martes, 31 de enero de 2012

Re aprendiendo

Recuerdo que hace años apara elaborar presupuestos, planes y estrategias consultaba frecuentemente libros de marketing y Management.  De hecho, lo sigo haciendo (por cierto, muy recomendable el de mi admirado Francisco Alcaide @falcaide “Fast Good Management”, que es inspirador, ameno y bastante certero, según mi experiencia, en sus apreciaciones.)

Sin embargo, cada vez, “tiro menos de manual” y más de lo que voy tomando de allí o de allá. Con esto no quiero decir que rechace estos libros o que no tengan utilidad, sino que antes, a la hora de gestionar, los consideraba casi como “biblias”, o guías perfectas para acertar y/o evitar el fracaso lo cual, teóricamente, minimizaba el riesgo pero no garantizaba el éxito en absoluto: incluso siguiendo la receta al pie de la letra, en ocasiones, esos sabios consejos no funcionaban; y lo que es peor, no dejaban en mí una satisfacción personal sino más bien, la sensación de haber hecho, quizás, un trabajo aseadito pero no suficiente; una especie de copia y pega del que no se está orgulloso ni se disfruta: cuando caigo en el mismo error, no me siento bien.

Antes aprendía sin pensar, ahora procuro pensar y reflexionar sobre lo aprendido. Ese matiz, que parece pequeño, me ha abierto nuevas posibilidades, nuevas preguntas y nuevos problemas que, o son oportunidades como unos dicen o que hay que resolver de forma diferente porque lo que ayer fue útil hoy no es aplicable como bien suele apuntar José Luis Montero (@jlmon53), uno de mis maestros, cuyas reflexiones son bastante reveladoras, además de brillantes como podéis leer en el post “No queda otra” publicado hace algunos días.

Re aprender no es olvidar: es rehacer, ampliar, mezclar, conocer, observar, sentir, retroalimentarse, buscar… pero sobre todo crecer. 

Como además el aprendizaje debería ser continuo e ilimitado y no responder exclusivamente a planes educativos, modas, tendencias , las fuentes de conocimiento o inspiración deben, a su vez, ser ilimitadas.

Ahora cuando, cuando realizo presupuestos, planes y estrategias (posibles futuros) tomo perspectiva buscando referencias, ideas, sugerencias, ejemplos. Re aprendo con los viajes, con la música, con los alimentos y cuentos,  con la naturaleza, con el deporte..., pero con lo que más re aprendo es con las personas por lo que me enseñan y por lo que son.

Re aprender es el mayor reto y aventura que la vida nos puede ofrecer. Y lo mejor de todo es que es gratis, sólo se pide la “voluntad”: eso sí, en su más amplio sentido.

Feliz día

 

domingo, 29 de enero de 2012

Adiós certezas, hola posibilidades

Delta del Mekong - Vietnam

Más o menos, todos tenemos claro que vivimos en tiempos de incertidumbre. Las certezas de antaño, han desaparecido.

A pesar de toda la información, conocimiento y recursos de los que disponemos, somos incapaces de medir las consecuencias de nuestros actos a medio y largo plazo: ahora, a lo sumo, hacemos previsiones que no siempre se cumplen o cambian según soplen los intereses de quien “corte el bacalao” en el momento.

En definitiva, que no damos una y, como siempre, nos aferramos a tiempos mejores: la única diferencia es que, antes, el horizonte de mejora se situaba en un par de años y, ahora, en un mínimo de cinco para arriba siendo optimistas o tirando por lo bajo.

No hay más que darse una vuelta por las hemerotecas digitales para comprobarlo: brotes verdes, esto lo arreglamos entre todos, esta muy malita la cosa etcétera. 

Cuando creemos haber encontrado un camino, realizado un gran esfuerzo para obtener seguridades que, en definitiva es lo que todos buscamos (ojo, no confundir con zona de comodidad como conté en este post), cuando parece que estamos a punto de remontar, los que cortan el bacalao, saben o parecen saber un huevo del asunto, (los mismos que hacen las previsiones) nos sorprenden con nuevas recetas, nuevos miedos y nuevas directrices que vamos asumiendo sin pensar que, a lo mejor, (sólo a lo mejor) son posibles otros caminos u otras vías. Creemos en las certezas de otros, pero rara vez en las nuestras.

Mientras nos debatimos en buscar esos otros caminos, vamos avanzando como el burro al que le dan palos y le ponen la zanahoria delante con la esperanza de poder trincarla pronto; con la esperanza de que la incertidumbre de paso a la seguridad.

Es posible que así se avance o que realmente no quede otra forma de hacerlo, pero me da la sensación, que esta manera de tirar “pa’alante” nos va limitando de tal manera, que un día puede ocurrir que, a base de palos, nos conformemos con la simple visión de la zanahoria, con sueños que jamás alcanzaremos y olvidemos dar sentido a lo que somos y lo que queremos.

El otro día Francisco Alcaide (@falcaide) recogía en este post lleno de reflexiones motivadoras la siguiente frase de Tito Livio "El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son." 

Estoy convencido de ello. Yo mismo, en ocasiones, lo he experimentado, aunque procuro relativizar. Llamadme inconsciente si queréis, pero si creyese y asumiese todas las previsiones como ciertas, estaría tan paralizado que me sería imposible, ni tan siquiera, hacer lo que el burro que mientras recibe palos sólo piensa en la zanahoria.

Por eso, y visto el panorama, prefiero decir adiós certezas, hola posibilidades, aunque sean escasas, aunque hoy ignore cuales son.

Feliz semana

jueves, 26 de enero de 2012

No se acaban las calles

Ya os he hablado en otras ocasiones de mi afición por pasear. Cuando salgo de trabajar, procuro, todos los días, darme un paseíto antes de regresar a casa. Normalmente tomo el metro o el autobús y, a una distancia de dos o tres kilómetros, me apeo y comienzo a caminar. Me gusta, me hace sentirme bien, feliz, me reconforta y me reconcilia con el ser humano.

