jueves, 28 de abril de 2011

Frases y reflexiones viajeras

Delta del Mekong - Vietnam
Viajar no es solo ver y contar, también es sentir y sobre todo, interiorizar.  Es aprendizaje y conocimiento. Hoy os dejo una serie de reflexiones viajeras que, desde mi punto de vista, nos ayudan a entender mejor la grandeza de viajar.

Creo que el ojo del hombre debe ver las cosas por si mismo, respirar con sus propias narices los aromas de las plantas, de los animales y de los otros hombres. Tocar con sus manos las manos de otros hombres de otras razas. Pisar con sus propios pies las tierras mas lejanas. El alma del hombre tiene que recuperar la pasión de la aventura y no esperar a que se la sirvan en la pantalla de un televisor o en salas de un cinematógrafo. Y la gran aventura es siempre el viaje.

Cuando viajes a un país extranjero recuerda que no estará diseñado para que te sientas cómodo. Está hecho para que su propia gente se sienta cómoda en él.

He descubierto que no hay forma más segura de saber si amas u odias a alguien que hacer un viaje con él.

El que está acostumbrado a viajar, sabe que siempre es necesario partir algún día.

Caminante no hay camino,
se hace camino al andar"

Si rechazas la comida, ignoras las costumbres, temes la religión y evitas la gente, mejor deberías quedarte en casa".

Como todos los grandes viajeros, he visto más de lo que recuerdo, y recuerdo más de lo que he visto.

En el viaje, desconocidos entre gente desconocida, aprendemos en sentido fuerte a no ser Nadie, comprendemos concretamente que no somos Nadie. Viajar enseña el desarraigo, a sentirse siempre extranjeros en la vida, incluso en casa, pero sentirse extranjero entre extranjeros acaso sea la única forma de ser verdaderamente hermanos"

Hoy en Thinking Souls María Teresa Trilla, una gran viajera que, como comprobareis en su blog Apuntes de viajes, además es una excelente reportera y fotógrafa. Uno de mis blogs favoritos y referencia para los amantes de los viajes.

Feliz fin de semana

lunes, 25 de abril de 2011

Curiosidades viajeras: El astrólogo del Taj


Taj Mahal - India 

En los viajes siempre hay cosas que te llaman la atención, que te asombran o te sorprenden. Sólo por esta razón, ya merece la pena viajar. 

De vez en cuando, iré dejando por aquí varias experiencias que, al menos a mí, y en su momento me parecieron curiosas. ¿Sabiaís que en la India en varios hoteles hay servicio de astrólogos como puede haberlo de lavandería? 

En los directorios de servicios que encuentras en las habitaciones, generalmente en hoteles de gama alta, puedes encontrar el número que debes marcar para la cita, al lado de la extensión del servicio de habitaciones o lavandería. 

La explicación: en India son unos apasionados de la astrología y la quiromancia y para ellos no son asuntos para tomar en broma o supercherias. Para ellos es una ciencia, como podéis leer en esta noticia.  

El caso es que, curioso como soy por naturaleza, al final probé sus servicios y lo cuento en este capítulo de Soul India que hoy os dejo.

Feliz martes

El astrologo del Taj

 Por la tarde, cuando la temperatura había bajado unos grados y las nubes amenazaban con descargar agua de tormenta  me fui a visitar el fuerte de Agra. Me decepcionó un poco, pero esto se debió a que solo se puede visitar una pequeña parte; la otra está en manos de militares, y a que después de ver el Taj Mahal es difícil que tan seguido, te impresiones con otras cosas.

Con el descuido habitual de los fuertes de la India, el fuerte se asomaba al  Yamuna donde las balconadas desafiaban  al vértigo e invitaban  a la prudencia al segundo de asomarte. Decidí sentarme un rato y admirar el Taj Mahal en la lejanía, mientras conversaba con un grupo de jóvenes indios que pasaban la tarde en el fuerte. 

