martes, 5 de febrero de 2013

Los golpes de la vida

Mumbai - India 

De vez en cuando la vida… nos besa en la boca… cantaba Serrat: eso sí, de vez en cuando; el resto del tiempo, por aquello de que no todo está en nuestras manos, nos suele dar hasta en el cielo de la boca o al menos, eso es lo que creemos equivocadamente.   Somos buenos encajadores cuando se trata de la felicidad o cuando la vida fluye para nosotros de una manera comprensible, cómoda y amable, y pésimos cuando se produce una alteración sobre ese guión que creíamos inamovible, justo y merecido, (al menos para nosotros y nuestra circunstancia más próxima) en el que no hay dolor ni injusticia y por ello, el sufrimiento está fuera de lugar.

No hemos aprendido que la vida reparte estopa, aunque sea de forma injusta muchas veces, y merecida alguna menos. Ya al nacer y a modo de aviso, las vida nos recibía a golpes. Los dos primeros azotes o cachetes, así, sin avisar te los daba un médico o una comadrona en el culete. Más tarde (esto lo han sufrido sobre todo las generaciones que nacieron antes de mediados de los setenta del siglo pasado) las “guayas”, “bofetones” “mecos” o como lo queráis llamar, provenían de maestros, padres, tíos, adultos o fulanos que pasaban por allí que (dependiendo del entorno en que te encontrases) tenían patente de corso para ponerte al hilo si habías hecho una trastada y también si no la habías hecho, porque más de una, creo nos ha caído a todos por la cara, por estar donde no debíamos o por artículo treinta y tres (daños colaterales lo llaman ahora creo). También los recibías de amigos o de otros niños, o los intercambiabas si las fuerzas estaban más o menos equilibradas.

Curiosamente, a medida que se iba creciendo, los golpes cada vez eran menos físicos (sobre todo si se había crecido como el primo de “Zumosol” y tus brazos eran un arma disuasoria) pero más dolorosos, al dar de lleno en la línea de flotación que conforman nuestras emociones: un amor no correspondido, las primeras humillaciones en el trabajo siendo becario, el desconocimiento de las flaquezas humanas, el pensar que todo el mundo era bueno…y casi seguir creyéndolo.

Ya de adultos, o supuestamente en esa etapa en la que podemos dar consejos o “lecciones de vida” a otros, los seguimos recibiendo; pero con una particularidad: no los aceptamos como parte de nuestra existencia y solemos despotricar contra todo y contra todos sin recordar todos esos años de aprendizaje en los que ya íbamos viendo como funcionaban las cosas  y tampoco hicimos mucho por cambiarlas porque, según nuestra excusa o justificación, -“No se pueden cambiar las cosas así como así”,- en lo más profundo de nuestro ser lo que queremos es que cambien sólo para nosotros (el resto nos la suele traer al pairo, salvo que las desdichas o golpes ajenos, sean cercanos, aparezcan a todo color, permitan solidarizarse con las víctimas  sin comprometerse demasiado, o permita quedar bien de cara a esa galería que conforma esa masa bulliciosa e indignada que a los cuatro días están más pendientes del último Smart Phone, de si dan a un “me gusta” en Face Book, un Madrid – Barcelona, o de la nueva temporada de “Juego de Tronos”, que de un compromiso firme por paliar o evitar el dolor que deja el golpe en aquellos que les son ajenos).  

Y es cierto, hay golpes imprevisibles que descolocan o hunden al más pintado, que son difíciles de parar y menos de comprender y que cada uno soporta con la dignidad o entereza que su carácter le da a entender. Pero otros siempre vienen directos a nosotros, bien porque el golpe nos busca al despertar envidias, somos molestos para alguien, o nos ven débiles, o bien porque nosotros mismos no lo buscamos mediante actitudes y comportamientos que invitan a que  nos den un sopapo de los que entran pocos en un kilo; como leí una vez en “La Codorniz”: unos vienen por exposición y otros por provocación.

La vida nos da golpes y nos los seguirá dando: desde la simple tobita, al ligero pescozón, que suelen ser avisos para resolver algún conflictillo; del bofetón a mano abierta que humilla, pica y encabrona al gancho súbito que te deja noqueado pero no derrotado del todo; del cabezazo traicionero a la somanta o ensalada de (ponga su propio término) que pretenden zanjar por la vía rápida nuestra resistencia a las contrariedades que nos van surgiendo: en este sentido solemos magnificar los que recibimos acercándolos casi a la tragedia (Es famosa la frase: “para problema el mío”, lo que viene a demostrar que primero nosotros y luego los demás)

Los golpes, como la lluvia, caen de vez en cuando o de continuo. Incluso en lugares propicios para que no caigan como pueden ser los desiertos o entornos ultra protegidos acaban cayendo. Nadie escapa a ellos aunque si hay un matiz importante: a algunos los golpes les fortalecen, les enseñan y les hacen comprender que en la vida hay que convivir con sus dos caras, que no hay una cara oculta como la luna y que la actitud es fundamental para sobrellevar estas continuas y, a menudo, incomodas, injustas y desagradables pruebas que lejos de acariciarnos amablemente nos enfrentan a nuestra propia naturaleza. A otros, simplemente les ponen en su sitio o “mirando a Cuenca” bloqueándolos o dejándolos tontos de por vida.

