martes, 31 de mayo de 2011

Hay días que somos como un bolero

Hoy, por razones que no vienen al caso, toca escribir sobre música y estados de ánimo. Si en ¿Cuál es tu banda sonora? establecía paralelismos entre nuestra forma de vivir y la música, hoy voy a escribir sobre aquellos días que nuestro estado de ánimo parece un bolero al que sólo le falta que pongamos nosotros la música.

Confieso que hasta que no viajé por Hispano América, los boleros ni fu ni fa. Es más, me parecían algo cursis y muy tristones. Con el tiempo les he ido cogiendo el punto y muchos de ellos me gustan.

Pero vamos a lo que vamos. Si os fijáis casi todos los boleros hablan de amor, pero en realidad hablan de estados de ánimo y de reflexiones íntimas que son monologueadas hacía alguien o algo. Canciones que nacen de la incertidumbre, de la soledad, de algo que no funciona, aunque pretendan expresar seguridades o certezas; canciones que reprochan o añoran, que imaginan o esperan respuestas, pero que en el fondo lo que realmente anhelan es un deseo de estar feliz, en equilibrio, una súplica a la paz interior.

Los boleros hablan del pasado, de la nostalgia y muchos días somos como un bolero que pensamos en pasado, y ese pasado puede estar bien para un rato pero nos puede paralizar y convertirnos en un bolero continuo que cada vez se hace más triste.

Y eso tampoco debe ser bueno. Digo yo.

Hoy en Thinking Souls: María Teresa Trilla, Rafa Bartolomé, Myriam Goldenberg, Asun, Fernando Rodríguez de Rivera, María Hernández  y Josep Julian.

domingo, 29 de mayo de 2011

El final de un viaje siempre es el inicio de otro


Delhi

Todos los viajes, tarde o temprano llegan a su fin. Yo no sé que pasará por la cabeza de otros viajeros los últimos días de un viaje más o menos largo. En mi caso se suceden un montón de emociones contradictorias. Por un lado, la tristeza que deja el saber que se acaba, que en unas horas regresarás a tu vida habitual. Por otro, la alegría de reencontrarte con aquellas personas a las que quieres: siempre es una balanza que parece no decantarse nunca para ningún lado, porque todos, al final regresamos para volver a partir.

En los últimos días, al menos a mi me pasa, voy recordando instantes, momentos buenos y ¿por qué no? también los malos, que en los viajes hay de todo; aprovechando cada minuto al ritmo que me impongo (lento). Llego tranquilo y me voy tranquilo como si degustase el último pedazo de un manjar que no volveré a probar en un tiempo. El último día siempre, como decía, tienes sensaciones y emociones contradictorias, pero siempre sabes que el final de un viaje es el inicio de otro.

Os dejo algo que lo explica.

Feliz lunes
Delhi

Adiós India, Hola Madrid

Me desperté a las seis de la mañana. La lluvia llamaba a la ventana y entraba con tímidos goteos por una abertura que dejaba el aparato de aire acondicionado. La mancha de humedad en la moqueta avanzaba por momentos, como si quisiera conquistar la habitación. En el cuarto de baño, el panorama era similar, solo que en este caso, el agua se arrastraba hasta un sumidero que evitaba la inundación. Decidí no telefonear a la recepción de un hotel cuyos recepcionistas no se caracterizaban por su agilidad mental y ganas de agradar al personal: cuando el problema se hubiese solucionado, ya habría abandonado el hotel, y el cambio de habitación me hubiese obligado a hacer y rehacer el equipaje varias veces.

Era mi último día en Delhi, mi postrer día indio. Mi avión salía a las doce y media de la noche, media hora después del de Cenicienta: «El Sueño» estaba acabando.

Cuando reservé el hotel, negocié la salida de la habitación para el anochecer a fin de aprovechar el día y abandonarme unas horas por la ciudad. Quería una despedida dulce, una despedida sin urgencias, sin prisas. Sólo me apresuré para salir del húmedo cuarto, vestirme e ir a desayunar. En el restaurante, se precipitaban ya los recuerdos de días de camareros y mesas vacías, de café soluble y ruidos de recoger platos. Sorbía pensativo, calculando cuántos días desayuné solo con la única compañía de aquellos camareros que vestían desgastados uniformes y chaquetas con lamparones de antaño: «Casi todos» —resolvía, contando con los dedos de una mano las excepciones.

Hice caso omiso a los conductores de auto rickshaws que acechaban por docenas en Janpath a los extranjeros, para llevarlos a comprar en los emporiums. Tenía curiosidad por saber si los dos primeros golfos que me timaron en India se encontraban en las inmediaciones del Palika Bazar, en Counaugth Circus. Y allí se hallaban, a la búsqueda de primos que como yo, pagasen cantidades astronómicas por una limpieza de zapatos que, en el caso de los míos, el limpiabotas previamente había manchado arrojando barro; y por una limpieza de orejas que me taponó el oído y me aligeró el bolsillo. Como uno en esta vida sabe perder, me despedí de ellos con un saludo y sonrisa lejanos. Rodeé varias veces los coloniales edificios de Counaugth Circus; me adentré en las librerías, en las diminutas tiendas de música; repartí rupias a los mendigos; regateé un poco, y escapé de ese círculo vicioso que era Counaugth Circus, símbolo de los contrastes de una India que siempre te dejaba en el punto de partida: era el laberinto indio. 

Contraté, por algo menos de un euro la hora, un auto rickshaw para sentir la emoción y la velocidad del violento tráfico de una ciudad consumida por su propia vida. Acelerábamos en las solitarias avenidas del gobierno, serpenteábamos las accidentadas calles de la vieja Delhi y nos asfixiábamos con las humaredas que desprendían los tubos de escape de miles de vehículos que no pasaron nunca una ITV. Aún tuve tiempo de pasear por Paharganj y beber una cerveza en un tugurio oculto en una bocacalle del Main Bazar.

