martes, 29 de mayo de 2012

Yo sé que siempre sale el Sol

He tenido la inmensa fortuna de ver muchos amaneceres. Unos obligados, otros por gusto. He sentido el frío y la oscuridad de la noche. Los silencios y la música de la naturaleza. El olor de la madrugada y el cansancio. Han sido y serán muchos. Yo sé que siempre sale el Sol aunque muchos se empeñen en lo contrario, aunque se empeñen en que vivamos en el miedo y en las tinieblas. Yo sé que siempre sale el Sol y eso me reconforta, ayuda y da fuerzas.

Cuando amanece, sé que que tengo otra oportunidad.

Hoy os dejo uno de esos amaneceres inspiradores, bonitos, de los que te llenan de vida. Uno de esos paisajes que no debes perderte. las fotos están tomadas al lado del Volcán  Bromo en la isla de Java (Indonesia)
Feliz día







domingo, 27 de mayo de 2012

Bolero del amigo

Hay personas que pasan por tu vida que, al cabo del tiempo, te olvidan o te olvidas de ellas. Otras, se quedan para siempre: hay personas que pasan de forma fugaz por una época determinada de tu existencia y luego desaparecen o quedan muy escondidas en las subcarpetas de la mente; otras están pero incomodan, y las apartas bien por creer que te aportan poco, bien porque no invertiste el tiempo suficiente en ellas y casi siempre por no darlas una segunda oportunidad: Rara vez vuelven a ti o vuelves a ellas.

Sin embargo hay otras, que desde el primer momento, no se sabe muy bien por qué, apetece unir a tu vida. Son esas personas que van dejando poso, que  contribuyen a que crezcas: aquellas que permanecen en tu mente y corazón; aquellas que cohabitan en tu alma: Josep Julian Vila es una de ellas.

Es curioso, como las personas llegan a ti. A Josep lo conocí gracias a un párrafo de Marguerite Yourcenar, que había publicado en el post Libros que nunca leeré. Gracias a un libro nos descubrimos, gracias al pensamiento de una persona que era ajena a nosotros y nosotros ajena a ella.

No sé si a vosotros os ocurre lo mismo que a mí: llamadlo intuición, experiencia o como prefiráis, pero a menudo un instante es suficiente para  saber que una persona es especial, que tiene duende, como dicen los flamencos, o talento como dirían la mayoría. Son cosas que se notan. Si además ese duende va acompañado por un profundo amor por el ser humano, podemos tener la certeza de que hemos tenido una gran suerte al cruzarnos con una persona excepcional en nuestro camino.

Cuando descubrí su blog La inteligencia de las emociones, certifiqué que detrás de las letras había un hombre que era verdad, alguien en quien poder confiar, alguien que en cada párrafo, en cada idea expresada te invitaba a reflexionar, a descubrirte, a liberarte: a ofrecerte la posibilidad de nuevas perspectivas.

Al principio, nuestra relación se limitaba a los mutuos comentarios que dejábamos en nuestros blogs (Josep con los suyos siempre limpiaba, fijaba y daba esplendor al mío, como podréis observar en Thinking Souls). Un tiempo después me honró enviándome “Cartas a mi primo Ovidio”, un borrador de lo que él quería fuese un libro para pedirme opinión,  libro que espero un día pueda ver la luz porque merece la pena el recorrido que hace de las emociones a través de la correspondencia epistolar entre dos primos.

Un día me dijo que venía Madrid y buscamos hueco para vernos. Nos tomamos unos cafés y durante unas horas estuvimos conversando de aquello y lo otro; de empresas, de personas, de nostalgias, de nuestras vidas. El tiempo pasó volando, las palabras quedaron.

Después hablábamos de vez en cuando; diez, quince minutos de conversación telefónica, (lo cual tiene bastante mérito pues suelo ser bastante escueto hablando por teléfono). En una de ellas, me enteré de su grave enfermedad y de cómo la afrontaba: con serenidad, con ánimo, pero también con el miedo de quien ama profundamente la vida, con la esperanza de que la enfermedad sólo fuese una página más.

Hablé con él unos breves minutos días después de la última operación. En Navidad, muchos de quienes lo conocíamos recibimos un correo que era disculpa, cariño y despedida. Días después recibía la noticia de su fallecimiento a través de José Luis Montero. (@JLMON53).

El día cinco de junio hubiese cumplido años. Itziar, su mujer, a quien no conozco personalmente, le está preparando par el próximo fin de semana, un homenaje, una fiesta de cumpleaños en el que se reunirán sus amigos. Lo está organizando con mucha ilusión.

