lunes, 31 de octubre de 2011

Candidatos


Se acercan las elecciones, y con ellas la retahíla habitual de promesas, descalificaciones e imágenes del personal agitando banderas y aplaudiendo las proclamas, perfectamente estudiadas, de unos políticos que durante estos días, hasta la celebración de las elecciones, son llamados candidatos, (personas que se postulan para ser elegidas para algún cargo en unas elecciones o en un puesto de trabajo). Candidato viene de la palabra “Candidus” que significa claro y blanco.

El color blanco, en las culturas occidentales  siempre ha estado asociado a la pureza. De ahí viene la palabra “Candidatus”, utilizada en la antigua Roma para designar a aquellas personas que se presentaban a un cargo público. Éstas se vestían de blanco para mostrar su pureza de intenciones, para mostrar que eran unos tipos legales. En definitiva para convencer al personal de que eran unos tipos de fiar.

Dicen que el hábito no hace el monje y por ello no es cuestión de obligar a Rubalcaba, Rajoy y Cía., que se vistan de marineritos ellos y de novias ellas. Me conformo con que no nos traten como imbéciles, pero la culpa es nuestra por creernos sus milongas; por creer que sus ofertas electorales son puras, posibles y prácticas.

Somos de memoria frágil y selectiva. Tiramos más de calentones que de hemerotecas, de esperanzas que de realidades. Los candidatos lo saben y llenan nuestras cabezas de promesas pero no de compromisos; de futuro improbable y no del mañana inmediato ni del hoy ni del ahora.

Hoy Francisco Alcaide (@falcaide) publicaba esta frase atribuida a Francisco de Quevedo "Nadie ofrece tanto como el que no va a cumplir. Eso, creo que les define muy bien, y en esas están los candidatos.  

Evidentemente no se puede meter a todos en el mismo saco porque detrás de unas siglas hay candidatos con vocación de servicio, de pureza, que realmente intentan que las cosas vayan mejor y están comprometidos con la gente, tengan una u otro ideología, y no en hacerse un plan de jubilación anticipada, acabar de consejero de una gran empresa o llevárselo por el morro con premeditación y alevosía como desgraciadamente ocurre con algunos/bastantes políticos.  

En las próximas semanas, si no me falla la memoria o las previsiones, lo de siempre. Y lo de siempre es, que de repente, todos tienen las soluciones a nuestros problemas. Sus recetas son como el bálsamo de Fierabrás, que teóricamente curaba todos los males, pero en realidad no son más que pequeñas huidas hacia adelante para “comprar” u obtener el voto del electorado. Si han fallado otras veces lo justifican pregonando que ha sido por culpa de sus rivales políticos, de los “mercados”, la “coyuntura internacional” o la madre que lo parió.

Un debate de un hora y dos semanas de propuestas que parecen salidas debajo de la mano de un Thaur, me da a mi que son insuficientes para arreglar lo de los cinco millones de parados, lo de la competitividad, lo de que tengamos que depender de otros, lo del sistema educativo, y toda la bobá que tenemos encima desde que es más rentable salir en un plató de televisión o ser un especulador que esforzarse en crear futuro.

Me gustaría que nuestros candidatos se dejasen de demagogias y extrañas utopías y, por una vez, en lugar de jugar con nuestros miedos, con nuestro futuro y nuestras emociones fuesen capaces de decirnos lo que ya todos sospechamos:

Que saldremos de la crisis, pero que el paro no bajará de forma significativa en los próximos años y que no lo vamos a pasar nada bien.

Que va a haber muchos más recortes por exigencia del guión y que acabaremos pagando más por todo.

Que por cada euro de ayuda a una Pyme cinco irán para las grandes empresas.

Qué no se puede incentivar a todas las Pymes porque muchas de ellas son inviables.

Que ya se han fundido muchos de los ingresos que recibieron por contratas y que muchas pueblos, ciudades y comunidades autónomas están hipotecadas para unos cuantos lustros.

Qué muchas decisiones no las tomarán ellos, sino que vendrán dadas.

Qué no podemos competir en costes con los países emergentes y que la poca industria que nos queda se irá al carajo.

Y que después de estas y otras afirmaciones, que son de sentido común, nos propusiesen medidas para minimizar el impacto de la globalización, nos facilitasen el poder buscarnos la vida (este es el país de todotramites.com), trabajasen en las trincheras y no solo desde el escaño y, en definitiva, nos hiciesen recuperar la ilusión y no que sintamos vergüenza ajena, como ocurre en muchas ocasiones.

Si al menos fuesen como Don Camilo y Peponne que eran todo pasión y generosidad.

Pureza de espíritu y trabajo. Eso le pido a los candidatos. Al menos, si se fracasa, lo habrán intentado.


jueves, 27 de octubre de 2011

Cine y turismo: algunas películas (las respuestas)

En el post anterior os proponía un pequeño juego. Se trataba de adivinar el nombre o el lugar donde se había rodado la película que se relacionaba con las fotos que se mostraban. Había algunas bastante fáciles y otras, bastante complicadas de acertar. Tras las respuestas obtenidas hasta el momento  podemos decir que María Teresa Trilla ha sido quien ha acertado más.