A estas alturas del viaje el ritmo que me imponía era ninguno. Me movía lento, casi dando pasitos de geisha . El tiempo en India me había dado un  cheque en blanco cada día y procuraba agotarlo. Me acostaba tarde, me levantaba temprano,  dormía deprisa y caminaba despacio. Eran paseos de quien no sabe donde va y tampoco tiene prisa por llegar. Todo lo  hacía con calma, mi viaje era ya un adagio. No me alteraba ya casi nada. Comenzaba a tener un alma India que acentuaba los sentimientos que me producían todas las cosas que veía. Aunque formaban parte de un todo, podía tratar cada imagen, cada sensación de forma aislada. Mis ojos y mi mente eran un perfecto zoom que acercaba o alejaba los instantes a voluntad.  

Más tarde y envuelto en una fina lluvia, visité el Mausoleo de Akbar. A unos diez kilómetros de Agra, un sitio muy agradable, con inmensos jardines, muy bien cuidados en los que  ciervos, pavos reales, monos, loros y ardillas  disfrutaban de la serenidad que inspiraba el lugar- ¿Por qué este lugar, el Taj Mahal y otros mausoleos son para los muertos, cuando lo que le apetecería al finado es disfrutarlos en vida?  Llovía , y en unos minutos estaba calado, pero no me importaba nada; andaba bajo la lluvia  y en ningún momento, incluso cuando el chaparrón quería ser tormenta, busque refugio en los edificios del mausoleo. ¡Me encontraba tan bien!

Paseé  por espacio de una hora y no me he tiré sobre la hierba por no poner el coche perdido a Dinesh. Son esos momentos que te hubiesen gustado compartir con alguien que entendiese el significado de la lluvia cuando ésta no  es lágrima  que baja sino alegría que sube al cielo. 

Regresé al hotel. Estaba cansado, necesitaba descansar de tanto ajetreo.
 
Había quedado con el chef del hotel en que esa noche me preparase una cita gastronómica. Y en las citas soy puntual.  Cuando llegué al restaurante, él,  solícito, salió a recibirme y me acompañó a una mesa que había vestido para la ocasión. La situación perfecta: cerca de los músicos, lejos de turistas ruidosos y a una distancia prudencial de una familia india numerosa. 

La cena fue memorable; un menú degustación de especialidades vegetarianas servida en un thali profusamente decorado y acompañado de chapatis de diferentes sabores y texturas. 

Bajar una cena de esas características requería tiempo y mi cheque diario aún no estaba agotado. Me encaminé al bar del hotel para tomar un té cuando  vi al astrólogo del Taj. 

Hay hoteles que tienen de todo: Gimnasio, peluquería, fotógrafo, masajista, médico. Lo del  astrólogo yo no la había visto nunca. Había visto su extensión en el directorio de servicios del hotel y en pequeños carteles repartidos por el hall. Había visto muchos palmistas y astrólogos durante mi viaje, pero- como no creo demasiado en esas cosas, no prestaba  demasiada atención a sus reclamos. Sin embargo que en un hotel de cinco estrellas, un sitio serio tuviera un astrólogo era bastante asombroso.

Aún dudaría más de media hora antes de dirigirme a él. Luchaba entre la razón y una curiosidad que ya no picaba: escocía. 
  
Su actitud era seca. Se tomaba su trabajo muy en serio y creo que estuvo a punto de rechazarme al ver que yo no mostraba el más leve signo de concentración. Me tomó la mano izquierda; luego la derecha;  me preguntó la fecha de nacimiento y el lugar y comenzó a dibujar puntos en la palma de la mano. Eran puntadas precisas, aguijones que se clavaban en las intersecciones de las líneas de mi futuro como si él tuviese la potestad  de administrarlo. Una vez finalizada la operación se apartó y en un bloc de notas apuntó  a toda velocidad algo que no pude ver dejándome en ascuas durante un rato en el cual consiguió alterarme un poco. Satisfecho con sus anotaciones esbozó una sonrisa de satisfacción y empezó a contarme, ¡ Mi pasado!. 

