otro tema diferente, pero al final me he acordado de la pregunta de mi amigo y me he dicho, pues le voy a dar algunas más, que sé que suele leerme de vez en cuando. Y la mejor manera de hacerlo es tirar de las anotaciones de mis diarios de viajes que creo que explican mejor mis razones y mis por qués en los que están el amor, la belleza, la nostalgia, la compasión, los miedos, la alegría, la tristeza, las sonrisas, las lágrimas, el frío y el calor, las dudas, los aciertos y los errores, la energía y la desazón. En definitiva todo lo que fui, soy y seré.

Feliz Fin de semana

Un transbordador nos cambia de orilla. Los pasajeros están medio dormidos o dormidos  Los conductores de los autobuses bajan, charlan en voz baja y fuman con bocanadas largas. Huele a tabaco, frío y gasoil.  Me acerco a la borda, el mar está muy tranquilo. Ante mi, una oscuridad sentimental de luces lejanas y el ruido de un motor que se incorpora a la barcaza. Me miran ojos cansados, devuelvo miradas tranquilas.
Paseos Turcos – Viajando de noche a Esmirna desde Estambul


La tormenta ilumina el ala derecha del avión, y los pasajeros que se ven sacudidos por el vaivén de la tormenta, permanecen silenciosos temerosos e indefensos. Maleducados que se desparramaban en sus asientos se van convirtiendo en formalitos corderitos que permanecerán mudos hasta que la tormenta amaine. Recién casados de divorcio próximo e inevitable. Enamorados de por vida  que da gusto verlos, tipos de vuelta de todo, gente respetuosa con el ambiente y con el medio, tipos descolgados y futuro incierto que aún tienen curiosidad y yo, una mezcla de defectos y virtudes que se balancean consciente e inconscientemente entre los rayos, truenos y centellas, todos, nos vamos silenciando.

Más tarde, la calma y las estrellas. Es bonito sentirse cerca.  Verlas en un plano horizontal, envuelto en ellas. Le hacen sentir a uno que el alma está viva y de repente tienes las sensación de volver a la infancia porque quizá, las estrellas sean nostalgias de niños.
Días de ojos Rasgados – Tormenta volando hacia Bangkok



La pereza es mala compañera de viaje. Me levanto a duras penas a las 5 de la mañana, me acurruco, como si intentará evitar lo inevitable. Próximo destino, Palmira. Hay momentos en los que te gustaría seguir durmiendo. Saboreando ese regusto  que dejan los sueños bonitos, esos instantes en los que por una vez te hubiesen gustado que fuesen verdad y que con el tiempo no serán ni recuerdos. El dolor del cuerpo no puede con la claridad del alma y finalmente me levanto. Me pregunto también cómo irá el día, si tendré que replanificar el viaje una vez allí o, si por el contrario, seguiré la ruta prevista.  Negocio el precio de un taxi hasta la estación de Harastra, situada a unos 7 km del centro de Damasco, aunque más bien son ellos los que negocian conmigo
Agua, arena y piedra – Madrugando para viajar a Palmira


El restaurante es amplio, tenue,  rectangular como las desgastadas mesas sobre las que han pasado mil húmedos trapos. Sobre la mesa, los camareros extienden una hoja que podría ser, o no, de banano a modo de mantel y plato sobre el que depositan dosas, comida a montoncitos que es mezclada, devorada y eructada con  urgencia. Los comensales apenas hablan o levantan la mirada. Al finalizar se dirigen a un pequeño lavabo, pagan y se van. 

Un anciano vestido con un dothi de cuadros azules y camisa celeste mil veces lavada a juego y chanclas de varios números más, se arrastra por la sala, rellenando los vasos de metal, sirviendo agua de una jarra metálica. Sobre su bigote blanco lleva el cansancio de la vida.  Los comensales que apenas intercambian palabra, le apremian con gestos groseros.  Va escanciando cada vaso de forma parsimoniosa, recreándose en cada vertido,  como si intuyese que ya le queda poco y en realidad, pienso,  lo que escancia es su propia derrota,  la de su vida, o al menos eso es lo que parece decirme cuando al querer servirme agua,  cruzamos las miradas y me sonríe de forma cercana y humilde como quitando importancia al desprecio con el que segundo antes fue tratado.
Surindia – Desayuno en Kumbakonan



 
El hombre lucía un sombrero de paja tipo Panamá que le confería un tono distinguido. Vestía una camisa blanca y un pantalón color crema que le llegaba a las rodillas. Parecía merodear al borde de unas gradas que se elevaban hasta la puerta de una iglesia. En los primeros peldaños, un grupo de mujeres morenas, de pelo negro trenzado vestidas a la manera indígena, permanecían sentadas rodeadas de flores, bultos o sacas. En los escalones superiores, desparramados y difuminados por un humo que ascendía en ziz zag, varios hombres sentados de forma relajada en grupito o individualmente, pero ausentes unos de otros, completaban una estampa en la que intensos ocres y luz saturada sugerían una próxima puesta de sol.

Recuerdo haber visto muchas veces esa foto en un libro. Siempre me quedaba embobado observándola. El pie de foto decía Chichicastenango. No era la típica foto que atraviesas con los ojos y la olvidas. Había algo en ella que te fijaba la mirada, que traspasaba el papel irradiando una energía que se apoderaba por unos instantes de cuerpo y mente trasladándote a una dimensión donde se entrecruzaban los deseos, el temor y la curiosidad. Al principio no sabía donde ubicar esa población en un mapa; creía que pertenecía al norte de México. Su sonoro nombre y las fabulaciones que yo inventaba con la instantánea, hacían que Chichicastenango se me antojara como un lugar mágico donde algún día, en esas mismas escaleras, me sentaría a hacer no se qué muy bien, pero con la certeza de que ello me produciría una enorme deleite.
Los Sueños Perdidos - Chichicastenago

Otro día más


miércoles, 26 de mayo de 2010

De Policleto y el 2.0


El escultor Policleto el Viejo empezó a esculpir simultáneamente dos esculturas iguales: una la trabajaba en público y la otra la creaba a escondidas, en un taller en los alrededores de Atenas. Mientras esculpía la primera, él hacía caso de todas las críticas, consejos y sugerencias que le ofrecían las personas de su entorno. Por el contrario, cuando trabajaba en la otra escultura, se dejaba guiar sólo por su inspiración.