En uno de sus correos nos invitaba a asistir,  a participar, a recordarlo y a estar junto a él porque de, alguna manera, la gente que llega al alma nunca muere.

Creo que lo que me unía a él era confianza, cariño y respeto. No se si a eso se le puede llamar amistad, pero de que lo que si estoy convencido es que era un hombre bueno, suficiente para considerarlo mi amigo y que siga presente en mi alma.

No podré asistir a la fiesta, por eso mi contribución es en forma de post y una canción que creo le hubiese gustado. Bolero del amigo. Va por él, por la amistad.

Feliz día


viernes, 25 de mayo de 2012

Los mismos perros con distinto collar

Que los errores se repiten es de todos conocido, que nunca aprenderemos las lecciones que nos deja el paso del tiempo, más que probable. Ayer os hablaba de  "La ciudad automática" de Julio Camba, del cual anoche ya leí unos cuantas páginas: lo bueno que tienen los artículos de Camba es que no son nada densos y bastante coloquiales, lo que facilita enormemente la concentración.

Es curioso como determinadas conductas humanas no cambian con el paso del tiempo y como volvemos a repetir una y otra vez los mismos errores. Y es más curioso aún como nos autoengañamos y justificamos colectivamente nuestra propia estupidez. Luego, como siempre, se busca a quien echar la culpa, se mira para otro lado y se proclama alta voz eso de “yo no sabía”, “yo no quería”, “a mi me dijeron” y no somos capaces de reconocer que la “viruta”, como la noche, nos confunde: Muy poco hombres saben llevar una relación sana con el dinero y se dejan arrastrar por el.

Julio Camba lo contó estupendamente en su libro y leyendo el artículo que reproduzco gracias a la editorial Alhenamedia que lo ha rulado por Internet, uno se da cuenta de que en realidad, al final, somos todos el mismo perro con distinto collar. Merece mucho la pena leerlo porque no sólo es una crónica sino también una reflexión sobre los que fuimos, somos y podemos ser.

Feliz fin de semana

La orgía bursátil

¡Magnífica orgía aquella orgía de la Bolsa neoyorquina, de donde han salido tantos hombres a vender manzanas en medio de la calle! Entonces todo el mundo jugaba. Con cien dólares en efectivo se podían manejar muchos miles en acciones, y a veces no hacía falta si quiera efectivo ninguno. El que tenía una profesión o un empleo, echaba una firma, y en paz. La Bolsa de Nueva York admitía toda suerte de boquillazos, y, al facilitar de este modo la compra de acciones, la demanda aumentaba, y, al aumentar la demanda, las acciones subían, y todos ganaban; y, como ganaban, compraban más acciones, y las acciones volvían a subir, y las gentes volvían a ganar, y el globo se iba dilatando, y, cuanto más se dilataba el globo, ascendía aún mucho más alto, y nadie pensaba en el reventón inevitable. Ésta es, en su primera parte, la historia de la última catástrofe bursátil que ha ocurrido en Nueva York. 

Segunda parte: un bell-boy del hotel, que acaba de traerme hielo, me ha dicho que tiene que apartar veinticinco dólares cada semana para cubrir su déficit en la Bolsa. Los chicos de los ascensores están en el mismo caso, y el jefe del limpiabotas paga doscientos dólares al mes. Sólo me falta por interrogar a una negra que me limpia el cuarto todos los días cantando unas canciones del Sur al ritmo del aspirador eléctrico, pero temo que, si la interrogo, se ponga triste y deje de cantar.

Todos estos pequeños menestrales —los limpiabotas, las criadas, los chicos de recados, etcétera— se sacaban por aquel entonces sus buenos cien o doscientos dólares una semana con otra, y la vida no tenía limitaciones para ellos. ¿Que el «dulce corazón» quería un abrigo de pieles? Pues allá iba el abrigo de pieles para que el dulce corazón no se enfriase. ¿Que en qué restaurant se cenaba? Pues en el que tuviese la mejor revista de todo el Broadway. ¿Que si el elevado o un taxi? Desde luego, un taxi, pero para la próxima ocasión convendría ir pensando si era preferible comprar un Buick de segunda mano o un Ford nuevecito del último modelo. Nadie reparaba en los precios de las cosas, porque todo se vendía a cualquier precio que fuese. Los comerciantes se hacían de oro, y Nueva York parecía una ciudad de las mil y una noches.

Pero no crean ustedes que Nueva York se ha achicado mucho con la catástrofe. Al contrario, Nueva York ama el peligro y adora las catástrofes, que constituyen, en último término, una de sus mejores formas de publicidad. Si las gentes no pudieran arruinarse aquí de la noche a la mañana, tampoco podrían enriquecerse de la mañana a la noche. La segunda posibilidad lleva implícita la primera, y a la hora actual Nueva York sigue lanzando nuevos negocios e inflando nuevos globos. El globo de la crisis comercial, por ejemplo, el globo de la desocupación y la miseria, no sería extraño que llegase a adquirir un volumen comparable al del globo de la prosperidad.