Había lanzado un órdago y no sé cómo lo había ganado. Acertó todo. Yo no había abierto la boca y durante su exposición había mantenido una expresión de directivo correcto, que escucha, pero que no tiene intención de comprar nada. El que hubiese acertado en cosas de mi pasado podía haber sido fruto de la casualidad, de la experiencia y de un profundo conocimiento del comportamiento humano, pero acertar en fechas exactas era demasiada casualidad. Continuó leyéndome el futuro y espero que adivinase algo de lo que dijo, por que según él, me iba a ir muy bien. Insistió en dos o tres puntos. Le pedí que me lo escribiese en un papel y este papel ,que contiene su nombre, dirección y teléfono, espero me sirva para confirmarle que lo que me dijo se cumplió.

Su último consejo fue: - No creas ciegamente a nadie- . Me dejó chafado, ¡Con la ilusión que me había hecho!.

domingo, 24 de abril de 2011

Hay días que se debe dar gracias y no cera


Que el servicio en numerosas compañías deja bastante que desear es un hecho. 

A menudo pienso que cuando se dice eso de “Los clientes son lo primero”, lo que ocurre en realidad es que no han acabado la frase y les ha faltado añadir “los primeros en ser vacilados, engañados …(pon aquí la sensación). 

Todos hemos tenido una mala experiencia de servicio, bien en forma de despropósitos, de silencios administrativos, de falta de respeto, de educación, de largas cambiadas o de si te he visto no me acuerdo. Otras no puede haber ningún tipo de experiencia de servicio, ni buena ni mala porque su ausencia no da ninguna oportunidad.

Cuando nos pasa esto, tendemos a ciscarnos en la empresa, en el empleado de turno o en la madre que lo parió. Y además, lo contamos. Así, a empresas de telefonía, banca, transportes y, por ejemplo, a miles de camareros les pitan los oídos a menudo. Ellos se lo han buscado ¿no? No es tan sencillo.

La eficiencia, la eficacia, la rentabilidad, el uso de la tecnología y los procesos infalibles que lleva a lo anterior permiten que las cosas, que todo esté más controlado y sea, por decirlo, de alguna manera más medible y ¿por qué no? que los costes se reduzcan y las cosas sean más baratas o, al menos no cuesten más. Pero eso suele tener un precio que acabamos pagando: un mal servicio como apuntaba antes.

Pretendemos que todo sea perfecto y se invierte mucho en procesos, pero poco en personas y como poco a poco lo vamos aceptando, aunque sea a regañadientes, al final acabamos por tragar lo que nos echen y pretendemos que nos resuelvan un problema local a cinco mil kilómetros de distancia personas que aunque tengan voluntad no conocen bien el idioma, pretendemos que nos sirvan estupendamente en bares y restaurantes (en tiempo y forma) o que nos atiendan y escuchen con diligencia y cierta empatía cuando nos dirigimos a alguien que está detrás de una mesa o un mostrador. Si además, nos sonríen y nos hacen sentir bien despejando todas nuestras dudas, mejor que mejor. Pero como no se invierte mucho en ello, el servicio pasa a un segundo plano.

Si a esto le añadimos que cada vez hay menos vocación y actitud porque se confunde servicio con servilismo y protocolo con actitud, el resultado es que la desconfianza se va apoderando de nosotros y saltamos a la primera para dar cera a la empresa que proporciona ese producto o servicio.

Claro, que no siempre es así. A RENFE la ponen de vuelta y media día sí y día también los consumidores, los señores clientes, usuarios o como quiera que se diga ahora. Sin embargo, he de decir, que en el último mes he tenido varias experiencias positivas con la compañía. 

Desde un retraso de un Alvia de una hora porque la maquina se fundió (aquí, toda la tripulación fue informando de las razones del retraso, del derecho a la indemnización que teníamos y a prestar a cada pasajero individualmente toda la ayuda y asesoramiento que precisasen) a cambios de billete con la mayor celeridad en las estaciones de Atocha y Santa Justa. Todo con una buena actitud y demostrando  profesionalidad.

