domingo, 27 de febrero de 2011

El guión de nuestra vida


Si hay algo de lo que podemos tener una certeza absoluta, es que un día, tarde o temprano, diremos “adiós muy buenas” a la vida. Cerraremos los párpados como cuando se baja el telón, como cuando en las películas aparece el “The End”, sin ninguna posibilidad de que nuestro espectáculo pueda continuar:  no habrá segundas partes ni posibilidad de interpretar otro papel. C’ést fini. Adiós muchachos compañeros de mi vida…

Hasta que eso ocurra, habremos tenido la oportunidad de vivir mil situaciones en miles de escenarios; habremos experimentado miles de emociones, miles de sensaciones. Momentos alegres y momentos dolorosos; momentos felices y tristes. Lo normal, vamos. Pero no se entiende.

Y si no se entiende es porque tendemos a pensar que la vida debe ser como un guión cerrado en el que nos debemos limitar a interpretar el papel que aceptamos para ser felices, comer perdices y todo eso que, en definitiva, es lo que buscamos y perseguimos. Pero casi nunca es así.

Lo curioso de todo esto es que la culpa es nuestra porque nos empeñamos en seguir los guiones de otros, ciñéndonos o intentando ceñirnos a lo escrito. A lo que te dicen y debe ser. Luego, cuando todo no es como ponía el libreto, no se puede reclamar al maestro armero ni echarle la culpa al Boogie.

Somos protagonistas de nuestra vida, pero como decía, nos esforzamos en seguir los guiones de otros y con esto no quiero decir que las circunstancias te puedan llevar por uno u otro camino y que debas modificar el guión que te hubiese gustado interpretar. Simplemente quiero decir que dependiendo de cómo lo interpretes podrás ser más o menos feliz, o al menos, tener tranquila la conciencia que es uno de los pasos previos para alcanzar la felicidad.

A todos, de una manera u otra, en algún momento de nuestra vida nos han dado el guión escrito. Deberías estudiar…debes casarte y formar una familia…pagar la hipoteca…buscarte un trabajo fijo…ahorrar para el futuro… deja todo y vive tu sueño…You can… etcétera, etcétera.

Unos han seguido el guión y otros no, pero muchos de los que lo ha seguido al pie de la letra, al final, se han encontrado con una sensación de vacío porque en realidad, no es lo que querían para su vida, o la película al final era otra. También hay otros que se encuentran muy a gusto con el guión porque el papel estaba hecho para ellos. Es decir, hay gente a la que le gusta vivir con un guión, otra que necesita que se lo den y otra que crea el suyo propio. 
También gente que adapta los guiones que le dan.

En realidad nuestra vida no tiene un guión, no está escrita, como tampoco lo está nuestro futuro. La vida en realidad es una sucesión de escenas que se van encadenando unas a otras hasta conformar la gran película de nuestra existencia, en la que lo importante no es el papel que nos haya tocado o el que hemos elegido interpretar, sino el cómo lo hacemos.

Uno no elige donde nace, ni la circunstancias en las que nace. No puede elegir antes de nacer si será guapo o feo, si rico o pobre…

Somos nosotros los que decidimos como escribirlo e interpretarlo a través de nuestros valores, nuestras creencias, nuestros sueños y nuestra voluntad.

Cuando no somos capaces de vivirlo, nos convertimos en pésimos actores de nuestra película. Y lo que es peor habrá pocas escenas de felicidad.

Feliz lunes


jueves, 24 de febrero de 2011

El sonido del cáncer


Hace unos días me llegó la campaña que los amigos de GMR Marketing han creado para La Asociación española contra el cáncer (aecc). Me gusta lo que han hecho, entre otras razones porque me gusta cuando el talento creativo se pone al servicio de las buenas causas.

Todos sabemos lo que significa la palabra cáncer. En Andalucía, en algunos lugares y en algunos entornos ni si menta, como la bicha, sustituyendo la palabra por “cosa mala”: Fulanito tiene una cosa mala: el cáncer da miedo y acojona.

Todos conocemos a alguien que lo ha sufrido, lo sufre o lo sufrirá. Ninguno estamos a salvo por muy ordenada y saludable que sea nuestra vida. El cáncer es una lotería a la que nadie juega pero que toca a muchos y uno también lleva sus papeletas sin saberlo.

Desdramatizar o relativizar  es el objetivo de la campaña que recoge los testimonios, las historias de ocho enfermos reales como ejemplo de lucha y esperanza.

Estamos en un mundo dos punto cero, tres punto cuatro o tres catorce dieciséis (llamadlo como queraís pero de virtual nada) que se caracteriza por la interactividad y la colaboración. Como de esos se trata, os dejo las direcciones donde podéis seguir la campaña, participar en ella y darla la máxima difusión.

Todo por una buena causa.