Es curioso como unas películas se recuerdan mejor que otras, (Indiana Jones y la última cruzada, La Trampa y Las Nieves del Kilimanjaro las más recordadas, aunque con matices) y otras, aún siendo bastante conocidas (más abajo sabréis cuales eran) no han sido acertadas por nadie.

Hay amigos que se acuerdan de la película pero no del lugar o viceversa. MaS y Asun, no se han atrevido a participar bien porque no tenían “ni flowers”, o porque les ha dado pereza: se les agradece el detalle de comentar porque eleva a mejores posiciones a los demás y no han dejado a Rafa Bartolomé como colista). Javier Rodríguez Albuquerque y  José Luis Montero se han quedado un poco por debajo y Katy, (sin ser cinéfila) ha estado por encima de la media. 

Imagen número uno 
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La foto pertenece a la ciudad de Udaipur en India y la película es Octopussy. Como curiosidad os diré, que en muchos hostales y restaurantes de Udaipur proyectan la película para atraer a los turistas y no es raro encontrarte por la calle a seudo guías que quieren llevarte a los sitios donde se rodó.

Katy es la única que ha acertado correctamente. María Teresa acertó la película pero la situó en Nueva Delhi y Javier, que es un fiera, dijo lo de James Bond por si colaba.

Imagen número dos

Trailer 


La película, Indochina. La imagen corresponde a la Bahía de Halong en Vietnam. Si uno ha visto la película reconocerá otros localizaciones cuando pasee por Hue o Hoi An.

María Teresa ha acertado de pleno y José Luis, no ha mencionado el lugar, pero nos ha sugerido otra película “La playa”, que no he visto.

Imagen número tres

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Topkapi – Estambul. María Teresa y Katy. En la película no sólo sale el Palacio sino muchos rincones de Estambul. La película nos ofrece una buena panorámica de la ciudad, como podréis observar en el trailer.

Imagen número cuatro

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Una de las más acertadas. Petra es uno de esos sitios en los que uno tiene la sensación de adentrarse en la historia. Los nabateos eligieron este lugar para asentarse. Bien protegido, misterioso. No me extraña que Spielberg lo eligiera para rodar el final de Indiana Jones y la última cruzada.

Imagen número cinco

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Sevilla , barrio de Santa Cruz. Película "Nadie conoce a nadie". Una surrealista película que no sé muy bien como definir y que supongo a muchos sevillanos no les gustó al ver como se trataba su Semana Santa. Nadie ha acertado.

Imagen número seis

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Otra de las mas acertadas. Las impresionantes torres Petronas de Kuala Lumpur son el escenario del robo del siglo en la “La trampa”. Durante años, con sus 452 metros de altura, fueron las torres más altas del mundo. Un símbolo de la nueva Malasia, que puede ser visitado gratuitamente si uno tiene muchas ganas de madrugar y hacer una cola de narices, lo que no fue mi caso. Esta era fácil.

Imagen número siete

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Muerte en el Nilo. La película es una adaptación de la novela de Agata Christie y la imagen es del río Nilo. Es una muy buena película con un reparto de actores excepcional, aunque como decía, se les fue la pinza un poco con las localizaciones o, más bien, no tienen una secuencia muy lógica. ¿De las pirámides a templos? ¿en un par de planos? ¿sin barco ni avión por medio?. Nadie acertó y había pistas: libro, película y foto de río con palmeras en la orilla.

Imagen número ocho

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Está reconozco que era muy difícil. La imagen no desvela mucho y tampoco dí muchas pista. La película era The Killing Fields”, traducida en España como "Los gritos del silencio". Una película desgarradora sobre la toma del poder en Camboya de los Jemeres Rojos y los famosos campos de exterminio. El lugar se encuentra a pocos kilómetros de Phnom Penh y es explotado por una empresa privada que se encarga de su mantenimiento y de vender entradas. Para verlo, pero es más impactante el museo de Tuol Seng del que ya hablé en el blog en "El preso 175" . Complicada de acertar.

Imagen número nueve
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La película era “Amores perros”.  Una película tan dura como puede llegar a ser la capital mexicana; una película tan humana como es la capital mexicana, un lugar que odias y amas 
Tampoco acertó nadie.

Imagen número diez

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Las Nieves del Kilimanjaro. Como bien apunta María Teresa, se encuentra situado en Tanzania y no en Kenya como mucha gente cree. Lo que ocurre es que está muy cerca de la frontera. La foto está hecha desde Kenya. En el parque de Amboseli se rodaron muchas escenas de la película.   

Gracias a todos por participar. Feliz fin de semana

martes, 25 de octubre de 2011

Cine y turismo: algunas películas (juego)

Cine y turismo están más relacionados de lo que parece. En otras ocasiones se ha hablado aquí del asunto; del impacto que tiene en el desarrollo de un destino o lugar y también de las motivaciones del turista cinéfilo. Hoy os propongo un juego. Se trata de adivinar el lugar, monumento, ciudad o película o películas en las que aparece la imagen. Espero que os guste. 