Delhi, India, se acababan. 

Regresé al hotel para almorzar. Y allí en fila, como si quisieran rendirme homenaje, se situaban cinco camareros que sólo la rompieron cuando elegí mi mesa. Discutimos mi menú entre todos, acordando que lo ideal para ese almuerzo era empezar con un dhal y continuar con un pollo tandori. Salí del hotel a regatear un taxi para ir al aeropuerto. Anduve por Janpath hasta las cercanías del mercado tibetano donde, por algo menos de tres euros, cerré el precio del traslado y fijé la hora de salida. Volví al hotel, y comencé a preparar un equipaje que había crecido de regalos y recuerdos. Delhi, India, se acababan.

En el aeropuerto, soldados del ejercito indio esperaban su hora de salida paseando altivos sus limpios uniformes. Los únicos que impresionaban eran los sijs. Me bebí mis últimas rupias en el único bar del aeropuerto donde dos británicos se emborrachaban de cerveza india ante la mirada incrédula de mi último camarero indio.

Tras dos horas de lectura, me encontraba a bordo del avión.

Dicen que las despedidas son dolorosas. Yo no diría tanto: simplemente son el inicio de la nostalgia.

Amanecía en París y ya nada era igual. La gente se movía rápido, como queriendo adelantar la salida de los vuelos; se leían periódicos de color salmón; se veían gestos cansados que se dirigían a los organizados corrales de embarque en los que azafatas y personal de las compañías aéreas cortaban las entradas de los viajes.

Una vez en Madrid, el taxista que me llevó hasta casa me contó su vida, la de los demás, y tuvo tiempo de explicarme los errores de la política municipal, las previsiones de tráfico... al tiempo que participaba, de forma vehemente, en la tertulia que en esos momentos se escuchaba con las típicas interferencias de «¿Manolo estas ahí?», en una de esas radios que cuentan su verdad: me daba lo mismo, yo no estaba allí.

Solo cuando bajé del taxi fui capaz de saludar a una ciudad silenciosa que parecía no tener vida.

¿Estaba en Madrid? 
 

miércoles, 25 de mayo de 2011

Una hora más de felicidad


Hoy el post casi me lo ha dado hecho mi amiga María. Gracias a ella, he visto el último video que Coca Cola lanzará a partir del 30 de mayo, día de Canarias.  Ya conté que para mi Coca Cola es más que un refresco, más que una marca

No soy consumidor habitual, de hecho no es mi refresco favorito y sólo la bebo ocasionalmente, pero eso no quita para que goce de mis simpatías, porque desde que puedo recordar siempre he asociado su comunicación a la felicidad y, de alguna manera, a las personas. Es paradójico que uno de los mayores símbolos del capitalismo, a su vez, nos ofrezca a través de la comunicación otra visión de la vida, más reflexiva, más amable. Con tirar de youtubeteca lo comprobareis.

Pero me quedo con la frase que da título al post: Una hora más de felicidad, y me pregunto cuanto estaríamos dispuestos a pagar por ella. Es más, me pregunto porque mucha gente, que aparentemente no tiene motivos para no ser feliz, no sólo no pagaría por ella, sino que su tendencia natural es no buscarla o que esperar a que se la den resuelta. Y, la felicidad, como casi todo en la vida, hay que currársela.

Tendemos a echar la culpa a los demás, a las circunstancias o a “la madre que parió Paneque” de nuestra infelicidad y no nos damos cuenta de que la felicidad está en nosotros, en cómo nos gestionemos. No es fácil. No sé por qué extraña razón los valores negativos siempre priman sobre los positivos. Así, la ira, la envidia, la soberbia, la pereza suelen bloquear esa puerta interior donde reside nuestra felicidad.

Otras veces, confundimos la felicidad con momentos felices, que son aquellos en los que hemos dado esquinazo o despistado a los pecados capitales citados más arriba, pero como ocurre con el tiempo desaparecen y vuelta a empezar.

En estos tiempos de urgencias no construimos felicidad, la consumimos, pero no la atesoramos, la queremos pero muchas veces la ignoramos o despreciamos cuando se pone a tiro porque pensamos que hay otra felicidad, una mejor felicidad, una felicidad pata negra, cuando en realidad sólo hay una que es la que uno quiera construir.

El mundo no es un valle de lágrimas como nos quisieron hacer creer, luego no deberíamos perder el tiempo en lamentarnos y si en construir todos los días una hora, un minuto o un segundo de felicidad que acabe por impregnarte para siempre.

Eso sí, hay que trabajarla, y además de buen rollo. Feliz día

lunes, 23 de mayo de 2011

Los videos de Soul Business VI: Cine II


Hacia tiempo que no publicaba esta sección así que hoy toca.  El cine es una fuente inagotable de inspiración y como sabéis me sirvo de películas para acompañar al post.

Hoy os dejo tres que tienen que ver bastante con los mejores valores que tiene el ser humano, osea, nosotros.

El primero de ellos apareció en el post Gente que merece mucho la pena que trata sobre la película Hotel Rwuanda y lo que se puede aprender de ella.


El segundo No gracias trataba de revoluciones pacíficas, de conciencia colectiva, de cambios y utilicé para ello la magnífica película Cyrano de Bergerac que protagonizó Gerard Depardieu.

Por último Cuando la vida era Cinema Paradiso, un homenaje a la amistad y a la generosidad, al paso de la vida, a la esperanza y a los recuerdos.