Feliz y positivo fin de semana

Twitter: @aecc_es



miércoles, 23 de febrero de 2011

Mas reflexiones rápidas y urgentes


Hace tiempo publiqué un post que se titulaba casi igual que el de hoy. En el se plasmaban pequeñas historias Zen. Hoy os dejo otras cuantas, por la misma razón que dejé las otras.

Os podéis pasar también por Thinking Souls, que hoy ha salido un poco juguetón.

Feliz miércoles
Ho Chi Minh ó Saigon - Vietnam
A pesar de su tradicional proceder, el Maestro no sentía un excesivo respeto por las normas y las tradiciones.

En cierta ocasión surgió una disputa entre un discípulo y su hija, porque aquél insistía en que ésta se ajustara a las normas de su religión para elegir a su futuro marido. El maestro se puso inequívocamente del lado de la muchacha.

Cuando el discípulo le manifestó la sorpresa que le producía el que un santo actuara de aquella manera, el Maestro le dijo: Debes comprender que, al igual que la música, la vida está hecha de sentimiento y de instinto, más que de normas.
Ayuthaya - Tahilandia

A un discípulo que siempre estaba quejándose de los demás le dijo el Maestro: Si es paz lo que buscas, trata de cambiarte a ti mismo, no a los demás. Es más fácil calzarse unas zapatillas que alfombrar toda la tierra.
Phnom Penh - Camboya
A un visitante que a sí mismo se definía como "buscador de la Verdad" le dijo el Maestro: Si lo que buscas es la Verdad, hay algo que es preciso que tengas por encima de todo. 


-Ya lo sé: una irresistible pasión por ella. 


-No. Una incesante disposición a reconocer que puedes estar equivocado.

Luang Prabang - Laos

A una mujer que se quejaba de que las riquezas no habían conseguido hacerla feliz le dijo el Maestro: Hablas como si el lujo y el confort fueran ingredientes de la felicidad, cuando, de hecho, lo único que necesitas para ser realmente feliz, querida, es algo por lo que entusiasmarse.



¿-Existe alguna forma de medir las propias fuerzas espirituales? 

-Muchas. 

-Dinos tan sólo una. 

-Tratad de averiguar con que frecuencia perdéis la calma a lo largo de 
un solo día. 


lunes, 21 de febrero de 2011

El juego de la soga


Hay un juego que se práctica en todo el mundo. Seguro que muchos de vosotros lo habéis hecho. Me refiero al juego de la soga. Las reglas son sencillas:  Se necesita una soga o cuerda gorda. Se forman dos equipos y cada uno de ellos toma un trozo. En el medio se dibuja o se traza una línea. El juego consiste en que cada equipo tira de la soga hacia si intentando que el otro invada su zona. Es un juego de fuerza, pero también de maña y resistencia.

A veces pienso que somos como la soga, que es asida por dos equipos. Uno de ellos lo forman, los deseos, los sueños... (lo que nos gustaría ser) Otro lo forman, las dudas, los miedos… (lo que somos)  Cuando las dos partes tiran, la cuerda se tensa y parece paralizarse. Son instantes en los que nunca se sabe con certeza quien ganará.

Otras, da la sensación de que una va a ganar, pero al final sucumbe. Y es que siempre hay un lado más fuerte que tira de nuestra soga, que generalmente, además, es el que quisiéramos cambiar, es decir, el de los miedos o las dudas; y si este lado arrastra al de los sueños es por la falta de confianza en nosotros mismos, por comodidad o porque realmente no creemos en nuestros sueños, o quizás también porque no somos capaces de resistir esa lucha interna que se nos plantea cuando somos conscientes de que debemos cambiar algo. Es posible, además, que no sepamos realmente cual es el motor de nuestra vida, lo que acaba por deslizar la soga hacía ese lado.

La soga, en realidad, no es más que un reflejo de nuestra lucha interna a la que no le valen sólo las palabras de ánimo, recetas chulas, frases célebres  o el “You can” para vencer. Necesita de algo más. Necesita de la voluntad, de la pasión, del esfuerzo, de una gran capacidad de resistencia y, sobre todo de claridad. Sin ella, no es que no se puedan alcanzar los sueños, sino que estos serán fugaces, efímeros. Tarde o temprano, volveremos a ser soga que se tensa.

Lo que consideramos que fueron éxitos o victorias no serán más que espejismos que acabarán por difuminar, una vez más, nuestras ilusiones.

Así nos pasamos la vida, como cuerdas estiradas que avanzan y retroceden según se encuentren nuestras convicciones, nuestras energías y nuestro alma creyendo que un día todas esas fuerzas se equilibrarán, asunto, por otro lado, harto complicado si no dejamos de jugar a la soga o dejamos que todo fluya.

Feliz lunes


viernes, 18 de febrero de 2011

¿Te gusta pasear?


Hoy estuve con Francisco Alcaide en la conferencia “La Fuerza de la ilusión”  que ha tenido lugar dentro del Festival de Magia de Madrid que se está celebrando estos días en el Circo Price y al cual os recomiendo asistir si queréis ver en directo a algunos de los mejores magos e ilusionistas del mundo.