Imagen nº 1 

En esta ciudad India se rodó parte de una de las películas del famoso "James Bond". En numerosos lugares de la ciudad utilizan la película como reclamo y la proyectan hasta el aburrimiento. ¿sabes de que ciudad se trata? ,  ¿sabes de que película hablamos?


Imagen nº 2

Seguimos en Asia. Desde mi punto de vista, es uno de los lugares más hermosos de la tierra que conozco. Buena película, buena banda sonora y buena ambientación sobre el país. Muy recomendable. ¿Sabes de que película hablamos? ¿Sabes a qué lugar pertenecen las imágenes?


Imagen nº 3

Entretenida película con Peter Ustinov como uno de los protagonistas. La película se llama como el lugar. Esta es muy facilita. ¿De que "peli" hablamos?


Imagen nº 4

Esta imagen aparece en una de las películas de aventuras más famosas de la historia. Sin embargo, en la película no se habla de este lugar. Esta es tirada. ¿película y lugar?



Imagen nº5

Y ahora una española. Un poco rarita, pero entretenida. ¿peli y ciudad?



Imagen nº 6

El amigo Sean Connery en el mejor papel que suele hacer que es el de "madurito con pegada" y además listo. Normal que se ligue a la guapa Catherine Zeta Jones. Sí, son las torres Petronas. ¿pero la película como se llamaba?


Imagen nº 7

La novela es buena, la película también. Sólo un pero: Se les fue la pinza con las localizaciones porque es imposible que en una secuencia, de plano a plano se recorra tanta distancia. ¿Película?



Imagen nº 8

Este lugar da título a una conocida e impactante película. Sin embargo, no aparece en ella porque fue rodada en otros lugares. ¿Cual es el lugar y la película?



Imagen nº 9

México D.F es una de las ciudades más desconcertantes del planeta. Es de esos lugares que odias y amas por igual. En esta ciudad se rodó una película de esas que muestran la complejidad del ser humano. Son tres historias entrelazadas. Dura, díficil y, al tiempo un reflejo de nuestras miserias. ¿Nombre de la película?


Imagen nº 10

Una de las montañas más famosas y míticas del mundo a cuyas cumbres cada año suben miles de personas sin ser montañeros profesionales. Una película del siglo pasado, pero que muy pasado, de esas clásicas, la nombra directamente. ¿De qué película estamos hablando?


Feliz día, si os gusta haremos más sobre el tema. Si no, a otra cosa mariposa.

domingo, 23 de octubre de 2011

De asteriscos y letras pequeñas



Si hay algo que no me gusta de la publicidad son los asteriscos y “letras pequeñas”. No sé, cada vez que veo un anuncio de estas características,  me da la sensación de que me la van a colar. Uno ve, escucha o lee una oferta pensando que la “promesa” es un chollo o que va a satisfacer plenamente sus necesidades y en cuestión de segundos se da cuenta de que en realidad te están contando otra cosa o lo que te ofrecen está sujeto a condiciones, a reglas, a obligaciones.

Como digo, no me gusta.  Preferiría que me lo contasen con letra normal, ni siquiera grande, no pido tanto. No estoy hablando tampoco de que me calcen veinte folios para aceptar las condiciones generales cada vez que me suscribo a algo o utilizo una aplicación. Me refiero a esa desproporción entre lo bueno (letra grande y hermosa) y lo malo (asterisco que avisa y letra pequeña). Debería estar, cuando menos, más claro, más simple o más legible.

Comprendo que todo el mundo quiera guardarse las espaldas por si las moscas, por si los pleitos y si por si necesita recular. Y admito que puede ser hasta razonable y necesario llegar a ese nivel de detalle. Eso sí, en tamaño normal y no en caligrafía de los “Pitufos” que obliga a dejarse los ojos por un lado y, por otro, saber interpretar qué demonios quieren decir algunos de los párrafos que lees, porque para comprenderlos, además de una licenciatura en derecho y filología hispánica, se necesita un coeficiente intelectual de los altitos para descifrar a qué te expones al aceptar la oferta.

Nos están y nos estamos acostumbrando a los asteriscos, a las letras pequeñas. Lo que debería ser una excepción se convierte en algo habitual y casi podemos llegar a mosquearnos si no vemos esas llamadas, esos avisos.  Lo aceptamos y lo vemos normal, aunque nos joda; pero es necesario.  Eso sí, debería ser en letra normal.

Y no como ocurre en eso que llamamos la vida, que generalmente, cuando te cuentan la parte bonita omiten ya no la letra pequeña (que la tiene) sino todo aquello que pueda llegar a incomodar o que te puede hacer un infeliz. De tal manera que al empresario sólo le contarán eso de los beneficios, al ejecutivo lo del poder y el triunfo, al artista lo de los aplausos, al enamorado lo de “forever and ever”, al trabajador lo de la seguridad, al buen estudiante un futuro prometedor, a todos, que la vida es una tómbola de luz y de color, de luz y de color...

