miércoles, 29 de mayo de 2013

La excusa es un viaje hacia ninguna parte

Celestún - Yucatán 

Si hay algo en el que cualquier ser humano es un especialista, es en el dominio del arte de la excusa. No conozco a nadie que en algún momento de su vida no  la utilice. Y es que la excusa sirve lo mismo para un roto que para un descosido: sirve para disculparnos, como pretexto, para dar evasivas, como mecanismo de defensa, coartada o explicación. Las hay de todo tipo: veniales como los pecados, asombrosas o increíbles dignas de la mejor ciencia ficción; las hay piadosas y también inaceptables; incluso las hay que suenan a chiste y te hacen carcajear durante un buen rato. Pero hay otras que lo que producen es lástima. Son aquellas en las que para justificarnos ante los demás nos engañamos a nosotros mismos.  Una nueva tarea, otras prioridad, la eterna urgencia, una emoción mal gestionada, el miedo, la vergüenza, o un ego no domado; cualquiera de estas causas suele ponernos en disposición para buscar, concebir o improvisar una excusa con la que diluir nuestras responsabilidades y compromisos. Todos, insisto, (y el que esté libre de pecado que tire la primera piedra) en algún momento lo hemos hecho, y lo preocupante es que posiblemente lo haremos en el futuro aunque lo neguemos. La pureza es casi divina y está al alcance de pocos seres humanos.

La respuesta a la falta de responsabilidad y compromiso con los demás y con nosotros mismos es la absurda creencia de que la excusa es un atajo hacia la solución de nuestros problemas cuando, en realidad, si fuésemos un poco más humildes y conscientes de nuestras limitaciones, si nos conociésemos mejor, nos daríamos cuenta de que lo que hacemos es negarnos a nosotros mismos ya que en el fondo sabemos que hicimos lo que pudimos o nos convenía (para bien o para mal) y no lo que había que hacer quedando nuestra buena disposición e intenciones en meros gestos fugaces y yermos.

La excusa no reconoce el error. Incluso cuando tiene su origen en circunstancias con las que no habíamos contado, en nuestras lagunas o en nuestra propia ignorancia seguimos justificándonos y con ello, nuestras propias miserias alimentando un ego que va pesando cada vez más en la mochila del viaje de la vida.

Creemos que somos marca Premium, cuando en realidad  la mayoría de los mortales (entre los que me incluyo) no pasamos del garrafón ilustrado. Nos falta coraje para reconocer que las excusas son cargas que acaban frustrando a aquellos que anteponen la cruel supervivencia a la dignidad. Así, todos los días escuchamos excusas de directivos, emprendedores, empleados, políticos, estrategas, gurús, generales, mandos de todo pelaje, iluminados, perezosos y rufianes que cuando no pueden/podemos dar una explicación lógica y queremos salir de rositas de una incómoda situación  tiramos del comodín del público como culpable de nuestros males como pueden ser el tiempo, el entorno, la situación económica, el boogie, cuarto milenio o la madre que lo parió.

No nos educaron para ser felices. Nos educaron o creían que nos educaban para competir, para triunfar, con unas expectativas tan altas para todos y cada uno de nosotros que, muchos mortales,  al no verse cumplidas, transitan por la vida hacia ninguna parte con un pesado equipaje lleno de excusas, sin sabores, frustraciones y resentimientos que no les permite ni avanzar ni disfrutar del camino porque no saben hacia donde van ni quieren saberlo.

Feliz día  

11 comentarios:

Katy Sánchez dijo...

"La excusa es un viaje hacia ninguna parte" Un título sin duda muy acertado.
Autoengañarse es la mayor tontería que podemos hacer porque funciona por muy poco tiempo. Luego viene el sillón del psicólogo y que mal estoy.
Quienes hemos tenido la suerte de tener "maestros" hemos caído pocas veces en esta trampa que produce infelicidad. Soy lo que soy y me acepto con el fin trabajar para mejora."Nosce te ipsum" Conócete a ti mismo. Y añado y actúa en consecuencia. Genial tu reflexión
Bss

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

La excusa es una huida hacia adelante. Una huida de la frustración, del no reconocimiento de que al fin y al cabo somos humanos.
Un abrazo.

Myriam dijo...

¡Qué buena reflexión! No nos educaron para saber ser felices. Cuanta sabiduría en tus palabras.

Adopto lo de la marca Premium y lo de garrafón ilustrado, me ha hecho mucha gracia.

Gracias por tu recibimiento en mi blog. Me la pasé genial en el viaje, como siempre.

Besos

Gildo Kaldorana dijo...

Que quieres que te diga. Estoy harto de la gente que vive de excusas.
No hay nada que más me fastidie que alguien llegue siempre tarde a una cita y siempre ponga la misma excusa.
Tienes que escribir un post sobre la "impuntualidad española" jejeje.
Saludos

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@Katy sánchez - Lo malo Katy es que de vez en cuando caemos en el mismo error. El aprendizaje siempre es lento pero merece la pena. Besos

@Javier Rodríguez Albuquerque - El no reconocimeinto de que al fin somos seres humanos. Me gusta. Un abrazo

@Myriam - Me alegro que te haya divertido. besos

@Gildo Kaldorana - ja ja, a mi me pasa un poco lo mismo que a ti. Lo pensaré, pero seguramente los españoles seamos impuntuales porque siempre tenemos el paso cambiado. Saludos puntuales.

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando: "La excusa no reconoce el error", que gran verdad esta tuya. Todos, como dices, nos escudamos detrás de una excusa para salir libres de culpa de alguna situación , por superficial que sea. Pobres mortales somos. Me ha gustado mucho tu reflexión. Un abrazo.

M. Teresa dijo...

En algunas ocasiones las excusas son justificables pero generalmente las utilizamos como un comodín para no reconocer nuestra incapacidad o nuestra ignorancia. La mayoría de veces que intento salirme de alguna situación con excusas tontas me siento ridícula.

Muy buen post. Un abrazo

MaS dijo...

Habemus Excusa!
Fernando, me resulta curioso cómo hablamos en propiedad de la excusa, sobre todo, cuando no encontramos cuál vertir...:"no tengo excusa".
Somos así, y probablemente volveremos a soltarlas...y es que se requiere mucho valor para ser franco con uno mismo.
Mucho valor.
Tú, brillante, como siempre.
Besos de mayo.
María.

cincuentones dijo...

Las excusas nos sirven para engañarnos y que nuestros errores no duelan tanto. Tendríamos que ser más sinceros, explicar la verdad y ser menos cobardes.
Saludos.

Jose Luis Montero dijo...

La excusa es nuestra aspirina vital...
La crisis es una excusa, la corrupción es una excusa, la globalización es una excusa...
El día que dejemos de excusarnos comenzaremos a ser un poco más nosotros, un poco más libres.
Cuidate

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@Rafa Bartolomé – El problema rafa es que la excusa no te hace libre, solo te encadena. Un abrazo

@María Teresa – No suele pasar. La excusa generalmente es el reflejo de aquello que no quisiéramos para nosotros y quizás nos sentimos ridículos por contradecirnos a nosotros mismos. Un abrazo

@MaS – Que bueno verte por aquí María, se te echa de menos. Como apuntas se necesita mucho, pero que mucho valor y somos débiles por naturaleza o educación. Besos de mayo

@cincuentones – totalmente de acuerdo, pero el dolor, al final se vuelve crónico si o cambiamos. Saludos

@José Luis Montero – Pues otra frase que me dejas para thinking . Eres una mina amigo. Un abrazo

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