Feliz martes

domingo, 22 de mayo de 2011

Gente que admiro: Germán Gijón

“No sé qué saldrá esta noche de las votaciones. Lo que sí sé es que mañana por la mañana me levantaré a las 5'30 para seguir, dentro de mis posibilidades, impulsando una iniciativa que me genere la posibilidad de trabajar. Ni Papá Estado, ni Mamá Comunidad ni el Primito Sindical me van a sacar las castañas del fuego. Mañana sonará igualmente el despertador, e igualmente me dedicaré a buscarme la vida.”

Este párrafo se lo he copiado al bueno de Germán Gijón que lo había escrito en su muro de Face Book. Hace tiempo que no pasa por aquí, así que me tengo que conformar con leerle en el otro lado.

Me gusta lo que dice Germán. Sé que se está dejando la vida por intentar hacer aquello que le gusta y que en este último año va de aquí para allá luchando, cada uno de las oportunidades que se le van presentando. Sabe que no lo tiene fácil, - ya no es un jovencito, si acaso un “madurito con pegada” con muchas muescas en el revolver y varias heridas de guerra – que la experiencia más que un grado es un handicap y que el tiempo apremia, pero no se rinde.

Sabe también que se equivoca, que debe mejorar. En lugar de quejarse y echarle la culpa al mundo, hace autocrítica e intenta mejorar.  Aquí, uno de sus primeros trabajos como locutor

Supongo que, como nos ocurre a todos, cuando las cosas no salen se desesperará, pero también sé que, al poco tiempo, estará dando guerra otra vez. Energía, fuerza, constancia e ilusión no le falta, valores, sólidos principios, esfuerzo y Fe tampoco.

Yo no sé si alcanzará su objetivo, que hoy en día, sin padrino, sin éxitos que le avalen en su nueva faceta es complicado, pero sí se, que pase lo que pase, encontrará un camino.

Y la razón no es otra que cree en sí mismo y además es un buen tipo como podréis comprobar en la entrevista que le hizo Francisco Alcaide (@falcaide) en su Homenaje a los blogueros.

Si hubiese más “Germanes” seguramente nuestro mundo sería bastante mejor.

El lunes Thinking Souls “Changes” con Fernando Rodríguez de Rivera (@FernandoRRivera), José Luis Montero (JLMON53), Katy, MaS, Myriam Goldenberg, Rafa Bartolomé y Pepe Moral (@ReinBizz)




jueves, 19 de mayo de 2011

Las mujeres más bellas del mundo

Como ya he comentado en otras ocasiones, me gusta pasear. Sobre todo en esos días que tu cabeza lo único que desea es desconectar de todo  y desintoxicarse de problemas, tensiones, preocupaciones, proyectos, planes y futuro. 

Es  salir del metro o autobús a una distancia de dos, tres o cuatro kilómetros y comenzar a andar en modo despistado, aunque en realidad, como suelo ir más lento que el resto de los transeúntes voy observando y fijándome en esos detalles que si no cambias el chip pasan desapercibidos. 

No sé a vosotros, pero a mi me llama la atención cualquier tontería, quiero decir, cualquier cosa que me pueda alegrar la vida, ya se trate de personas, cosas o perspectiva.

Hoy he visto una escenas que me han alegrado la vida. No porque sea inédita y no la haya visto más veces, sino porque hoy ha tocado observar personas y reconozco que me ha gustado lo que he visto.

Todo ha empezado cuando pasando por delante de una cafetería de camareros de chaquetilla blanca, de esas en las que todavía se merienda, he mirado por el ventanal y he visto a un grupo de amigas que con seguridad pasaban los 60, reunidas en una mesa, charlando alegres y felices, arregladitas con sus trajes de chaqueta de ocasiones especiales, con exceso de maquillaje y cabello recién salido de peluquería. La visión no ha durado más de siete segundos, que es el tiempo que mi paseo las ha perdido de vista, pero me ha gustado mucho y me ha servido para crear mi propia película del asunto.

Ya expliqué en que consiste esto en el post El viaje estimula la creatividad.

Un café, una coca cola, para mi un menta poleo… habrían dicho al camarero al acercarse. Luego, tras las miradas recíprocas para pasarse revista y decirse lo maravillosas que están comenzarían a comentarse las mejores jugadas. Como en cualquier grupo amplio dos parecían llevar la voz cantante o digamos que eran más expresiva, otras dos asentían y luego había otra, la tímida y quizá la más fea, que escuchaba tranquila, un poco encogida. 

Tenían toda la pinta de haber dedicado toda su vida a la familia, lo que antes se llamaba ama de casa y ahora no sé como se llama. Seguramente alguna hubiese deseado trabajar, pero eran otros tiempos y no se estilaba ni había tantas oportunidades para ello. Tampoco eran señoronas de mucho metal y joyas.  Eran mujeres corrientes que pasarían desapercibidas en cualquier otro momento. Posiblemente una sería la solterona del grupo. Se habrían conocido en la infancia o a más tardar de adolescentes o jóvenes. Seguramente no fueron a la universidad bien por falta de medios, bien porque no fueron criadas para ello.

Y mi cabeza, ha seguido imaginando esa escena y la de sus vidas. Llenas de sacrificios, de disgustos, de incomprensiones, de soledad, aguardando a hijos, marido, cuidando madres, hermanos, siendo avergonzadas o silenciadas, pero también de momentos de felicidad, de emoción, de satisfacción y de orgullo.

Un día a la semana, en el mejor de los casos, se reúnen en una cafetería o a comer si la situación lo permite. Un día en el que durante unas horas pueden relajarse y aparcar los problemas, los sinsabores; unas horas para sentirse las mujeres más bellas del mundo.

Y os parecerá tonto, pero esta escena, estas imaginaciones mías me han alegrado la tarde.

Feliz jueves  



martes, 17 de mayo de 2011

Miércoles de reflexión (antes de la que se va liar en un par de días)

¿Política?, ¿Branding electoral? ¿Pillar cacho? ¿Justicia? ¿Esto lo arreglamos entre todos? ¿Esto lo cagamos entre todos? ¿zona de confort? 