He pasado una tarde estupenda. Primero en la conferencia y después en el paseo que nos hemos dado Francisco y un servidor hasta Cibeles donde nos hemos dicho adiós, hasta luego Lucas y esas cosas. Y de eso voy a hablar hoy, de los paseos. Quizás porque el de hoy me ha recordado a esos que se daba la gente hace tiempo, caminando despacio, donde lo importante no era donde ibas sino la conversación, el intercambio de ideas, de proyectos, de sueños que se van construyendo, de temores y en general de las cosas de la vida.

La tarde no invitaba al paseo: fría, medio lluviosa y oscurecida. Pero todo eso poco importa si durante el trayecto vas aprendiendo y disfrutando de la compañía. Ha sido un paseo de varias paradas, en las que lo de menos es hacia donde vas y lo importante son las palabras compartidas que brotan a cada paso.

Y todo eso, se va perdiendo, al menos en las grandes ciudades. El tiempo nos aprisiona tanto o lo apuramos de tal manera que la opción del paseo la obviamos o consideramos que es una pérdida de tiempo por aquello de llegar a nuestro destino cuanto antes. No disfrutamos del camino (algo parecido ocurre en los viajes cuando nos desplazamos de la manera más rápida y renunciamos al paisaje, a la parada…), el caso es llegar.

La gente cada vez pasea menos si no es fin de semana. Todos tenemos nuestras obligaciones, compromisos, quehaceres o como lo queráis llamar; también. Si no es suficiente, nos imponemos más cosas con el fin de sentirnos activos, pero pasear poco.

No me lo estoy inventando. Daos una vuelta por muchos lugares de Madrid. Las aceras están llenas de autómatas, de ojos indiferentes a lo que nos ofrecen las calles, indiferentes y esquivos a la posibilidad de asombrarnos con lo que encontramos a nuestro paso.

Forzamos la maquina como comenté en el post De velocidad, de tecnología el alma y de la mente. Luego pasa lo que pasa, que ese tiempo que creemos dominar, nos domina a nosotros y tenemos la sensación de que siempre vamos con la lengua fuera o no llegamos; o directamente no llegamos.

Existen formas de organizarse (os sugiero que leáis Optima infinito de @jmbolivar) pero somos muy dados a generar nuevos caos por esa dinámica existencial que entre todos vamos creando.

Para muchos un paseo es una pérdida de tiempo, pero fijaos: En el tiempo que ha durado el mío (no he medido el tiempo, no llevo reloj ni he mirado el del móvil, pero no ha sido más de una hora y pico), he asistido a una clase de Management, he estirado las piernas, lo cual es bueno para la salud, mi mente se ha desengrasado, he visto cosas y, sobre todo, he disfrutado de la compañía del amigo Alcaide. A esto yo le llamo un cinco en uno. 

¿Pasear una pérdida de tiempo? Más bien una oportunidad de disfrutarlo.

Feliz fin de semana

miércoles, 16 de febrero de 2011

Los videos de Soul Business V: Cine primera parte

Aunque no voy mucho a las salas ni tampoco me descargo películas, me gusta el cine. No lo de los premios con glamour ni cosas así. No tengo un género preferido, pero si me suelen gustar aquellas películas que me puedan aportar algo o me inviten a reflexionar. Da lo mismo si son de aventuras, románticas, comedia, policíacas o históricas. De todas se pueden sacar otras lecturas como en estos casos que sirvieron de inspiración para hablar de innovación, creatividad y mediocridad.

Feliz miércoles

Hoy Thinking Souls




lunes, 14 de febrero de 2011

15 días en agosto


El video que os dejo hoy me lo envía mi sobrino Emilio que, como muchos españolitos, se está buscando la vida fuera de la piel de toro. Con un par.

Me gusta que me lo haya remitido porque eso quiere decir que lo ha visto, y si lo ha visto ya sabrá que nos la han colado y, lo que es peor, con nuestro consentimiento. No es que seamos fáciles de convencer, es que simplemente nos dejamos llevar por eso de las comodidades, de los miedos y por si acaso.



Lo sabemos, lo intuimos, pero rara vez lo cambiamos. Conciliarse uno mismo con su circunstancia o con la lógica que dicta el alma se nos hace complicado porque desde pequeños nos enseñan a hipotecar nuestra vida.

Hablé de ello en “Hoy fui ayer”, donde me dí una vuelta por el pasado, el presente y por el futuro; también en “¿Qué vas a ser de mayor?” donde reflexionaba sobre los caminos que, elegidos o no, para bien o para mal, tomamos.