Disfruto de cada paso, aunque en ocasiones lo que veo y percibo no sea de mi agrado. Para mi, cada paso es un nuevo descubrimiento, una oportunidad de jugar con la mente, de asombrarme o de sentir nostalgia del pasado o del futuro.

Camino acurrucando pensamientos, ideas: pequeñas reflexiones en movimiento; reflexiones fugaces que acaban unos metros adelante cuando fijo la mirada y la mente en otro lugar o persona, pero tan intensas, que por sí mismas se graban en mi disco duro. Más tarde, voy relacionando, haciendo mezclas con otras ideas y saco mis propias conclusiones o teorías. 
Absurdas muchas, brillantes otras (que la perspectiva o la vaguería a veces apagan), pero, en cualquier caso entretenidas y útiles para seguir manteniendo un cierto nivel de locura, necesaria en un mundo tan estandarizado y automatizado.

Para que os hagáis una idea de mis rarezas, el otro día paseaba por la calle Bravo Murillo (ese rompeolas de las Españas, las Américas y el Magreb que siempre está lleno de vida) escaneando con la mirada en 180 grados todo lo que ocurría a mi alrededor al tiempo que esquivaba personas cuando mi mirada se fijó en una bolsa de supermercado que llevaba una mujer entrada en años y por la expresión de cuerpo y cara de derrotas. La bolsa estaba mediada y deduje por la inclinación de la mano que la sostenía que si bien no llevaba mucha compra, ésta era pesada. Era evidente que la carga incomodaba sus andares, pero también que aceptaba llevarla con normalidad, con dignidad.

Ese instante me llevó a pensar en las cargas que cada uno de nosotros en un momento u otro de nuestra vida debemos llevar. Puede tratarse de una tarea que nos han encomendado, de un compromiso adquirido, de una responsabilidad. En cualquier caso, de una carga que no podemos abandonar y debemos procurar llevarla como la mujer, con normalidad porque forma parte de nuestra vida. No podemos huir de nuestra responsabilidad.

Pasado el flash, mis ojos se toparon con un señor que vendía perros, patos y gatos de peluche, de esos que se daban cuerda con la mano y el juguetito hacia monerías. Casi nadie reparaba en su mercancía, pero el continuaba dando cuerda a los animales. Lo hacía de una manera metódica y tranquila, como si lo hubiese hecho toda su vida. Lo imaginé de pie, sentado, agachado, viendo como pasaban las horas con la esperanza de que la más que probable exigua recaudación le permitiese volver al día siguiente. Ello me llevó a pensar en que la vida no nos prepara para la obsolescencia. En ocasiones ni nos avisa, convirtiéndonos en seres vulnerables, con pocas posibilidades de evitar el fracaso porque como decía Humphrey Bogart en Casablanca “alguien nos informo mal”.

Da lo mismo lo que encuentre mi mirada, las calles inspiran, sugieren, aconsejan, emocionan y me hacen sentir ya sea la vista de un edificio, una luz, un cartel, una publicidad de un negocio, un olor, un gesto.

Jamás vuelvo a casa por el mismo lugar, cambio de calles, de aceras, me desvío, las cruzo, repito algún tramo, alguna vez me extravió pero no convierto el paseo en rutina: es la manera de recordarme que la vida ofrece muchas posibilidades, que el instinto también nos ayuda a decidir, que debo procurar que todos los días sean diferentes y que esté satisfecho con todos ellos: aunque tenga que llevar cargas, aunque sepa que nada es para siempre.

Por eso, para mí, y toquemos madera, No se acaban las calles.

Feliz fin de semana

Hoy os dejo la canción No se acaban las calles de mi admirado Antonio Vega y su grupo Nacha Pop que he utilizado para titular el post.

