jueves, 21 de noviembre de 2013

Fauna viajera XII: El lapa




Viajar en solitario tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Es una opción muy personal. A mí, por ejemplo, me gusta hacerlo solo, entre otras razones, porque así puedo ir más a mi bola, no depender de nadie y que nadie dependa de mi como ya conté en el post Lonely Traveller. Tampoco es que sea un ser huraño o esquivo. De hecho, en ocasiones me he juntado para compartir un vehículo, gastos de una excursión o he coincidido con alguien días después y nos hemos conversado unas cervezas o una comida. Luego, cada mochuelo a su olivo. Viajar sólo, como digo, es una opción tan buena o mala como hacerlo acompañado, en manada o a mogollón.

Sin embargo, si hay un viajero al que no acabo de entender mucho es al viajero lapa, un viajero solitario que a las primeras de cambio, te adopta y, a menos de que le hagas unas larga cambiada, le ocultes tus planes viajeros o huyas con premeditación y alevosía, te dará el viaje.

El viajero lapa

En primer lugar he de aclarar que este tipo de viajero puede ser hombre o mujer y suele darse mucho en las edades comprendidas entre los 25 y 50 años. Por debajo o por encima de esa franja no suele haber muchos.

El viajero lapa se equivocó al elegir viajar solo. Posiblemente, por la fascinación que le produjo la lectura de libros en el que se narran grandes viajes, novelas llenas de aventuras o diarios de viajes llenos de experiencias viajeras. De tanto leer o imaginar le ocurrió lo que a Don Quijote, que se le fue la olla. Pero con una diferencia: El ingenioso hidalgo, en su cuerda locura, tenía determinación, perseguía un sueño y él solito acabo construyéndolo; el viajero lapa, por el contrario, despierta del sueño nada más llegar a la aduana de cualquier país que no sea el suyo y se hace la primera pregunta existencial ¿Qué C…hago yo aquí sólo?

Es de fácil identificación. Además de dar el aspecto de estar más perdido que un bosquimano en Laponia – algo por otro lado que a todos nos pasa y nos seguirá pasando más de una vez – lo que realmente le define es su cara de abatimiento: Su cara es todo un poema. Dada la imposibilidad de atrapar a su presa en el aeropuerto por aquello de que la gente está más pendiente de recoger sus maletas y salir echando leches hacia sus hoteles o su próximo destino, se debe conformar con conocer a sus victimas en el hostal, en un bar en el que abunden los turistas, en un tren, en otro avión o en un autobús.

Hay viajeros lapas que hasta el segundo o tercer día no se “pegan” a nadie. Incluso por lo visto, hace años se dio un caso, - que no está documentado y que pertenece más a eso que se llama leyenda urbana- de un lapa que aguantó una semana entera sin adherirse a nadie. Lo más normal, en cualquier caso, es que ataque a sus víctimas instantes después de haber certificado que se aburre como una ostra necesitando desesperadamente juntarse con más gente para continuar el viaje. Al principio, cuando se acerca a ti, no sospechas de que eres la víctima al hacer inocentes preguntas del tipo de dónde eres, a dónde vas. Ola ke ase¡¡…etc. A medida que coge confianza se va interesando más por tus planes, te va dando más palique hasta que llega un momento en el que hace la pregunta fatídica que tiene tres variantes en función del grado de intimidad que cree haber conseguido: Si es mucha te preguntará ¿Por qué no vamos? lo que implícitamente quiere decir: ahora que somos colegas me gustaría ir a tal sitio y quiero que tu vengas sí, o si. Es decir, ha decidido que vas a compartir el viaje y da por hecho que tu estás encantado con la idea. La segunda variante es utilizando el condicional: ¿Podríamos ir juntos a…? que, al menos, deja una puerta abierta para escaquearse o modificar las condiciones e el caso de que se acepte la invitación. Y, la tercera es casi de súplica y la que realmente te pone en un brete. Me gustaría ir contigo ¿puedo acompañarte?