El otro día, un amigo me preguntaba sobre si era bueno escoger entre dos opciones que le planteaba la vida. Yo, que no soy muy dado a dar consejos, entre otras razones porque muchas veces no sé qué hacer con los que me dan mi cabeza y corazón, lo único que pude decirle fue que todo dependía de lo que quisiera conseguir, (en este caso y orden, dinero y gloria) del tiempo en el que quisiera alcanzar su objetivo, el sacrificio y el esfuerzo que eso le supondría, etcétera: todo ello debía sopesarlo teniendo en cuenta que detrás de los sueños de cada uno están familia, amigos y uno mismo. Debería visualizar o al menos intentarlo, de forma honesta eso sí, (es decir no confundir deseos con realidad) cómo hacerlo, sin perder o deteriorar lo que realmente es el motor de su vida o lo que es. Son preguntas que deberíamos hacernos todos.

Lo malo de todo ello, - de ahí las dudas y los miedos que nos acompañan - es que perdimos la inocencia y sentido común de la infancia. Dejamos de ser nosotros mismos para ser como otros. Nuestro único consuelo es pensar que éstos, a su vez, son como nosotros, o al menos eso creemos o  con ello vamos tirando.

No es que nos auto engañemos. No, no lo creo. Simplemente nos resistimos a ser nosotros mismos.

Hoy, Francisco Alcaide compartía un interesante artículo “Ser uno mismo es ya una cuestión de supervivencia” de Juan Perea, que de alguna manera viene a corroborar de forma más amplia lo que mostraba el video y quizá explicase el por qué de las dudas de mi amigo, que en realidad creo que lo que se cuestionaba era su propia felicidad, si debía ser como otros, o ser él: Si la vida, al final, no son más que quince días en agosto.

jueves, 10 de febrero de 2011

Frontera con Pakistan: Soul india


Amritsar - Cerca de la frontera


Hoy viernes os dejo algo de Soul India. sobre nacionalismos y lo que sigo pensando de ellos después de muchos años.

Feliz fin de semana

Los últimos restos del agua caída habían formado grandes charcos en varios puntos de la ciudad. La mañana asomaba radiante, de buganvillas limpias y un sol picante, que en horas secaría los temporales lagos nacidos de las lluvias, convirtiéndolos en barro, en aceras movedizas y traicioneras que hundían aún más los esfuerzos de la vida.

Con dificultad, el ciclo rickshaw walash que me transportaba hasta el templo de Durgiana pedaleaba por unas calles desniveladas que obligaban, en ocasiones, a hacer un trabajo solidario para liberar unas ruedas sin guardabarros de la tierra humedecida. Nos arrastrábamos humillados, con la cabeza agachada, empujando por el manillar y por uno de los laterales del asiento, tensando unos músculos que se agotaban en cada empujón, en cada vuelta de radio. Éramos dos hombres con un mismo problema; éramos un problema para el conductor de un camión de reparto que su mala suerte puso a nuestro lado. Cuando conseguimos escapar, nos recompensamos con sendas botellas de agua mineral y un rato de conversación.

— ¿Conoce la frontera con Pakistán? —dijo mi ciclo-chofer—. Es verdaderamente bonita, muy interesante. Si quiere yo lo puedo arreglar.

El día anterior, en mi paseo por el mercado de Amritsar alguien me lo había comentado también. Tenía toda la tarde libre y sólo eran treinta kilómetros por unos paisajes que, según me pintaron, debían ser espléndidos. No lo pensé mucho, aunque la frontera me imponía un poco de respeto. Regateamos el precio fácil; de precio de salida razonable. Un coche me esperaría a las puertas del hotel a media tarde, a las seis; no antes ni después. Eso era importante aunque ignoraba la razón. Nos despedimos en la entrada del templo de Durgiana.
Amritsar . India
En el templo, caminé por el mármol mojado y permanecí en su interior, no sé si rezando o meditando un buen rato antes de recoger mis compras y regresar al hotel.

A las seis en punto, me esperaba un sij bastante serio, de esos que infunden respeto: era un sij duro, de rostro de guerrillero que ves en el telediario; de esos que en cualquier momento se cabrea y te la lía. El coche era una furgoneta pequeña, bastante vieja, destartalada, sin nada de serie y golpeada por el tiempo.

Las relaciones de India con Pakistán en esos momentos, creo que en ninguno, eran buenas y esto, unido al «careto» del sij me acongojaron un poco. Sólo cuando monté en la parte delantera y vi una pegatina del gurú Nanak me calmé un poco. No tenía ni idea de lo que iba a ver, no sabía cuánto tiempo duraría la excursión, no me habían explicado nada. Me dejaba llevar a un lugar en el que precisamente los turistas no debían estar muy bien vistos. Abandonamos Amritsar atravesando unos animados arrabales que anunciaban el final de la India. No sabía qué ocurriría allí, mi chofer no hablaba y las preguntas eran respondidas con un lacónico sí o con un seco no. Solamente por ver los campos de arroz, valía la pena arriesgarse. A medida que nos acercábamos, el tráfico era más denso y la velocidad de atasco. Cuando llegamos, me dijo que bajase, que debía andar quinientos metros. Él me esperaría hasta mi regreso.