Se suele contar lo bueno, pero se omiten los inconvenientes, las renuncias, el coste de oportunidad, el sacrificio personal y emocional que conlleva elegir un camino u otro; tampoco de otros factores que no se tienen en cuenta como las enfermedades, las pérdidas, las catástrofes, o las conductas y comportamientos siempre cambiantes del ser humano. Muchos matices: ventajas e inconvenientes.

Esa omisión de la información y matices, o esa pasada rápida por “lo que puede fallar” convierte a muchas personas en desdichados que acumulan decepciones a lo largo de su existencia, que maldicen su suerte, y, lo que es peor, que exigen que su sueño se cumpla sin hacer nada por cambiarlo. Personas que no se dieron cuenta o no quisieron  saber que la vida, como casi todo, tiene asterisco y letra pequeña, personas que no levantarán cabeza porque no saben que ,al final, es uno mismo quien tiene que crear y configurar la oferta de su vida, aquella que le permitirá no sentirse engañado por nada ni nadie; por lo que uno  pudo ser sino por lo que uno es.

Feliz semana


jueves, 20 de octubre de 2011

Arenas de Sam: Cerca de Jaisalmer, cerca de los amigos

Arenas de Sam - India 
Este capítulo de Soul India que os dejo hoy se lo dediqué a mi amiga Lourdes. Cuando viajas te acuerdas de los amigos y algunos se acuerdan de ti. Un día antes de escribir esto, Lourdes me envío un mensaje en el que me recordaba la historia de “El principito”. Así me sentía yo en ese viaje a India, curiosidad, preguntas y respuestas.
Feliz fin de semana
Arenas de Sam
A media tarde, cuando la temperatura descendía —soportábamos cuarenta y seis grados de fuego seco—, nos acercamos a Sam, a unos cuarenta kilómetros de Jaisalmer para ver sus famosas dunas y la puesta del Sol. Al llegar, los camelleros ofrecían sus servicios con histéricos alaridos. Me los quité de encima. En lugar de alquilar un turístico camello, preferí errar por la arena. No me apetecía montar en camello: yo era niño de playa y tierra en el cuerpo.
Sin enterarme, me adentraba en las dunas y poco a poco las ondulaciones se hacían silencio. Un silencio amarillo de sombras ocres; un mar de arena que exponía su apacible manto de paz.
Seguido a cierta distancia por Dinesh, en ocasiones me dejaba caer y contemplaba cómo ondeaba la arena. Sentía cómo las serpenteantes dunas distanciaban los problemas, las ambiciones: como en el mar, las olas de arena continuamente se renuevan y nos sorprenden con una perspectiva diferente. Ocurre en nuestras vidas: el viento o los acontecimientos la van transformando, no pudiendo vaticinar cómo será el futuro.
Sólo miraba. Dinesh se colocaba a mi lado. No hablábamos; no era necesario. Nuestra compañía, el choque del viento en la arena y una melodía lejana de músicos que se ahogaban en profundas canciones rajastaníes: canciones que salían del alma del desierto. Mirábamos como el sol se estaba poniendo, discreto, silencioso, pálido... Un sol que se despedía, un sol que viajaba a España, un sol de luna llena.
No podíamos regresar por las mismas huellas. En el tiempo que contemplamos el ocaso, la acuarela de arena había cambiado. Quizá nuestras vidas: a veces no es bueno volver sobre caminos pisados.
Regresando a Jaisalmer me recreaba en el sol y la polvorea tierra, y filosofaba sobre lo que acababa de presenciar: el desierto es un lugar que equipara a los hombres. Allí no hay pobres ni ricos; ni listos ni tontos; ni guapos ni feos. No existen ni el tú ni el yo ni el él y los nosotros, vosotros y ellos son un espejismo. De pronto olvidas muchas de tus turbaciones: la arena, siempre la arena... lo absorbe todo. Esa sensación no era exclusiva de las arenas de Sam, también se tenía en otras zonas desérticas del Rajastán, donde si bien podías encontrar árboles y vida animal, el paisaje te absorbía de tal manera, que te regalaba con una perspectiva lejana de todo y cercana al corazón.
No había zorros Lourdes: sólo estabas tú

miércoles, 19 de octubre de 2011

¿Oir, escuchar, difundir o experimentar?