En España no ocurren catástrofes. Nadie se arruina en nuestra tierra de una manera colectiva; pero si se arruinase alguien, ¿en qué se lo íbamos a conocer? Tendríamos que esperar hasta que se le rayera el traje y se le torciesen los tacones, porque, en fin, yo no sé de ningún ciudadano que pague ahí 20.000 duros mensuales de alquiler para que, verdaderamente, pudiera suponer una diferencia notoria su tránsito del estado de inquilino al estado de vagabundo. Claro que a veces, y de un modo individual, se arruina un rico en España o se enriquece un pobre, pero también a veces nace una ternera con cinco patas o le brotan a una mujer unas barbas hasta la cintura. Cuando se enriquece un pobre en España o cuando se arruina un rico parece que se hubiera subvertido no ya el orden social, sino el propio orden de la Naturaleza. Es algo así como si un braquicéfalo rubio, después de treinta o cuarenta años de ser braquicéfalo y de ser rubio, se transformase inopinadamente a la vista del público en un dolicocéfalo moreno. En España uno es rico o es pobre como es alto o bajo, chato o narigón y de ojos negros o de ojos azules. Es rico o pobre, generalmente por herencia, y por una herencia que tiene todos los caracteres de la herencia fisiológica.

jueves, 24 de mayo de 2012

Pequeños tesoros sobre viajes

Ya he hablado aquí sobre lo que para mi significan las librerías de viejo. Si lo pienso fríamente, estoy enganchado a ellas. Cuando paso por delante de una y tengo tiempo o no van a cerrar me entretengo fisgando por las estanterías, rebuscando por montones apilados en cualquier lado, y más rara vez voy a la caza y captura de algo en concreto.  El caso es que siempre “pico” y acabo llevándome un libro, lo que provoca que tenga que decidir cuales libros (si el comprado o los otros; regalados, comprados ó postergados) pasan a la lista de espera.

No es que esté enfermo y sea un comprador compulsivo. Más bien soy selectivo. Además tengo siempre la sensación de que si no me llevo ese ejemplar que “me ha llamado” perderé una oportunidad y me arrepentiré de ello.

 Ayer cayeron dos, La ciudad automática de Julio Camba, un libro que lo leeré en un pis pas que narra las crónicas del autor en la ciudad de Nueva York en los años treinta del pasado siglo, y del que voy a hablar hoy que leeré en cuanto termine Los viajes de Júpiter de Ted Simon, que narra la vuelta al mundo en moto del periodista.

El libro, como observareis en la foto que ilustra el post, tiene sus buenos añitos, concretamente se imprimió en 1930, lo que con toda seguridad dificulta el encontrarlo en ésta o en otra edición al no tratarse de un best seller. Pero a lo que voy.

Me llamó la atención por el título “Viaje de un joven alrededor del mundo”. Al abrirlo, el título se completaba:

“Viaje de un joven alrededor del mundo con permanencia prolongada en Victoria y viaje en ferrocarril a través de América del Norte”.
Por Samuel Smiles.

Hoy es normal que los jóvenes viajen, recorran continentes e incluso algunos den la vuelta al mundo, pero en 1869 no era muy habitual. De hecho, el autor lo escribió gracias a un problema de salud: Samuel Smiles fue el hijo de Samuel Smiles, (Samuel Sonrisas para los amigos) un escritor escocés considerado como uno de los padres de los libros de “autoayuda” y del cual no tenía ni idea de su existencia. Pues bien, la razón de que su hijo viajase se debió, tal y como cuenta en el prólogo a lo siguiente:

“El joven, cuya narración de dos años forma el motivo de estas páginas, fue atacado, a los dieciséis, de una inflamación pulmonar, y como se repusiera lentamente y no muy satisfactoriamente, me aconsejaron los médicos de Londres que lo alejase de los estudios que proseguía entonces en Yorkshire, para hacerle emprender un largo viaje marítimo. 
Recomendáronme Australia, por el tiempo considerable que dura el viaje en barco de vela y también por la temperatura agradable y uniforme de que se disfruta en aquellos mares”.

Dicho de otra manera, si no es por estar hecho polvo no hubiese viajado y seguramente su vida hubiese sido la del típico británico victoriano. Sin embargo, el problema se convirtió en una oportunidad, tal y como relata el mismo al final del libro:

"De este modo puse término a mi viaje alrededor del mundo, en el transcurso del cual he adquirido salud, saber y experiencia, y he visto y aprendido muchas cosas que me darán, tal vez, motivo de reflexión durante todos los años que aún me quedan de vida".