La frontera estaba atestada de gente: se vendía agua, banderines de India, postales y discos del templo Dorado: ¿Qué significaba todo eso?, ¿dónde carajo me habían llevado? Manejaba diferentes hipótesis, entre ellas que la frontera era, en realidad, un lugar de compras libre de impuestos donde la gente acudía a comprar. Nada más lejos de la realidad. Seguí a la multitud para saber donde acababa todo.

En el puesto fronterizo, un soldado me pidió el pasaporte, me cacheó por todas partes, descubriendo una pequeña navaja que llevaba. No me la quitó. Trajeron un perro, y durante unos segundos me olisqueó llegando a apoyar sus patas en mi pecho, al tiempo que el soldado lo manejaba a tirones, moviéndolo a mí alrededor: —Es por las bombas, ¿sabe?, fue su única explicación. En esos momentos ya se había hecho un corrillo de indios a mi alrededor. Anduve un rato y, tras pasar dos controles más, aparecí en un anfiteatro repleto de gente que canturreaba y portaba grandes banderas de India.

India - Frontera con Pakistan
Los soldados nos acomodaban en los graderíos y nos aprisionaban sin dejarnos mover de ese «anfiteatro de concentración». A escasos cien metros, otro anfiteatro, otro graderío: esta vez en Pakistán.

No entendía nada. Allí tenía lugar el espectáculo más absurdo que vi en India: pakistaníes e indios se decían de todo menos bonito, ante la comprensiva y orgullosa mirada de los militares que controlaban las enfervorizadas masas. Cada pocos minutos, un exaltado indio saltaba desde la grada y galopaba ondeando su bandera hasta la verja que separaba los países, mientras la gente coreaba y celebraba su osadía: un sitio de esos que piensas que se va a liar la de Dios es Cristo, un sitio de portada de diario del tipo trescientas personas mueren en una avalancha de gente en la frontera de India y Pakistán.

India - Frontera con Pakistán

Realmente, el espectáculo consistía en ver cómo los militares de uno y otro país desfilaban y arriaban las banderas entre los gritos de júbilos del gentío. La distancia entre banderas era apenas de diez metros; diez metros donde aumentaba el odio: diez absurdos metros llenos de rencor.
India - Frontera con Pakistan

No me parece mal que la gente se sienta orgullosa de su país, de su región, de su ciudad, de su pueblo... Un puntillo nacionalista es bueno, es una referencia; pero de eso a demostrarlo mediante el insulto, el desprecio, el terrorismo, la chulería... media un abismo, y me parece una solemne estupidez.

En un mundo en que las principales fronteras que van quedando son las económicas y las religiosas —las demás van cayendo—, es absurdo cegarse en el odio que nace de la ignorancia, y en la cruel creencia de sentirse superiores a otros pueblos, de creerse los elegidos de Dios, los únicos. Y que no me cuenten historias de hechos diferenciales y de patrias inmaculadas. La historia es muy larga y nosotros sólo escribimos renglones; renglones torcidos, renglones fundados en la subjetividad, porque a todos nos han lavado alguna vez el cerebro. A mano y a maquina. El problema aparece cuando a algunos les centrifugan sin utilizar suavizante y les echan un poco más de lejía. Es entonces cuando sus cerebros son movidos por aspas de molino que arrojan aires de abducción que impiden comprender que los nacionalismos extremos no son más que el resultado de una frustración interior, de la perdida de la razón. 


miércoles, 9 de febrero de 2011

Croquetas caseras


De vez en cuando regreso a casa de forma pausada. Me bajo del autobús o del metro a una distancia de dos o tres kilómetros del hogar dulce hogar y a tirar millas. Las razones las expliqué hace tiempo en el post “Una terapia peligrosa”. Cuento esto porque hoy ha sido uno de esos días en los que bajando por Bravo Murillo,- esa pequeña América que se fusiona con el Madrid popular y con el Magreb,- me iba fijando en las cafeterías, los comercios, los bares  y la gente. De  repente, un letrero ha provocado que el resto de mi paseo se haya convertido en un profundo debate filosófico en el que me he cuestionado muchas cosas sobre eso del comer y del beber.

Os habréis imaginado que el título tiene que ver bastante con esas reflexiones que han ocupado gran parte de mi trayecto: Croquetas caseras.

De todos es conocido, que se suele decir que como en casa no se come en ningún sitio, que el mejor cocido, empanadillas, tortilla de patata, callos los hace la madre de uno. De esto saben mucho la esposa, mujer,  novia, pareja o mi chica (que ahora se llama así a lo anterior, eso sí sin quitarle el posesivo) ya que el esposo, marido, novio, pareja o mi chico se lo recuerda a menudo.  Pero me desvió.

