miércoles, 11 de diciembre de 2013

Fauna viajera XV: El paranoico


Dicen que el miedo es libre y no seré yo quien afirme lo contrario. De hecho, casi todo lo que nos paraliza tiene su origen en el miedo. Es normal: Desde pequeñitos, por esas cosas que tiene la educación y ciertas habilidades que tienen aquellos que de alguna manera controlan el sistema, vivimos bajo su yugo. Desprenderse de él es tarea ardua, un asunto tan preocupante como tu quieras que sea como conté en Convivir con el miedo. Lo peligroso es cuando el miedo se convierte en paranoia y, no es que vuelva díscolas a nuestras neuronas, es que las revoluciona de tal forma y tan de mal rollo que cualquier situación la convertimos en algo agobiante llegando a creer que el mundo ha conspirado contra nosotros, lo que nos lleva a sospechar y estar alerta de todo y de todos.

En los viajes una cierta dosis de prudencia es necesaria, pero eso no debe impedir que disfrutemos del viaje. Un viaje no es lo que te cuenten, digan o quieran hacerte creer; un viaje es lo que tu experimentes o veas, algo que no comprende muy bien nuestra especie viajera de hoy (que por cierto abunda mucho).

El paranoico

El paranoico es un viajero que antes de partir se ha informado en general sobre el destino: los atractivos turísticos, la población, los transportes, la política, la gastronomía y, en particular y en exceso, sobre la seguridad, higiene timos y estafas. Es decir, es un viajero que se fija más en la “letra pequeña” de los viajes, en los peligros y en las amenazas; en lado oscuro. El viajero paranoico es un tipo que un hecho aislado o puntual lo convierte en leyenda urbana, de tal manera que, por ejemplo, si lo puede evitar, no volará con ninguna compañía aérea que haya tenido un accidente aunque el último date de los años cincuenta del siglo pasado o no comerá en determinada ciudad de la India porque ha leído que en todos los restaurantes envenenan a los turistas. Tampoco visitará ningún lugar que su guía de viaje desaconseje y si lo hace, estará más pendiente de cuanto suceda a su alrededor que de disfrutar. Es tal su obsesión que si viaja sólo no se comunicará con nadie y suele agobiarse bastante si alguien le dirige la palabra. Si lo hace acompañado, establecerá turnos de vigilancia con su pareja o amigo para que nada suceda.

El paranoico es un gran vigilante de equipajes y podría decirse que es un poco consigna porque no pierde de vista ni el suyo ni los ajenos que están bajo su óptica visual al sospechar que pueden contener bombas, drogas o algo prohibido. Su equipaje es fácilmente reconocible. Es aquel que en la cinta del aeropuerto está plastificado por triplicado y tiene pegatinas o adhesivos con su nombre por todos lados; sí ya le ha quitado la funda, tendrás la sensación de estar viendo una maleta que además de un cierre de tres combinaciones, casi tiene GPS; si de mochila se trata, será punki, llena de candados y cadenas. 

El paranoico es un fan de los cinturones con monedero oculto, de la ropa con bolsillos secretos y en general de todos esos artículos que se venden en el Coronel Tapioca y similares con el objetivo de ocultar las pertenencias y que cualquier chorizo de medio pelo lo conoce porque están más vistos que el tebeo y eso se aprende en primero de “mangui”.

En el hotel, las cosas de valor siempre las deposita a la caja fuerte del hotel, no en la de la habitación. Dependiendo de las estrellas, bloqueará las puertas de la habitación, colocará una silla o los muebles en la puerta y no hará caso ni al personal del servicio de habitaciones. En el ascensor, si viaja con más gente, pulsará una planta diferente para despistar y el resto del trayecto lo hará vía escaleras.

El paranoico no piensa que la gente le va a engañar, lo cree; y por eso nunca intima, ni se abre a los demás. Cuando establece una conversación, rara vez habla de él o de sus planes. Y si lo hace, cuenta vaguedades o unas trolas que sonrojarían al mismo Pinocho.

Es tal su obsesión y su poca Fe en la naturaleza humana que si alguna comida o bebida le ha sentado mal no lo achacará al cambio de temperatura, horarios o rutinas. Estará convencido de que le pusieron algo para debilitarle. Por esa razón, rechaza cualquier ofrecimiento o invitación que le haga un extraño incluso si esta es realizada por la persona más bondadosa del mundo o las siervas de la Madre Teresa; por eso, es frecuente encontrarle en los restaurantes de franquicias multinacionales y rara vez en los locales.

El paranoico es un transmisor de energía negativa del que hay que huir como la peste porque su manía es contagiosa.

Eso sí, cuando regresa del viaje, te dice que se lo ha pasado fenomenal y que la gente encantadora. ¡Será trolero!


9 comentarios:

Veronica Corrales dijo...

Estos post tuyos saben reflejar muy bien la realidad de los viajeros. Lo que es de sobresaliente es lo de pulsar otra planta en el ascensor del hotel, me he reído muchísimo imaginándome a este viajero paranoico. Saludos

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@Veronica Corrales - Pues lo del ascensor pasa bastante, muchas gracias por pasarte y comentar. Un saludo

Rafa Bartolomé dijo...

Hola Fernando: lo bordas. Por lo menos a estos paranoides se les soportará de lejos ya que como dices: huyen de la humanidad. Me lo paso estupendamente leyendo estas conclusiones tuyas sobre viaje. Un abrzo

M. Teresa dijo...

A esto le llamo yo ir a sufrir por esos mundos de Dios.
Pero los hay tal como los pintas, vaya que sí.

Buen fin de semana

Fernando Lopez Fernandez dijo...

@Rafa Bartolomé - Gracias Rafa, me alegra que te gusten y te diviertas. Esa es la intención. Un abrazo

@María Teresa - Lo malo es que si te pillan cerca te pueden amargar el viaje. Un abrazo

Katy Sánchez dijo...

Cierto que hay que tener algo de prudencia pero las obsesiones no son buenas para nada.
Cuando ocurrió lo del 12S estábamos en Túnez y te aseguro que no fue agradable ver el signo de Victoria se unos cuantos. Confieso que a la vuelta en el aeropuerto me entró agobio cuando veía gente con maletines,pero eso fue algo puntual:-)
Bss

Myriam dijo...

Pues, a huir de ellos como de la peste... :-)

Besos

Katy Sánchez dijo...

Bueno Fernando no hago más que ir y venir a ver si publicas algo y si es mi sidebar el que no se actualiza. Pero no es así.
Me extraña un montón no verte por ningún lugar del mundo virtual. Espero que sea cuestión de trabajo y no que hayas perdido las ganas de seguir compartiendo.
Bss y buena semana

Katy Sánchez dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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