miércoles, 25 de enero de 2012

Vacas y otras especies: la calle es suya

Jaisalmer India 
Hoy un poquito más de Soul India. En este caso hablando de animales.
Una ciudad, un pueblo sin animales en la calle no se concibe en la India: es como un jardín sin flores, como un mar sin olas, como un árbol sin ramas, como un mundo sin mamones... 
La fauna de las calles indias está compuesta principalmente por vacas, cerdos, perros, búfalos y burros. Todos, excepto los burros y los búfalos, van por libre, «a su bola»; pero mientras los cerdos necesitan un espacio vital —unos metros de seguridad—, las vacas y los perros lo abarcan todo. Y cansa: cansa porque tienes que tener cuidado ya no de que te roce una vaca, si no de que en un momento de relajación se cague literalmente en tus narices; aparecen en cualquier callejuela impidiéndote pasar si están tumbadas y te obligan a sortear patas, cuernos y rabos mientras a escasos centímetros tienes un perro sarnoso, agua estancada o simplemente un montón de porquería. 
Deseas que no se muevan. Las ves tranquilas, seguras, «con poderío», entrando en las casas, en los comercios, saliendo de los urinarios públicos, metidas en los atascos, a tu lado, buscando su hueco para pasar. Van sobradas.
Todo el mundo las respeta y, es curioso, reciben menos bocinazos —o ninguno— que el resto de los mortales. Las hay de todos los tipos: pequeñas y grandes, flacas y gordas; huesudas, sucias, locas... Veneradas por los hinduistas son reinas de la calle, emperatrices de cuatro patas de un mundo fascinante e incomprensible. Y yo, en uno de esos juegos de la mente en los que de vez en cuando me paraba a descansar, deducía que en India, la colorada vaca que ríe moriría de uno de sus ataques de hilaridad viendo como los humanos estamos a su merced. 
La primera vez que ves una te hace ilusión, la segunda vez exclamas: ¡Es verdad que las vacas son sagradas! A partir de ahí, se acaba el romanticismo y empieza el hastío de ver tanto vacuno. Estas vacas indias no tienen ese aire fresco de vaca de pueblo español ni su gracia en el andar. Huelen distinto. Son por lo general vacas grises o blancas que al verlas, te planteas seriamente hacerte vegetariano.
Los cerdos son jabalíes sin colmillos y nunca conseguí adivinar la utilidad que tenían en India, donde excepto en la zona de Goa la población, por la influencia portuguesa, los come. No verás nunca un lechón en la carta de un restaurante y si lo ves, el cerdo tiene pedigrí: es australiano. Los cerdos parecen haber copiado el parsimonioso paso de las vacas y andan igual. Menos los cochinillos, que sin previo aviso y sin pedir permiso ni perdón, corretean a tu alrededor y se cuelan entre tus piernas cuando el estrepitoso sonido de un vertido de despojos anuncia su hora de comer. Son puercos de color pardo o gris y olor agrio: cerdos con suerte.
Los perros son de mil razas, ninguno ganaría un concurso porque no hay dos iguales. Son perros masala que nunca obtendrán árbol genealógico. Son animales de castas bajas a los que no se les conoce ni padres ni dueños. Algunos están en unas condiciones de desnutrición alarmantes. Además se los ve llenos de mordeduras, sarna o vaya usted a saber qué. Son los parias de este zoo andante que exhiben las ciudades y pueblos de la India. Un zoo para el que no hace falta sacar entrada, pero que, a veces, pagarías por la salida: agota.
Los animales indios tienen un denominador común: son indios y como tales son pacíficos, resignados, sosegados y lentos. En ocasiones creía que eran «reencarnación»: inquietaba.
Menos mal que había pocas gallinas. Eso hubiera sido bastante para mí.

Hoy Thinking Souls con: Fernando Rodríguez de Rivera, Javier Rodríguez Albuquerque, José Luis Montero, Francisco Alcaide, Katy, MaS y Pedro Ojeda.

martes, 24 de enero de 2012

Poderoso caballero


Poderoso caballero es Don Dinero rimaba Francisco de Quevedo hace ya unos cuantos siglos. No fue el primero en hablar de ello ni será el último. La pasta, el parné, el vil metal, chito, viruta o como lo querías llamar, bien en su versión en metálico o en forma de patrimonio, bienes, capital o fortuna es el eje sobre el que gira nuestras vidas y el que, a su vez, acaba por cambiarla: para bien o para mal, aunque generalmente es para mal.

El otro día, por esas tonterías mías de darle una vuelta al coco, pensaba en cómo el dinero nos afecta directa o indirectamente a la hora de comportarnos, de crecer o ser.

Desde hace años, en el mundo sólo se habla de dinero; es #trendingtopic diario de nuestras vidas; desde hace años se encargan, y a la vez nos encargamos, de decir lo importante que es; desde hace años, seguimos engañándonos creyendo que su posesión arreglará nuestras vidas (no digo yo que no sea útil para “tapar agujeros”) pero de ahí a que nos ponga en bandeja la felicidad media un abismo.
Ha conseguido dominar de tal manera nuestras vidas que somos presos de su ausencia o de su exceso.

Si no lo tienes o lo debes, date por jodido: conseguir crédito o financiación será complicado. (que se lo pregunten a media Europa en sus versiones gobierno, empresas o ciudadanos). 
No es nuevo, ya lo decía Mark Twain: “El banquero es un señor que nos presta el paraguas cuando hace sol y nos lo exige cuando empieza a llover”.

Si lo tienes, estás preocupado por no perderlo o por aumentarlo. Esto, que no es malo per se, puede convertirse en algo muy dañino. En ambos casos, puede acabar convirtiéndose en una obsesión que puede modificar nuestro comportamiento, enganchándonos como unos adictos que necesitan aumentar sus dosis.

El triunfo, el éxito, se asocia al dinero y, como digo, cada día nos lo recuerdan a través de medios, palabras o “ejemplos”. Hay muchos triunfadores, gente de éxito y verdaderos millonarios que su cuenta corriente es eso, corriente, vulgar (si la tienen); que no salen en las listas Forbes ni en las de los más ricos sino de forma aislada en un suplemento dominical o en Mundo Negro; gente que no está en un ranking porque no interesa y no vende.

La ambición no es mala, la mala ambición si lo es: es la que lleva a que se hagan cosas ilícitas, o a costa del sufrimiento de otras personas; la que lleva a fijarnos y querer ser como otros y no como lo que somos; la que elige el camino fácil y no el correcto.

Sólo avanzaremos y cambiaremos realmente cuando dejemos de escuchar que sin dinero no podemos hacer nada, el día que dejemos de plegarnos a sus exigencias y podamos invertir nuestro tiempo, esfuerzo y talento en construir y no en salvar los muebles que nosotros, a sugerencia de otros (que tenían más dinero) compramos a plazos encadenándonos a lo que nos da la vida y nos mata.

Mientras tanto, o vamos cambiando un poco el chip o nos puede pasar lo que a este profesor que extracto del libro 101 cuentos clásicos de china recopilados por Chang Shiru Ramiro Calle.

Era un profesor que destacaba por su rigor y adusto carácter. Golpeaba con una vara a sus alumnos en cuanto éstos cometían una falta. Cierto día, el severo profesor descubrió a uno de sus alumnos copiando en el examen y le dijo que al día siguiente quería verlo en su despacho para tomar medidas muy serias. El alumno ya sabía muy bien qué clase de medidas iban a ser.

A la mañana siguiente, el alumno llegó tarde a la cita. Se disculpó.

—Perdóneme, profesor. Mi tardanza ha sido debida a que he heredado una buena suma de onzas de oro y estaba haciendo planes de cómo distribuirlas.