El tiempo fue pasando y al cabo de unos meses, cuando ya estaban acabadas las dos esculturas, las expuso juntas: una enfrente de la otra. Para la primera –aquella que reflejaba las opiniones e incorporaba las críticas que los ciudadanos hicieron en su  proceso- sólo hubo censuras, mientras que para la otra –la que había hecho respetando su propia inspiración- todo fueron elogios unánimes.

Esta anécdota que se cuenta, que seguramente el paso de los siglos y las personas habrá tuneado, siempre me hizo pensar. Es más, me puso y me sigue poniendo en un dilema que todavía no he resuelto, que no es otro que dar con las claves que equilibren las esculturas; o lo que es lo mismo, que la inspiración del individuo no sea mejor que la del grupo como ocurre en la anécdota relatada; o que se diluya por exceso de no sé si llamarlo empatía o espíritu colaborativo. Para mi todo esto sigue siendo un enigma. Más en tiempos como estos en el que el 2.0 deja de ser una moda para convertirse en una necesidad, al menos en el ámbito corporativo, que para tomarse unas cañas, uno que en el fondo es un clásico sigue prefiriendo la barra del bar a las virtuales. El caso es que no encuentro ese equilibrio.

Todo esto viene a cuento del magnífico artículo de Alberto Barbero ¿A qué estás esperando para implicarte en el 2.0? que os recomiendo que leáis porque habla de la inteligencia colectiva y de muchas más cosas interesantes. Pues bien, a pesar de eso, de ser un convencido de que el espíritu y esfuerzo colaborativo es mejor que el individual sigo teniendo mis dudas no tanto por el concepto que lo tengo claro sino por su aplicación efectiva debido a dos razones fundamentales.

Una, la resistencia al cambio por parte de mucha gente que impide a la hora de abordar problemas o buscar soluciones encontrarlas, debido a que cada parte está en diferentes frecuencias, habla idiomas diferentes y se avanza más individual que colectivamente; otra a que se confunde espíritu colaborativo con criticar y rechazar (muy habitual en política por cierto) con aportar y mejorar. Y la última y quizás, la que más puede dar razón a Policleto, es que en el fondo somos egocéntricos amparados en la masa porque si realmente en lugar de opinar individualmente lo hubiesen hecho en conjunto las estatuas si no iguales hubiesen sido igual de bellas.

Por eso digo, que estoy en el dilema de que creo, pero en ocasiones me falta fe.  Muchas preguntas, muchas respuestas y menos claves: el dilema sigue ahí.

En Thinking Souls , que se publica hoy, no tengo ese problema porque cada uno de vosotros escribe su pensamiento y yo sólo los colocó. Y ese si es un trabajo colaborativo.

Feliz miércoles.


  

martes, 25 de mayo de 2010

De hoteles y personas


Hay muchas maneras de clasificar un hotel. La más habitual es por estrellas (en el caso de España y otros países) que suele obedecer a una legislación en la que se contemplan metros cuadrados por habitación, espacios comunes y servicios adicionales; otra relacionada con los folletos de los mayoristas de viajes que corresponden a turista, turista superior, semilujo, lujo y gran lujo: que la verdad no he entendido nunca por aquello de que, por ejemplo, no sé exactamente que significa una turista superior o semilujo (porque el equivalente a estrellas suele ser una broma) y cada país entiende las cosas de una manera. Existe otra forma de clasificar que es la que hacen los propios hoteleros que consiste en hablar de características del hotel precedidas de un “the most” y finalizando con un “in town” o cosas similares. Estas son las básicas, pero hay muchas más formas de clasificar un hotel que no corresponden a las anteriores y que obedecen, creo yo, a criterios más objetivos como pueden ser la antigüedad y estado de conservación, ubicación, precio, servicios disponibles etcétera. Dentro de esa objetivad, luego está la subjetividad de cada uno.

La vida por ocio y negocio me ha llevado a dormir, a alojarme o a pasar en ellos varias horas. Unas veces los he elegido yo, otros me han venido reservados  y otras han sido sugerencias. El caso es que tras estar en muchos de ellos, he llegado a la conclusión de que en realidad el mejor hotel es el que tiene mejores personas. No se trata sólo de la formación, que ayuda y bastante,  sino de que te hagan sentirte bien, como un invitado y no como un número de habitación.

Es decir, que se preocupen por ti sin ser agobiantes; que procuren buscar soluciones aún a sabiendas de que son complicadas, que sean discretos y al tiempo cómplices, pero sobre todo que estén orgullosos de su trabajo y de contribuir a que tu estancia en el hotel sea lo más agradable posible.

Es entonces cuando da lo mismo si el hotel tiene una o mil estrellas porque brilla por si solo; si los muebles son de época o del Ikea, si hay televisión o dispone de spa: Las posibles deficiencias las olvidas cuando tratas a estos profesionales que ya digo, lo mismo ni pasaron por Lausanne ni por otra escuela de hostelería, pero que saben hacerte una tortilla, prepararte un caldo cuando llegas o servirte una copa cuando llegas de madrugada; aquellos que te sonríen por la mañana y por la noche; te aconsejan un restaurante o una ruta; aquellos que no fuerzan de manual porque les sale natural y no necesitan más protocolo que saber que cuando se sirve a alguien hay que hacerlo con vocación, o al menos, con ilusión.

Hoy te acercas a muchos hoteles que pueden tener unas instalaciones magníficas, unas habitaciones muy cómodas pero que no ofrecen nada especial, nada que haga sentirte como en casa. Lugares cuyo personal estarán muy bien uniformados, muy bien preparados y muy correctos, pero que no aportan nada porque son fríos, porque no tienen alma.