Eso sin olvidar, que nosotros consciente o inconscientemente también golpeamos las emociones de los demás: Quien este libre de pecado, que tire la primera piedra.

Menos mal que de vez en cuando la vida nos besa en la boca.
Feliz miércoles



11 comentarios:

Katy Sánchez dijo...

NO es fácil vivir. Algunos estamos en continua lucha para crecer, ser mejores, aprender, ayudar. Luego están las enfermedades, el sufrimiento propio y ajeno. Así vamos madurando, aprendiendo y cubriéndonos.Pero ahí está la grandeza en ir caminado y venciendo nuestros egoísmo a aprender a pensar en nosotros.
Un gran post para saber situarnos y en que lugar nos encontramos. No todos son besos en la boca... Pero los hay.
Bss

Jose Luis Montero dijo...

En ocasiones, la vida es el terrorista de la infelicidad
Cuidate

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Me ha gustado mucho tu reflexión de hoy. Y la canción, una maravilla.
Mi opinión es que ese "de vez en cuando" depende mucho de cada uno. Es decir, puede ser "muy a menudo" si realmente te pones en ello.
Un abrazo.

Elsa dijo...

Precioso post el de hoy Fernando, profundo y emotivo...
Has retratado muy bien la sociedad actual. Menos mal que hay días, que como dices, la vida nos besa en la boca, o en la mejilla, o en la frente... pero nos besa, nos acaricia y mima en su regazo. Esos días nos dan las fuerzas para aguantar los golpes que recibimos y el dolor de los que reciben otros.

Un abrazo

Luismi Tarari dijo...

Grande Serrat.Aunque yo prefiero pensar como Sabina;"Si la vida se deja, yo la meto mano".Muy buen post.

Cristina Carrillo dijo...

Es un post maravilloso, con esa perspectiva que sólo da el ir por la vida con los ojos y el corazón abiertos. A muchos nos lleva años darnos cuenta que aceptar las cosas como vienen consume menos energía y causa menos sufrimiento que aferrarse a lo que creemos que "debería ser". Además de que, en ocasiones, algunos golpes terminan siendo besos diferidos... Mil gracias y un abrazo.

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@Katy Sánchez Todos tenemos que luchar en la vida, aunque yo prefiero la palabra fluir con lo bueno uno y lo malo. No es fácil y a veces frustrante, pero nuestra capacidad de reacción ante la adversidad es lo que permite que sigamos avanzando. Beos

@JLMON53 – Buena frase José Luis, pero en ocasiones es eso la vida ¿no? Un abrazo

@Javier Rodríguez - Pues eso Javier, depende de cada el propiciar que te bese mas. Un abrazo

@Elsa – Y que siga besándonos Elsa porque eso es lo que nos hace vivir y avanzar. Un abrazo y gracia por pasarte.

@Luismi Tarari – Eso también, sin duda. Muchas gracias por venir a Soul Business y comentar. Un saludo.

@Cristina Carrillo – Gracias por venir a Soul Business y comentar. Me alegro que te haya gustado. Cierto, nos cuesta aceptar lo malo, pero como dices muchos golpes al final se convierten en besos diferidos. Un saludo

Myriam dijo...

¡Ay! Si te contara...

LO bueno es que las rachas malas terminan, para dejar paso a los besos y abrazos de la vida... ¡y los hay tantos!.


Buena semana, Fernando. Besos

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando: buena la canción de Serrat, como la mayoría de las que ha compuesto. Magnífico tu post. Verás Fernando a mí me ha sobrado con la risa de mis hijos, con la alegría de verlos crecer felices. me ha compensado cualquier tipo de sinsabor que también los hay lógicamente. Buenas reflexiones a mitad de semana. Un abrazo

cincuentones dijo...

La vida siempre da golpes, pero por suerte también hay besos. Tenemos que aprender a disfrutar mas de los besos y los golpes serán mas llevaderos.
Saludos.

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@Myriam Es que las rachas malas pasan, no hay nada eterno...besos

@Rafa Bartolomé - Todo es dual , lo que pasa que solo vemos la parte mala. Un abrazo.

@cincuentones Así es, hay que disfrutar de los besos, que nos dan fuerza para encajar mejor los golpes.
Pd - Por cierto, no se actualizan vuestras entradas en mi blog roll. A mi me pasaba lo mismo. Hay que modificar algún paramento en feed burner si lo utilizais. Un saludo

Soul Business

Gracias por visitar mi blog
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