—¿Qué vas a hacer con tu fortuna? —inquirió el profesor.

—Lo tengo muy bien planeado. Invertiré una suma en hacerme una casa y amueblarla; otra parte en hacerme con los sirvientes oportunos; también daré una fiesta, y, por supuesto, utilizaré una buena parte para libros y otra para obsequiar con ella al hombre que más me ha enseñado en este mundo: mi profesor.

El profesor se sintió encantado y halagado. Apenas podía creérselo. Su ira se había desvanecido como el rocío al despuntar el sol.

Déjame que te corresponda —dijo el profesor—. Voy a invitarte a una opípara comida.

Comieron hasta hartarse y bebieron hasta emborracharse. En su embriaguez, empero, el precavido profesor preguntó:

—¿Has guardado bien seguras las onzas de oro?

¡Qué fatalidad, profesor! Créame que iba a guardarlas en un lugar muy seguro, cuando mi madre tropezó conmigo y me despertó. Busqué las onzas pero se habían esfumado.

domingo, 22 de enero de 2012

#Un timo, un viaje II

Bangkok

Segunda entrega de la serie #untimounviaje.

Los medios de transporte, en general, y los taxis en particular son lugares donde uno puede ser timado sin contemplaciones si uno no es un poco avispado o si no conoce los usos, costumbres y triquiñuelas varias de las que se sirven los chóferes ocasionales que nos pasean por esos mundos de Dios.

Ya Katy Sánchez, (@KatySnchez) comentarista habitual del Blog y autora de Ciudadana del mundo, nos comentaba como, al llegar a España ella y su madre, el taxista que les llevaba a Madrid, debió dar una vuelta de órdago con el consiguiente rejonazo en la cartera. Es uno de los timos más habituales: se repite en bastantes países del mundo con pequeñas variantes.

Etiquetas: España, Madrid, Taxi, Transportes

Siguiendo con los taxis, Oliver Serrano (@oliverserrano) autor de Conducta  2.0,  en uno de los comentarios que dejó en el blog, nos explicaba lo que le había sucedido en Tailandia:

Resulta que en esa época (no se si ahora sigue igual), había principalmente dos tipos de taxis en Bangkok: unos amarillos y verdes, los "oficiales", y los azules y rojos que eran taxis realquilados a otros conductores.
Cuando por motivos de prisa cogimos uno azul y rojo, en medio del trayecto nos para en una especie de joyería que nos dice que está increíble para que compremos algo, y que a él por las compras le dan tickets para gasolina.

Decidimos no comprar nada y se queda medio cabreado...total que tampoco nos lleva al templo que le habíamos dicho, pero como vemos que puede ser interesante y no queremos más líos...pues nos quedamos a ver ese templo.

Etiquetas: Tailandia, Bangkok, Comisionistas, Compras, Taxi, Transportes

Desde luego Oliver no ha sido la única víctima. Hace unas semanas Francisco Alcaide (@falcaide), que es coautor del blog Españoles por el mundo,  me enviaba este interesante post “Los timos de Bangkok” cuya autora, Carmen Gómez Menor, relataba algunos y cómo evitarlos. 

Etiquetas: Tailandia, Bangkok, Comisionistas, Compras, Taxi, Transportes, Vivillos, Por si cuela, Tipos a evitar

María Teresa Trilla, autora de “Apuntes de viajes”, (uno de los mejores blogs de viajes que conozco, y una de mis referencias) comentaba algo, que por desgracia, ocurre con frecuencia: toparse con policías o funcionarios corruptos: “La mordida” no es exclusiva de México como podéis leer.

Recientemente en Camboya y justo al llegar al aeropuerto de Phnom Penh. Un policía nos pide el pasaporte para los trámites del visado y los correspondientes 25$. Cuando nos devuelven el pasaporte, leo en el visado "Fee 20 US". Pido explicaciones y sin rechistar nos devuelven los 5USx2. Hay un visado de negocios que sí cuesta 25$ pero no era nuestro caso.


Atravesando por tierra la frontera entre Laos y Camboya, (paso de Dom Kralor) yo mismo tuve que pagar un peaje de uno o un par de dólares (pagué en moneda local)  para que el aduanero de turno (en el lado laosiano) me estampará el sello de tira “pa’adelante”: teóricamente no es legal, pero se ha convertido en costumbre; hay que ser muy, pero que muy bueno para librarse de él o disponer de tiempo, paciencia para negociar el pase gratis.

Etiquetas: Camboya, Laos, Aduanas, Corrupción, Por si cuela.

Seguro que irán apareciendo más de este tipo. En su día, publiqué lo que me ocurrió en India con otros dos policías golfos que me quisieron sacar unas cuentas rupias y del que me libre por los pelos o un silbido de tren.

Etiquetas: India, Jalandhar, Trenes, Corrupción, Por si cuela.

Seguiremos recapitulando timos y situaciones.

Feliz lunes




jueves, 19 de enero de 2012

¡Qué daño ha hecho el photoshop!

Sin duda se trata de un gran programa, pero ¡qué daño está haciendo! Gracias a su funcionalidad podemos tunear cualquier imagen, un retoque aquí, un poco de brillo allá, un recorté acullá y Quasimodo por arte de píxel se convierte en el príncipe de Beckelar. 

Gracias al programita, a unos les da por quitarse kilos, ponerse músculos o el pelo a lo Jackson Five; a otras por eliminar arrugas, ponerse tetas o cambiarse la nariz: a todos por crear una imagen irreal.