Y yo me pregunto.

¿La culpa es del gobierno?
¿De los que gestionan las comunidades autónomas?
¿De los ayuntamientos?
¿De los eurodiputados?

El lunes, nada nuevo bajo el sol. Cada uno controla su parcela, con la aprobación de todos, con las manos atadas por otros. En la política no hay paro y las miserias no son económicas, son otras. Como siempre la excepción confirma la regla. Y aún hay gente que realmente quiere cambiar las cosas. No siempre sale bien.

La historia no es estadística, es historia.  

Feliz miércoles


lunes, 16 de mayo de 2011

Una buena forma de empezar los lunes

El lunes es un día tontorrón. Dependiendo de cómo haya ido el fin de semana, de la liga y de todo lo que haya que hacer durante la semana, unos y otros comenzarán la semana con más o menos energía y de mejor o peor humor.  En el post Menos mal que es lunes decía que procuraría dejar una nota de humor todos los "mondays", que por lo que veo  no he procurado lo bastante, aunque  ese y otros días si las haya  dejado.  Bien, empezar con un poco de humor esa es una buena forma de iniciar  la semana. Otra sin lugar a dudas, es leer la noticias positivas de Javier Rodríguez Albuquerque (@jrediez) que nunca falla a la cita. Por supuesto, la música, imprescindible. (gran versión la que dejo hoy)


Si además, dejamos algún video chulo, (regalo de @cruzcoaching o Maricruz, ) muy mal se tiene que dar el lunes para que acabemos hastiados del día.
Si todo eso no funciona, os podéis ir a Thinking Souls que hoy lo hacen MaS, María Hernández, Katy, Asun , Josep Julian, José Luis Montero y el mismo Javier.

Así que, a disfrutar del lunes.

sábado, 14 de mayo de 2011

Viajeros de todo a un euro


Chichicastenango - Guatemala 
Aunque sé que hasta el mes de junio no puedo empezar a planificar mis vacaciones de verano, suelo darme una vuelta por los foros de viajes para ir calentando motores, empezar a disfrutar, leer sugerencias  y buscar información.

Internet, como en alguna ocasión ha comentado aquí María Teresa Trilla, ha revolucionado y cambiado la forma de viajar. Hoy, prácticamente se puede planificar y reservar un viaje a través de la red. No me refiero a un paquete turístico ni a un hotel, ni a un vuelo, sino a aquellas rutas que se las va montando uno a su gusto, disponibilidad y presupuesto.

Los blog de viajes son una magnífica herramienta de consulta; hay miles de ellos donde poder encontrar información, consejos, sugerencias y relatos que te orientaran sobre el destino elegido a sabiendas de que quien escribe lo suele hacer de una forma subjetiva, pues si algo tienen los viajes es que las experiencias de unos y otros viajeros no pueden compararse al ser únicas y se tiende no solo a informar y relatar sino también a mostrar emociones.

Como digo suelo consultar los foros para documentarme. Me gusta la colaboración que existe y la conversación que se genera. Muchos te ayudan a diseñar tu itinerario, te dan pistas, te informan casi en tiempo real de la situación de una frontera, de la mejor vía o medio de transporte para desplazarte, de un hostal o un hotel, de un lugar donde comer…Otros cuentan sus experiencias y mientras los lees estás viajando con ellos, gente generosa y altruista que comparten sus experiencias. Son noveles o experimentados, con posibles y sin posibles, amantes de la naturaleza o urbanitas.  Gente que ama viajar.

Sin  embargo, hay otros foreros viajeros que se pasan la vida comentando lo listos que son, lo poco que les timan y engañan, lo barato que les ha salido el viaje y lo poco que se han gastado porque siempre saben lo que valen las cosas y si alguien en el foro pagó un precio bajo, para ellos siempre será alto. 

Lo curioso es que no suelen preguntar ni comentar nada sobre el viaje, sobre tal o cual paisaje o monumento: dan la sensación de estar haciendo un concurso para gastar lo menos posible, como si de esa manera se pudiese disfrutar plenamente de un viaje. Todo muy respetable, pero desde luego, en las antípodas de lo que yo entiendo por viajar.

Otra de las cosas que me llama la atención es que suelen participar en foros de destinos donde el nivel de vida es bajo y las bolsas de pobreza amplias (India, Camboya, Laos,  Guatemala, Nicaragua y sitios así). Los reconocerás fácilmente porque son aquellos que pueden pasar horas deambulando por un pueblo o ciudad recorriendo todos los hostales para ahorrarse un dólar, negociando y discutiendo más tiempo de lo razonable el precio de un transporte local con un lugareño; regateando textiles, cachivaches o comida a personas que casi no tienen donde caerse muertas porque creen que ese es su deber. Son aquellos que nunca dan propina o se hacen los suecos cuando alguien se la solicita tras haberles ayudado o haber posado para su álbum de fotos. No visitarán unas ruinas, palacios, museos o monumentos si la entrada es cara (prefieren mezclarse con la gente local dicen). 

Así pasan los días, ahorrando euro a euro, haciendo cuentas cada pocas horas en su “Excel de papel”.

Ellos lo justifican diciendo que se debe pagar lo justo, o lo que pagan los locales, pero lo que ignoran es que siempre pagarán más que un local y que a la gente no se la gana por el dinero sino por el corazón.

Cuando vuelven a sus casas y comentan la jugada, hablan de lo que se han ahorrado, lo poco que han gastado y, por consiguiente, dejado en un país necesitado de divisas, mientras se toman unas cervezas y una de bravas por las que les han clavado veinte veces lo que hubiesen pagado a precio de “guiri” en su viaje.