Pero lo que más me asombró fue lo siguiente. El jueves iba a Ávila en el tren de Salamanca.  Dado que allí hay una estación y un apeadero, el interventor iba informando de la distancia al centro de una y otra. Lo que me llamó la atención es que no se limitaba a informar con un plano que tenía sino que iba ofreciendo información turística de la ciudad y recomendaciones sobre donde comer, que visitar…En un momento, desapareció y regresó al vagón para regalar planos de la ciudad a cuantos lo requerían y a responder a las múltiples preguntas que se iban acumulando por aquellos que habían elegido la ciudad como destino vacacional.

Por eso, como es de justicia, por estas buenas experiencias que he visto en RENFE sólo me resta darles las gracias.

Toquemos madera.

Feliz semana

martes, 12 de abril de 2011

Cansado de...


Los tipos tristes y cansinos

De los exitosos de manual y situaciones estáticas

De los que camuflan sus verdaderos intereses

De los que sólo se defienden con críticas a los demás

De los que creen que son un destino en lo universal

De los que su criterio es la última moda

De los que cambian de opinión como de gayumbos

De los que su sentido en la vida es seguir la moda

De los que se creen que siempre serán triunfadores

De los que se arropan en la masa para…(elegir motivo)

De los “enrollados” selectivos

De los que nunca se arriesgarán a expresar una idea propia

De los que sólo respetan su verdad e ignoran las ajenas

De los clasistas 2.0 ¡que poca memoria!

Estoy cansado de muchos, al igual que mucho pueden estar cansados de mi. Así que me tomo vacaciones blogueras, no sin antes dejaros un Thinking Souls especial comentario largo por Cristal00K.

Y, además, estoy realmente cansado física y mentalmente y todavía me queda un arreón.

Y tu ¿ de quienes estás cansado?

Feliz Semana Santa

domingo, 10 de abril de 2011

Jazz Management

Hoy regresaba de Córdoba en el AVE. Como en el vagón iba un grupo de adolescentes bastante ruidosos, que sumados al inevitable pesado que se monta en el tren y no para de hablar por el móvil, (preferiblemente a voces para que todos nos enteremos de sus planes y de sus circunstancias personales y profesionales) cuando ha pasado la chica (que no se si ahora se llaman azafata o tripulantes de cabina) preguntando eso de ¿auriculares? No he dudado ni medio segundo en solicitarlos.

El caso es que he puesto un canal en el que se escuchaba Jazz y como me gusta, mucho pues ahí lo he fijado y me he puesto a jugar con la mente y darle vueltas sobre algunas ideas y teorías relacionadas con la gestión empresarial o como deberían ser las empresas: que si jerarquía o redarquía; que si innovación o reinvención, o ambas cosas a la vez y así un número importante de cuestiones que me iba yo preguntando a medida que me acercaba a Madrid.

Le daba vueltas a los últimos post de Eugenio de Andrés y Nacho Muñoz, siempre inspiradores, y repasaba algunas de las reflexiones sobre Management que Francisco Alcaide, José Luis Montero o Josep Julian,  nos regalan en su blog.

El caso es que no se si he tenido un insight como decía Nacho Muñoz, pero entre la música y las ideas me he ido formando esta teoría del Jazz Management que hoy comparto con vosotros.

Hoy en día, por la complejidad de toda la estructura económica, por las conexiones e imbricación entre los diferentes actores, por el factor tiempo y porque lo que hoy es blanco, mañana es negro y luego brote verde o marrón; porque además nada es estático... gestionar adecuadamente (acertar lo llamarán algunos) es tarea harto complicada. Hoy éxito, mañana fracaso; pasado mañana travesía en el desierto y luego más de lo mismo y así sucesivamente …Un poco coñazo ¿no?

Creo que esto nos pasa porque nos aferramos a nuestros pensamientos e ideas, vamos viendo como cambia el mundo, pero nosotros no nos vamos transformando ni con la misma exigencia que nos auto imponemos ni tampoco fluimos como debiéramos ( hablo en general, que siempre hay gente que lo consigue de forma plena) lo que provoca que seamos un continuo desafine que se convierte en problemas, crisis y, a mayores, fracaso colectivo como especie.