He estado en muchos hoteles de esos que se llaman Luxury, de lujo o “que están de puta madre” en español cañí pero que no merecen más que una visita y una pobre clasificación: Hoteles que no me verán el pelo más, si no es por obligación.

Un día de estos, haré mi listado de cosas que no me gustan de algunos hoteles, pero la primera de ellas, es que el personal no tenga esa ilusión y vocación de servicio de la que he hablado antes.

¿Conocéis algún hotel de esos que me puedan gustar?

Feliz martes



lunes, 24 de mayo de 2010

De soluciones inteligentes e innovación


Una historia de Etiope cuenta lo siguiente. Un anciano en su lecho de muerte llamó a sus tres hijos y les dijo:

- No puedo dividir en tres lo que poseo. Eso dejaría muy pocos bienes a cada uno de vosotros. He decidido dar todo lo que tengo, como herencia, al que se muestre más hábil, más inteligente. Dicho de otra forma: al mejor hijo. He dejado encima de la mesa una moneda para cada uno de vosotros. Cogedla. El que compre con esa moneda algo con que llenar la casa se quedará con todo.

Se fueron. El primero compró paja, pero sólo consiguió llenar la casa hasta la mitad. El segundo hijo compró sacos de plumas, pero no consiguió llenar la casa mucho más que el anterior. El tercer hijo – que consiguió la herencia- sólo compró un pequeño objeto. Era una vela. Esperó hasta la noche, encendió la vela y llenó la casa de luz.

Me gusta este cuento. A veces las soluciones son más sencillas de lo que parecen. Pero hay que currárselas. Y no es fácil. La mayoría de las veces, por la presión a la que nos sometemos o nos someten que nos impide pensar con claridad; otras, a que la respuesta a la solución viene dada pero no como llegar a ella, como puede ser el caso de la tan traída, llevada, hablada y “baboseada”, en la boca de muchos, innovación. 

La innovación,(que duda cabe como dicen los futbolistas: algún día hablaré de "aprenda  el idioma del futbolista en 25 palabras"), es una vía, pero no la única. Además, ésta, no está al alcance de todos, sino de unos pocos por diferentes razones: la pasta, parné, money, viruta podría ser una de ellas pero en realidad no es determinante. Lo único que lo es para innovar es, en primer lugar, la voluntad de querer hacerlo (que nada tiene que ver con decirlo), luego, el esfuerzo y, por último el talento o, al menos, así lo veo yo. A partir de ahí, todo suele ser más fácil, pero como observamos en el día a día, innovar, lo que se dice innovar, pocos. 

Además si todo el mundo innovase, al final, no sabríamos cual sería el siguiente paso a dar porque desde Porter, o al menos así lo percibo, no ha cambiado mucho la historia y lo que hay son variantes de su modelo estratégico, entre otras razones porque el pensamiento (las teorías) de otros tipos que saben de esto no han llegado a implantarse del todo.

Así las cosas, creo que sería más lógico hablar de soluciones inteligentes como ocurre en el cuento, que de innovación que, al fin y al cabo, si no lleva a cabo, no deja de ser una bella palabra, un vocablo placebo que nos permite seguir mirándonos el ombligo.

Porque la realidad es que innovación, innovación, ya digo, pocos.

Feliz Lunes

miércoles, 19 de mayo de 2010

Agua y miradas


Hoy el post me lo ha dado hecho Katy. La entrada de su blog hablaba de Nubes y nubarrones en el horizonte hacía presagiar que iba a ser un post como el mió de ayer en el que comentaba, jugando al fútbol, lo de “la que se avecina vecina”. Sin embargo trataba sobre el interior, sobre la forma de mirar y sobre el reflejo. Aparte de gustarme mucho, me ha hecho gracia que compartamos la afición de mirar las nubes y poner las neuronas en movimiento cuando lo hacemos, y todo lo que descubrimos o creemos descubrir.
A mi me pasa con el agua como podéis ver en estas fotos y, en general con todo lo que me rodea como ya conté en Soul India que hoy han traído a mi recuerdo el Mago More y el video de Ramiro Calle que ha dejado hoy Francisco Alcaide. Además, como seguramente no tenga tiempo de escribir, pues ya dejo varias cosas. Enlaces, diarios de viaje, fotos, , buena musiquita de Prem Joshua en el video final , una reflexión y Thinking Souls.

Feliz miércoles.



Caminos, ciudades y olores

El desayuno en el hotel lo tenía incluido: fue un desayuno sombrío, de sonido de cucharillas de fondo y un único rayo de sol que penetraba por la estrecha ventana de una sala llena de clientes invisibles; un desayuno servido por niños que no llegaban a los doce años, que eran todo voluntad y profesionalidad, pero que transmitían la tristeza de quien fue obligado a ser adulto antes de tiempo; un desayuno de café solo amargo. El camarero nepalí, cuando le di la última propina me reverenció como si toda su vida hubiese sido muelle. Bajó mi mochila al coche entre palabras y gestos de agradecimiento, y me deseó un feliz viaje. Y eso es lo que esperaba tener: un feliz viaje.

El trayecto Mandawa-Bikaner a través del desierto fue muy relajante: no acostumbro a hablar en los coches, me gusta mirar el paisaje y pensar en mis cosas. Jugaba con la mente, intentaba adivinar cómo era la vida en esos caminos. La naturaleza tenía vida..., los árboles, las piedras, el aire... sentían. Parece absurdo, lo sé; pero imaginarlo me entretenía y relajaba. Cambiaba el chirrío de las ruedas y el ruido del motor por música mental, que unas veces era clásica, otras pop y otras, la componía, me la inventaba. Me arrepentía de no haber continuado con mis estudios de solfeo para poder escribirlo con notas: uno, a menudo, tiende a arrepentirse y a no arrepentirse de las cosas; de las palabras dichas y las omitidas; del pude hacer y no hice; del si lo llego a saber y realmente lo sabías. Yo, en ese momento de paisajes y carretera, sólo me arrepentía de lo del solfeo: fue una oportunidad perdida en los días que crees que por salir del cascarón y ser joven sabes más que el mundo, cuando en realidad eres un ingenuo, un arrogante y un perfecto majadero que metido en esa secta que a veces es la adolescencia cree estar en posesión de las verdades de la vida: las absolutas y las relativas.