Nos quejamos, criticamos y hacemos mofa y befa de muchos eufemismos gastronómicos o soplapolleces que se utilizan hoy en día en la cocina. En descubrirlo Leo Harlem es un experto, y no le falta razón, pero tampoco le sobra, porque en realidad la misma técnica para engatusarnos con la comida se ha utilizado aquí a nivel masivo por parte de bares y restaurantes menos creativos a la hora de elaborar el plato, pero con nombres igual de sugerentes a la ahora de colártela. De ahí que existan una serie de adjetivos o palabras mágicas que ensalzan los platos y al final parecen ser mejores de lo que son. 

En mi paseo he hecho mi propia lista de la que hoy os dejo dos reflexiones .

Casera: como las croquetas o como la comida. Tu ves un letrero, una carta que pone casera y ya parece que lo que vas a engullir es bueno Per se. Y yo me pregunto. ¿Pero de la casa de quien? ¿de la de mi madre o de la suya? ¿En todas las casas se cocina igual? ¿El recetario es el de la Marquesa de Parabere, el de Simone Ortega, viene de tradición oral, viene de serie? Parece que el poner casera ya tiene que ser como en nuestra casa y no es así.

Yo sin ir más lejos, tengo una tía que hace unos torreznos espectaculares, pero son los de su casa, luego para que yo me lo creyese debería poner “Torreznos como se hacen en la casa de la tía de Fernando”.

Por otro lado hay sitios y casas en los que se come mejor que en la propia (ojo hablo de comida no de todo lo que la rodea como puede ser el afecto, el cariño etcétera) y casas en las que mejor que no te inviten a comer nunca. En esos casos no puedes huir, como también describe Larra en su Castellano viejo ni tampoco puedes patalear y decir cosas como “jo, no me gusta o similar.

Pero claro, después de lo de casera, aparece otro apelativo que es mágico: De la abuela. Y ya se ha liado, porque uno piensa que si es casera es buena, pero si además es de la abuela, o de la abuela a secas, estamos hablando de palabras mayores. ¿las abuelas cocinan siempre mejor que las madres? ¿has probado la cocina de tu abuela? ¿tienes abuela?  ¿a que edad una mujer pasa de ser madre a abuela en esto de cocinar? ¿y donde queda mi tía, la de los torreznos? Me pierdo.

Y es que las abuelas son como el druida Panoramix. Son capaces de convertir unas simples patatas o unas lentejas en ambrosía, en néctar de los dioses. Da la sensación de que por el hecho de ser abuela una persona se convierte en experta en fogones.

Esta bacalada de la abuela se utiliza mucho para ilustrar los nombres de los guisotes, de los platos de cuchara y de los postres, donde parece ser que es donde controlan mejor la técnica culinaria.

Uno no puede por menos imaginarse a miles de abuelas a hurtadillas, en fogones clandestinos, sin estar dadas de alta en la seguridad social o ampliando la edad de jubilación que ríete tu de los pactos sociales, cocinando para decenas de personas cuando por muy numerosa que fuese su familia no ha cocinado el mismo día varios platos para más de veinte.

Hay muchos concursos de gastronomía, pero ¿conocéis algún certamen exclusivo para abuelas? ¿Cuándo Arzak, Adriá, Arola y demás mega cocineros sean viejecitos se sustituirá el término por “Del abuelo”?

Unas croquetas si son buenas no necesitan de adjetivos o calificativos si no es para especificar que son de jamón, de huevo, de pollo o de lo que sean. Si son buenas se venderán solas. No mezclemos la casa de uno con la del otro ni metamos a las abuelas en el mismo saco. Nuestro estómago, nuestro bolsillo y nuestra mente nos lo agradecerán.

Como el paseo ha sido largo, otro día seguiré con lo de tradicional, del huerto, de autor y demás palabrejas que rara vez se corresponden con lo que uno tenia en mente.

Feliz miércoles: Hoy en Thinking Souls ?????

lunes, 7 de febrero de 2011

Cuando las percepciones te juegan una mala pasada


Una historia, creo que de Jorge Bucay, no estoy seguro, cuenta lo siguiente:

A una estación de trenes llega una tarde, una señora muy elegante. En la ventanilla le informan que el tren está retrasado y que tardará aproximadamente una hora en llegar a la estación.Un poco fastidiada, la señora va al puesto de diarios y compra una revista, luego pasa al kiosco y compra un paquete de galletitas y una lata de gaseosa.

Preparada para la forzosa espera, se sienta en uno de los largos bancos del andén. Mientras hojea la revista, un joven se sienta a su lado y comienza a leer un diario. Imprevistamente la señora ve, por el rabillo del ojo, cómo el muchacho, sin decir una palabra, estira la mano, agarra el paquete de galletitas, lo abre y después de sacar una comienza a comérsela despreocupadamente.