Pensando en ello, mientras escuchaba Jazz me preguntaba si las empresas no podrían fijarse en este modelo musical porque, desde mi punto de vista el Jazz puede ser una buena fuente de inspiración para la gestión empresarial.

El Jazz es complejo como lo es el mundo. Se creó por asimilación de otras músicas y culturas al igual que muchos países se formaron, pero lo interesante es que en Jazz no hay nada cerrado, al contrario de lo que sucede en la mayoría de las organizaciones, lo que provoca que esta mezcla constante genere nuevos estilos que a su vez generan subestilos y todos pueden ser válidos.  

El jazz fomenta la creatividad, la investigación y la curiosidad, lo que extrapolado a una empresa podría significar una mejora continua en los procesos (las notas musicales al final se ensamblan de muchas maneras con buenos resultados) que llevará a una implantación de modelos dinámicos de gestión; es decir, como si en cada momento se tocase la nota adecuada sin tener que seguir rígidas partituras, (manuales que sobre el papel parecen funcionar pero que “en vivo” en el día a día, ni emocionan, ni satisfacen a ejecutores ni a su público.

El jazz tiene mucho de improvisación, pero esta improvisación es fruto de la experimentación y por eso nos suena bien. Pues bien, a mi juicio, uno de los problemas que tenemos en las empresas, en nosotros mismos, es que somos muy teóricos, experimentamos poco, tarde y a veces nunca, lo que nos conduce a la obsolescencia creativa pensando que podremos vivir de éxitos pasados.

El jazz es innovación, transformación y diferenciación y, por supuesto, alma, algo de lo que carecen muchas empresas, pero la culpa no es exclusivamente de directivos sino de todos los que las forman.

No conozco ninguna plantilla que tenga las cualidades de una buena formación de jazz. 

Quizá mi percepción, como en otras tantas cosas me engañe, pero de los músicos de jazz me llama la atención varias cosas.

La primera de ellas es que el liderazgo es compartido. Puede haber un miembro más importante, “la estrella”, pero el resto le siguen, participan cuando es necesario y se mantienen en silencio cuando no tienen nada que aportar. A su vez, el líder de la formación cede el testigo a unos y otros y estos, a su vez a sus compañeros. Todos quieren y desean estar a la altura y por ello comparten espíritu de superación, respeto a las ideas o improvisaciones de los demás. Tienen paciencia.

La individualidades revierten en el grupo y por si fuera poco, casi siempre se les ve disfrutar con lo que hacen, lo que no ocurre, por ejemplo, en las orquestas sinfónicas o en muchos grupos de pop o rock en los que la lucha de egos o protagonismo de algunos de los miembros convierte la música en una sucesión de notas apañadas que pueden sonar bien, pero a las que les falta duende.

Quizá sea un absurdo, pero si las empresas hiciéramos más Jazz Management es posible que los resultados fuesen mejores y sobre todo nos los pasaríamos mejor en este complicadísimo mundo empresarial.

Lo malo de todo ello, es que a muchos no les gusta el jazz, no lo comprenden o no lo quieren comprender, porque ya se sabe que todo lo bueno requiere esfuerzo, visión amplia y experimentación.

Este post se lo dedico a Mari Cruz Gomar (@CruzCoaching) que muchos días comparte música, reflexiones y nos ayuda a que nos auto motivemos cada día.

Y para que veáis que el jazz no es anarquía e improvisación y que tiene cabida en cualquier “sistema” os dejo una pieza de Pat Metheny que siempre me ha gustado mucho y que me pone las pilas cuando la escucho.

Feliz día.

viernes, 8 de abril de 2011

Escuchando números

Llevo una temporada que me salen los números por las orejas y no soy economista ni nada por el estilo, pero como se que los números hablan, me paso buena parte de mi tiempo escuchándolos. Diréis que qué es eso de escuchar los números: pues ni más ni menos que intentar relacionarlos de la forma más coherente posible. 