El dinero en un viaje es importante, saberlo administrar más, pero ser esclavo de él es, desde mi punto de vista, un error. Como en la vida.

Feliz día

miércoles, 11 de mayo de 2011

Los cansinos adoran los problemas


Lentamente, el sol se había ido ocultando y la noche había caído por completo. Por la inmensa planicie de la India se deslizaba un tren como una descomunal serpiente quejumbrosa.

Varios hombres compartían un departamento y, como quedaban muchas horas para llegar al destino, decidieron apagar la luz y ponerse a dormir. El tren proseguía su marcha. Transcurrieron los minutos y los viajeros empezaron a conciliar el sueño. Llevaban ya un buen número de horas de viaje y estaban muy cansados. De repente, empezó a escucharse una voz que decía:

  -¡Ay, qué sed tengo! ¡Ay, qué sed tengo!

Así una y otra vez, insistente y monótonamente. Era uno de los viajeros que no cesaba de quejarse de su sed, impidiendo dormir al resto de sus compañeros. Ya resultaba tan molesta y repetitiva su queja, que uno de los viajeros se levantó, salió del departamento, fue al lavabo y le trajo un vaso de agua. El hombre sediento bebió con avidez el agua. Todos se echaron de nuevo. Otra vez se apagó la luz. Los viajeros, reconfortados, se dispusieron a dormir. 

Transcurrieron unos minutos. Y, de repente, la misma voz de antes comenzó a decir:

 -¡Ay, qué sed tenía, pero qué sed tenía!

Ignoro quien es el autor de este breve cuento, pero me viene al pelo. Supongo que todos conocemos a alguien que nunca está satisfecho. Francisco Alcaide (@falcaide) escribió hace un tiempo un post Te duele algo, que refleja bastante bien como en ocasiones nos quejamos por quejarnos. Pero a lo que iba. Si hay gente que me aburre soberanamente es aquella que se pasa el día creando problemas en su cabeza. 

Es decir, gente que si no tiene una preocupación o un problema parece no estar satisfecho; gente a la que si hoy le va bien en los negocios te dirá que mañana viene una nueva crisis que se lo han dicho o lo ha leído y entonces se pasa el día diciendo que todo está fatal. O, por ejemplo, aquel al que le pagan unas vacaciones fantásticas pero sólo está pensando en si los mosquitos le van a picar; o aquel que se acaba de enamorar, es correspondido pero está convencido de que la cosa no va a durar. También encontramos a aquellos que si tu les cuentas un problema, el suyo lo es más; y, la verdad, suele serlo porque al que te cuenta añade unos cuantos más.

Es gente que tiende a imaginarse problemas y a buscar soluciones de algo que no ha ocurrido y probablemente no ocurrirá. Y como no ocurre nada se inventan futuros problemas, como si con ello justificasen su existencia. 

No creo que sea una cuestión de miedo, ni de aprensión e incluso ni de falta de autoestima. Pienso más bien, que todo ello tiene que ver bastante con el egoísmo, con esa particular forma que tienen algunos de creerse no ya el ombligo del mundo, sino el centro del universo.  

Y así van por la vida, creando sus problemas, que es lo único que comparten. Eso, estaréis de acuerdo conmigo, es muy aburrido.

Supongo que nuestro amigo Josep Julian, (@josepjulian) nos podría dar las pistas de estos extraños comportamientos que se dan en algunas personas a las cuales os recomiendo tenerlas cuanto más lejos mejor porque son muy cansinas, muy pesadas.

Feliz día

lunes, 9 de mayo de 2011

Varanasi: La media luna de la vida y la muerte


Varanasi - India 


La media luna de la vida y la muerte

Dicen que el que muere en Varanasi alcanza el Paraíso y se libera del Samrasa —circuito cíclico de la muerte y la reencarnación— alcanzando de manera instantánea Moksa o iluminación inmediata. Ignoro si esto será cierto, pero en Varanasi te encuentras a gente a la que le falta poco para alcanzarla.

En los accesos a algunos de los ghats, los oscuros túneles eran verdaderos corredores de la muerte o de la vida; depende de la interpretación que haga cada uno. En ellos, esqueletos que en breve serían carne podrida y sudarios agonizantes se daban cita antes de realizar el esfuerzo definitivo de la muerte más deseada. Sin ningún gesto, recogían las monedas suficientes para convertirse en ceniza que transitase en un último viaje el Ganges: el río de la vida.

Me hubiera gustado empezar por ghats más sosegados, pero debido a una de mis múltiples confusiones, con el primero que me topé fue con el de Manikarnika Ghat, la principal zona de cremación de Varanasi y donde las montañas de madera apilada, que en poco tiempo se fundirían con la carne de los muertos, parecía que iban a sepultarte en cualquier momento, mientras el olor de las piras funerarias perfumaba a la gente, que retozaba entre la leña a orillas del río. Un olor a leño seco, evaporado de savia, que imprimía un carácter de sobriedad que no se encontraba en otros ghats; era brisa de misterio.

Uno de los Doms —guardianes del ghat— se apresuró a advertirme que las fotos estaban prohibidas. No obstante, él tendría mucho gusto en explicarme todo el proceso de la cremación; y casi en volandas, me arrastró a ver los hornos, las piras, solicitándome una cantidad astronómica como donación para los huérfanos de los muertos: «La madera es muy cara» —argumentaba. Entregué lo que consideré razonable, sin atender a sus quejas e insultos sobre mi supuesta tacañería. Me largué del lugar filtrando una bruma de humo, mientras grupos de hombres con cara ida aguantaban turno para incinerar a sus difuntos. La sensación no era de temor, no era de nada. Simplemente, extraña.