Ya digo que aún no lo he leído, sólo el prólogo y este párrafo final que resume perfectamente lo que aporta un viaje (escuela de la vida en movimiento) y lo enriquecedor que puede llegar a ser para aquel que quiera reconciliarse consigo mismo y con el mundo que le rodea.

Samuel Smiles padre, en el prólogo se siente orgulloso de los diarios de viaje de su hijo más joven no únicamente por tratarse de la obra de su vástago sino porque, según escribe:

“En el se hallan contenidos los resultados de un buen caudal de experiencia de la vida, vista bajo nuevos aspectos, por unos ojos frescos, jóvenes y observadores”.

Viajar con ojos frescos, me gusta la expresión: es una forma renovada de mirar, una forma de hacerlo abierta y libremente, poco condicionada. Como casi nunca hacemos y deberíamos hacer más a menudo.

Esa es la razón por al cual me vuelvo loco cuando descubro otra crónica de viajes, porque no sólo viajas por paisajes, ciudades y gentes sino por el corazón y la mente de los hombres: pequeños tesoros.

Ya os contaré si me ha gustado.

martes, 22 de mayo de 2012

Un osito de peluche

Lo agarraba con sus débiles manos, lo acariciaba y lo arrullaba en su regazo. Luego miraba hacía un lado y otro, girando rápidamente la cabeza y continuaba jugueteando con un osito de peluche viejo y desgastado vestido únicamente con un lacito celeste anudado al cuello.

Sentada en una silla de ruedas, su cuidadora y ella aguardaban a que el muñeco que estaba en rojo se pusiera en verde. Miraba de soslayo a los transeúntes que cómo autómatas caminaban cerca de ella;  les miraba sin ojos de niño: su mirada no albergaba la curiosidad de la infancia donde aún queda casi todo por descubrir sino más bien la de aquellos cuya mente fue castigada al olvido.

Observándola, primero me dio lástima al verla tan sola, tan ausente, tan vulnerable. 

Reflexionaba como la vida, caprichosa ella, había condenado su mente al exilio forzoso que supone no poder hacer lo que llamamos vida normal, al mundo de la incomunicación, de las pocas referencias.  Luego pensé en que eso podía ocurrirme a mi también, que números llevo unos cuantos. He de confesar que al pensarlo sentí un pequeño escalofrío, aunque no acertaba a comprender el por qué. 

No sé si era por la pérdida de la memoria y los recuerdos, (por aquellos momentos buenos que atesoras y que forman el patrimonio de la felicidad), si se debía al miedo de quedarme aislado de la comunicación de los hombres, de si sería consciente de una limitación que me impediría realizar actos como leer, dialogar, ver, descubrir y conocer más, o si realmente, lo que me preocupaba,  era convertirme en un incordio para todos los que me rodean; asunto éste que no me mola nada.

Ella misma me tranquilizó. Cuando nos cruzamos, nos miramos. Apenas un instante en el que pareció decirme con su mirada, que siempre, olvides o te olviden, tendrás tu propio refugio, tus compañeros de viaje, tu lugar de paz.

Sus manos seguían acariciando al osito de peluche que pareció asentir, tan silencioso como ella.

Ocurrió la tarde 21 de mayo de 2012 en Madrid cruzando Guzmán el bueno.

lunes, 21 de mayo de 2012

Cosas a mejorar en muchos hoteles: terminología de las habitaciones.

Hoi an - Vietnam 
Hoy otra entrega de cosas a mejorar en los hoteles. Hemos pasado por el desayuno Buffet, por la publicidad, por los extras, por los hoteles bajo mínimos y hoy lo vamos hacer sobre la terminología que utilizan los hoteleros para denominar las oferta de habitaciones que tienen.

Muchas de las reservas que hago de hoteles las hago a través de Internet. Suelo buscar por varios sitios, comparando precios, características e imágenes.  Acostumbro a visitar la página del hotel, deteniéndome con especial interés en las habitaciones que ofrecen y como presentan la información de la mismas y he de decir, que me maravilla la creatividad de los hoteleros a la hora de nombrar la oferta de habitaciones.

Tradicionalmente, atendiendo al número de personas que las ocupaban se clasificaban en individual o, dobles. La triple o “cuadrúple” no existían: fácil. A partir de ahí,  se podía elegir entre la estándar, la superior o las suites. Esto, ya digo, era normal no hace muchos años. 