Me arrepentía de ello. Con frecuencia, los paisajes son para mí como libros en los que tu decides el decorado, la temperatura, las caras y las voces de los personajes e incluso las sensaciones que te produce el argumento. Con mi música hubiese sido mejor.

Atravesamos Fatehpur envueltos en aromas deprimentes. Las calles eran basura y agua estancada de las últimas lluvias. Una de las calles, al lado de una haveli tatuada de vistosas pinturas, estaba completamente anegada. La sensación de pasar con el coche entre los desperdicios, el agua y el olor, era de angustia, como si vivieras un sueño agobiante del que deseas despertar. ¡Quería salir de allí!

Un camello en mitad de la carretera que empezaba a ser devorado por perros, cuervos y águilas, y que nadie apartaría hasta que fuese huesos, recordaba la estrecha relación que hay entre la vida y la muerte en la India y cómo la entienden.

Llegamos a Bikaner a media mañana. El calor era insoportable. Los continuos golpes de calor intentaban derrotarme e impedir que conociese los secretos que escondía la ciudad. La actividad en las calles era inusual para ser domingo.

Bikaner cuenta con unas havelis majestuosas; havelis de ciudad, altivas, enormes. Fotografiando la de Rampuriya, siete u ocho niños, que no pasarían de los cinco años, jugaban al criquet en un improvisado campo. Me sonrieron de una manera tímida, pero alegre. Me pidieron dinero, chocolate, bolígrafos... peticiones que escucharía más a menudo de lo que hubiese deseado. A estos niños, los llevarías contigo y muchas veces me sentía mal cuando les negaba algo, y se quedaban fijos delante de mí, o con sus naricitas pegadas al cristal de la ventanilla del coche, con ojos humedecidos y suplicantes que martillaban el fondo del alma; miradas de ternura que eran prólogo de un inmenso puchero. Y pienso que tanto ellos como yo perdimos una oportunidad: una más. Aún así, ellos saben perfectamente cuál es su papel, y a pesar de ello, ríen o juegan como cualquier otro niño. Creo también que no puedes ceder a todas las peticiones, ya que estás creando unas expectativas que sabes que nunca llegarán a ver cumplidas.

La zona del mercado mantenía una gran actividad. Nos metimos en mitad de la calle principal del bazar, y estuvimos parados más de quince minutos esperando que pasase el tren que cruzaba el centro de la ciudad. Por un momento, dentro del coche me sentí aislado, y tuve unas ganas enormes de bajar y pasear por la zona, pero no quería confundir más a Dinesh obligándole a buscar un improbable aparcamiento dentro del gran atasco que el paso del tren había provocado. Me conformé con bajar la ventanilla. Instantáneamente vinieron a mí los olores de la India.

Los países árabes, Asia en general e India en particular, evocan aromas de especias, de perfumes, incienso, sándalo y otras cosas que se queman. Quien vaya pensando en encontrar esas fragancias en la India de forma aislada, que lo vaya olvidando. En India no sólo se respiran estos olores, sino éstos y otros mezclados con otros menos agradables. Una descripción real del olor de muchos rincones de India podría parecerse a esta nauseabunda receta: un poco de pimienta, azafrán y cilantro, un fuerte y lejano perfume, el aroma de una barrita de sándalo o similar quemándose en cualquier templo, mucha contaminación, porquería, olor a vaca, cerdo, otros animales y algunas dosis de aguas fecales y basura. Mezclar, batir, concentrar y reducir a una temperatura de cuarenta o cuarenta y cinco grados en el «horno indio».

Ese es el olor de India, un olor agrio y penetrante. Al menos el que yo viví. Uno, que buscaba aromas agradables, se encontraba, en muchos casos, aguantando la respiración. No obstante, siempre aparecía un oasis en el que respirar el aroma de las flores, los olores de las especias, de los perfumes...; un oasis que embriagaba la mente, llenándola de placenteros recuerdos y sensaciones.

Continuamos hasta el fuerte Junagarh, que sería el primero de los monumentales fuertes de Rajastán que tuve la oportunidad de ver, y que hacía intuir la grandeza y el poder de las antiguas ciudades del estado. Un poco más tarde, intenté conectarme a Internet, pero las conexiones eran muy lentas. El problema —me decían— es que el servidor está en Jaipur y hoy es domingo, ya sabe... Y bueno, pues me lo creía. Al no poder leer mi correo, me fui a descansar antes de visitar la granja de camellos más grande de Asía y el templo de Karni Mata, uno de los más impactantes. Un templo que cuando te preguntan lo cuentas en presente porque todavía estás viviendo la experiencia

martes, 18 de mayo de 2010

¿Un mes de tregua?

Apenas queda un mes para que comience el mundial de fútbol. Todas las marcas de posibles, es decir patrocinadores y aquellas que pueden hacer suculentas cajas con el evento, como pueden ser las cerveceras o las que venden televisores están tirando la casa por la ventana organizando promociones y sorteos; y las de menos posibles, las de barrio local o minicadena, organizan rifas, porras, regalan un jamón o uno de los pisos de “El Pocero”. Mientras tanto, los periódicos deportivos ya se están frotando las manos y se las frotarán especulando un día sí y otro también sobre los resultados, los fichajes del verano y chascarrillos varios que harán las delicias de aquellos que a todas horas cantan Oé Oé Oé.

Por su parte, los chinos, aceleran, más si cabe, la producción de banderas, bufandas, camisetas o esos ridículos sombreros que parecen sacados de cualquier feria medieval de medio pelo a la que tan aficionados se han vuelto la mitad de pueblos de esta Piel de Toro mientras los políticos, por aquello de la crisis, los recortes y cortarse un poco,  se juegan a los chinos quienes de ellos podrán acompañar a la Selección o, al menos, ver la ceremonia inaugural o los cuartos (que si España llega a la final ya lo tienen pactado para que vayan hasta los de corte independentista).