Una de las cosas que más me llama la atención de Twitter es la gran cantidad de frases y reflexiones que se transmiten y se propagan. Las hay de todo tipo: divertidas, ocurrentes, irónicas, motivadoras, inspiradoras, reflexivas… La verdad es que muchas están muy bien y algunas son simplemente sublimes.
Dependiendo de qué hagas con ella, la frase adquirirá una valor u otro. Por ejemplo, si la “oyes”, es decir si la lees pero no piensas en su significado, si  no le das una vuelta, no tendrá más utilidad que la de darse el gusto de leer palabras bonitas ordenadas adecuadamente. Si la escuchas, o lo que es lo mismo, si reflexionas sobre ella, te servirá para cambiar o corregir cosas que no te gustan ó para reafirmarte en lo que crees. También puedes difundirla, y esa difusión puede obedecer a que la frase simplemente te ha gustado (oír), a que quieres compartir algo con lo que estás de acuerdo (escuchar) o a qué mola mucho utilizar frases porque otros lo hacen (gregarismo).
Todo esto lo hacemos muy bien, es fácil y no compromete. Lo verdaderamente difícil es experimentar la frase, la reflexión o el pensamiento. Es ahí, en el momento de experimentar, cuando verdaderamente sabremos si las palabras se hacen actos que nos sirvan para mejorar o si son como las hojas de otoño que se las lleva el viento.
El otro día MaS, comentando en el blog de Francisco Alcaide (@falcaide) sobre conceptos de liderazgo hablaba también de ello: experimentar y ejercitar es necesario. De no ser así, sólo es teoría; y la teoría sin práctica, además de olvidarse no sirve para mucho.
Os dejo una historia que yo creo que tiene relación con lo aquí escrito y que viene a decirnos que los caminos hay que experimentarlos.
Feliz día
Había en un pueblo de la India un hombre de gran santidad. A los aldeanos les parecía una persona notable a la vez que extravagante. La verdad es que ese hombre les llamaba la atención al mismo tiempo que los confundía. El caso es que le pidieron que les predicase. El hombre, que siempre estaba en disponibilidad para los demás, no dudó en aceptar. El día señalado para la prédica, no obstante, tuvo la intuición de que la actitud de los asistentes no era sincera y de que debían recibir una lección. Llegó el momento de la charla y todos los aldeanos se dispusieron a escuchar al hombre santo confiados en pasar un buen rato a su costa. El maestro se presentó ante ellos. Tras una breve pausa de silencio, preguntó:
-Amigos, ¿sabéis de qué voy a hablaros?
 -No -contestaron.
 -En ese caso -dijo-, no voy a decirles nada. Son tan ignorantes que de nada podría hablarles que mereciera la pena. En tanto no sepan de qué voy a hablarles, no les dirigiré la palabra.
Los asistentes, desorientados, se fueron a sus casas. Se reunieron al día siguiente y decidieron reclamar nuevamente las palabras del santo.
El hombre no dudó en acudir hasta ellos y les preguntó:
- ¿Sabéis de qué voy a hablaros?
- Sí, lo sabemos -repusieron los aldeanos.
-Siendo así -dijo el santo-, no tengo nada que deciros, porque ya lo sabéis. Que paséis una buena noche, amigos.
Los aldeanos se sintieron burlados y experimentaron mucha indignación.
No se dieron por vencidos, desde luego, y convocaron de nuevo al hombre santo. El santo miró a los asistentes en silencio y calma. Después, preguntó:
-¿Sabéis, amigos, de qué voy a hablaros?
No queriendo dejarse atrapar de nuevo, los aldeanos ya habían convenido la respuesta:
- Algunos lo sabemos y otros no.
Y el hombre santo dijo:
 - En tal caso, que los que saben transmitan su conocimiento a los que no saben.
Dicho esto, el hombre santo se marchó de nuevo al bosque.


lunes, 17 de octubre de 2011

Cosas a mejorar en muchos hoteles: los extras que son atracos


Cuarta entrega de la serie “Cosas a mejorar en muchos hoteles”. Si en el primer post hablamos de los desayunos buffet, en el segundo de los hoteles bajo mínimos y en el tercero sobre publicidad e información, hoy lo vamos a hacer sobre “los extras” que desde mi punto de vista o no se deberían cobrar, o si se hace, el precio o tarifa debería ser razonable y no abusiva como ocurre aún en muchos hoteles.

Como del desayuno ya hablamos y no es cuestión de ensañarnos con ello, hablaré de otros servicios que, a mi particularmente, me parece que se sobran un poco cuando establecen las tarifas. Quiero aclarar que no estoy en contra de que los cobren (que algunos deberían estar ya incluidos en el precio de la habitación) sino de que las tarifas sean más razonables y no un verdadero atraco. También que esto no ocurre en todos los hoteles y que otros que lo cobran realmente vale lo que ofrecen, pero la tónica general es metértela doblada para mejorar la cuenta de la explotación.

Wi Fi o conexión a Internet de pago. Aquí coincido en gran medida con @xixerone que escribió sobre ello en el post “5 cosas que odio de los hoteles de cinco estrellas”. El problema ya no es que te cobren (que en el teléfono también se pegan una pasada) sino la cantidad que te piden por una hora o una tarifa de 24 horas. Cobrar 10€ por hora o 25€ por un día es desproporcionado.