Sin embargo, por eso de que la competencia cada día es más feroz, que la segmentación debe ampliarse al ser el cliente cada día es más “sofisticado”, que hay palabras (preferiblemente inglesas) que ejercen una poderosa influencia en la mente del consumidor y  que una habitación que no se ocupa una noche es ingreso perdido, se ha ampliado la oferta de habitaciones o la forma en las que la denominan en función de lo que ofrecen o el precio que pagas por las mismas.

Habitación estándar, superior, De luxe, Suite son términos más o menos entendibles y la traducción que yo suelo hacer (debido a que no existe una norma unificada para todos los hoteles es la siguiente).

Habitación estándar – También llamada “de la casa”. Es la más barata, suele tratarse de las habitaciones más pequeñas, las más viejas y las más “cascadas”, las que no se han renovado o sólo lo han hecho parcialmente (el cuarto de baño se deja para lo último) y suele ser la que compras por Internet si lo que buscas es precio y no tienes intención de parar mucho por el hotel.

Habitación superior – Esta no es muy diferente de la anterior, quizá un poco más renovada, colchón nuevo, han cambiado la tele, se encuentra en pisos más altos y te hacen la cobertura de la cama y te regalan un periódico. Son un 10% o 20% más caras que las anteriores.

Habitación De Luxe –  ¿De luxe? La experiencia me ha enseñado que el término “De Luxe” se utiliza con una alegría y ligereza impresionantes. Al reservar una de estas habitaciones puedes encontrarte que “De luxe” signifique unos metros más, una cama mejor, un cuarto de baño con ducha de hidromasaje (es decir algo realmente mejor) o que te cobren más por ofrecerte servicios tales como (zumo de bienvenida en el check in, Internet gratuito, secador del pelo, que la decoración en lugar de Ikea sea de Agatha Ruiz de la Prada o que el personal del hotel te sonría y te haga la pelota más. Entre un 30% y 40% más caras que las primeras.

Suite – La mejor y más cara de todas la habitaciones. Dependiendo de los metros y los servicios cuestan un huevo o un huevo y parte del otro y suelen ser utilizadas por los que tienen mucha, pero que mucha pasta o los que son invitados por la propiedad o por empresas: Aflojar, pongamos por caso, 1.600€ no está al alcance de muchos, aunque ya hasta los hostales tiene suites y si me apuráis hasta suite junior (memez que no he comprendido nunca) o executive (que suele ser la misma que la anterior) con conexión de alta velocidad a Internet y el “Cinco días” o el “Expansión” todas las mañanas en la puerta de la habitación.

Quizás haya exagerado un poco, pero lo que cuento es más habitual de lo que parece. Tened en cuenta que no he comentado nada sobre si son vistas al mar, al jardín o a un patio de vecinos que puede convertir a la estándar en una De luxe si tiene buenas vistas.

Lo que ya me maravilla del todo es como “innovan”, o se “reinventan” a la hora de nombrar las habitaciones.

Ahora es muy habitual encontrar habitaciones Premium (de esta moda hablaré un día de estos) que se suelen caracterizar por tener un “estilo elegante y sofisticado,  con decoración minimalista y llena de matices que llevan la firma de los mejores diseñadores de la escuela griega…” : se diferencian un poco de las suites en que éstas suelen ser utilizadas por ejecutivos y las Premium por urbanitas cool que están dispuestos a pagar nueve euros por una botella de agua de diseño.  En estos dos tipos de habitaciones se pueden encontrar apellidos tales como Loft, (dos niveles) Fitness ( te colocan una bicicleta estática en la habitación al lado del galán de noche) Spa (con ducha de hidromasaje) etcétera. Lo curioso es que estas habitaciones en muchos hoteles se llamaban antes “Supreme”, y en muchos todavía se llaman así. Por ejemplo en el ME de Londres tienen una que se llama Supreme Indulgence, que es como aumentar la cursilería al poner nombres a las habitaciones como si fuesen el título de una película tipo “Crueldad Intolerable” o cosas así.

Luego uno empieza a ver las fotos de todas estas habitaciones y descubre que la habitación individual se convierte en doble estándar o triple (cama supletoria al canto) que la foto de la superior es sospechosamente igual a la De luxe y que ésta a su vez es clavadita a la ejecutiva y luego uno vive la experiencia (que ahora todos te ofrecen una experiencia casi mística) y descubre que las prácticas amenities son de bienvenida porque no las renuevan, que la fabulosa rainshower es una ducha de regadera, que la tranquila habitación da a un patio interior o que el excelente equipo de descanso consiste en un colchón de viscolatex y una carta de almohadas (si pides unas rara nunca tienen porque otros huéspedes también la han elegido).