Llevamos una temporada que nos están dando “pal pelo” o por saco, según se quiera ver la cosa y si lo que está ocurriendo es un anticipo de lo que pasará en tierras africanas, nos podemos dar por jodidos. Lo último ha sido lo del fulano inglés, Lord Triesman, presidente de la federación inglesa de fútbol que ha tenido que dimitir de su cargo tras largar, especular o rumorear que España intentaba sobornar árbitros para ganar el Mundial de Sudáfrica.

Pero siendo eso una broma, a mi lo que me preocupa es que todos nos relajemos durante ese periodo de tregua que durará más o menos un mes en el que seguramente los mercados estén tranquilos hasta que acabe. Y luego vuelta a empezar.

Es entonces cuando nos daremos cuenta que nos han vuelto a meter un gol y que el “Pan y Circo” siempre esconde realidades menos divertidas.

Al final va a tener razón Francisco Alcaide: el Fútbol es un Fenómeno de Fenómenos.

Me encanta el fútbol pero no soy forofo, aunque después de ver este anuncio de la BBC dan ganas. Es fantástico.

Feliz martes: mañana Thinking Souls: Crecer

lunes, 17 de mayo de 2010

¿Podemos aprender de la infancia?


Esta semana la tengo bastante complicada, las musas se han ido de vacaciones y estoy un poco vaguete para darle al coco y buscar nuevos temas. Por eso, los post de esta semana van a ser muy cortitos, porque no sería justo que encima os metiese unos ladrillazos enormes. Así que van a ser post para reflexionar y darles una pensada.

Hablamos mucho de la educación, de los valores que se deben transmitir pero a menudo del dicho al hecho hay un trecho. Y sí, hay mucha gente que trata de que los niños crezcan en un ambiente en el que valores como el amor, el respeto, la bondad, la humildad, el esfuerzo y otros cuantos que no cito para hacerlo breve estén presentes en cada momento y acompañen al niño en su crecimiento.

Sin embargo, la gran mayoría tiene la manía de querer educarlos o dirigirlos a su imagen o semejanza queriendo que sean los más competitivos, los más duros, los más guays. Es decir, nacidos para triunfar. Y eso, no puede ser bueno del todo digo yo, porque cuando las expectativas no se cumplen (que generalmente no se cumplen) el niño, el adolescente o el adulto lo pasa bastante mal pudiendo caer en la depresión o siendo lo que nunca quiso ser. Porque una cosa es ser diferente, que es lo que uno puede ser en esencia y otra muy distinta crear diferencias artificiales para conseguirlo.

Os dejo un video, que para mi puede resumir un poco esto

Feliz Lunes



viernes, 14 de mayo de 2010

A Day in the life

El pasado miércoles fueron mis días como a Mariano José de Larra le gustaba llamar a los cumpleaños: forty-four chestnuts, aunque creo que una pedrada me dejo en los veintidós, y si me apuráis en los once: y esto debe ser verdad porque un compañero de trabajo me ha regalado una rana o un sapo (no lo sé muy bien: no he conseguido averiguarlo ya que ahora hasta los muñecos vienen de diseño) que en realidad es como una marioneta de guiñol que al presionar con la mano la boca croa y me he pasado media mañana haciendo el chorras con el muñeco e incluso le he dejado que me leyese los mails. Como un niño… En fin, cosas más raras se han visto.

Pero vamos al tema. No es que no me guste cumplir años, es que no queda más remedio y una acepta de buen grado las reglas de la vida que nos dicen que nacer es empezar a morir y que cualquier tiempo pasado pasó.

El caso es que me llamó mucha gente y alguna me preguntaba si iba a hacer algo especial o cómo estaba pasando el día, como si el hecho de cumplir años anulase todos los compromisos, obligaciones, tareas y el banco, en lugar de enviarme un SMS o una carta de esas de Estimado Sr. López en el día de su cumpleaños bla bla bla…, me hubiese enviado un cheque al portador.

Rara vez celebro mi cumpleaños no por soso ni por rácano sino porque en realidad ese día, creo, no es más que una referencia; pero eso sí, me gusta felicitar y agasajar a los que cumplen lo que dice mucho de este carácter contradictorio que tengo. Para mi un cumpleaños es a day in the life, un día más en el que lo mejor es que hay gente que te recuerda que te quiere. Así que para mí, de alguna manera todos los días son mi cumpleaños.

Y eso es realmente lo que celebro. Cualquier día de mi existencia, que desde que nací ha tenido el buen gusto de que fuesen todos diferentes: unos mejores, unos peores, pero todos enriquecedores. Ayer hice un repaso de todo lo que puede pasar en un día y me quedé asombrado de todas las cosas que se pueden suceder, sucederte o hacer tú que sucedan. 

No se puede controlar todo, ni que todo sea perfecto, ni tan siquiera que lo evidente lo sea. Pero lo que si podemos hacer con buenas o malas noticias, con problemas o sin ellos, con momentos geniales o momentos absurdos, divertidos o aburridos, inquietantes o de calma chicha, es procurar aprender de cada uno de esos instantes, de ver las cosas como son y no como nos gustaría que fuesen y además no agobiarnos en exceso cuando el plan A, el B, el C y el D no salen o lo hacen a medias. Es decir, aceptar lo que hay, que no tiene que ver nada con el conformismo y sí con el aprender a vivir, que creo que esto no lo hemos aprendido ni lo aprenderemos nunca.

En paseos turcos, uno de mis diarios de viajes inacabados escribía lo siguiente:

«Cada mañana abro los ojos con la incertidumbre elegida de no saber con seguridad qué voy a hacer. Son muchos años paseando, dejándome llevar por las calles sin más brújula que la intuición y los sentidos. No hay pasos vanos; cada pisada es el resultado de un pensamiento, de una introspección a veces inconsciente. Los paseos permiten descubrirte porque no eres sólo un espectador de cámara fija, sino que vas cambiando de plano e interactúas constantemente en cada paso.»