Por ejemplo, uno está trabajando y elige un hotel porque puede conectarse con la oficina, retocar una propuesta, recibir información, enviarla etcétera y se encuentra con la desagradable sorpresa de que la Wi Fi gratuita sólo se puede disfrutar en las zonas comunes (se les olvido ese pequeño detalle al informar en la web o folleto). Si uno desea conectarse desde la habitación ha de pasar por caja y hacerlo desde el lobby y a deshoras no es muy operativo. De madrugada ya, un sinsentido. Pone de muy mala leche.

Otro de los servicios en el que se pasan tres pueblos es en el de lavandería. La tengan o no en el hotel, los precios son desorbitados.  No es normal que por lavar unos calzoncillos te cobren tres euros, dos y pico por los calcetines, doce  por un pantalón, seis por la camisa y cuatro por una camiseta. Eso si, sin plancha, metiendo recargo por horarios, fines de semana y teniendo que dejar la bolsa como la de la basura, a una hora determinada para que la recojan. Por cierto, la gran mayoría, declina cualquier responsabilidad si se cargan las prendas.

Encargas unas flores y parece que has comprado el jardín botánico, metes el coche en el parking y la factura puede parecer la del taller si lo dejas más de un día, llamas al servicio de habitaciones, pides un puñetero Club Sándwich que te es traído con patatas congeladas y un tomate partido en dos y la cuenta se acerca a la de cualquier restaurante de dos tenedores, una botella de agua enana del minibar y el precio es de maxibar. Y como estos ejemplos muchos más: fotocopias, tomar un taxi en el hotel, el gimnasio…

Es posible que algún hotelero no esté de acuerdo con el planteamiento que hago y seguramente más de uno me dirá que no tengo ni zorra idea de lo que hablo argumentando que son tarifas muy razonables las que se aplican. Puede que tengan razón, pero les recuerdo que soy un cliente que no busco que me fidelicen con una tarjeta ni que me regalen una copa de cava de siete a ocho en el bar (que ahora todos se llaman loungue bar) ni me cuenten memeces. Simplemente quiero un servicio (personas) adecuado y un servicio (producto) a un precio razonable. Si no es así, seguramente no me vuelvan a ver el pelo. Es decir, pueden tener un cliente que ha tenido una buena experiencia y la comentará o un ex cliente que nunca les recomendará.

Cada vez funciona menos el pan para hoy y hambre para mañana. Pero claro, no soy yo quien para decir a otros como gestionar su negocio.

Feliz martes


domingo, 16 de octubre de 2011

Los videos de Soul Business VII: Publicidad


Séptima entrega después de varios meses. Hoy toca publicidad y se trata de tres videos publicitarios que utilicé para acompañar los post. Guardan relación  con el tema del que se habla  y sirvieron para ilustrar los post. A mí, particularmente, me parecen muy buenos, (los videos digo). Vosotros opináis.

El primero apareció en el post "Publicidad reflexiva" y es uno de esos anuncios que te tocan.


El segundo ilustró el post: “Todos somos inocentes, todos somos culpables” que trataba sobre lo irresponsables que podemos llegar a ser.


Y el último, uno de mis favoritos, acompañó al post “La importancia del ritmo en la vida”


Feliz semana

jueves, 13 de octubre de 2011

Para sobrevivir, olvídate de la tecnología


Tonle Sap - Camboya 

Hace un tiempo leí una entrevista a Donald Knuth, un cerebro, un gurú de la programación en la revista XL Semanal. Una de los comentarios que hacía y que más me gustó fue el siguiente: «Es peligroso depender demasiado de la tecnología. Funciona genial cuando funciona, pero siempre está a un paso de dejar de hacerlo.»

Estoy muy de acuerdo con sus palabras. Dependemos en exceso de la tecnología y eso nos puede llevar a ser esclavos de ella y, lo que es peor, a olvidarnos de hacer las cosas de una forma alternativa. La tecnología, como apuntaba el matemático, cuando funciona es genial, pero cuando no, es una putada que trastoca nuestra vida. Y la tecnología de vez en cuando falla, ya se trate de un sistema de navegación, un servidor, un interruptor o la madre que lo parió (que lo de Blackberry nunca se sabrá realmente por qué ha sido; ya se escuchan versiones uno, dos, tres, cuatro, cinco, cinco punto uno…)

¿Cuántos negocios se pierden porque los correos no llegan? ¿cuántos errores se cometen por añadir un 0 o un 1 de más? Damos por hecho que la tecnología nos conecta, que no falla o lo hace rara vez, que gracias a ella se resuelven los problemas, somos más eficaces, eficientes, productivos …lo que a priori es cierto, pero (aquí está bien metido el “pero” Javier ☺) no nos damos cuenta de que, a menudo, la utilizamos como excusa para no pensar, para no buscar nosotros mismos un camino, para olvidar.

Con esto, no quiero decir que sea innecesaria ni que no se deba avanzar tecnológicamente, sino que simplemente que debemos buscar alternativas para esos momentos en los que no responde, no sabe ni contesta. Por si las moscas, no deberíamos olvidar cómo se hacían determinadas cosas antes de usar de forma masiva la tecnología, es decir, no podemos jugarnos nuestro futuro sólo a la carta tecnológica.