En cualquiera de los tres casos hay que mostrar firmeza y decir que no, recurrir a la mentira piadosa y si se nos hace difícil, y aunque parezca rastrero, dar un plantón de los buenos. De no hacerlo así, tu viaje se convertirá en una pesadilla, porque además de sentirte muy marcado por un extraño que no te dejará ni a sol ni a sombra, te verás obligado a comer donde no quieres, visitar lo que  no quieres, hacer lo que no quieres… lo que sin duda pondrá no sólo a prueba tu paciencia sino también tus biorritmos viajeros. Sí además es un viajero con el que no compartes manías y, pongamos por caso es un metepatas, bipolar o demasiado tiquismiquis, tu viaje será un infierno.

Lo malo de todo esto es que si consigue dar con algún incauto o con otro viajero lapa, sus próximos viajes los seguirá haciendo en “solitario”, al acecho de otras víctimas, de otros viajeros, que “le lleven de viaje”. Y el muy ladino lo justificará diciendo que el viaja solo porque así conoce mucha gente en el viaje ignorando que, casi todos los viajeros huyen de él como se huye de la peste.

El viajero lapa es un perfecto jodeviajes.


8 comentarios:

Javier Rodríguez Albuquerque dijo...

Al viajero lapa le da lo mismo pegarse a una persona solitaria, a una pareja o a un grupo.
Yo lo he sufrido en las tres circunstancias.
Un abrazo.

M. Teresa dijo...

No lo he sufrido demasiado, quizás porqué viajo en pareja o con nuestra hija. Quizás los que viajáis solos tenéis más probabilidades de caer en sus redes.
Muy divertido, como siempre.

Un abrazo

Katy Sánchez dijo...

De estos tengo alguna experiencia y también escaqueo. Una huida hacia delante. Lo cortas y punto. Este ni siquiera es divertido.
Pero en grupo también hay lapas. El viajar en grupo no es ir pegados. Una cosa son los horarios y otra hacer lo que me parece oportuno sin molestar.
Viajar es un placer, y en esto la experiencia es un grado.
Bss

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando: nada más leer el título ya me entró la risa. Aunque no he viajado mucho sí he conocido a alguno. Me pasó hace muchos años cuando iba con mi novia de excursión(no es que fuera un viaje, pero en fin), y se nos pegó uno de mi oficina. ¡Ni un beso pude darle! (a ella). Me ha gustado. Un abrazo

Rafa Bartolomé dijo...

Se me olvidaba. Me ausento unos días, que los jubilaos también tenemos derecho a vacaciones. Ja,ja

Myriam dijo...

Me has hecho reír con esta entrada y con eso de un lapa, más perdido que un bosquimano en Laponia. Si me los he cruzado... ¡ay! pero los se detectar u cuidarme de ellos.

Un beso

cristal00k dijo...

Me ha ocurrido en alguna ocasión, y la verdad es que se hace oneroso, librarse de ellos. Pero si quieres disfrutar del viaje a tu aire, no queda más remedio...
Esta primavera, en el Camino, en dos ocasiones. Suerte, que el mal tiempo (bueno para mí) ayudó bastante a alejar a los 'plastas'.

En fin! genial y divertida tu visión, como siempre :))

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@Javier Rodríguez - Sí, en eso no tiene problemas. Un abrazo

@María Teresa - Pues has tenido suerte, pero como dice Javier, no estás libre, aunque tienes menos posibilidades. Un abrazo

@Katy Sánchez - lo que pasa es que a veces no es tan fácil cortar, son insistentes por naturaleza. besos y buena semana

@Rafa Bartolomé - Ja ja tu estás hablando de la subespecie "carabina" plasta. Buenas vacaciones

@Myriam - Pues a veces no es tan sencillo, pero lo importante es saber escaquearse.besos

@Cristalook - Yo no he hecho el camino de Santiago, pero tiene toda la pinta de ser un sitio ideal para que ocurran estas cosas. Buena semana


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