Y con esa “filosofía” me voy moviendo. Procurando que todos los días sigan siendo distintos, que algunas cosas se repitan y otras no vuelvan a suceder, que cada día de mi vida sea importante porque fueron hechos para mí. Cumpla o no años.

Hoy, como no podía ser de otra manera, os dejo una de mis canciones favoritas de The Beatles, que sé que entre los lectores del blog hay seguidores del cuarteto de Liverpool, en la cual, además de música encontrareis un magnífico ejemplo de trabajo en equipo (se percibe bien) otro de innovación (fusión de orquesta clásica y grupo pop) y otro de lo que puede ser un día de esos llamados raros.

Así que Carpe diem.

Feliz fin de semana


miércoles, 12 de mayo de 2010

Thinkers Souls: pensadores con alma

Hoy la entrada buena está en Los comentarios perdidos. Y la razón no es otra que la ha hecho Francisco Alcaide, al que algunos no conocéis, y que es un Thinker Soul, una persona que piensa con el alma, como casi todos los que aterrizáis por aquí.

Así, es muy fácil publicar. Gracias Francisco

Feliz miércoles

Os dejo un par de video de Francisco Alcaide "Live" 




martes, 11 de mayo de 2010

Los autos locos


De pequeño, me fascinaban los dibujos animados de los autos locos. Había algo en ellos que me llamaba la atención. Todos perdían o ganaban ocasionalmente, menos Pierre Nodoyuna y su perro Patán, que más que can parecía una hiena por como se reía. Pues bien, no eran peor que los otros; sólo tenían más mala leche. Por lo demás, a cual más torpe y tramposillo que perseguían un único fin: ganar la carrera como es lógico.

Pero a lo que iba, lo que me llamaba la atención era que ninguno de ellos ganaba en buena lid, o al menos no lo recuerdo. El malo, malo, era Pierre que además de malo por lo que se veía era tonto del culo. El y su perro eran la pareja más pringada de toda la competición, pero también la de más posibles: dos pájaros de cuidado, primos hermanos de El Coyote, el mejor cliente de ACME y víctima del vacile de un Correcaminos que siempre me cayó fatal.

Pero insisto, el resto, que paradójicamente le sobrepasaban siempre, no le iban a la zaga. Desde el Barón Hans Fritz con su Stuka Rakuda que no dudaba en tirar de metralleta, a el profesor Locovitch que tiraba de ingenio y raros artilugios para frenar a sus rivales; o los hermanos Macana que solucionan todo a golpes, al igual que los conductores del superchatarra especial que, si como el séptimo de caballería se tratase, se lanzaba al ataque utilizando todas las armas disponibles; o los cursis y empalagosos de Pedro Bello Y Penélope L’amour que daban ganas de que se perdiesen porque esa carrera no era para ellos y acababan siempre entorpeciendo…El resto eran “frikis”. Y si no observad: Un leñador y un castor, Brutus y Listus que con esos nombres ya me diréis que se podía esperar de ellos; un granjero cuyo automóvil se mueve con una estufa y lleva de copiloto al oso miedoso; o los mendas de el espantomóvil que parecían siempre haber salido de un “after” gótico. Todos, insisto, tramposillos.

Y eso es lo que me llamaba la atención: que ninguno de ellos jugaba limpio o lo que es lo mismo el fin justificaba los medios.

Todo esto viene a cuento de un artículo que remitió Francisco Alcaide (@falcaide en Twitter) y que ayer apareció en el suplemento salmón de El Mundo: Jefes que triunfan con “antivalores” que me recordó a los dibujos animados de mi infancia, entre otras razones, porque en el fondo hablaba de lo mismo: ganar a cualquier precio sin importar a cuantos se dejaba en la cuneta.

Y me preguntaba si estos y otros dibujos no hicieron mucho daño a niños y generaciones de medio mundo que después de seguir los dibus pegados al televisor confundieron la competitividad con el “todo vale”, las buenas maneras con el “maricón el último”, o el triunfo efímero con el “que me quiten lo bailao” por una cuestión de aprendizaje; o si alguno de estos niños decidieron emular en su vida de adulto a cualquiera de esos pilotos por identificación natural o por convicción, lo cual es mucho más peligroso que lo anterior.

Pero a lo mejor esto que cuento es una ida de olla mía y no tiene la menor importancia que en estos inocentes dibujos en los que no triunfa el bien sobre el mal (¿qué valores tiene el Correcaminos, o Piolín, o el golfo de Bugs Bunny…?) sino el listillo sobre el torpe y los antivalores suelen aparecer en cada secuencia en modo de ira, violencia, envidia, crueldad etcétera.

En fin, que se me ha ido la almendra.

Feliz martes.

El miércoles Thinking Souls con un especial Francisco Alcaide

lunes, 10 de mayo de 2010

Gente que merece mucho la pena


Ayer estuve viendo por segunda vez la película Hotel Rwanda. La película esta inspirada en el genocidio que tuvo lugar en Rwanda a finales del siglo pasado. Paul Rusesabagina, de la etnia hutu, y director del hotel Des Milles Collines, debe proteger y mantener con vida a su familia y vecinos de las iras de los hutus mediante sobornos con la esperanza de que las fuerzas internacionales lleguen en cualquier momento para evitar la guerra civil. Sin embargo, éstas sólo llegan para evacuar a los occidentales, con órdenes de no intervenir: es decir, dejan con el culo al aire a miles de personas y es Paul y un coronel de la ONU, quienes asumen la responsabilidad de proteger a miles de personas que confiaron en él y en los gobiernos occidentales.

Varias son las lecciones que se pueden extraer de la cinta, que está basada en hechos reales.

La primera de ellas es que a Occidente, sólo le interesa su ombligo o su cartera y que después del desparrame que montaron los europeos en África (en el origen este conflicto tuvieron que ver mucho algunos países que quedan al otro lado de los Pirineos)  lo demás importa poco. Y lo demás, suelen ser vidas.