Los números, como las palabras, pueden significar una u otra cosa dependiendo del contexto en el que se encuentren, aunque casi todo el personal te dice eso de que  “los números cantan” y que como el algodón, no engañan o mienten: que no admiten dudas, vamos. Así es. Sin embargo a esto yo le pongo un pero, que no es otro que dependiendo  de ese contexto o relacionados de una forma u otra pueden significar o contar una cosa u otra. Todo depende de cuan acertados estemos a la hora de escucharlos y como suele ocurrir escuchamos e interpretamos lo que queremos o lo que nos interesa.

Los números, bien escuchados nos dicen muchas cosas. No sólo son signos que se suman, restan, multiplican y dividen, ni se ajustan para salgan bonitos o feos según interesen; tampoco se puede especular con ellos porque tienen su equilibrio natural y, al alterarlos, puede organizarse un caos, pequeño o grande dependiendo de lo arriba que nos hayamos venido a la hora de jugar con ellos. Los números son tiempo, son dinero, y en gran parte un reflejo de nosotros mismos. Cuanto mejor los escuchamos y comprendemos mejor nos encontramos porque pasan de preocuparnos a acompañarnos.

Pero quizá se me haya ido la olla un poco, (comprendedlo, son muchas jornadas trabajando en diferentes escenarios con ellos y ya me salen por las orejas) y por ello me ha salido este post tan raro.

En cualquier caso, os dejo un video con una música fantástica que quizá exprese mejor lo que siento.

Feliz fin de semana



miércoles, 6 de abril de 2011

Donde Nueva York no existe

Rajastan - India 

El post anterior trataba de los Nuevayores. Hoy la otra cara: Donde Nueva York no existe de Soul India.

              Al igual que en días anteriores, a ambos lados de la carretera el desierto. No es un desierto como en los cómics de Tintín donde siempre acababa seco y alucinando  el Capitan Haddock.

 El desierto del Thar no es un desierto de dunas, es un desierto de arena y árboles Khejri. Estos árboles juegan un papel importante en la vida de los habitantes de esta zona del Rajastán, al ser imprescindibles para su subsistencia . Las hojas son forraje para camellos y cabras. Los frutos se cocinan en curry, la madera para construir arados y la savia como remedio para la artritis. Además de dar sombra, que en ese sitio no viene mal. También son venerados por los habitantes. La religión siempre está presente.

  Cruzar el desierto permite reflexionar sobre muchas cosas. El silencioso y cálido desierto, el Gran Desierto Indio, te lleva a un mundo de cámara lenta, donde cualquier matiz te da la vida. Un mundo donde hombres o mujeres, bajo la sombra de un árbol, vigilan el ganado o simplemente hablan,  mientras un fondo árido y lejano es removido por el viento. Cada pocos kilómetros, mujeres acompañadas de sus hijos, recogen o llevan leña de un sitio a otro, o andan hacia no se sabe qué  destino. Otras, con la azada en la mano, arrancan a la tierra su último tesoro. Es un espectáculo multicolor de colores alegres que choca con la bicromía del paisaje.

Y es, en estos sitios donde sabes que Nueva York no existe, ni Madrid, ni Dublín. Sólo ellos y su entorno; un mundo que controlan, viven y se sirven de él. Aquí viven en armonía naturaleza escasa y hombre. La imagen lejana de estas mujeres con sus coloridos vestidos te hace pensar lo sujetos que estamos a todo tipo de bienes y caprichos. Ya no podríamos vivir como ellos. Primero deberíamos limpiarnos.

Como en todas las carreteras de la India, los camiones aparecen y desaparecen constantemente. Prácticamente son todos iguales; camiones Tata multicolores, camiones de fiesta, de carnaval , de circo,  con dibujos y  frases por todos lados. Pero hay unos que son inclasificables, que suelen transportar leña y que van sobrecargados  por todos los lados, ocupando prácticamente la carretera, lo que dificulta enormemente la visión. Y esto, que como fotografía  podría quedar muy bien, se convierte en un peligro añadido a los animales, los baches o las pequeñas dunas que se forman en la carretera y que hombres y mujeres de forma ceremoniosa intentan apartar. Aunque yo dudo que lo consigan. Y ellos también.