Se puede argumentar que el maquillaje ha existido siempre, que desde la antigüedad está presente en nuestras vidas y que, en definitiva, esto del retoque no es más que el resultado de querer agradar la vista sin tener que desembolsar un pastón por ello. Sin embargo, está haciendo mucho daño: una cosa es hacer ligeros retoques y otra cosa muy distinta que al retocado o retocada además de quitarle unos cuantos años, lo queramos convertir en modelo y ejemplo para los demás. En este sentido, se nos ha ido la mano y nos hemos pasado varios pueblos al confundir imagen con personalidad.

La especie humana es emuladora por naturaleza, bien por aprendizaje o por necesidad de pertenencia y/o aceptación. Ni es malo ni bueno: es lo que hay. Lo realmente preocupante es que esa naturaleza emuladora se circunscriba la mayoría de las veces al exterior, a lo superficial de los demás y no al interior, de tal manera que despreciamos lo que en apariencia no es perfecto o no sigue los patrones de belleza del momento. Esto pasa mucho con la fruta y otros alimentos: aspecto genial, sabor garrafal.

Muchas de las imágenes de personas que vemos a diario en Internet, revistas, o en publicidad han sido modificadas para “vendernos” una imagen ideal del triunfo, del éxito o la felicidad. Luego pasa lo que pasa, que el personal pone sus esfuerzos en parecerse a ese ideal, a esa superficialidad queriendo emular por ejemplo, esa imagen de delgadez antinatural, esas proporciones griegas que no tiene ni el 1% de la población mundial, esa perenne juventud… y el resultado acostumbra a ser patético: se crea el efecto contrario que se persiguió, provocando más frustración e infelicidad y, si me apuráis, crisis de identidad. 

Eso, si no llega a mayores con enfermedades como la anorexia, profundas depresiones e incluso el suicidio. El pasarse de rosca origina la enfermedad.

Complicado, frenarlo. Políticos, famosos, modelos y fauna varia solicitan, aprueban y bendicen o exigen su paso por el photoshop. Se rinden a el por unos votos, un aplauso, un braguetazo o unos momentos de gloria.

El resto del personal nos acostumbramos a verlos tuneados o súperdecorados y por repetición se llega a creer que la gran mayoría tiene o tenemos un problema serio de carrocería debido a nuestro gusto por comparar y juzgar de vista miope lo que nos rodea.

Se confunde imagen con personalidad, cuerpo con alma y ésta, es imposible de moldearla con el photoshop.

Feliz fin de semana
  
PD - Mecano, con esta canción y esa moda, también hizo mucho daño. 

  

lunes, 16 de enero de 2012

De vivir en la zona de comodidad a estar cómodo media un abismo


Desierto de Wadi Rum - Jordania 

El otro día Paz Garde (@pazgarde), autora del blog Coaching para jóvenes publicaba Reciclando creencias, un interesante post sobre la necesidad de ver las cosas con una perspectiva distinta – desaprendiendo lo llamaba- con el objetivo de que nuestro enfoque vital mejorase o, al menos, estuviese más equilibrado con lo que somos o con las circunstancias en las que nos movemos. 

Para explicarlo, utilizaba cinco contenedores en el que se depositaban etiquetas, ideas preconcebidas, desanimo, pensamiento negativo, creencias y palabras que, posiblemente, nos estén impidiendo transitar por la vida de una forma confortable, que no es lo mismo que vivir en una zona confortable.

La tarea es complicada, más de lo que pensamos.  Todo, o casi todo lo que nos rodea, suele conspirar para que no arrojemos cosas a los contenedores; para que sigamos con las creencias que nos van imponiendo por activa y por pasiva, de frente o, con premeditación y alevosía.

Puede ser la familia, pueden ser los amigos, los conocidos; los medios de comunicación, tropa varia; incluso, aquellos a los que seguimos en las redes o en los blogs. Todos, de alguna manera, van influyendo, aconsejando o sentando cátedra sobre cómo deberíamos funcionar o que deberíamos hacer.

Vivimos en un mundo híperconectado que nos permite relacionarlos, adquirir conocimiento, compartirlo y transformarlo. Sin embargo, esa transformación rara vez se convierte en algo útil, debido, entre otras razones,  a la velocidad que nos movemos, a “la urgencia” que nos hemos impuesto que acrecienta nuestra mediocridad,  y a la poca interiorización y reflexión sobre los inputs recibidos: ni tenemos tiempo ni trabajamos para que maduren. Siempre surgirá algo que anule lo anterior.

Nos hablamos y nos escuchamos poco: Es más fácil seguir una nueva tendencia, “comprar” conceptos que suenan bien, que preguntarnos y enfrentarnos a nosotros mismos; decir lo que hay que hacer, pero tener una excusa para no postergar o no saberlo hacer; o (y esto lo hacemos mucho) ver la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio.

Se publican directrices (reglas) que debemos seguir para cambiar, protocolos para una nueva era que, aparentemente, son más universales, pero que en el fondo persiguen el dominio de nuevas élites, que crean nuevas zonas de comodidad de las que nunca saldrán mientras puedan “convencer” o ejercer determinada influencia sobre unas “tribus” que ya no viven en poblados sino que se parecen cada día más a una red piramidal.

Hoy esta de moda lo de cambiar, olvidar el sentido común, arriesgarse, nuevas reglas, perseguir sueños, innovación, creatividad,  y un montón de cosas más, que suenan muy bien en un twitt o en un post pero que exigen un primer paso fundamental que no es otro que conocerse a si mismo, enfrentándonos a lo que somos, y no a lo que nos gustaría ser o nos dicen que tenemos que ser.

Intentar ser uno mismo tiene un precio. Por eso me ha parecido muy inspirador el post de Paz, porque si realmente queremos reciclar, debemos invertir tiempo en ello. Seguramente nos cueste despojarnos de algunas cosas, pero seguramente pasaremos de vivir en una zona de comodidad a sentirnos cómodos y satisfechos con nosotros, independientemente de la zona en la que nos encontremos.