La mujer está indignada. No está dispuesta a ser grosera, pero tampoco a hacer de cuenta que nada ha pasado; así que, con gesto ampuloso, toma el paquete y saca una galletita que exhibe frente al joven y se la come mirándolo fijamente.

Por toda respuesta, el joven sonríe... y toma otra galletita.

La señora gime un poco, toma una nueva galletita y, con ostensibles señales de fastidio, se la come sosteniendo otra vez la mirada en el muchacho.

El diálogo de miradas y sonrisas continúa entre galleta y galleta. La señora cada vez más irritada, el muchacho cada vez más divertido.

Finalmente, la señora se da cuenta de que en el paquete queda sólo la última galletita. " No podrá ser tan caradura", piensa, y se queda como congelada mirando alternativamente al joven y a las galletitas.

Con calma, el muchacho alarga la mano, toma la última galletita y, con mucha suavidad, la corta exactamente por la mitad. Con su sonrisa más amorosa le ofrece media a la señora.

- ¡Gracias! - dice la mujer tomando con rudeza la media galletita.

- De nada - contesta el joven sonriendo angelical mientras come su mitad.

El tren llega.

Furiosa, la señora se levanta con sus cosas y sube al tren. Al arrancar, desde el vagón ve al muchacho todavía sentado en el banco del andén y piensa: " Insolente".

Siente la boca reseca de ira. Abre la cartera para sacar la lata de gaseosa y se sorprende al encontrar, cerrado, su paquete de galletitas... ! Intacto.

La historia acaba ahí. No nos desvela cual fue la reacción de la señora ante su equivocación y si se arrepintió de pensar como lo hizo o no, aunque seguramente debió sentir vergüenza, que es lo lógico cuando te la tienes que envainar porque las “percepciones” te han jugado una mala pasada. 

Más tarde esto se olvida y se vuelven a cometer los mismos erorres, juzgando personas y momentos según no lo que vemos, sino lo que creemos ver. Quizá esto lo podría explicar Josep Julian que de emociones sabe un rato, y todo tiene su relación, pero yo que soy más prosaico - y a veces más simple que el mecanismo de un sonajero-, creo que es consecuencia de la educación que hemos recibido.

A menudo pienso que no hemos sido educados para discernir y sí para juzgar, como si nuestra mente estuviese programada de antemano, como si no necesitase más información para dictaminar si lo que estamos percibiendo es nuestra realidad o “la realidad” entendiendo como tal el todo y no sólo la parte.

Percibimos a las personas según clasificaciones: raza, credo, nacionalidad,estatus social, edad; en guapas y feas, gordas y flacas; según vistan o hablen. Basándomos en todo ello, mezclamos, agitamos y juzgamos, pero somos incapaces de percibir la esencia de la persona, sólo su circunstancia, con lo cual podremos saber mucho de “estereotipos”, pero poco de la persona en sí.

Como le ocurrió a la pobre señora (y la llamo pobre por su estrechez de percepción) que solo vió la realidad que quiso ver.

Feliz Lunes
  

viernes, 4 de febrero de 2011

Viajar también es escuchar (Sounds of the World)


Me gusta decir que viajar es simplemente vivir desplazado, y cuando digo vivir no estoy hablando de transitar por este “valle de lágrimas”. Se trata de algo  que para mi es más profundo: tener la oportunidad de explorar sensaciones, emociones, descubriendo a cada instante quien eres y ayudándote a dar sentido a tu vida. Así empezaba el post ¿Por qué me gusta viajar?. Cuando se viaja se activan todos los sentidos. Y, precisamente por eso, he decidido hablar de los viajes desde la perspectiva de los sentidos.  Y hoy, le ha tocado al oído.

Cuando selecciono alguna de mis fotos de viajes para el blog me suele ocurrir que me quedo fijado en alguna y empiezo a oírla. Es decir, miro la foto pero la escucho. No concibo realizar un viaje en el que solamente admire una imagen. Al mundo hay que escucharlo para disfrutarlo. Uno puede identificar un tipo de arquitectura, de paisaje, incluso determinados olores, pero los sonidos, eso ya es otra cosa. Merece la pena. Fijar la atención y atesorar cada uno de los sonidos. Unos serán agradables, otros estridentes, monótonos, otros serán silencios, pero todos te ayudarán a conocer y comprender mejor lo que visitas y también a conocerte mejor. Yo soy coleccionista de sonidos. Requiere un esfuerzo adicional, pero el viaje se acaba disfrutando más y al volver a ese espacio que ocupa la nostalgia de lo que quieres no es que lo recuerdes, es que lo revives. Y hoy mirando fotos, además de imágenes, he escuchado paisajes, personas, situaciones y momentos. He escuchado la voz de los muecines llamando a la oración (grabados o no) de las mezquitas de Estambul, el tráfico caótico y absurdo de Delhi, el sonido de los carillones que envuelven el silencio de los templos budistas en Laos, o las charlas de los vendedores ambulantes de Guatemala, las músicas que salen de muchas calles de México, el sonido brutal del agua que cae de la cascadas o el del hielo chocando contra el agua cuando un glaciar se resquebraja, sonidos de insectos, canciones, conversaciones, risas, llantos, gritos, discusiones, ladridos, el sonido del viento en los desiertos y los silencios de la tierra nevada. Muchas emociones, muchas sensaciones.