Conozco gente que depende tanto de ella que cuando ésta “falla” se paraliza, se pierde y no avanza. No saben que hacer. Personalmente, me preocupa esa parálisis general, ese paso al caos que provoca no estar en manos de uno mismo, esos momentos en los que no se sabe muy bien que hacer, además de ciscarse en la entidad, empresa, particular…que origina el fallo.

La tecnología puede contribuir pero también liarnos. Es muy adictiva y siempre se quiere más. En algunos casos, sobre todo, en el mundo Internet y Telefonía - que ya están integrados-, es más notorio. A veces, tengo la sensación de que la religión del siglo XXI no es espiritual sino tecnológica. Los nuevos dioses y santos, las empresas y las aplicaciones que desarrollan.

Observad este twitt que he capturado. Yo me pierdo.

“Un amigo de EEUU me envía un mensaje y me dice q tiene What's up, pero el mensaje me llega como SMS... será q tengo q actualizar mi WU?”

Pero esa es otra historia de la que hablaremos otro día.

La tecnología es un medio, no un fin. Hoy necesaria y dependiendo de donde vivas imprescindible.

Vivir por y para ella, una forma de morir, aunque mole mucho.

Feliz fin de semana



domingo, 9 de octubre de 2011

El último tren

Dicen que hay muchos trenes que pasan por la vida pero sólo uno que nunca se debe perder. Es el tren de la oportunidad, aquel por el que se espera toda la vida: un tren que por lo visto sólo pasa una vez en la vida. Según muchos, el último tren, aquel que te llevará a tu destino.

Seguramente algunos, o bastantes, estarán en desacuerdo con lo que voy a afirmar unas líneas más adelante y pensarán que se me ha “ido la almendra” pero creo que nadie sabe a ciencia cierta cual es el tren de su vida ni siquiera si es el último que pasará y mucho menos las consecuencias de no subirnos a él.

Digo todo esto porque últimamente, por lo visto, perdemos muchos trenes. No me refiero al de la competitividad, la innovación, la eficacia, la eficiencia etcétera que son trenes que hay que tomar por mera supervivencia o por obligación, porque por convencimiento la verdad es que muy pocos están dispuestos a comprar el billete y subirse a él. No. Me refiero más bien al tren de cada uno, a ese que sabes que para bien o para mal (siempre se piensa que para bien) te llevará a tu destino, aquel que te cambiará la vida.

Saber cual es el que debes tomar no siempre es fácil aunque creas saber donde quieres ir. Hay muchos factores que determinan cual la elección:

El horario ¿cuándo lo tomo? ¿Ahora, hoy, mañana, pasado mañana? O lo que es lo mismo ¿puedo elegir horario o son lentejas que si quieres las tomas o si no las dejas?

El equipaje: ¿Es necesario? ¿llevo lo necesario? ¿estoy preparado para el viaje? ¿podré abastecerme en el camino?

La compañía ¿Viajo sólo o acompañado? ¿Pienso sólo en mí y/o también en mi circunstancia? o ¿hay que tomar el tren que yo diga o puedo hacerlo subiendo en otro tren?

El precio: ¿Qué estoy dispuesto a pagar? ¿A qué estoy dispuesto a renunciar? ¿Merece la pena el precio?

Velocidad: ¿En cuanto tiempo llegaré a mi destino? ¿Tengo prisa por hacerlo? ¿y si hay retrasos?

Necesidad ¿Hay necesidad de tomar un tren? O lo que es lo mismo ¿podemos dejar pasar la oportunidad? ¿estamos bien como estamos?

Como observareis muchas preguntas con respuestas que sólo las sabe uno mismo. Nadie ni nada (para el libre albedrío no hay un manual) nos puede decir cual es el tren que debemos tomar - aunque lo hagan con buena intención- y menos atemorizarnos asegurando que si perdemos ese último tren no habrá más.

Personalmente, no es que desconfié, de quien suele hacer estas aseveraciones pero tengo la sensación de que quien te da demasiados consejos sobre trenes, oportunidades y lecciones de vida ha viajado poco y siempre con billete pagado; o lo que es peor: no sabe de esperanzas.

Todos, más o menos, sabemos por qué perdemos los trenes. Otra cosas es que lo intentemos justificar de cara a la galería (engañarse a uno mismo, además de absurdo es contraproducente) contando una película que no se ajusta a la realidad.

El último tren, la última oportunidad, como concepto, puede estar bien, pero limita y mucho, nuestra capacidad de seguir adelante, de valorar alternativas (en bus, andando, otro tren, virgencita que me quede como estoy) y sobre todo, nuestra capacidad de encontrar la felicidad porque ese último tren, ese que dicen que es el definitivo y luego poco o nada, a menudo no nos lleva a ella.