Y esto, como siempre, es una sugerencia, no un consejo, que bastante tengo yo con mi propio reciclaje, que ya hace tiempo procuro cambiar yo y no querer cambiar a las personas: prefiero entenderlas.

Feliz día 



jueves, 12 de enero de 2012

#untimounviaje I

Jaipur India

Hace un mes y pico publiqué el post Timos en los viajes, en el que os solicitaba vuestra colaboración para escribir sobre los timos y engañifas más habituales que se pueden encontrar en los viajes.

Hoy vamos a publicar algunos de los que habéis comentado y vamos a ir haciendo un primer ejercicio de clasificación del timo que podéis corregir, comentar; también podéis informar si os ha pasado o si lo habéis visto en otros lugares. Vamos allá.

Judith Rivero (@dijuca) autora del blog Travelling Dijuca nos comentaba que en la Plaza de España de Sevilla, una gitana se le acercó para leerla el futuro comentándola que iba a encontrar novio y que el dinero iba a llegar a espuertas. Lo normal vamos. Seguramente sólo faltó lo de la salud y hubiese tenido el pack completo: Salud, dinero y amor. El caso es que por esas predicciones, la gitana le levantó veinte euros a Judith, y lo de los parabienes pues de momento, como que no.

Etiquetas: España, Sevilla, adivinos

Myriam Goldenberg, autora del blog De amores y relaciones nos trajo uno muy habitual en varios paises y que consiste básicamente que a la hora de cobrar un servicio o producto, el vendedor del mismo anda mal de sumas y restas y siempre intenta barrer a su favor. Lo transcribo.

“En Roma (No en toda Italia: dije Roma) antes del Euro: en cada restaurante o negocio al que fui cuando hacían la cuenta de los gastos se equivocaban siempre a su favor, contaban rapidito y sumaban equivocadito.Guando les decía "piano, piano, racontando che sono de Argentina e aveva buoni insegnanti," los errores aparecían...y la plata devolvían.”

Etiquetas: Italia, Roma, Equivocaciones, Por si cuela, Restaurantes.

En esta misma línea, Rafa Bartolomé autor del blog Pasaba por allí , nos aportaba el truco del tipo de cambio. En este caso por la devaluación de la moneda. Comentaba lo siguiente:
"Viaje de Burgos a París, con cinco parejas más, en el Talgo. Al regresar se acababa de devaluar la peseta en España ese mismo día; estábamos en territorio francés y nos quisieron cobrar las consumiciones de la cafetería del tren por el c/valor en pesetas"

Etiquetas: Francia, España, Equivocaciones, Por si cuela, Restaurantes, Trenes, Transporte.

A Asun, autora del blog Para Reflexionar, le pasó una cosa que seguramente a todos los viajeros le haya ocurrido: Un buen samaritano se presta a ayudarte. Al principio mucho ji ji ja ja y luego el buen rollo se acaba. Esta vez, el protagonista fue un avispado que quiso sacar una buena tajada de la inocencia: He aquí su relato:

Estambul. Después de haber pateado toda la tarde nos encontrábamos un grupo de unas 5-6 personas en la mediana de una calle esperando a que pasara algún taxi para pararlo y volver al hotel. De repente, y sin haber hecho ningún gesto a ningún coche, para frente a nosotros una furgoneta con una familia compuesta por el matrimonio y 4 o 5 niños. Como podemos le explicamos que es que estamos esperando un taxi para volver al hotel. Él se ofrece a llevarnos, cosa que de entrada declinamos porque somos muchos y no queremos molestarle. Insiste en que no, que él nos lleva y que podemos entrar todos en la furgo. Los niños se amontonan atrás, nosotros nos acoplamos como podemos e iniciamos el viaje al hotel. De camino, el señor muy simpático, haciéndonos entender como podemos, cantando todos en turco (ya ves qué idea teníamos nosotros de turco, pero bueno), admirados de su amabilidad. Hasta que llegamos al hotel y de repente nos pide una cifra desorbitada por habernos llevado. Nosotros que pensábamos que nos estaba llevando porque era muy amable, y de eso nada de nada. Había visto la ocasión de hacer negocio engañando a un grupito de turistas y no se lo había pensado dos veces. Como afortunadamente, para entonces ya sabíamos cuanto era aproximadamente lo que se podía pagar en taxi por el trayecto que habíamos hecho, fue la cantidad que le dimos, y él todo ofendido echándonos todos los juramentos que le venían a la boca. A saber qué nos habría llamado. Allí se quedó el hombre hecho un energúmeno, y nosotros con la lección aprendida.

Etiquetas: Turquía, Estambul, Falsos samaritanos, Transporte.

Los timos de hoy se cierran con Luis (@xixerone) autor del blog Las aventuras del Cicerone que nos traslada hasta la localidad de Jaipur, una de las ciudades indias en la que los buscavidas,  golfos y estafadores abundan; y además son muy pesados. 

El timo de la compra venta de joyas es muy habitual en India. Xixerone lo explica perfectamente en el post: Mi aventura en India: el día que casi me timan en el que ya comenta el prolegómeno de otro timo: El del monumento o museo cerrado. Merece la pena leerlo.

Etiquetas: India, Jaipur, estafas, compras, tipos a evitar.

