viernes, 18 de enero de 2013

El viaje, la mejor experiencia sensorial



Me imagino la situación. Hay pocas cosas más gratificantes que después de un largo y extenuante viaje llegar a una habitación de hotel que aunque sencilla sea digna, regalarse una buena ducha, cambiarse de ropa y sentarse en la terraza (si la hay) contemplando unas magníficas vistas. El cansancio desaparece y si el paraíso existe debe ser algo parecido”.

El otro día María Teresa Trilla, autora de uno de los mejores y más bellos blogs, “Apuntes de Viajes”, dejaba el comentario de arriba en mi anterior post . Si ya hace tiempo hablé del viaje como el mejor aprendizaje experiencial, hoy, gracias al comentario de María Teresa voy a intentar, si no justificar, si argumentar, el por qué, para mi, el viaje es la mejor experiencia sensorial. En el post “Lo que sientes en los viajes” daba unas pequeñas pistas sobre ello. Pues bien, lo que convierte al viaje en la mejor experiencia sensorial es la ausencia de limitaciones en relación a la exploración de emociones y sensaciones.

Las rutinas, un entorno demasiado conocido y la “auto programación” de nuestras emociones, es decir, la búsqueda y satisfacción de una sensación positiva conocida, nos suele alejar de las posibilidades y matices de sentir todo lo que ofrece la vida al estar nuestros sentidos un poco o bastante, según el caso, “atrofiados” o “desengrasados” al igual que ocurre cuando se deja de hacer deporte, que luego el cuerpo no responde. Con una pequeña diferencia: Llega un momento en el que aunque quieras no puedes hacer deporte, pero en el caso de las sensaciones, a diferencia de los músculos, siempre se pueden ir renovando, retroalimentando o descubriendo otras nuevas. Hay que recordar que cuanto más se siente más se vive.

El viaje es un excelente conductor de sensaciones que bombea nuestro corazón con tal fuerza, que el oxígeno (el aire) llega a nuestra mente provocando que todo lo que sentimos adquiera una dimensión, una profundidad sensorial y emocional que en nuestras rutinas pasa desapercibida.

En nuestras rutinas habituales (llegar cansado, darse una ducha, cambiarse y sentarse) lo más que hubiésemos experimentado posiblemente fuese una sensación de relax o bienestar, pero en el caso del comentario de María Teresa, esa experiencia nos lleva al Paraíso, o lo que es lo mismo, nos transporta a ese momento o instante irregular que llamamos felicidad plena, que consiste en la alineación de alma, corazón y mente.

Francisco Alcaide @falcaide comentaba que “El lenguaje de la palabra tiene sus límites, hay cosas que no se pueden explicar, sólo se entienden cuando las vives”. Pues bien, no conozco a ningún viajero que ante ese aluvión de sensaciones que provocan la mirada, los olores, los sonidos, el tacto o el gusto de las cosas que se experimenta en un viaje, haya sido capaz de expresar o identificar con claridad lo que se siente al no ser esa sensación o emoción un patrón demasiado reconocible ya que esas experiencias son íntimas, complicadas de entender, y por ello de compartir, pero próximas a la felicidad.

Lo más curioso de todo, es que todas esas experiencias sensoriales tienen mucho que ver con lo simple, lo imprevisto o lo cotidiano. Lo que hace el viaje, es activar todos los sentidos poniéndolos en un estado de aprendizaje o reaprendizaje que permite conocer mejor no sólo las emociones y sensaciones, sino ayudarte a descubrir quien eres, a hacerte preguntas y, de vez en cuando, encontrar respuestas.

Un rayo de sol que calienta tu mejilla, el agua de la lluvia que se desliza por la cara, el apretón de manos o la sonrisa de alguien que probablemente no volverás a ver en tu vida, el trago de agua o cerveza después de una larga caminata, la mirada furtiva que siempre se dirige a lo prohibido, los idiomas que no entiendes, el sabor de la comida extraña, la ausencia de rutinas”, el sonido de tus pasos, la música alegre o nostálgica que expresa el carácter del alma local, el aroma de otra naturaleza y otras vidas, la contemplación de un sueño cumplido…

Incluso aquellas experiencias que podrían considerarse desagradables nos dan claves para comprendernos porque la vida siempre ofrece dos caras al menos. 