La segunda, que la vida es elección y que ésta, en los peores momentos puede convertirse en dilema, y ese dilema hay que gestionarlo sabiendo o intuyendo que no hay solución perfecta o que para resolverlo hay que tomar el camino más difícil o el que dicte la conciencia como ocurre en el caso de Paul.

La tercera, que nunca se está solo del todo y que hay muchas gente que no mira pasaportes, ni colores de piel, ni cuentas corrientes; que lo que ven son personas; y no es que busquen, es que encuentran el sentido de la vida en ayudar a los demás.

La cuarta, que todos tenemos dudas, miedos y frustraciones, que lejos de ser paralizantes pueden convertirse en energía catalizadora para afrontar con coraje los problemas y dificultades que aparecen en nuestra vida.

Pero quizá, y lo más motivador e inspirador de la película es que por muy mal que se pongan las cosas, siempre habrá gente como Paul; gente dispuesta a jugársela por sus semejantes: gente que merece la pena.

Os dejo uno de los momentos más brillantes de la película, que resume bastante bien este post y cuya música, simplemente es maravillosa.

Feliz Lunes

viernes, 7 de mayo de 2010

El primer ramillete de mayo

Dice el refrán que marzo ventoso y abril lluvioso hacen a mayo florido y hermoso: pues este año parece que no va a ser así.

Llevamos una semanita en la que lo único que vemos teñido de color amapola es la bolsa y las únicas margaritas que han brotado se deshojan para saber quien ganará la liga. En mayo, lo único que ha florecido han sido los problemas, que parecen multiplicarse y desparramarse por este enorme campo que es el mundo y que no han sido contrarestados por otros datos positivos que han ido apareciendo en los últimos días que han sido vistos como meros espejismos; como deseos más que realidades.

Así las cosas, el personal cada día está más de lo nervios, menos esperanzado y, como consecuencia de ello, más acojonado. Es normal. También menos reflexivo, lo que siendo normal por esas cosas que tiene la naturaleza humana, puede provocar que las decisiones sean incoherentes o precipitadas. Esto digo yo que no puede ser bueno. Tampoco el quedarse parado sin hacer nada, la duda paralizante que llaman algunos. Tan mala es una cosa como la otra.

Muchas veces me pregunto por qué, sabiendo como sabemos que tras la tempestad viene la calma, nos rendimos a las primeras de cambio; por qué no sabemos vivir con las incertidumbres; por qué no sabemos disfrutar y vivir en el caos. Con esto quiero decir, que no se me malinterprete, que es necesario que cambiemos de mentalidad y no confundamos lo que es jugar a caballo ganador con jugar a ganar aunque perdamos: nadie en su sano juicio, juega a perder.

Jugar a ganar es saber que puedes perder, jugar a ganar es intentarlo una y otra vez aunque en el camino tropieces con mil dificultades, jugar a ganar es, a menudo, ir contracorriente, jugar a ganar es reconocer los errores y corregirlos, jugar a ganar es no traicionar tus creencias por una palmada en la espalda o un cheque en blanco, jugar a ganar no es apostar todo al rojo, al par o al impar, jugar a ganar es aprender a sufrir o relativizar las pequeñas derrotas. Jugar a ganar es, en definitiva, no rendirse cuando hay una mínima posibilidad de victoria.

Todos los grandes logros de la humanidad se han conseguido de esta manera. Y esto no es sólo aplicable al mundo empresarial sino también al personal que, realmente es el que importa.

Todo esto viene a cuento de que esta mañana dos personas de la agencia (estamos en un momento complicado todas las que nos dedicamos al mundo de los eventos y espectáculos) han lanzado una pequeña pieza de marketing por correo electrónico sobre el último acuerdo de representación que hemos firmado y en menos de una hora han obtenido doce o trece respuestas. Yo escuchaba de fondo cada aplauso que se daban cuando algún cliente respondía y os parecerá tonto, pero en esos momentos, me he sentido muy bien y me he dicho: No sé cómo será el futuro, no sé hasta cuando estaremos juntos, no sé si conseguirán venderlos, pero esos esfuerzos, esa ilusión y ese ánimo reconfortan porque esa la música que me gusta que toque la gente: la de quien juega a ganar, con actitud positiva y proactiva sabiendo que son malos tiempos para la lírica.

Ha sido el primer ramillete de mayo.

Os dejo el video que acompañaba la pieza de comunicación que hemos montado para nuestros nuevos representados. Son francamente buenos. 

Feliz fin de semana

miércoles, 5 de mayo de 2010

Los esclavos emocionales

Un viejo árabe, de apariencia miserable, caminaba mendigando por las calles de una ciudad. Nadie le prestaba la más mínima atención. Un paseante le dijo con verdadero desprecio:

- Pero ¿que haces aquí? Ya ves que nadie repara en ti.

El hombre pobre miró tranquilo al paseante y le contestó:

- ¿Y a mí qué? Yo sí reparo en mí y eso me basta. Lo contrario sí que sería horrible: que todos repararan en mí y que yo me ignorase.

Me gusta esta pequeña historia que extraigo, ¡qué coño! copio, de El círculo de los mentirosos. Me parece de una gran profundidad porque en definitiva trata de una de las cosas, desde mi punto de vista, esenciales de la vida que no es más ni menos que quererse a uno mismo y que no tiene nada que ver con el encantado de haberse conocido.

El hombre, por naturaleza, busca o desea la aceptación de los demás y quienes suelen negarlo, paradojas del ser humano, acostumbran, en el fondo, a perseguir la atención de los demás.

Esa búsqueda no es mala, es natural y contribuye a nuestro equilibrio emocional, al ser el hombre un animal social. El problema suele surgir cuando esa aceptación se convierte en una obsesión que acaba por anular la personalidad de quien tan afanosamente la necesita y como drogodependiente se engancha a ella, descuidándose interiormente; dejándose de querer y generando conflictos que, a menudo, tienen daños colaterales.