Feliz fin de semana y espero vuestros timos. A la izquierda arriba hay un banner que os explica como. Gracias.

miércoles, 11 de enero de 2012

Soul India: Títeres


Udaipur -India 

Este año acabaré de publicar todo el diario de viaje Soul India en el blog. Como sabéis, el diario se está publicando de forma aleatoria, sin un orden cronológico. Para leerlo entero hay que pulsar el enlace de arriba. Hoy, le toca el turno a Títeres, que trata de turismo, recuerdos y realidades humanas.
Feliz día

Llamaron a mi habitación. Tres toc-toc y un «¿se puede señor?», interrumpieron mi ducha de agua fría. Ciego de jabón, enrollado en una toalla colocada de griego, de romano en las termas de Caracalla, me deslicé como patinador hasta la puerta, dejando tras de mi un reguero de agua y espuma que sugerían hubiese sido babosa en mi anterior reencarnación. Una avergonzada voz se escuchó cuando entreabrí la puerta:
— «Mister no sé qué» desea hablar con usted. En el hall del hotel, a las nueve. Al lado de la recepción.
Sin tiempo a reaccionar solté dos «okey». No sabía quien era «Mister no sé qué», no había escuchado bien el nombre. ¿Quién sería? Especulaba sobre la identidad del desconocido personaje. ¿Sería el jefe de Dinesh?, ¿el jugador de ajedrez?, ¿el anciano de Shilpgram?, ¿el Armani de Udaipur, que había intentado venderme trajes de seda por doscientos dólares, y al cual ayudé a escribir una carta en español para un cliente que tenía en Barcelona...? La policía no podía ser, y el alcalde de la ciudad tampoco: demasiado honor. Dispuesto a salir de dudas me reduché, me vestí y aparecí puntual en el hall donde se encontraba «Mister no sé qué», que resultó ser Mister Sachin, el dueño del hotel: alguien le había soplado que había trabajado en el sector turístico y quería intercambiar impresiones sobre el mismo conmigo. Compartimos un té profesional, de trabajo, en el que Mister Sachin comentaba que el turismo en Udaipur en general y el español en particular había caído en los últimos años. Lo achacaba al «11-S», a la guerra de Irak, al Sars, que si bien eran razones suficientes para desviar los flujos turísticos a otros países, él ignoraba que un destino turístico se conforma no sólo con monumentos e infraestructuras hoteleras, sino también con una oferta complementaria adecuada y, sobre todo, con una correcta comercialización: lo que no ocurría con el destino India. A pesar de tener el hotel al diez por ciento —es decir, dos franceses y yo—, era optimista y estaba renovando algunas zonas del hotel. De vez en cuando, se ausentaba para dar órdenes a unos albañiles y pintores que yo hubiera jurado eran los camareros que me servían el café por la mañana en la azotea del hotel.
Era mi tercer día en Udaipur y, prácticamente, me orientaba sin ninguna dificultad por la ciudad. Recorría las calles como un udaipurense más, sorteaba los auto rickshaws en el último momento y me acodaba parlanchín en las pequeñas tiendas donde repostaba de agua mi cuerpo y mi garganta. 

Me acerqué a Bharatiya Lok Kala, el museo folclórico de Udaipur. Allí, en una pequeña sala, asistí a una representación de títeres: el espectáculo, sin complicados argumentos, como deben ser las historias de títeres, consistía en la representación de una fiesta en el palacio del maharajá en la que títeres de madera con vestidos enjoyados de purpurina, bailaban y cantaban con movimientos casi humanos, al tiempo que el maharajá y sus súbditos comentaban con escandalizados gestos las ocurrencias y libidinosas posturas de los títeres–bailarines: un alborotador niño no paró de reír y gritar durante la función y esto, en un país como India, era un lujo. Me divertí mucho.

Siempre me gustaron los títeres. Recuerdo que en casa teníamos un guiñol en el que mis hermanas representaban historias y los pequeños dejábamos nuestra paga de los domingos. Eran funciones de cinco de la tarde, funciones que se hacían con mimo, con cariño: se dibujaban entradas; unos días antes del espectáculo se anunciaba, e incluso se vendían «chuches» contadas. En ellas, lo importante no era la representación, lo realmente importante era el compartir esas tardes de imaginación infantil donde los muñecos siempre eran los mismos; pero las historias diferentes. Años más tarde, supe que las inocentes representaciones infantiles que me entretenían en casa, en el colegio o en las calles escondían, a través de la voz y los gestos de los muñecos, los siete pecados capitales del ser humano: la soberbia, la avaricia, la lujuria, la ira, la gula, la envidia, la pereza. En realidad, las manos que los movían, como si de un espejo se tratará, duplicaban nuestra imagen. Eran reflejos del alma.
Ese día, en la vieja sala del museo quise volver a ser niño, regresar a la infancia, y me olvidé de buscar un sentido a la representación. 
 

lunes, 9 de enero de 2012

Viajar desde adentro


Krack de los Caballeros - Siria


En alguna ocasión he comentado que el objetivo final del viaje, consciente o inconscientemente es llegar a conocernos mejor. En el post 25 reflexiones sobre viajes cortas también decía que viajar no es solo ver y contar, también es sentir y sobre todo, interiorizar.

El viaje siempre comienza desde adentro y podríamos decir que lo hace en dos dimensiones. Una de ellas relacionada con el viaje en sí y otra con uno mismo. En ambos casos, se pasa por cinco fases: investigación, decisión, planificación, disfrute y recuerdo. En cualquiera de ellas, es en la vertiente personal donde se van modelando experiencias cuyo resultado es el conocimiento de uno mismo: las emociones, los sentidos y la imaginación se entremezclan para que cada viaje, como cada persona, sea único e irrepetible.

Ya en la fase de investigación se comienza a proyectar el viaje no sólo desde el punto de vista del itinerario y crematístico sino también desde una perspectiva íntima. Es en ese momento cuando se empieza a viajar.  Vamos proyectando e imaginando el viaje; nos vamos haciendo preguntas sobre si aguantaremos el calor, si nos atreveremos a meternos en determinado sitio, si tendremos miedo, si estamos dispuestos a la aventura etc.… vamos, de alguna manera, viviendo posibles emociones como pueden ser la alegría, inseguridad, el miedo, la curiosidad, placer que irán contribuyendo a que en las fases de decisión y planificación aparezcan nuevas emociones como la ilusión, el optimismo, interés, la inquietud que dejan las dudas al tiempo que visualizamos el viaje y “presentimos” las temperaturas, los olores, los ruidos; vamos activando más los sentidos metiéndonos más en el viaje.