Por eso, merece mucho la pena escuchar, los viajes ganan mucho. Os dejo una serie de sonidos que capte a vuela pluma para el diario de viaje “Los Sueños perdidos” del cual hay algún capítulo por aquí.

Feliz fin de semana
Tikal 

Paseando por Tikal
“El sonido de las chicharras se asemeja al de un aspersor, más sonidos animales, aislados como si alguien estuviese serrando , algunos pájaros y monos que aúllan de vez en cuando parecen hablarse. De vez en cuando un pavo silvestre… “


Flores 

Paseando por Flores de noche
“Ya de noche, paseo por un pueblo a media luz donde se escuchan sonidos de televisores y músicas varias. Sonidos de recogida, de reunión familiar. En esos momentos siempre te acabas acordando de la tuya y, por un instante, los echas mucho de menos”

Chichicastenango
Conversaciones cruzadas en Chichicastenango
“Compren, compren: cancelen aquí y no en la ferretería, que el producto es alemán.
Escuchen esta propaganda, prueben la pomada de uña de gato,
Pollo con papas sabrosos
Helados por cinco la galleta, chocobananos, helados …”


Cancún 

Lo que me contaba un Taxista de Cancún
“La constitución dice que no se puede hacer nada a los dirigentes mientras estén en el poder. Por eso tenemos un país de corruptos.
Si a mi me dejasen construir las ciudades… Yo no soy ingeniero pero las haría cuadradas; una ciudad debe tener un diseño cuadrado. No como Cancún, que no está preparada para los huracanes.No se puede luchar contra la naturaleza, un día desaparecerán los hoteles.
Yo no pase de secundaria, pero veo que nos hemos vendido al capital extranjero. Pero los mismos que lo critican se corrompen con ellos. Aquí en México,  somos muy elegantes en el tema de la corrupción y nos damos paso unos a otros.

Mérida
Tarde  de domingo en Mérida
“Al sol le quedaban aún unas horas para despedirse y el Zócalo continuaba  abarrotado de olores, de música, sonrisas y calor. Bajo los soportales del Ayuntamiento se sucedían los bailes ante la atenta y regocijada mirada de cientos de personas que hacían corrillo sentadas en parcas sillas o permanecían de pie siguiendo el movimiento de la jaranas yucatecas en las que parecen fundirse las danzas y sones mayas con las nostalgias de España.”

miércoles, 2 de febrero de 2011

She`s Leaving Home


Una de mis canciones favoritas de los Beatles. 

Musicalmente me parece brillante, pero hay algo más.  En esa época los Fab Four se encontraban en un buen momento creativo, consecuencia del talento,  el trabajo en equipo , años de aprendizaje y la necesidad de mejorar, cambiar o innovar, que a fin de cuentas todo ello es una cuestión de inquietudes. Un día escribiré sobre ello.

Para los que hayan seguido o leído algo, o mejor dicho bastante sobre ello , podrían interpretar esta canción como una especie de crónica de una muerte anunciada del grupo. En cierto modo es así. No es necesario poner el She, (también podría ser I, we they...) sino tener en cuenta de lo que habla, de un desencuentro, de concepciones diferentes de lo que es importante, de los sueños de cada uno, del desarrollo de cada cual. De sueños y metas, en definitiva.

En las relaciones, en todos los ámbitos, ya sea el familiar, el empresarial (se trate de la empresa o del empleado) de los amigos, en el social, etcétera, puede pasar lo mismo que narra la canción. Nos podremos llevar las manos a la cabeza , lamentar la perdida o la situación o aceptarlo como parte del juego que nos propone la vida. Todo dependerá de cómo entendamos a la otra parte y como, a su vez, nos entendamos a nosotros mismos.

Nos quejamos de las pérdidas, ¿pero que hicimos para evitarlas?. Al final, si se intenta de corazón y cabeza, no deberemos lamentarnos si la otra parte no puso lo mismo o parecido de su parte (que en las relaciones el fifty fifty es complicado) ni tampoco pensar en que nos asistía la razón, como relata a canción: es simplemente cuestión de frecuencias.

Lo único que tenemos que tener claro (y tampoco excesivamente claro) es que la única forma de poder estar confortable con uno mismo es intentar comprender las razones de los demás. 

Estemos de acuerdo o no.

Como decía Voltaire, “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo.” 

Y añado,: “pero déjame que exprese mis razones”. Seguramente el She´s Leaving Home no sería tan traumático.

Bueno, y para alegrar el día MaS en Thinking Souls

Feliz miércoles



Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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