En fin, que antes de elegir una habitación y dejarse llevar por el nombre hay que investigar más, porque como cada hotelero va a su bola no sabes nunca exactamente a qué se está refiriendo.

sábado, 19 de mayo de 2012

Viajar es aprender V: Campeche, una de piratas.

Campeche - México
Última respuesta de la serie. Como ya comenté, uno de los lugares que más me sorprendieron del Yucatán fue Campeche; uno de esos sitios en los que dices, aquí podría pasarme largas temporadas. Situada en el golfo de México, en el oeste de Yucatán, durante una buena parte de su historia se convirtió en el puerto más importante del Yucatán.

Durante la dominación española, cinco fueron los grandes puertos desde donde se distribuían las mercancías que llegaban desde Europa y desde donde se enviaban los cargamentos llenos de materias primas, especias, oro, y en general cualquier cosa que fuese de interés para el comercio o, lo que es lo mismo, que diese pasta. Los puertos de Veracruz, La Habana, Cartagena, La Guaira y Campeche se convirtieron en una especie de plataforma logística por la que pasaban cientos de barcos y mercancías.

Campeche - México
Es importante destacar que cada puerto tenía sus privilegios y monopolios, razón por la cual, en las primeras décadas de la conquista, apenas tenían relación al estar prohibido el comercio entre virreinatos, estando limitado el comercio a determinados productos o sujetos a gravámenes cada vez que pasaban por alguna de las múltiples aduanas que se encontraban. 

Desde el de Campeche salían para España grandes cargamentos de “Palo de Campeche”, un árbol que se utiliza para la fabricación de tintes, y de sal fueron dos de los principales productos que salían desde sus puertos hacía la Metrópolis. El valor de lo que se enviaba y de lo que se recibía resultaba muy apetecible para piratas, bucaneros, contrabandistas y gobiernos enemigos de la corona española: a medida que Campeche crecía y enriquecía, más interés despertaba. Además de su importancia como puerto comercial contaba con unos buenos astilleros que igualmente reportaban sus buenos ingresos.

Fuerte de San Miguel Campeche
Durante más de 120 años, la ciudad fue constantemente asediada y atacada por lo más granado de la piratería mundial: viejos conocidos como Francis Drake o Henry Morgan o Laurens de Graaf, (de mote Lorencillo), un holandés que primero trabajó con la corona española y luego por libre, el cual llegó a tomar la villa y otras localidades cercanas. No fue la única vez, William Parker también la saqueó. Hay que señalar que de vez en cuando estos piratas también curraban bajo las órdenes de algún país.

Para evitar y prevenir tantos ataques, y ante la continua queja por parte de los campechanos,  Felipe IV organizó una armada que guardase sus costas, pero como al mar y al campo no se le pueden poner puertas la medida fue insuficiente, por lo que se decidió fortificar la ciudad y construir dos fuertes  el de San Miguel y el San José, hoy convertidos en museos y que merecen una visita.

El número de ataques descendió, remitiendo de manera significativa tras la firma del tratado de Madrid en 1713 por el cual se le reconocía a Inglaterra su posesión sobre Bahamas y gran parte de las Antillas.

La piratería siempre fue un buen negocio para los gobiernos.

jueves, 17 de mayo de 2012

¿Cuánto te queda de vida? ¿cuánto de felicidad?

Ho Chi MInh - Vietnam 
Soy consciente de que es una pregunta que se las trae. Sin embargo, no tiene que ver nada con la muerte física. Me explico: nacer es comenzar a vivir o a morir. El vivir o morir depende de cómo enfoquemos nuestra existencia, la elección es personal como nos mostró Victor Frankl en su libro “El hombre en busca de sentido” . (ver post de Francisco Alcaide, @falcaide)

La muerte llega cuando menos se la espera y nadie, teóricamente, (suicidios e idas de olla aparte) sabe ni cómo, ni donde ni cuando va a palmarla, incluso el gozar de buena salud no garantiza que llegues a tal o cual edad. Huir de ella, tampoco funciona como podemos leer en la leyenda una noche en Samarkanda: llega un día en el que dices adiós muy buenas, procurando, eso sí, llevar suelto para cruzar el lago Caronte y no dejar cuentas ni pufos pendientes.

Vivir es comprender que la vida está llena de sabores con los que tenemos que convivir en algún momento u otro como comentaba en el post ¿A qué te sabe la vida? No lo hemos comprendido, no lo queremos comprender o simplemente tenemos tanto ruido interior que en lugar de aprovechar el momento lo postergamos llenando de incertidumbre nuestra existencia.