En esta fases ya se podría decir que estamos viajando al habernos hecho muchas preguntas cuyas respuestas nos han desengañado de lo que pretendíamos indicándonos lo que realmente, en principio, estamos dispuestos a hacer, ver o sentir en el viaje. Por ejemplo, no pasaríamos unas noches en el desierto si nuestras emociones, sensaciones, sentidos o conocimientos previos lo rechazasen.

La fase de disfrute, es decir, cuando ya estamos metidos en faena es una de las más apasionantes porque se produce una especie de lucha entre el viaje proyectado desde dentro y el viaje que se está viviendo desde dentro. Las emociones pueden cambiar y con ellas varias de las certezas, lo que nos lleva a revisarnos sobre la marcha, pues en esta fase los sentidos están más activos que en las anteriores.

Muy pocas personas cuando viajan lo tienen en cuenta y olvidan que en un viaje, el aburrimiento, la impaciencia, la impotencia, la angustia, la irritación, el rechazo, el temor, el desamparo… suelen aparecer en algún momento lo que lleva, como digo, a revisarnos sobre la marcha, a que nuestro yo real nos desenmascare o nos ponga en nuestro sitio; a redescubrirnos ante situaciones que no por imprevistas no dejan de ser tan normales como la sorpresa, el asombro, la pasión, el entusiasmo o el éxtasis. Lo que ocurre es que somos cortos de entendederas y sólo asociamos el viaje a experiencias positivas, aunque esto no es exclusivo de los viajes: se da mucho en el mundo de los negocios, en el amor, la amistad etc.

La última fase, la del recuerdo, también es un viaje interior que comienza desde adentro, pues seguramente al regresar,( además de idealizar los paisajes, las gentes y las emociones que hemos sentido) nos daremos cuenta de que en realidad somos otros y que el final de un viaje siempre es el inicio de otro que parte siempre desde nuestro interior.

Dedicado a @AnatemaSoy, que a las 21:36 del 9 de enero me sugirió el tema.

Feliz día

Siempre hay algún momento en los viajes que vuelves con la mente a casa, aunque tu casa no sea necesariamente tu país.

domingo, 8 de enero de 2012

Días de enero


Ávila 1 de enero de 2012

Podría ser el título de una de esas películas que aspiran a un premio en uno de esos festivales cinematográficos donde se luce el palmito, gafas de sol o  sonrisas forzadas por cirujanos internacionales; podría ser el título de una novela donde el amor, la soledad y la duda existencial se encuentran en los anocheceres de una ciudad deshumanizada y dura; o también el título de una canción de Sakira. Pero no: es sólo el título de un post que habla de enero, de los días de enero. Y es que enero, es un mes tontorrón o, si me apuras raro de narices.

Para empezar, en realidad enero no empieza hasta que acaban las navidades y empiezan las rebajas con lo cual de los 31 días que tiene el mes puedes dar por perdidos unos cuantos, es decir, los primeros días no cuentan por aquello de las resacas y  los reyes magos y el inicio de las rebajas. Después viene lo de los buenos propósitos, con lo cual se pierden otros dos o tres días decidiendo la lista, deshojando la margarita que tiene siempre más noes que síes, aunque casi todos los pétalos son un “ya veremos”. Así, casi hasta mediados de mes.

En los últimos quince días no queda más remedio que acelerar la marcha y estar a lo que estar. Lo del síndrome post vacacional de los meses de verano, puede ser una broma comparado con el del mes de enero: hay que tener en cuenta que el ritmo en verano es más lento, al menos en España hasta mediados de septiembre y que la incorporación de la gente al trabajo (al que lo tenga, claro) se hace de forma escalonada, lo que no sucede en enero que todos volvemos a mogollón y con unos kilos de más.

Los que no tienen trabajo se van consumiendo en una desesperación que aumenta la ansiedad y el stress.

Por otro lado, aunque los días vayan “creciendo”, oscurece muy pronto aún, lo que unido al frío de está época, no invita a pasear deseando, sobre todo, refugiarse en casa. Si a esto añadimos la famosa “cuesta de enero” en la que el personal suele estar más tieso que la mojama y los precios se redondean al alza (eufemismo para decir que se inflan como un globo) y  que últimamente las noticias vienen en forma de ajuste y acojone, lo normal es que éste mes, que empieza, razonablemente bien con lo de Feliz año y la visita de los Magos de Oriente, poco a poco vaya atenuando nuestro espíritu.

Son malos tiempos para la lírica, pero no tan malos como para que no podamos arrancar con fuerza o nos quedemos atenazados por las previsiones negativas que nos van convirtiendo en personas temerosas del FMI, el BCE,  cualquier agencia de rating o el gurú de turno; que nos van volviendo  personas mustias y débiles.

Sin embargo, si se relativiza, no todo es malo.  Enero, al final, es un mes más, sí, tontorrón, pero la luz del día, al menos en Madrid, es enérgica, el frío vigorizante, los atardeceres preciosos y los platos de cuchara una bendición.

Es un mes también lleno de oportunidades, de comenzar con más fuerza aquello que se pospuso, de probar esa idea que te rondaba la cabeza, de mostrar a los demás lo que puedes hacer por ellos, de aportar y sumar, de crear.

Sólo se necesita ilusión y luego como dice nuestro buen amigo Francisco Alcaide PSP (Pasión + Paciencia + Sacrificio). Si lo practicas, Enero será un mes estupendo.  Si nos falta esto, todos los meses serán como los días de Enero; unos buenos, otros malos y otros tontorrones del todo.

Feliz vuelta al cole

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...