Varanasi - India 
Continué mi paseo en zig zag por los escalones de los ghats; todos diferentes, todos con su historia, todos con sus fieles: una media luna de la vida y la muerte donde la multitud se agolpaba en la orilla de un río purificador que como imán atraía cuerpos semidesnudos que se sumergían desordenados en unas aguas café con leche. Nadie daba muestras de tristeza. Elevaban el agua hacia el cielo ofreciéndola a los dioses; apretaban las manos pretendiendo retenerla, como apeteciendo introducirla en sus cuerpos; como vacuna a la desesperación, a la infelicidad. Era una celebración colectiva en la que los traspiés y resbalones eran incesantes motivos de risas complacidas, y en los que una caída o un pie torcido no producía dolor. El sufrimiento se había quedado en la entrada del ghat.
Varanasi - India

En algunas zonas, en el agua, una vegetación enredada con motas de ceniza era jardín acuático abonado por los muertos liberados del Samrasa: un vergel flotante que se acercaba en un último adiós a Varanasi antes de que la corriente y los baños de los hombres lo deslizase en lenta navegación hacia el mar de la iluminación: el mar de la vida eterna.

Me detuve para descansar en el ghat de Dashaswamedh. Bajo anárquicas sombrillas y carpas, masajistas sin titulación ponían en orden los huesos de manos y brazos: eran masajes de tacto pegajoso, hechos con óleos de sudor; masajes de los pobres; masajes de billete de diez rupias mil veces manoseado.

Acomodado en un camastro de bambú entrelazado, observaba el ritual de la común ablución y me abstraía pensando en lo cerca que allí estaba la vida de la muerte, la muerte de la vida. Una separación de metros que quizá fuese irreal, porque la vida y la muerte encarnaban lo mismo.

Peregriné por unos, por otros..., arrastrando unos pies que andaban casi de puntillas, sin querer hacer ruido en esos lugares sagrados. Tenía la sensación de que, en cualquier momento, las escalinatas se iban a desmoronar obedeciendo las órdenes de un Ganges que desde hacía tiempo me estaba reclamando. 



Hoy Thinking Souls con El tiempo baila con nosotros con: Mas, María Teresa Trilla, Francisco Alcaide, Rafa Bartolomé. Javier Rodríguez Albuquerque, José Luis Montero y Josep Julian.
Feliz día

viernes, 6 de mayo de 2011

Cuentos de las noches tristes: La constructora de sueños


Despertarse con un sueño vivido es privilegio de aquellos que aman profundamente la vida.

Cada mañana, María abría los ojos pensando en construir nuevos sueños, en acariciarlos, acurrucarlos y sentirlos, pero a medida que pasaban las horas, los sueños se difuminaban como si de una pintura impresionista se tratara. No porque fueran sueños imposibles  ni tampoco porque fueran personales. A ese tipo de sueños se les llama deseos y los de María eran, simplemente, diferentes.

Eran sueños en los que su imaginación lo transformaba todo,  en los que creaba un mundo en  el que siempre abundaban las sonrisas, la diversión y la música, pero en los últimos tiempos cada vez costaba más construirlos y vivirlos. Estaba agotada.

La culpa la tenían los ladrones de ilusión (materia imprescindible para realizarlos)  que llevaban varios años intentando que María abandonase su extraña afición y que de una vez por todas hiciese lo que ellos llamaban “sentar la cabeza”. Y sentar la cabeza, para María, no significaba responsabilidad y orden, sino una forma lenta de morir.

Quería seguir viviendo sus sueños, por tontos que parecieran. Lo único que realmente le pertenecían.

Había comenzado ya de muy niña a soñar. A pesar de ser muy sociable y compartir con otros niños y sus hermanos palabras, juegos y sentimientos, había un mundo que sólo era de  ella. Un mundo en el que nada ni nadie podía penetrar. Era el mundo de sus sueños, el de su soledad elegida; un lugar  en el que jugaba con la mente y donde convertía sus pensamientos en algo más que ideas, en sueños que pudiesen vivirse aunque fueran efímeros y no pudieran compartirse, al menos, de forma real, con otras personas. Además, tenía la sensación de que nadie comprendía su afición porque cuando en alguna ocasión había comentado que había volado se habían reído de ella y le habían dicho que estaba loca. Nadie comprendía lo que pasaba por su cabeza.

En sus sueños María volaba: de noche, de día. Así había visitado los más bellos lugares , zambulléndose entre nubes blancas, planeando con suaves brisas y posando su alma  allí donde su imaginación la requería.

Era capaz de componer música, las más hermosas sinfonías solamente mirando el paisaje y también recrear con sus arreglos su música favorita -, aquí ahora suena un cello, después violines y luego, doblando, los fagotes,- imaginaba, estremeciéndose como sólo lo saben hacer aquellos cuyos sentidos nunca descansan.

Se había relamido con el sabor de la sal que dejaba el oleaje en su rostro cuando en el mar, un ola asaltaba su pequeña embarcación con la que recorría las costas del mundo en busca de un príncipe azul con el que compartir sus sueños.

Había diseñado mil y un vestidos para mil y unas noches, para mil y una amigas. Había compartido meriendas con Peter Pan y el Principito. El oso Yogui siempre había sido un aliado. En sus sueños siempre estaban aquellas personas reales o imaginarias que ella había unido a su vida y a las que siempre había querido.

Pero ahora muchos de esos sueños vividos en soledad, muchos momentos de felicidad plena se habían evaporado. Construir nuevos sueños cada día se hacía más agotador. Los ladrones de ilusión, los destructores de sueños, cada vez eran más, y ella cada vez se sentía más débil. Incluso pensó en dejar de soñar. La incomprensión, la falta de la ilusión, el paso del tiempo y la falta de energía casi habían derrotado ese espíritu capaz de ver y sentir de forma tan diferente.