Nos vamos muriendo cuando permitimos que el miedo, la envidia, la soberbia o el odio nos invadan, cuando en lugar de fluir nos dejamos llevar, cuando queremos ser otro que no somos o cuando no nos queremos.  Dejamos escapar nuestra vida cuando queremos que nuestro presente sea como nuestro mejor pasado, y si no lo logramos (algo improbable por otra parte) nos vamos abandonando auto medicándonos con el efecto placebo que nuestros recuerdos dejan en el alma.  

A medida que el alma de un hombre se agota, también lo hace su vida, restando posibilidades a que la felicidad (entendiendo como tal el perfecto equilibrio que todos perseguimos) tenga otra oportunidad.

Conozco enfermos llenos de vida y personas sanas que se están muriendo en el ahora y no cuando les toque. Siento mucha lástima por aquellos que son incapaces de ver el lado positivo de las cosas, de hacer otras lecturas del papel que juegan en sus vidas, de los que viven lo que les dicen lo que tienen que vivir.

Pero sobre todo, me da mucha pena ver como mucha gente no sabe ni quiere saber lo que realmente le queda de VIDA, ni de felicidad.

Buenos días y buenas vidas.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Un sorbo de vergüenza

De todo se puede aprender en la vida. El otro día estaba esperando a un amigo en la barra de un bar tomándome una cerveza. Me gusta ser puntual y que los demás lo sean. No fue el caso pero a veces un retraso puede ser una bendición. Todo depende de cómo “gestiones” tu tiempo. Puedes pasarlo molesto, nervioso, consultando cada dos minutos el reloj o el móvil, leyendo un periódico, mirando al tendido, o puedes entretener tu mente reflexionando sobre lo que ves; y eso es lo que hice.

El escenario: cerca de las 9 de la noche, pub irlandés, música a bajo volumen, pocos clientes: un grupito de treintañeros, todos hombres; un par de parejas, una de ellas sentada en el fondo; un tres generaciones (abuelos, padres e hijos) y un servidor. Quince minutos de retraso dan para observar mucho.

En ese ambiente de tranquilidad, el camarero se entretenía cortando un poco de pan para poner una tapa a los treintañeros. En poner una tapa no se tarda mucho. Sin embargo uno de los del grupo, parecía estar ansioso por beber porque en menos de dos minutos le solicitó varias  veces las  bebidas como si el camarero fuese sordo, no le hiciese caso o fuese a morir de sed: le estaba agobiando.

Supongo que el no estar involucrado en la acción me permitió ver las cosas de otra manera, pudiendo ponerme en el lugar de uno y otro y sacar mis propias conclusiones. Y la conclusión que saqué es que en ocasiones somos unos tiranos, no tenemos consideración por nuestros semejantes, no les respetamos, o no respetamos sus tiempos.

El hecho de pagar por un servicio no implica que éste sea instantáneo, exclusivo para nosotros; tampoco nos da derecho a interrumpir cada dos por tres a quien nos sirve si la persona que lo hace está centrada en otra tarea y además somos conscientes de ello.

Había que ser muy zote para darse cuenta de que el camarero no podía hacer dos cosas a la vez, de la imposibilidad de que se desdoblase y de que la insistencia, lejos de acelerar el proceso empeoraba la preparación de las tapas al no respetar el tiempo ni el trabajo del camarero.

Pensaba, que ocurriría si a este cliente, en su trabajo le tratasen así. Me imaginaba al fulano en su curro, dándole al Excel, centrado en sus fórmulas, en preparar un informe, siendo constantemente interrumpido con nuevas peticiones; me lo imaginaba despachando fruta, gestionando el turno o “la vez” asintiendo con “cara de compréndame” moviéndose de aquí a allá: me lo imaginaba haciendo cosas inútiles porque su jefe se había puesto en plan creativo compulsivo; me lo imaginaba, en fin, yendo a contrarreloj, con la lengua y el cerebro fuera porque así lo había decidido alguien; me lo imaginaba callado y cabreado, echando pestes por lo bajini, en petit comité, y rajando abiertamente en sus círculos más próximos, hablando de dignidad, de derechos y respeto, mientras ponía a parir a sus jefes, a los clientes, al sistema, a  los mercados y a la madre que los parió.

Y ahora lo estaba observando, realizando exactamente el mismo papel que hacen aquellos a los que aborrece, ninguneando a otra persona, no respetando sus tiempos ni su trabajo. Y me pregunté cuantas veces había actuado como él, en cuantas ocasiones había sido incapaz de ponerme en el lugar del otro, cuantos momentos en los que lo único importante era yo y no el nosotros.