Un autobús decorado de boda nos siguió durante todo el camino. Más tarde coincidimos  en una dhaba. El autobús lleno de muebles y otros enseres iba amueblado. En realidad cualquier medio de transporte en la India está sobrecargado, como si fuese un constante desafío a la las leyes de la física. Al bajar del autobús, los hombres se turnaban para utilizar los camastros, mientras, uno de los que yo supongo que era el organizador repartía comida entre los pasajeros.

  En las dhabas, me ocurría una cosa curiosa. A mí me limpiaban  la mesa, a ellos nunca salvo que lo solicitasen. No hay que decir que en muchas de ellas el “inglés” no paró por allí, por lo que cuando me presentaban  escrito en un papel las consumiciones,  muchas veces no sé que me estaban  cobrando. Era  tan barato que me daba  lo mismo.

De camino a Jaisalmer y cerca de Pokaran visité el templo de Ram Bar, donde mujeres, niños y viejos me rodearon mientras gritaban “bakish, bakish” - limosna o propina-. La sensación era  un poco agobiante;  me sentía  impotente ante tal avalancha de gente que me agarraba, me suplicaba, me miraba, me lloraba y me ahogaba la circulación de la sangre... Todos querían su parte. Al final como siempre unas monedas al azar, quizá no al que más lo necesita, pero no podías hacer  mucho más. Lo más duro era negárselo a los niños; sus miradas, puras y frescas me  atravesaban  el alma, pero en cuanto le dabas  una moneda a uno, tenía s a diez o quince más que esperaban conseguir como mínimo lo mismo que el anterior. El dinero nunca es para ellos, acaba en las manos de alguien que se lo reclama, escondido, cobarde a unos metros de distancia. Del  templo apenas me quedaron  imágenes; estaba mas impresionado con lo que había vivido antes de entrar, y que volví a revivir cuando salí  del mismo.
 
Aquí Nueva York no existe.


lunes, 4 de abril de 2011

En los Nuevayores* del mundo


En los Nuevayores del mundo, la ambición revuelve los vertederos de la miseria humana para esquilmar las últimas esperanzas que han quedado sepultadas por el miedo y la derrota mientras, las tribus de autómatas, enjambres desordenados, se desplazan con expresión de media luna caída en los labios preguntándose donde perdieron sus sueños.

En los Nuevayores del mundo se celebran carreras para llegar a ninguna parte que dejan agotadas y confundidas unas almas pendientes del tiempo, bomba de relojería que hay que desactivar cada mañana.

En los Nuevayores del mundo todo se mide y contabiliza por enormes maquinas que atrapan cada dato, cada idea, cada emoción, inventariando cada pensamiento para modificar o aprovechar el error. 

En los Nuevayores del mundo se ahogan las voces que piden solidaridad y justicia porque el ruido del progreso vuelve sorda la conciencia y los ojos quedan cegados por escaparates que albergan becerros de oro que drogan los corazones.

En los Nuevayores del mundo las enfermedades se reflejan en el encefalograma de las bolsas que van dejando ausencias en los trabajos y cadáveres sociales en las esquinas.

En los Nuevayores del mundo vivimos y justificamos nuestras propias mentiras en nombre de la libertad propia y ajena, procurando que nunca nos salpiquen; siempre son los otros.

Pero en los Nuevayores del mundo, si uno mira bien en sus rincones, encontrará la ternura de unos ojos bondadosos que sonríen, una palabra amable o de aliento, una mano que ayuda, un oído que escucha y aísla la soledad que provoca un mundo de excesos. Una suma de instantes que reconfortan y que hacen que uno siga confiando en las personas.

Sólo por eso, y a pesar de todo, los Nuevayores del mundo siguen mereciendo la pena.

* Nuevayores del mundo son aquellas ciudades de varios millones de habitantes a los que llegan miles de sueños que se quiebran y mueren.



domingo, 3 de abril de 2011

Carta a un joven en su primer trabajo I


Querido Juan:

Me acabo de enterar por tu madre que has conseguido un trabajo. Sabía por ella que llevabas tiempo buscándolo, que habías hecho varias entrevistas de trabajo sin ningún resultado y que estabas un poco desesperado. Al fin lo has logrado y me alegro por ello.