Aún así, cada mañana abría los ojos pensando en construir nuevos sueños, pero pronto abandonaba la idea. Estaba derrotada. Incluso llegó a pensar que soñar había sido una enorme pérdida de tiempo como los ladrones de ilusión le habían dicho en más de una ocasión. Con los sueños no vas a ser feliz nunca - aseveraban.

Sin embargo, el día de su último cumpleaños ocurrió algo inesperado. Se levantó súbitamente de la cama como si quisiera atrapar los miles de sueños que en ese duermevela previo al despertar habían rondado su cabeza. La felicidad inundaba su alma y no se explicaba la razón. Ese día decidió seguir viviendo sus sueños. No volvió a abandonarlos.

Nunca supo que durante la noche, todos sus amigos habían soñado con ella, animándola a que nunca, nunca perdiese las ganas de soñar, de ser como era.

Y es que cuando faltan las fuerzas, siempre hay alguien que te ayuda a seguir soñando.

Dedicado a mi amiga María Levenfeld que hoy cumple años (los que le de la gana, que para eso es una soñadora) Y un poquito de música, que se que le gusta.
Feliz fin de semana

jueves, 5 de mayo de 2011

Cosas a mejorar en muchos hoteles: El desayuno buffet.


El destino es caprichoso o no. Comencé a estudiar turismo porque me apasionaba el mundo de los hoteles, pero por esas cosas que tiene la vida nunca he trabajado en hostelería, aunque, por esas cosas que tiene la vida, no descarto que algún día trabaje en ella. Me gusta ese mundillo, bueno, todo lo que tiene que ver con viajes en general. Me gustan los hoteles.

Por trabajo o por placer he pasado mucho tiempo en ellos. En el post Miles de estrellas os hablé de  cosas que me gustan de algunos de ellos. Hoy sin embargo, voy a iniciar una nueva sección que saldrá cuando me dé la ventolera. Se trata de cosas que no me gustan o que son bastante mejorables. Hoy le toca el turno al desayuno buffet. Por supuesto, podéis añadir lo que queráis porque para eso este blog es tan vuestro como mío. Comencemos.

Los desayunos buffet que ofrecen muchísimos hoteles, además de malos son muy caros. Entiendo que mucha gente se quede extasiada ante la gran cantidad de productos que ofrecen y ante la posibilidad de comer hasta hartarse (cosa que no suele hacer el común de los mortales en su día a día). Entiendo que como han pagado un dineral llenen sus platos a rebosar e inviertan bastante tiempo en dar cuenta de ello. Entiendo que la gula les pueda y que se atiborren de salchichas, de fruta, de cereales, de fiambres, etcétera como si al empezar el día hubiesen decidido hacer un desayuno, comida, merienda y cena todo de golpe. Lo que ya no tengo tan claro es que sea necesario martirizarse con la poca calidad de los mismos.

No es normal, que después de haber pagado, 12, 15, 18 o más euros todavía el zumo, que hace años era de naranja natural, ahora sea de polvos o una especie de jarabe imbebible, que el café siga siendo horrible (excepción de los que ya tienen cafeteras de capsulas), que la tortilla de patata sea una piedra, que los huevos fritos no los hagan al momento, los revueltos sean una papilla, los fiambres de mala calidad etcétera etcétera. Parece que prima más la cantidad que la calidad y bastantes productos dejan bastante que desear. ¿No sería mejor tener menos productos pero que estos fuesen de mejor calidad y mejor servidos? Pero parece que cuento más mejor o que esa sea la forma de justificar el precio. Luego no me gustan los desayunos buffets que parecen industriales y en los que no se cuida lo que desayunas. Más vale un desayuno sencillo pero bueno, que uno pantagruélico pero garrafón.

Otra cosa que no me gusta y de la que he sido testigo en numerosas ocasiones es cuando una persona solicita, por ejemplo, una coca cola y le dicen que eso no entra en el desayuno y que se la tienen que cobrar aparte. Un poco absurdo porque una coca cola o un refresco puede costar menos de lo que cuestan algunos productos y cuando, ves que en algunos, ponen la cursilada de la botella de cava. Esto lo he vivido no en uno sino en varios hoteles. Un poco absurdo.

Pero continúo. No me gusta que si el desayuno es de siete a diez y tu llegas a las diez menos cuarto, te encuentres con que muchos de los productos han desaparecido y no los van a reponer más, con lo cual te cobran, el desayuno entero, aunque sólo queden crispis y unas cebollas confitadas que nadie ha tenido el valor para comérselas.

Y no me gusta ni un pelo, que si, por ejemplo te has levantado a coger un poco de fruta o a por agua, cuando vuelvas te hayan levantado el café, retirado todos los platos y han sentado en tu lugar a otro fulano que acaba de llegar. Es decir, recoger platos sucios si, inacabados no. Si se controlan las entradas se deben controlar las salidas.

Así que para terminar y que vuestro desayuno buffet no sea un martirio os sugiero lo siguiente.

Elegid una mesa lo más alejada de los puntos de buffet: os evitareis tener la sensación de estar en el metro en hora punta con gente que viene y va y a la vez, tendréis menos posibilidades de que alguien derrame algo sobre vuestras cabezas en uno de esos empujones y giros tontos que ocurren con frecuencia cuando la gente está ávida de coger una u otra cosa.

Echad un vistazo a todo el buffet y antes de elegir algo, pensadlo bien y seleccionad con cuidado. Más vale poco y bueno que mucho y malo. Y si lo que es bueno no te gusta, no lo sustituyas por otra cosa que te guste y sea mala. La experiencia no te gustará y te llevarás un mal sabor de boca. Es mejor resarcirse en la comida.

Pensadlo bien antes de contratar el desayuno buffet, Si por comodidad lo queréis hacer en el hotel, que os lo suban a la habitación (tendrá menos cosas, os costará más o menos igual o depende de lo que pidáis, pero desayunareis tranquilos y seguramente más rico)

Feliz jueves.