Así, nos encontramos con gente que ha sido esclavizada por esa dependencia; gente cuya esencia ha sido encadenada a la voluntad de otros por no mirarse, por no quererse, traicionándose a sí misma, a lo único que realmente le puede diferenciar, que no es otra cosa que su propia manera de pensar.

A veces se conforman con las migajas de una aprobación pasajera, con las cuales creen que sacian su inquietud, pero en el fondo, aunque rían, son personas tristes y frustradas porque saben que les falta algo para realizarse, para encontrar esa estabilidad que persiguen por el camino equivocado.

Ignorarse es comenzar a morir en soledad. Y la vida, merece la pena.

Feliz miércoles. Hoy Arte en Thinking Souls  

martes, 4 de mayo de 2010

¿Casualidad o causalidad?


Buscando comentarios para Thinking Souls, que por cierto se publica mañana, hubo uno que me llamó mucho la atención. Lo firmaba Alberto Barbero. Decía así: También estoy muy intrigado por la suma de catástrofes que hay últimamente: ¿casualidad o causalidad? El caso es que le he estado dando muchas vueltas al asunto, lo cual os da una pista de cómo invierten el tiempo mis neuronas de vez en cuando. Más que optimista creo que soy positivista, es decir, intento buscar siempre el lado bueno de las cosas o, al menos, que el malo no me amargue la existencia.

Que la vida es perra, caprichosa o injusta es algo que a ninguno se nos escapa; que la vida ya no es lo que era o que nunca fue lo que debería haber sido tampoco; que vivir en la era de la incertidumbre, alejados de la comodidad, de las seguridades que conocíamos nos está, además de acojonando, desgastando es un hecho. Positivos sí, pero cuando la vida, ya digo, nos pega en el cielo de la boca, colectiva e implacablemente, una y otra vez, estaréis de acuerdo conmigo en que hasta el que ve la botella llena la empieza a ver terciada. Pero se me va la almendra. Volviendo al comentario de Alberto, @albarte (para los que le siguen en Twitter) últimamente se están produciendo muchas catástrofes. De alguna manera hablé de ello en Cuando la naturaleza se rebela, pero la reflexión de Alberto me ha llevado a echar la vista atrás hasta el mes .

Fijaos en este artículo de Maribel Machuca Carhuayano  que habla sólo de los 66 primeros días del año y añadirle los últimos y observareis que la cosa no pinta bien pues pasamos de cielos contaminados que paralizan medio mundo a desastres como el reciente de Florida que ha teñido de luto el mar y nos ha suicidado un poco más porque cuando se muere, la pasta, pague quien pague al final pasa a un segundo plano. Es decir: catástrofes en tierra, mar y aire: ¿Casualidad o causalidad?

Si queréis y tenéis  tiempo os aconsejo que os paséis por el blog de Fernando Rodríguez de Rivera, por las bitácoras mensuales de Josep Julian o visiteis a José Luis Montero en el Viajero Accidental que hacen unos resúmenes magníficos de eso que se llama economía que está mal en tierra, mar y aire.¿Casualidad o causalidad?

Y a esto es a lo que le he estado dando vueltas. Al añito que llevamos y a lo que nos espera, porque si vamos al mismo ritmo, además de no ganar el mundial de fútbol, tendremos una catástrofe mensual (la de los incendios del verano la doy por hecha) y el varapalo económico habitual de los primos anglosajones de ambos lados del Atlántico que se cebarán con la Europa mediterránea como el pirata Francis Drake y otros corsarios (que acabaron con el título de Sir por obra de Su Graciosa Majestad) con el fin de debilitarnos a todos un poco más. Y esto, como mínimo mosquea.

He llegado a pensar que detrás de estas catástrofes naturales y descontrol económico hay un malo maloso como en las películas de Bond, o una poderosa logia internacional que mantiene reuniones ultra secretas para jugar al Risk y al Monopoly con la humanidad, como a otros les da por jugar al Póker en las Vegas o en Internet porque, visto lo visto, cualquier parecido con la realidad puede ser realidad. ¿Quién sabe?

Aún así, quiero pensar, que como en el cine, al final siempre ganan los buenos. Mantengo esa esperanza y tengo esa convicción, aunque esté metido todo el día en la puñetera tormenta que parece no acabar nunca. Pero ya se sabe que tras la tempestad siempre viene la calma y esto no es ni casualidad ni causalidad, es estadística pura y dura.

Feliz y positivo martes que no hay mal que cien años dure.

Pd – Post hecho a vuela pluma en la tormenta


lunes, 3 de mayo de 2010

De sonrisas y las noticias de Javier

Los lunes, Javier Rodríguez Albuquerque publica una serie de buenas noticias en su blog. Son como un soplo de aire fresco en este mundo que parece no levantar cabeza. Lo comentaba el otro día en el libro de bitácora de Josep Julian viendo como había ido el mes de abril y los anteriores. Acabamos el año mal y empezamos el año peor: catástrofes naturales, escándalos políticos varios, datos económicos pésimos, caras largas y mucho, mucho morro de los habituales del donde dije digo, digo Diego: como esos que antes nos comparaban con la Virgen de Lourdes por aquello de los milagros y hoy nos llaman PIGS y no precisamente on the wind como cantaba Pink Floyd.

Javier publica noticias de acá y acullá, solidarias y científicas, económicas y sociales . Muy interesantes y recomendables. Es como darse un paseo por la esperanza, por los caminos de la motivación y las autopistas de la ilusión. A mi me hacen sonreír y me hacen sentirme bien, porque estoy ya muy harto de encontrarme con malas noticias, con caras largas, con desánimo y mala leche.

Hace tiempo escribí un post sobre viajes y sonrisas y hablaba sobre la energía de una sonrisa. Hoy, dejo otro video, de sonrisas que se lo dedico a Javier, para que nunca le falte ilusión ni fuerza para seguir publicando sus noticias, para que siga haciéndonos sonreír.

Feliz Lunes

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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