Me acordé de un proverbio japonés o de Cuenca  (que los proverbios son universales), que alguna vez ha compartido nuestra amiga María (MaS) y que viene a decir que primero hay que barrer la casa de uno antes de barrer la ajena y ahí estaba yo, juzgando a otros que podrían ser en alguna circunstancia yo.

Di un sorbo a mi cerveza, un sorbo amargo, de vergüenza.


martes, 15 de mayo de 2012

Viajar es aprender V: una de esclavos Salvador


Salvador de Bahía 

Hoy en Viajar es aprender V con las respuestas sobre Salvador de Bahía. Si hay algo que ayuda a comprender los lugares  que visitamos es la historia. No la historia de cifras y datos, como comentaba en el post  El viaje estimula la creatividad, sino metiéndose de lleno en ella e imaginándote el momento. Hay que procurar interiorizar lo que ves, como si, en tiempo real, realizases un documental en el que ves el presente y sientes el pasado comprendiendo, de esta manera, un poco mejor lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos.

El nombre de Pelourinho tiene su origen en un poste de piedra o madera donde los esclavos eran castigados y azotados.

Salvador de Bahía

América fue el principal destinatario del comercio de esclavos. Portugueses, ingleses, franceses, españoles y holandeses por este orden, fueron los principales beneficiarios de este comercio. Durante los siglos XVII al XIX más de diez millones de esclavos fueron enviados a las colonias. 

Cuando uno camina por el abrasador o resbaladizo adoquinado (cuando llueve) de las calles de el Pelourinho, está caminando por los lamentos y las tristeza de miles de esclavos negros. La vista se recrea con los magníficos y coloridos edificios, con las imponentes iglesias, pero el alma duele al imaginar las atrocidades que en nombre del comercio, el mercado, la pasta gansa y de Dios se cometieron en sus calles: pieles desgarradas y escocidas; sangre que manaba de labios partidos, lágrimas que resbalaban de la impotencia, de la derrota; cuerpos golpeados y mutilados, sudorosos de hacinamiento y miedo; sonidos metálicos de grilletes, de cadenas arrastradas, insultos y gritos que asesinan la dignidad; y todo esto ocurre al tiempo que ves a unas enormes mujeres vestidas de blanco que sonríen, cantan y ofrecen souvenirs a los turistas, en una esquina ves a varios hombres que juegan a las cartas, otros limosnean y te cruzas con gente a la que solo le interesa hacerse la foto.

Pero, a pesar de la belleza, de la alegría, de la música, uno no puede más que acordarse de esos tiempos, de ese dolor y preguntarse por qué aún existe la esclavitud en muchos lugares del mundo, aunque sea disfrazada de legalidad, y uno no puede más que acordarse de ese negro que fue capturado y despojado de lo que era, de lo que podría haber sido.


Salvador de Bahía 

sábado, 12 de mayo de 2012

Viajar es aprender V, las respuestas: Ingenio en Ámsterdam.

Amsterdam
Hoy toca la respuesta sobre Ámsterdam.

Son varias las teorías que circulan sobre la inclinación de las casas de Ámsterdam. Cuando hablamos de teorías, de leyendas y de historia, a menudo no sabemos con certeza cual de las explicaciones que nos dan sobre un asunto es la correcta: es decir, no hay una trazabilidad clara y dependiendo de la fuente podemos ser “partidarios” de una u otra. La información suministrada tanto en exceso como en defecto, por defecto, o defectuosamente, suele determinar nuestras creencias, sale de algún lado y está fundamentada en algo.

En el caso que nos ocupa circulan varias.  La más extendida hace referencia al lugar al terreno sobre el que están edificadas: Ámsterdam se ubica en una zona pantanosa y sobre terrenos ganado al mar por lo que el suelo es más inestable y de ahí, que a lo largo del tiempo, las edificaciones vayan inclinándose.

Amsterdam
Otra, tendría que ver con el fisco y buscar una solución para introducir diversos enseres: parece ser que el pago de impuestos municipales (no sé ahora) gravaba las viviendas en función de su fachada. Con el fin de pagar menos, las casas se estrechaban pagando por el ancho y no por largo, pero el hacerlo así planteaba un problema: subir los bártulos y muebles por las estrechas escaleras planteaba un problema: no cabían

Para facilitar la tarea, durante la construcción se inclinaba la fachada un poco hacia delante. En el tejado solía instalarse un gancho sobre el que se ponían poleas para subir las cosas directamente desde la calle: esa es una de las razones por las que parece  que algunas casas se van a vencer.

Amsterdam
A mi me da la sensación de que las dos son válidas porque la historia de los impuestos ya la había escuchado e incluso en paises como Vietnam las edificaciones se hacia estrechas por el mismo motivo.

Dos teorías diferentes, pero igual de válidas.

Soul Business

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