  

martes, 3 de mayo de 2011

Flores

Intuyo que el mes de mayo será convulso, calentito, complejo y tremendamente desesperante. No en vano, comienza la campaña electoral y todos los políticos, como si no hubieran roto un plato en su vida, comenzarán a profetizar sobre lo humano y lo divino diciéndonos que ahora sí, que lo van a arreglar todo en dos patas, y que a esta piel de toro no la va a reconocer ni la madre que la parió, aunque todos ya conozcamos como se maquillan las cosas y se cambian los cromos entre unos y otros.

Gane quien gane hoy en “el clásico” Barça- Madrid (estupidez que no entiendo porque casi todos los equipos juegan entre ellos y un clásico también sería el Betis – Deportivo) habrá movida, que alimentará sin ningún pudor ni objetividad eso que se llama prensa y esos que se definen como periodistas y más parecen hooligans de la información.

La economía seguirá dando bandazos; el precio del petróleo hará que lo tengamos crudo (nótese el sutil juego de palabras) y muchas empresas seguirán Ere que Ere hasta que sus accionistas tengan bien llenos los bolsillos, (con ayudas gubernamentales claro) mientras los cinco millones de parados que están hasta los eggs de hacer cola para nada se están pensando seriamente si montar una revolución como las que han tenido lugar los últimos meses o hacerse los longuis cuando les lleguen los vencimientos de las letras, plazos o el del crédito de aquella tarjeta que les prometía 5.000 euracos por su cara bonita, sin preguntas, sin comisiones…

Si ya vivíamos con miedo, nosotros y nuestros compañeros allende las frontersas, todo el mundo, aquí y acullá, empezará a tenerlos de corbata por las posibles venganzas, represalias o idas de olla de Al Qaeda.

Los aeropuertos serán un despelote generalizado no por las risas, sino por las molestias de tener que quedarte en gayumbos en el momento que pite algo raro o te vean cara de peligroso terrorista. Viajar en avión va a ser un coñazo serio.

Mucha gente, en cuanto caigan los primeros muertos en Afganistán, Libia etcétera, pedirán que ese ejercito que tenemos por ahí,  en plan buen rollo humanitario o para trincar piratas, vuelva a casa antes de navidad, cuando en realidad, en casi todos los lugares que están se va montar la de Alá o la de Dios…

Ojala me equivoque y se cumpla el refrán de marzo ventoso y abril lluvioso hacen a mayo florido y hermoso, pero me temo que no va a ser así teniendo en cuenta además que aunque ya nos estemos olvidando de Japón, los huracanes de Usa hayan pasado desapercibidos, que mejor que no ganemos eurovisión y que no tengan que rescatarnos, siempre surgirá una nueva catástrofe y si no, siendo como somos, ya se encargará alguien de aquí o de otro lugar del planeta de liarla.

En cualquier caso, y pase lo que pase, mayo siempre será el mes de la flores y esperemos que entre tanto desajuste y despropósito podamos disfrutar de ellas que siempre son signo de vida y alegría.

Así que hoy, el post va para las flores. Disfrutad de ellas.
      

lunes, 2 de mayo de 2011

Si hoy es martes, esto debe ser Bélgica

Este era el título de una conocida película en la que se parodiaban los viajes organizados. El argumento es sencillo: un grupo de turistas viajaban  por diferentes países de Europa a toda pastilla; 7 en 18 días lo que les lleva, en ocasiones, a no tener ni idea de donde están y, por consiguiente, a no poder disfrutar del viaje o a vivirlo de una manera bastante estresante.

Esta forma de viajar, a la larga, produce bastante ansiedad en el viajero, turista o coleccionista de sitios porque al no poder abarcarlo ni comprenderlo todo y, además estar pendiente de la próxima parada, suele acabar estresado y desorientado. Pero en realidad no era de turismo de lo que quería hablar, sino de la forma en que vivimos actualmente que se acerca bastante a la de los protagonistas de la película. Es decir, vamos tan rápido, nos llegan tantas informaciones y debemos hacer tantas cosas en tan poco tiempo que al final vamos con la lengua fuera, con el cuerpo machacado y el cerebro híper revolucionado. Esto no es bueno.


Y como los turistas de la película, vivimos engañados, pensando que más es mejor y que cuanto más hagamos, veamos, corramos, compremos, etcétera nuestra vida será más plena, cuando en realidad lo único que hacemos es echar pequeños vistazos a lo que nos rodea, lo que nos lleva no ya entender las cosas de forma superficial, que ya sería un logro, sino al despropósito más absoluto, ya que al final no se comprende ni se relaciona nada; como si visitáramos Roma y dijésemos que es una ciudad llena de ruinas, sin ahondar en el por qué de ellas.

No hay tiempo, o casi todo lo invertimos en ir de aquí para allá, moviéndonos por lo que otros hacen o nos dicen; haciendo lo que nos dicen que hay que hacer (o lo que tenemos que visitar), señalándonos lo que es importante y lo que no, como si diseñasen nuestro itinerario, nuestra hoja de ruta para el futuro, como si nuestra misión en la vida fuese recorrerla a vuelapluma, en etapas maratonianas, que solo nos permitan reaccionar y no pensar o disfrutar.

Muy a mi pesar, el movimiento Fast (en el que estamos instalado) se está imponiendo al Slow (más razonable, sin duda) y no sé por qué me da que al final acabaremos todos, incluso los que mueven y programan las velocidades, como los pobres turistas de la cinta, que no sabían ni donde se encontraban la mayoría de las veces.

La vida no es una cuestión de cantidad sino de calidad y si en lugar de más, utilizásemos el mejor, seguramente viajaríamos por ella, al menos de forma más saludable.

Feliz día


Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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