Cuando seamos capaces de experimentar lo simple,  de saber “leer” rutinas, de convertir cada momento de nuestra de existencia en un gran viaje, posiblemente los viajes, como decía José Luis Montero, @JLMON53, “Dejarán de ser esas otras vidas que te persiguen como deudas del alma”, porque probablemente esas deudas tengan bastante que ver con esas experiencias sensoriales y emocionales que sólo experimentamos en los viajes.

Vivirlas te reconcilian con el mundo. Y lo más importante, contigo mismo, reduciendo o cancelando esas deudas del alma.

Feliz fin de semana

PD- Dedicado a José Luis Montero que sabe mucho de personas y del peligro de las rutinas.

10 comentarios:

Myriam dijo...

Claro que si.... un viaje evoca un montón de sensaciones y emociones increíbles. Al sacarnos de la rutina, despierta todos nuestros sentidos. Esas vivencias quedan en nosotros como parte de nuestra historia vital.

Besos

PD- Por eso, a pesar de mi profesión, me cuesta entender a aquel que queda clavado en un sitio toda su vida...

Elsa dijo...

Describes perfectamente lo que pienso. A mí viajar me reconcilia con el mundo e incluso conmigo misma.

Un abrazo

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@Myriam - Es eso, Myriam, sacamos todos nuestros sentidos que como bien dicen forman parte de nuestra historia vital. Besos.

@Elsa - Con el mundo y con nosotros. Esa es la grandeza del viaje. Un abrazo

M. Teresa dijo...

Hola Fernando,

Creo que no lo podías haber explicado mejor. Me siento identificada en todos tus argumentos.
Y de nuevo, muchas gracias por citarme y hacer referencia a mi blog.

Un abrazo

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Viajando se abren todos los sentidos. Casi el mismo efecto que leyendo tus reflexiones y aventuras :)
Un abrazo.

cristal00k dijo...

Viajar, con los sentidos y la mente abierta... es siempre una nueva oportunidad para que ese niño que todos llevamos dentro, experimente de nuevo las sensaciones primigenias de otros mundos y otras culturas.

Una mirada introspectiva de auto-conocimiento, ante estímulos que en nuestro entorno habitual, quizás nos pasan desapercibidos... por rutina. Cierto.

Me encanta esa primera foto.

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@Maria Teresa - Gracias a ti por mostrarnos la belleza de los viajes . Un abrazo y Feliz semana.

@Javier Rodríguez - Gracias Javier pero el viaje es el viaje. Un abrazo.

@Cristal00k - Es que el viaje tiene mucho de introspección. Miramos hacia fuera para sentir dentro. Un abrazo.

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando: Creo que por todo lo que explicas es por lo que nos gusta viajar. He aprendido, no obstante, muchas cosas de como fijar la mirada desde que leo tus post viajeros. En especial me ha gustado la frase: "cuanto más se siente más se vive", creo que ahí reside el asunto de sacar partido. Un abrazo

Jose Luis Montero dijo...

Un post precioso Fernando y muchas gracias por esa mención que puedo asegurarte que en mi caso era totalmente cierta y sincera...
Para mi los viajes son escapadas del alma hacia lugares que no sólo satisfacen mi curiosidad y alimentan mi conocimiento, sino que también me dan la oportunidad de contrastar mis emociones, mi sensibilidad, mi otro yo en definitiva, aquel que quisiera ser todos los días y apenas llegó a rozarlo de vez en cuando.
Cuidate

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@Rafa Bartolomé - Gracias Rafa, El viaje es un libro para leernos. Nos lleva de fuera a dentro. Un abrazo.

@Jose Luis Montero - Gracias a ti José Luis por la inspiración y por dejar un comentario que ya de por si solo merecería un post por bonito y por cierto. Un abrazo

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