Hoy os dejo, un video que a mi me gusta mucho de Pat Metheny. Last Train. Por otro lado, hoy a Thinking Souls con Mará Teresa Trilla, Asun, Myriam, Josep Julian (@josepjulian) María Hernández, Francisco Alcaide (@falcaide) y José Luis Montero (@JLmon53): Comentarios de más de 140 caracteres.

  

viernes, 7 de octubre de 2011

Recordando algunas historias publicadas en viernes


Última entrega. Han sido cinco de historias para reflexionar y pensar. Aquellos que no las conocíais espero que las hayáis disfrutado. 

Feliz fin de semana

Angkor - Camboya 
El rey había entrado en un estado de honda reflexión durante los últimos días. Estaba pensativo y ausente. Se hacía muchas preguntas, entre otras por qué los seres humanos no eran mejores. Sin poder resolver este último interrogante, pidió que trajeran a su presencia a un ermitaño que moraba en un bosque cercano y que llevaba años dedicado a la meditación, habiendo cobrado fama de sabio y ecuánime.

Sólo porque se lo exigieron, el eremita abandonó la inmensa paz del bosque.

-Señor, ¿qué deseas de mí? -preguntó ante el meditabundo monarca.

-He oído hablar mucho de ti -dijo el rey-. Sé que apenas hablas, que no gustas de honores ni placeres, que no haces diferencia entre un trozo de oro y uno de arcilla, pero todos dicen que eres un sabio.

-La gente dice, señor -repuso indiferente el ermitaño.

-A propósito de la gente quiero preguntarte -dijo el monarca-. ¿Cómo lograr que la gente sea mejor?

-Puedo decirte, señor -repuso el ermitaño-, que las leyes por sí mismas no bastan, en absoluto, para hacer mejor a la gente. El ser humano tiene que cultivar ciertas actitudes y practicar ciertos métodos para alcanzar la verdad de orden superior y la clara comprensión. Esa verdad de orden superior tiene, desde luego, muy poco que ver con la verdad ordinaria.

El rey se quedó dubitativo. Luego reaccionó para replicar:

-De lo que no hay duda, ermitaño, es de que yo, al menos, puedo lograr que la gente diga la verdad; al menos puedo conseguir que sean veraces. El eremita sonrió levemente, pero nada dijo. Guardó un noble silencio.

El rey decidió establecer un patíbulo en el puente que servía de acceso a la ciudad. Un escuadrón a las órdenes de un capitán revisaba a todo aquel que entraba a la ciudad. Se hizo público lo siguiente: “Toda persona que quiera entrar en la ciudad será previamente interrogada. Si dice la verdad, podrá entrar. Si miente, será conducida al patíbulo y ahorcada”.

 Amanecía. El ermitaño, tras meditar toda la noche, se puso en marcha hacia la ciudad. Su amado bosque quedaba a sus espaldas. Caminaba con lentitud. Avanzó hacia el puente. El capitán se interpuso en su camino y le preguntó:

-¿Adónde vas?

-Voy camino de la horca para que podáis ahorcarme -repuso sereno el eremita.
 
El capitán aseveró: -No lo creo.

 -Pues bien, capitán, si he mentido, ahórcame.

 -Pero si te ahorcamos por haber mentido -repuso el capitán-, habremos convertido en cierto lo que has dicho y, en ese caso, no te habremos ahorcado por mentir, sino por decir la verdad.

-Así es -afirmó el ermitaño-.

Ahora usted sabe lo que es la verdad... ¡Su verdad!


Konya - Turquía 

Se como el río en generosidad y ayuda.

Se como el sol en ternura y misericordia.

Se como la noche cubriendo los defectos de los otros.

Se como un muerto en cólera e irritabilidad.

Se como la tierra en humildad y modestia.

Se como el mar en tolerancia.

Se visto como eres o, se como eres visto.


Un barquero, al que un joven le había hecho un favor, le regaló a éste un pez de cristal. El muchacho lo perdió, y, en su desesperación por haber perdido un objeto tan raro y valioso, montó en cólera al ver a otro hombre que llevaba alrededor del cuello un cordón del que colgaba un pez de cristal.

El joven llevó al hombre a los tribunales y logró que le condenasen por robo. En el último momento, cuando se preguntó a éste si tenía algo que declarar antes de ser conducido a la cárcel, el hombre dijo:

- Preguntad a cualquier barquero de este país: todos nosotros tenemos el mismo emblema, y el mío es de mi propiedad. No le pertenece a este joven. Yo tengo dos ojos y también una boca, ¡pero tampoco son suyos!

-¿Por qué no lo has declarado antes? -, preguntó el magistrado al barquero.

- Porque tiene más merito para toda la humanidad cuando la verdad llega por el ejercicio del sentido común por todas las partes desde el principio, que si una de ellas tiene que probar algo para lo que, después de todo, tal vez no tenga pruebas.

- Sin embargo, todos tenemos que aprender- , señaló el juez.

-Desgraciadamente- , dijo el hombre. Si se considera que aprender depende de la elaboración de pruebas, sólo tendremos la mitad del conocimiento, y seguramente nos encontraremos perdidos.

Soul Business

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