Es tu primer trabajo y sé que lo afrontarás con la mayor ilusión del mundo. Durante los últimos años te has estado preparando y ha llegado el momento de que pongas en práctica todo lo que aprendiste. 

Me pide tu madre que te dé algunos consejos y, la verdad, no sé que decirte, porque si hago un repaso a mi vida laboral, ésta ha sido una sucesión de derrotas con pequeñas victorias, pero en definitiva, eso es la vida: una continua lucha en la que la mayor de las veces caes y lo único que nos acaba salvando es el deseo de avanzar y la determinación de levantarse. Recuerda que sólo te hundirás si tu quieres; si te dejas llevar por las opiniones negativas de otros, por seguir lo que nos crees y por actuar de forma distinta a la que realmente eres, luego mi primera sugerencia es que hay que resistir, aferrarse a los valores y principios y procurar mantener la independencia dentro del engranaje social en el que nos encontramos. 

Es difícil, ya lo sé, y sucumbir a la tentación de la comodidad, de ser aceptado por lo que no eres acaba pagándose: para que nos entendamos, “no vendas tu alma al diablo”. 

Posiblemente, de esta manera no vueles muy alto, pero volarás.

Te cuento todo esto porque a la inicial ilusión de incorporarse al mundo laboral; de sentirse útil, de ganar ese primer sueldo, de quererse comer el mundo suele venir un periodo lleno de contrariedades, de bajón que se dice, porque las expectativas no se cubren y los avances o mejoras no parecen llegar. Aunque te mates a trabajar, a menudo pasarás desapercibido, luego intenta ser visible, pero que esa visibilidad sea fruto del esfuerzo, el talento y el trabajo bien hecho y no de las apariencias.  No es fácil. Siempre habrá alguien que por envidia, celos, instinto de supervivencia procurará que no lo consigas.

Lo descubrirás cuando observes como la mediocridad intenta anular el talento, como mucha gente se convierte en bufones de jefes y clientes porque el miedo y la ignorancia son los únicos recursos de los que disponen para mantenerse o avanzar. No les culpes, el carácter no se aprende. Todos somos diferentes y tenemos una historia detrás. Eso sí, huye de esas personas o hazles largas cambiadas. No quieren ayudarte. Sólo, dado el caso, aprovecharse de ti o evitar que las superes. Recuerda que todo lo que se consigue muy rápido, igual de rápido se suele ir. Piensa en el medio, largo plazo. A la larga, a pesar de las derrotas, ganarás.

Aprende de todo y de todos. De los que tienes por abajo, por arriba y por lados. Aunque tengas una licenciatura en Dirección de empresas y un Master en Dirección Comercial y Marketing, ten en cuenta que es la primera vez que “bajas a las trincheras” de las empresas y que allí se dispara con fuego real. 

La teoría y los casos que estudiaste te servirán de referencia, pero no solucionaran los problemas ni te darán las claves para aprovechar las oportunidades que se te plantearán. Aprende, ya digo, de todo y de todos. De los que más tiempo llevan en la empresa, de los otras áreas, de los colaboradores externos, de los proveedores y de los clientes. Aprende de las personas y comparte con ellas, aunque no crean que les puedas aportar algo.

Muchas veces pensarán que no tienes ni idea de nada, incluso se reirán de tus aportaciones y por qué no, de tu inocencia; otras no te querrán enseñar o procurarán que no aprendas. Como comenté más arriba, no te dejas llevar por la gente negativa. Aprende, aprende y aprende, pero no tomes por buena ninguna enseñanza hasta que tengas otros puntos de vista y puedas formarte tu propia opinión. Hazlo con humildad.

Piensa que en las primeras semanas serás un extraño. De la actitud que muestres dependerá en gran medida que la adaptación sea lo más agradable posible. Una buena actitud y predisposición  no es que abra las puertas es que las desarma. Y si además vienen acompañada de una sonrisa franca habrás empezado con buen pie.

Por hoy creo que es suficiente. Gracias por escucharme

Tu amigo

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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